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Voy a
utilizar algunos fragmentos tomados de su propia obra
para provocar el diálogo. Usted ha dicho que “no hay ni
puede haber más que una solución viable y sostenible: el
socialismo”. Alguien que renunció de buena gana al
socialismo real en Hungría, que vivió todos esos
procesos, ¿sigue confiando en el socialismo? ¿Por qué?
Para contestar esta
pregunta debemos recordar de donde vengo. Nací y crecí
en Hungría. Trabajé allí durante muchos años. Quizá
conozcan al gran filósofo húngaro Gyorgy Lukacs, fui su
asistente por siete años y me iba a convertir en su
sucesor en la universidad. Y entonces, ¿qué sucedió?:
1956, la gran explosión, que no puede ser considerada
algo accidental. Eso fue para mí un gran reto que
determinó mi vida desde entonces.
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Comencé a publicar
hace 56 años. Es difícil de creer, porque luzco tan
joven, pero les puedo asegurar que es la verdad. Hubo
muchas cosas que comenzaron a suceder en ese período en
que hice mis primeras publicaciones y que apuntaban
hacia la posibilidad de algunos cambios positivos en el
tipo de sistemas que luego fueron llamados “socialismo
real”. El problema estribó en que los anhelos y las
expectativas para introducir estos cambios fundamentales
no fueron tomados en cuenta. En esa época escribí sobre
un tema muy importante: el carácter nacional del arte,
en el que critiqué duramente la postura de Stalin sobre
el tema. Esto fue escrito seis meses antes del discurso
secreto de Khrushchev. Un periódico importante quiso
publicarlo pero se lo prohibieron, no era posible tocar
esos temas. Después del discurso de Khrushchev,
repentina y milagrosamente, lo pude publicar. Este era
uno de los aspectos de lo que estaba tan errado en esa
forma de desarrollo social, porque los problemas
fundamentales y difíciles había que mantenerlos en
silencio; pero cuando tales asuntos se mantienen en
secreto, no se resuelven. Simplemente se acumulan y se
intensifican cada vez más hasta que finalmente
desembocan en una explosión, que fue exactamente lo que
ocurrió en octubre de 1956 en Hungría.
Para mí, en lo
adelante, constituyó un reto vital y un deber moral
tratar de investigar por qué sucedían estas cosas, por
qué avanzaban por esa senda de desarrollo, con el
propósito de encontrar respuestas y saber qué podría
evitarse en el futuro. El libro sobre la enajenación fue
uno de los primeros y más grandes retos que llevé a cabo
porque una de las ideas absolutamente insostenibles de
Stalin y sus colaboradores era que estas sociedades
habían acabado para siempre con la enajenación y aunque
el propio Marx había escrito sobre el tema, no estaba
realmente en sus cabales cuando lo hizo, era un
idealista inmaduro. Así que tuve que estudiar por mi
cuenta y analizar sus textos en gran detalle,
documentándolo todo, para desentrañar la verdad detrás
de aquellos conceptos. Eran totalmente insostenibles,
tanto en sentido práctico y como teórico. Pueden leer
los resultados en el propio libro. Está meticulosamente
documentado, no escribí nada, ni una oración, ni una
cita, que no esté apoyada por la evidencia de los textos
mismos.
Ahora, reflexionen
sobre el problema de la enajenación. La última edición
de La teoría de la enajenación… se publicó hace
solo unas pocas semanas en Inglaterra, y antes de eso se
han publicado otras. Quiero llamar la atención en que
cuando se enfrenten al problema de la enajenación
piensen en el hecho de que esta ha alcanzado un clímax
en la historia de la humanidad y de que estamos a punto
de destruirnos, tanto desde el punto de vista militar,
como por el modo en que tratamos a la naturaleza, que
es, después de todo, la base de la existencia humana.
¿Qué podría ser una mayor evidencia de la urgencia y la
relevancia de enfrentar el problema de la enajenación
que estos dos hechos?
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Treinta o treinta y
cinco años después de la publicación de La teoría de
la enajenación en Marx, publiqué otro libro que está
relacionado con los problemas más urgentes de nuestro
tiempo. Escribí este libro en 1999, dos años antes de
las explosiones en Nueva York. Y ya sabemos cómo fueron
utilizadas esas explosiones como pretexto para comenzar
la destrucción de la que ahora somos testigos. Es una
mentira cínica porque la guerra que comenzó en 2001
había sido preparada desde mucho antes. Eso está
analizado en minucioso detalle en aquel pequeño libro.
En un fragmento digo que el futuro del juego de la
diplomacia, de la diplomacia de las cañoneras, será el
chantaje nuclear, utilizado principalmente por EE.UU.
Ahora podemos ver que desde esa fecha esto se ha
convertido en parte integral de la política oficialmente
admitida de EE.UU. Atilio Borón se refirió a ello, es
irrefutable. Si creen que es una amenaza vacía, deben
pensar otra vez, porque después de todo no fueron otros
que los Estados Unidos de América quienes utilizaron las
armas de destrucción masiva, la bomba atómica, en 1945
contra el pueblo de Hiroshima. A esto nos referimos,
esto es lo que tenemos que enfrentar. Es un tema de
importancia absoluta para todo el mundo, para la
supervivencia de la humanidad. Por esa razón todos los
esfuerzos deben ser puestos en función de detenerlo.
En este libro hay
otro capítulo, también escrito antes de las guerras
actuales, que tiene el nombre de “Militarismo y las
próximas guerras”. Luego tuvimos las guerras de
Afganistán, Iraq y justamente ayer la marina de EE.UU.
puede haber partido hacia Irán. ¿Cuándo va a parar?
