Año IV
La Habana

18 - 24 FEBRERO de 2006

Página principal

Enlaces Añadir a Favoritos Enviar correo

EL GRAN ZOO
NOTAS AL FASCISMO

PUEBLO MOCHO

CARTELERA

LIBRO DIGITAL

GALERÍA

LA OPINIÓN
LA CARICATURA
LA CRÓNICA
MEMORIAS
APRENDE
POESÍA
EL CUENTO
LETRA Y SOLFA
EL LIBRO
POR E-MAIL
LA MIRADA
EN PROSCENIO
FUENTE VIVA
REBELDES.CU
LA BUTACA
PALABRA VIVA
NÚMEROS ANTERIORES
LA JIRIBILLA DE PAPEL



RECIBIR LAS
ACTUALIZACIONES
POR CORREO
ELECTRÓNICO
Click AQUÍ

 

Testimonio de la paciencia
Rosa Miriam Elizalde La Habana


He visto crecer, una a una, las cuartillas que acompañan este libro. Un libro hijo del tesón y de la lealtad, y que no hubiera podido hacerse de otro modo. Nadie más empecinado que Luis Báez
hombre cálido, sin falsas modestias ni caricaturas de vanidad a la hora de rastrear la noticia, de perseguirla hasta que la hace suya, de encontrar al entrevistado que todos queremos escuchar, de buscar en los hechos el filón que lo hará trascendente, y de emplearse en ello como si fuera el último de los estoicos de la prensa escrita cubana.

Uno puede llamarlo tranquilamente a las tres de la mañana a su casa. Lo encontrará trabajando en su próximo libro, alucinado con la historia que tiene entre manos, y de paso él le contará la noticia del día que está por amanecer, pues hace un rato regresó de la redacción de Granma o de Juventud Rebelde, ya revisó las versiones digitales de los principales diarios del mundo y probablemente a esas horas tenga una idea exacta de qué rumbos tomará el suceso de la víspera.

Nada como su mirada de astrólogo para saber hasta dónde puede conducirnos un acontecimiento y hasta qué límites puede llegar el ejercicio de la prensa, sin ocultarnos nunca su apasionada defensa de la Revolución y sus muy concretas reivindicaciones políticas.

Ciertamente, es un caso asombroso de pasión por el mejor oficio del mundo, como Gabriel García Márquez ha llamado al periodismo. Cualquiera que se asome a su amplia bibliografía, que ya ronda los once títulos publicados y miles de trabajos en los principales medios cubanos, se pregunta de dónde ha sacado tiempo para enlazar a tantos personajes bajo un solo crédito y haberlo hecho con tanto rigor profesional, hasta el punto de que ya no se podrá estudiar el periodismo en Cuba en la última mitad del siglo XX sin recurrir a su nombre.

En ese sentido, sus entrevistas pueden ser disfrutadas en varias zonas: desde el retrato de los personajes, hasta el estilo provocativo, la alerta sensibilidad para sorprendernos y dejarnos en vilo, la sutil estrategia para hacernos sentir que lo que estamos leyendo dejará, inevitablemente, una huella en nosotros. Me atrevo a afirmar que no hay trabajo alguno de Báez que carezca de ese toque esencial que compensa con creces la lectura.

He tenido el privilegio, como dije antes, de asistir a la armazón de este volumen, que en realidad nació el día en que este periodista de grandes ligas se encontró por primera vez con Fidel. Desde entonces quizás sin saberlo Luis comenzó a escribirlo, a llenarlo con paciencia y alegría infinitas, con una voluntad que al final hizo cómplices a muchos colegas y hasta los propios testimoniantes, que les remitían las palabras de otros conocidos o sugerían en qué lugar encontrar nuevas opiniones.

De modo que Absuelto por la Historia, donde más de doscientas personas solo responden a una pregunta, es el fruto de la solidaridad, deudora a su vez de la admiración y el entrañable afecto de Luis Báez por nuestro Comandante en Jefe; alguien que logramos ver en su magnífica estatura y siguiendo paso a paso su vida intensa, pródiga, a través de disímiles y no siempre devotas miradas.

Es muy difícil no encontrar aquí al revolucionario excepcional, a un hombre que es piel y conciencia de su país, junto al lado amoroso, fértil y justo del periodista que ha hecho posible que tengamos en una sola pieza tan múltiple y excepcional testimonio.

Este es un libro que nos anticipa la vida eterna de un hombre y que nos habla de una biografía finalmente armada por muchos, donde hay rasgos recurrentes, como la voluntad, que en Fidel es siempre un descubrimiento, o como la ética, que es en él un hecho cotidiano. Y la verdad, escueta, irreversible, es que Luis, con su inveterada manía de salvar la historia, pone ahora ante nuestros ojos lo que en cierto modo es el compendio de nosotros mismos: esa parte entrañable de nuestra existencia que ha hecho voto de fe junto a Fidel y que está, como aquí se ve, acompañada por la palabra y la admiración de las más disímiles personalidades, algunas ancladas como él en la historia definitiva del Hombre.   

SUBIR

 
 


Página principal

Enlaces Añadir a Favoritos Enviar correo

© La Jiribilla. La Habana. 2006
 IE-800X600