Año IV
La Habana

11
- 17 FEBRERO de 2006

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encuentro CON... István Meszaröz
La teoría de la enajenación en Marx

Magda Resik La Habana
Fotos:
La Jiribilla


Voy a utilizar algunos fragmentos tomados de su propia obra para provocar el diálogo. Usted ha dicho que “no hay ni puede haber más que una solución viable y sostenible: el socialismo”. Alguien que renunció de buena gana al socialismo real en Hungría, que vivió todos esos procesos, ¿sigue confiando en el socialismo? ¿Por qué?

Para contestar esta pregunta debemos recordar de donde vengo. Nací y crecí en Hungría. Trabajé allí durante muchos años. Quizá conozcan al gran filósofo húngaro Gyorgy Lukacs, fui su asistente por siete años y me iba a convertir en su sucesor en la universidad. Y entonces, ¿qué sucedió?: 1956, la gran explosión, que no puede ser considerada algo accidental. Eso fue para mí un gran reto que determinó mi vida desde entonces.

Comencé a publicar hace 56 años. Es difícil de creer, porque luzco tan joven, pero les puedo asegurar que es la verdad. Hubo muchas cosas que comenzaron a suceder en ese período en que hice mis primeras publicaciones y que apuntaban hacia la posibilidad de algunos cambios positivos en el tipo de sistemas que luego fueron llamados “socialismo real”. El problema estribó en que los anhelos y las expectativas para introducir estos cambios fundamentales no fueron tomados en cuenta. En esa época escribí sobre un tema muy importante: el carácter nacional del arte, en el que critiqué duramente la postura de Stalin sobre el tema. Esto fue escrito seis meses antes del discurso secreto de Khrushchev. Un periódico importante quiso publicarlo pero se lo prohibieron, no era posible tocar esos temas. Después del discurso de Khrushchev, repentina y milagrosamente, lo pude publicar. Este era uno de los aspectos de lo que estaba tan errado en esa forma de desarrollo social, porque los problemas fundamentales y difíciles había que mantenerlos en silencio; pero cuando tales asuntos se mantienen en secreto, no se resuelven. Simplemente se acumulan y se intensifican cada vez más hasta que finalmente desembocan en una explosión, que fue exactamente lo que ocurrió en octubre de 1956 en Hungría.

Para mí, en lo adelante, constituyó un reto vital y un deber moral tratar de investigar por qué sucedían estas cosas, por qué avanzaban por esa senda de desarrollo, con el propósito de encontrar respuestas y saber qué podría evitarse en el futuro. El libro sobre la enajenación fue uno de los primeros y más grandes retos que llevé a cabo porque una de las ideas absolutamente insostenibles de Stalin y sus colaboradores era que estas sociedades habían acabado para siempre con la enajenación y aunque el propio Marx había escrito sobre el tema, no estaba realmente en sus cabales cuando lo hizo, era un idealista inmaduro. Así que tuve que estudiar por mi cuenta y analizar sus textos en gran detalle, documentándolo todo, para desentrañar la verdad detrás de aquellos conceptos. Eran totalmente insostenibles, tanto en sentido práctico y como teórico. Pueden leer los resultados en el propio libro. Está meticulosamente documentado, no escribí nada, ni una oración, ni una cita, que no esté apoyada por la evidencia de los textos mismos.

Ahora, reflexionen sobre el problema de la enajenación. La última edición de La teoría de la enajenación… se publicó hace solo unas pocas semanas en Inglaterra, y antes de eso se han publicado otras. Quiero llamar la atención en que cuando se enfrenten al problema de la enajenación piensen en el hecho de que esta ha alcanzado un clímax en la historia de la humanidad y de que estamos a punto de destruirnos, tanto desde el punto de vista militar, como por el modo en que tratamos a la naturaleza, que es, después de todo, la base de la existencia humana. ¿Qué podría ser una mayor evidencia de la urgencia y la relevancia de enfrentar el problema de la enajenación que estos dos hechos?

Treinta o treinta y cinco años después de la publicación de La teoría de la enajenación en Marx, publiqué otro libro que está relacionado con los problemas más urgentes de nuestro tiempo. Escribí este libro en 1999, dos años antes de las explosiones en Nueva York. Y ya sabemos cómo fueron utilizadas esas explosiones como pretexto para comenzar la destrucción de la que ahora somos testigos. Es una mentira cínica porque la guerra que comenzó en 2001 había sido preparada desde mucho antes. Eso está analizado en minucioso detalle en aquel pequeño libro. En un fragmento digo que el futuro del juego de la diplomacia, de la diplomacia de las cañoneras, será el chantaje nuclear, utilizado principalmente por EE.UU. Ahora podemos ver que desde esa fecha esto se ha convertido en parte integral de la política oficialmente admitida de EE.UU. Atilio Borón se refirió a ello, es irrefutable. Si creen que es una amenaza vacía, deben pensar otra vez, porque después de todo no fueron otros que los Estados Unidos de América quienes utilizaron las armas de destrucción masiva, la bomba atómica, en 1945 contra el pueblo de Hiroshima. A esto nos referimos, esto es lo que tenemos que enfrentar. Es un tema de importancia absoluta para todo el mundo, para la supervivencia de la humanidad. Por esa razón todos los esfuerzos deben ser puestos en función de detenerlo.