¿Cómo se puede detener? Porque debe ser detenido, a
menos que nos resignemos a un futuro de total
destrucción de la humanidad.
Esta es mi breve
respuesta a su pregunta.
Para volverlo a
provocar: ¿Por qué es el socialismo la vía para que no
se destruya la humanidad?
Porque es la única
vía. Estamos hablando de un sistema lleno de
contradicciones antagónicas, el sistema capitalista, y
no simplemente el capitalismo, sino el sistema del
capital en todas sus variedades concebibles. Es un
sistema de dominación jerárquica, de subordinación, y
tiende a provocar crisis, explosiones, por su propia
naturaleza. Su única manera de resolver estas
contradicciones, estos antagonismos, es la guerra. Pero
la guerra ya no es práctica. Cité en este libro a
Clausewitz, un historiador y militar alemán, gran
pensador, jefe y teórico de la escuela militar alemana.
Él dijo esta frase inmortal, que ha sido repetida desde
su muerte, en 1831: “La guerra es la continuación de la
política por otros medios”. Y así sucedía, había cierto
grado de racionalidad implicado; la guerra debe ser
benevolente, en principios al menos, de manera que si
usted resulta derrotado en una guerra, puede comenzar a
preparar otra en la que podría ganar. De hecho, las
primeras formas de imperialismo se caracterizaron
precisamente por hacer esto. Pero ahora hemos alcanzado
una etapa en la que la racionalidad de la guerra, la
guerra global a gran escala, ha desaparecido por
completo. En comparación con los planes, los tipos de
procedimiento, desprovistos de cualquier tipo de
racionalidad, aplicados por George W. Bush y sus
asesores, la irracionalidad de Hitler es el paradigma de
la razón.
Y así llegamos al
tema del socialismo: la única solución posible es
aquella que elimine las bases, las causas, que conducen
a estas explosiones. En el sistema capitalista, las
causas y los efectos se relacionan de forma absurda. Los
procedimientos del capital consisten en eternizar causas
en última instancia suicidas, pero ni siquiera piensan
en ello, y a la vez tratan de solucionar estos
problemas, también absurdo, manipulando los efectos en
consecuencia. Por consiguiente, nada es resuelto. Si las
contradicciones se multiplican, son barridas bajo la
alfombra. Ahora hemos llegado a un punto histórico en
que la alfombra ya luce como una montaña. No podemos
seguir caminando sobre ella. Solo un sistema de
producción metabólica social, que enfrenta los problemas
y sus causas, ¡y que trata a las causas como causas!, es
viable: el socialismo.
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Usted ha sido uno de
los defensores más inteligentes y consecuentes que tiene
nuestro país. En un momento determinado afirmó que es en
extremo ingenuo pensar que en la era posCastro Cuba se
convertirá en el estado número 51 de EE.UU. ¿Por qué
afirmó esto?
Son los sueños tontos
de gente malvada. Un país como Cuba, que produjo la
Revolución, un gran suceso histórico del siglo XX, y la
ha defendido por casi 50 años, no puede ser simplemente
absorbido y quedar subordinado a un sistema como el de
EE.UU. Los problemas que han ocasionado esta
transformación en Cuba, y la han llevado a continuar en
la misma dirección, también en otras partes de América
Latina, no pueden ser arbitrariamente borrados de la
existencia.
Cuando pensamos en el
futuro, no podemos analizar todas las respuestas, todas
las soluciones que enfrentan estas sociedades, sin ir a
las causas que las originaron. Debemos recordar que las
condiciones de existencia de las personas que viven en
EE.UU. no son tan de color rosa como las quieren
representar. EE.UU., como economía, sobrevivió gracias a
los fondos y los recursos del resto del mundo. La deuda
que continúa acumulándose en la economía de ese país ha
alcanzando proporciones astronómicas. ¿Qué dijo su
Presidente acerca de cómo solucionarán este problema?
Clinton, que es considerado una persona instruida en
comparación con George W. Bush, hablaba de resolver este
colosal problema creciendo hasta sobrepasar la deuda.
Esto me recuerda el fenómeno físico del “hueco negro”:
lo que entra en él es aplastado. Ni siquiera la luz
puede salir. El presidente Clinton tuvo la imaginación
de decir: “enviamos hacia ese hueco negro nuestra deuda
astronómica, y esta emergerá algún día por el otro
extremo con intereses combinados, y viviremos felices
para siempre. Bueno, no es tan simple. Un día la deuda
tendrá que ser confrontada y con ella vendrá una crisis
colosal, no solo en la economía estadounidense, sino en
la economía global. Por esa razón imaginar que podrían
simplemente absorber el resto del mundo es completamente
fantasioso. Lo que vemos ahora es la determinación de la
extrema derecha, los llamados neoconservadores, de
imponerse sobre el mundo; eso, por supuesto, no es
factible en lo absoluto. Generará problemas,
contradicciones e inevitablemente explosiones. Espero
que llegue el día en que los propios ciudadanos de EE.UU.,
que han empezado a experimentar un significativo
deterioro de su estándar de vida, comiencen a analizar,
a referirse a las causas de estas transformaciones y que
también traten de buscar cualesquiera soluciones
alternativas que se puedan hallar.
¿Qué otros libros
de Meszarös
les
esperan a los lectores?
Tengo casi terminado
un libro. Me quedan algunos meses por escribir. Su
título es El reto y carga del tiempo histórico.
Socialismo en el siglo XXI. El libro Socialismo y
barbarie es el capítulo cuatro de este libro
posterior.
Transcripción de la entrevista que tuvo lugar durante el
espacio Encuentro con… auspiciado por el Instituto
Cubano del Libro. |