Año IV
La Habana

11
- 17 FEBRERO de 2006

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Cristóbal Colón en la isla más hermosa
Rafael Grillo La Habana


Domingo 28 días de octubre. (...) fue de allí en demanda de la Isla de cuba al sursudueste de la tierra della mas cercana y entro en un rio muy hermoso y muy sin peligro de bajas ni otros inconvenientes (:..) diz que gran placer ver aquellas Verduras y arboledas y de las aves que no podia dejallas para se volver. Dice que es aquella Isla la mas hermosa que ojos hayan visto: llena de muy buenos puertos y rios hondos y la mar que parecia que nunca se debia de alzar.

Transcribo literalmente del Almirante de la Mar Océana las impresiones del encuentro con la isla reconocida más tarde como mayor de las Antillas, escritas en su lengua difícil de genovés, asentado primero en Portugal para luego ir a España y convencer a los monarcas de que apoyaran su aventura de buscar las Indias más allá de los límites conocidos de la Mar Tenebrosa.

Así recoge en su Diario de Navegación, con una mezcla de castellano rudimentario, italiano, portugués, catalán y hasta la jerga levantisca del Mediterráneo y la agreste palabrería de la gente de mar, el momento de 1492 en que escaparía de sus adentros maravillados la frase que fundaría para siempre el orgullo de los nacidos en Cuba.

En su cuaderno de bitácora hizo Cristóbal Colón un registro exhaustivo de las tierras halladas en aquel primer viaje, dando pie a que los europeos nombraran aquel acontecimiento histórico como “el Descubrimiento”, mientras los nativos de este costado del Atlántico no cesamos de preguntarnos quién descubrió a quién, o si no había ya por acá suficiente tierra “descubierta” y habitada por quechuas, incas y aztecas .

Ahora un fragmento de ese histórico documento, los papeles fechados entre el 27 de octubre y el 5 de “diziembre” que dan cuenta de sus andanzas por los alrededores de “la isla hermosa”, quedan a disposición de todos los amantes de la Historia, rescatados por la publicación bajo el sello de la Editora Abril de El primer viaje de Cristóbal Colón a Cuba.

Arduo trabajo, y exquisito, el de sus autores Miguel Esquivel Pérez y Cosme Casals Corrella, al entregarnos una versión prolijamente anotada, a partir de la revisión hecha por Bartolomé de las Casas para su Historia Natural de las Indias, toda vez que el Diario original se ha perdido.

Con el enfoque de sus respectivas especialidades —biólogo, Miguel; y Cosme, geólogo—  y el aporte de dos investigadores cubanos eminentes, el arqueólogo José Manuel Guarch y el antropólogo Manuel Rivero de la Calle, logran desenredar la madeja de ignorancias y equívocos que el propio Colón tejió en su delirio de forzar que se paseaba por las Indias y no por un Nuevo Mundo. De modo que ellos nos ayudan a identificar con claridad las especies de fauna y flora o los accidentes geográficos con que se topara el marino genovés. Además despejar las incógnitas sobre el hallazgo del tabaco y comprobar una vez la teoría de que fue Bariay y no Gibara, como se pensó hasta entrado el siglo XX, el sitio del primer desembarco en la Isla.

También nos revelan ellos “la dimensión antropológica y social” del Diario, por su detallada descripción de los aborígenes cubanos; lo cual, de paso, nos hace recordar la aseveración del historiador colombiano Germán Arciniegas de que la sociología no se inició en Europa con Augusto Comte sino que la inventaron en América los cronistas de Indias.

Al gran valor que para cualquier estudioso o simple lector curioso tendrá este volumen, contribuyen los preciosos prólogos de José Manuel Guarch y Eusebio Leal Spengler, Historiador de la Ciudad de La Habana; y sus anexos, entre los que se incluye una biografía de Cristóbal Colón, la carta que este dirigiera a Luis de Santangel, escribano de los Reyes Católicos y una relación de los marineros que se embarcaron en la travesía de las tres carabelas.     

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