En este libro hay otro capítulo, también escrito antes de las guerras actuales, que tiene el nombre de “Militarismo y las próximas guerras”. Luego tuvimos las guerras de Afganistán, Iraq y justamente ayer la marina de EE.UU. puede haber partido hacia Irán. ¿Cuándo va a parar? ¿Cómo se puede detener? Porque debe ser detenido, a menos que nos resignemos a un futuro de total destrucción de la humanidad.

Esta es mi breve respuesta a su pregunta.

Para volverlo a provocar: ¿Por qué es el socialismo la vía para que no se destruya la humanidad?

Porque es la única vía. Estamos hablando de un sistema lleno de contradicciones antagónicas, el sistema capitalista, y no simplemente el capitalismo, sino el sistema del capital en todas sus variedades concebibles. Es un sistema de dominación jerárquica, de subordinación, y tiende a provocar crisis, explosiones, por su propia naturaleza. Su única manera de resolver estas contradicciones, estos antagonismos, es la guerra. Pero la guerra ya no es práctica. Cité en este libro a Clausewitz, un historiador y militar alemán, gran pensador, jefe y teórico de la escuela militar alemana. Él dijo esta frase inmortal, que ha sido repetida desde su muerte, en 1831: “La guerra es la continuación de la política por otros medios”. Y así sucedía, había cierto grado de racionalidad implicado; la guerra debe ser benevolente, en principios al menos, de manera que si usted resulta derrotado en una guerra, puede comenzar a preparar otra en la que podría ganar. De hecho, las primeras formas de imperialismo se caracterizaron precisamente por hacer esto. Pero ahora hemos alcanzado una etapa en la que la racionalidad de la guerra, la guerra  global a gran escala, ha desaparecido por completo. En comparación con los planes, los tipos de procedimiento, desprovistos de cualquier tipo de racionalidad, aplicados por George W. Bush y sus asesores, la irracionalidad de Hitler es el paradigma de la razón.

Y así llegamos al tema del socialismo: la única solución posible es aquella que elimine las bases, las causas, que conducen a estas explosiones. En el sistema capitalista, las causas y los efectos se relacionan de forma absurda. Los procedimientos del capital consisten en eternizar causas en última instancia suicidas, pero ni siquiera piensan en ello, y a la vez tratan de solucionar estos problemas, también absurdo, manipulando los efectos en consecuencia. Por consiguiente, nada es resuelto. Si las contradicciones se multiplican, son barridas bajo la alfombra. Ahora hemos llegado a un punto histórico en que la alfombra ya luce como una montaña. No podemos seguir caminando sobre ella. Solo un sistema de producción metabólica social, que enfrenta los problemas y sus causas, ¡y que trata a las causas como causas!, es viable: el socialismo.

Usted ha sido uno de los defensores más inteligentes y consecuentes que tiene nuestro país. En un momento determinado afirmó que es en extremo ingenuo pensar que en la era posCastro Cuba se convertirá en el estado número 51 de EE.UU. ¿Por qué afirmó esto?

Son los sueños tontos de gente malvada. Un país como Cuba, que produjo la Revolución, un gran suceso histórico del siglo XX, y la ha defendido por casi 50 años, no puede ser simplemente absorbido y quedar subordinado a un sistema como el de EE.UU. Los problemas que han ocasionado esta transformación en Cuba, y la han llevado a continuar en la misma dirección, también en otras partes de América Latina, no pueden ser arbitrariamente borrados de la existencia.

Cuando pensamos en el futuro, no podemos analizar todas las respuestas, todas las soluciones que enfrentan estas sociedades, sin ir a las causas que las originaron. Debemos recordar que las condiciones de existencia de las personas que viven en EE.UU. no son tan de color rosa como las quieren representar. EE.UU., como economía, sobrevivió gracias a los fondos y los recursos del resto del mundo. La deuda que continúa acumulándose en la economía de ese país ha alcanzando proporciones astronómicas. ¿Qué dijo su Presidente acerca de cómo solucionarán este problema? Clinton, que es considerado una persona instruida en comparación con George W. Bush, hablaba de resolver este colosal problema creciendo hasta sobrepasar la deuda. Esto me recuerda el fenómeno físico del “hueco negro”: lo que entra en él es aplastado. Ni siquiera la luz puede salir. El presidente Clinton tuvo la imaginación de decir: “enviamos hacia ese hueco negro nuestra deuda astronómica,  y esta emergerá algún día por el otro extremo con intereses combinados, y viviremos felices para siempre. Bueno, no es tan simple. Un día la deuda tendrá que ser confrontada y con ella vendrá una crisis colosal, no solo en la economía estadounidense, sino en la economía global. Por esa razón imaginar que podrían simplemente absorber el resto del mundo es completamente fantasioso. Lo que vemos ahora es la determinación de la extrema derecha, los llamados neoconservadores, de imponerse sobre el mundo; eso, por supuesto, no es factible en lo absoluto. Generará problemas, contradicciones e inevitablemente explosiones. Espero que llegue el día en que los propios ciudadanos de EE.UU., que han empezado a experimentar un significativo deterioro de su estándar de vida, comiencen a analizar, a referirse a las causas de estas transformaciones y que también traten de buscar cualesquiera  soluciones alternativas que se puedan hallar.

¿Qué otros libros de Meszarös les esperan a los lectores?

Tengo casi terminado un libro. Me quedan algunos meses por escribir. Su título es El reto y carga del tiempo histórico. Socialismo en el siglo XXI. El libro Socialismo y barbarie es el capítulo cuatro de este libro posterior.

Transcripción de la entrevista que tuvo lugar durante el espacio Encuentro con… auspiciado por el Instituto Cubano del Libro.

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