Año IV
La Habana

4 al 10 de MARZO
de
2006

Página principal

Enlaces Añadir a Favoritos Enviar correo

EL GRAN ZOO
NOTAS AL FASCISMO

PUEBLO MOCHO

CARTELERA

LIBRO DIGITAL

GALERÍA

LA OPINIÓN
LA CARICATURA
LA CRÓNICA
MEMORIAS
APRENDE
POESÍA
EL CUENTO
LETRA Y SOLFA
EL LIBRO
POR E-MAIL
LA MIRADA
EN PROSCENIO
FUENTE VIVA
REBELDES.CU
LA BUTACA
PALABRA VIVA
NÚMEROS ANTERIORES
LA JIRIBILLA DE PAPEL



RECIBIR LAS
ACTUALIZACIONES
POR CORREO
ELECTRÓNICO
Click AQUÍ

 

¡Ea! ¡Ala! ¡A por el nuevo mundo!
Michel Balivo Argentina


Hay mucha gente que me pregunta repetidamente de dónde saco la información para mis artículos. Para ahorrar energía o tiempo, que en última instancia son lo mismo, intentaré escribir un artículo en respuesta a tal inquietud.

En realidad no hay ningún misterio. La respuesta simple es que obtengo la información de la misma fuente que todos. ¿De dónde más podría obtenerla? Pero para una respuesta apropiada, satisfactoria, se requiere también una pregunta oportuna.

Y en este caso la pregunta es: ¿cómo organizo o metabolizo esa información para que dé tales resultados? Una vez más la respuesta es simple. Realizo el mismo proceso mental que todos, no conozco ningún otro.

Si lo dejo así me dirán que muchas gracias por dejarlos igual que al principio.Por tanto intentaré describir un proceso que por natural resulta difícil de poner en formas o palabras. Lo más simple es lo más complejo de explicar. Todo proceso físico o mental es un ejercicio. Y como todo ejercicio gana capacidad, se enriquece y desarrolla a medida que lo repites. Pero para que lo afrontes con la decisión y permanencia apropiada, has de comprender cuán valiosa y significativa resulta esa función en tu vida cotidiana.

El proceso de comprender y decidir es el centro de la vida voluntaria humana, y en su punto más elevado conecta también con las funciones involuntarias y se sincroniza con la intuición o inteligencia emocional. Esta funciona a mucha mayor velocidad que el proceso racional reflexivo, porque sintetiza diferencias en lugar de complementarlas, y por tanto es mucho más apta para guiar a la acción. Un detalle fundamental es que una vez que llegas a una conclusión es necesario, imprescindible, que la ejecutes o conductualices fielmente. Con esto ya estoy dejando en claro que un proceso intelectual tiene por finalidad guiar, dar dirección a la acción y solo en ella se completa, a la vez que de ella se alimenta.

Un proceso intelectual que no conduce o concluye en acción transformadora del operador y su entorno aborta, se ensimisma o aliena. Por decirlo en criollo o castellano popular, es una especie de masturbación mental, es una superestructura o elefantiasis intelectual, una inercia sobredesarrollada que opera en detrimento de las demás funciones, y solo gira y gira en círculos.

En todo caso comprendamos que no se trata de criticar a los intelectuales, porque que yo sepa todos somos intelectuales, aunque unos lo usemos, desarrollemos o prioricemos, más o menos que otros. Podrá alegarse que traemos esa tendencia genética o hereditariamente, o que el injusto acceso a una educación que además trata a todos como si fuésemos un solo paquete, es el motivo de tal denominación de intelectuales cargada de cierto orgullo de superioridad.

Se trata más bien de comprender que el creerse superior no significa nada y es simplemente una compensación imaginaria, si no conlleva alegría y felicidad de vivir compartida con mi entorno cotidiano, es decir, el aprender y crecer juntos. Ser un intelectual o lo que sea, no significa nada. Lo que sí significa algo es cómo uso esa o cualquier otra herramienta. Un avión puede servir para lanzar bombas, alimentos o medicamentos. Un sentimiento religioso puede ser el motivo de una guerra santa o el fundamento de la unidad de un pueblo. ¿Dónde está, pues, lo malo o lo bueno?

Convengamos, aunque a algunos pueda dolernos, en que el intelecto humano es un niño que aún gatea e intenta dificultosamente ponerse de pie. Es una mirada que despierta aún confusa, de siglos de dogmático letargo y superstición, de persecución y hogueras inquisitorias.

No es tan difícil de entender, por tanto, que le cueste salir de su torre de marfil de laberínticos juegos imaginarios, para bajar a compartir la realidad de un cuerpo con necesidades. Para darse cuenta de que ha llegado el momento de reconocer y asumir la responsabilidad de ser el director de ese portentoso poder de transformación de la realidad, la acción o la conducta humana.

Zambulléndonos en la historia

Un ser vivo genera continua energía. Vivir es relación en equilibrio inestable, en la que se generan continuas tensiones que has de equilibrar. Con el tiempo muchos de esos sistemas de tensiones, por falta de habilidad, se fijan, dan señal continua. Vivir ingenuamente genera inevitablemente una sobretensión creciente que altera la siquis y llega hasta la somatización.

Por tanto, si vamos a sumergirnos en el curso o flujo de la historia, hay que partir de que lo hacemos desde una problemática cotidiana, desde un sistema de tensiones, expectativas, deseos, que buscan resolución.

Así, nuestro punto de interés o de vista estará precondicionado o determinado desde el mismo principio. Por tanto varios investigadores de la misma escena histórica, que es algo así como una holografía, la percibirán desde enfoques interesados sutil o abismalmente diferentes, porque concientes o no están buscando respuestas a una problemática precisa.

Supongamos que yo estoy preocupado por la revolución en ciernes, por el nuevo mundo posible que crece en el clamor popular. Entonces debo ubicar un ciclo histórico similar que me pueda servir de orientación. Digamos que encuentro el más cercano y de mayor disponibilidad de información en la transición medioevo-renacimiento.

Allí descubro que hacían los mismos viajes en el tiempo que yo. Se sumergían en la historia e iban abrevar a las fuentes de información greco-romana, que sentó lo que llamaron humanitas. Las artes y letras necesarias a la formación de la personalidad, educación cual requisito indispensable para aprender a convivir civilizadamente.

Me entero que de ellos heredamos los fundamentos de la democracia y el derecho romano, y que tras la caída de su imperio sobrevinieron siglos de profundo letargo y oscurantismo intelectual. Aprendo que en aquella época la cosmovisión era estática. La tierra era el centro del universo que giraba en torno a ella, y pragmáticamente quisieron que las llamas de la santa inquisición lamieran el cuerpito de Copérnico por demostrar lo contrario. Pero no solo eso era estático. La gente nacía y moría en señoriales feudos sin moverse más que unos kilómetros a la redonda. Los hijos heredaban el oficio de sus padres y estaban sujetos a ellos hasta que morían. El comercio era prácticamente nulo. Ni siquiera el viento osaba moverse sino dentro de los límites de aquel pensamiento antropomórfico y dogmático que señoreó la Tierra.

En medio de aquel estático y enrarecido escenario renace el sueño colectivo de la nueva tierra que impulsa a Colón a montarse en unas cascaritas de nuez, para enfrentarse al bravío mar que allá en el horizonte de ese mundo plano, chato, caía en insondables abismos sin fin. Todo lo que allí osara llegar era tragado por las fauces de la más enorme de las bestias de incontables cabezas, para vivir en su oscuro vientre entre fuegos de continua digestión, por los siglos de los siglos, amén.

Cuando respiro aquella extraña atmósfera comienzo a vivir intensamente la incierta travesía que, pese a todas las probabilidades en contra, llegó a destino cierto. Si a todo ello le sumamos que la única tripulación que consiguió fueron ignorantes y supersticiosos condenados a muerte, que solo a cambio del perdón aceptaron acompañarlo; la falta de alimentos, agua, enfermedades y continuos amotinamientos que aumentaban al pasar los días, semanas y meses sin señales de tierra, comenzaremos a hacernos una idea de lo que fue aquella hazaña y qué clase de fuerza pudo impulsarla.

Viviendo profundamente aquella hazaña quedo imbuido de la gran fuerza de vida que habita en el ser humano. Lo arranca de las entrañas de un pasado de supersticiones proyectándolo al futuro en pos de un imposible, incierto sueño, que solo en alas de esa fuerza puede atreverse a emprender.

Entonces vuelvo al presente y sin más me resulta evidente que a la inercia o arrastre del pasado siempre le resultará atemorizante, paralizante, lo nuevo, lo desconocido, y despertarán todos los fantasmas del temor, todas las supersticiones que fluyen a flor de piel.

Las superestructuras intelectuales de que hablábamos al principio son parte de esa inercia o parálisis, de esa resistencia a moverse, a avanzar Típicos de estas encrucijadas históricas son el nihilismo, estoicismo, epicureismo. Representaciones intelectuales de la pérdida de dirección, de la falta de confianza en la vida.

Lo nuevo por naturaleza es desconocido, y jamás será el solo esclarecimiento intelectual el que genere la fuerza para avanzar en pos del nuevo sueño. Necesitamos un motor o fuerza mucho más poderosa. Necesitamos de la fe puesta al servicio de la vida, de lo que ya palpita y aspira a nacer. Una fe libre de dogmatismos o fundamentalismos, que solo generan fanatismos.

Aquí nos despedimos, compañeros, esperando que hayan disfrutado la aventura. No me queda más que reiterar que este es el simple resultado del ejercicio y desarrollo del proceso mental habitual, que realizamos todos cada día para tomar una decisión. Nos demos cuenta o no, en relampagueantes instantes nos sumergimos en una copresencia de información de memoria y nos proyectamos fulgurantes en la imaginación al futuro, no una sino cientos, miles de veces por cada decisión significativa que tomamos.

Es importante caer en cuenta de que hay una intención que condiciona desde el mismo principio todo el proceso. Podríamos decir que veré o encontraré lo que quiera ver. Así que es fundamental la sinceridad conmigo mismo, sin jugar con dobles intenciones o prejuicios.

Y para finalizar, de nada me sirven mis conclusiones si no las llevo fielmente a la acción, si no hago coherente mi mundo interno con el externo. Por tanto estamos hablando de una forma integral de vida ejercitada, desarrollada, optimizada conciente e intencionalmente. En síntesis, vivir atenta y sensiblemente, utilizando al máximo todas las capacidades naturales de que disponemos.

SUBIR

 
 


Página principal

Enlaces Añadir a Favoritos Enviar correo

© La Jiribilla. La Habana. 2006
 IE-800X600