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Para inaugurar la Feria Internacional del Libro en
Florida, Camagüey, escribí un breve texto que creo tiene
bastante vigencia, porque demuestra hasta cierto punto
la pobreza editorial en que vivíamos en Cuba hasta el
triunfo de la Revolución. Dije en el parque de la
encantadora ciudad de Florida, ante unas 200 personas
congregadas allí, que era una alegría sin nombre,
parodiando la famosa frase del maestro Lezama Lima, el
estar allí. Y no era un eufemismo ni una exageración.
Los que vivimos la pobreza del pasado, cuando la salida
de un libro era casi siempre un acontecimiento anónimo,
o por lo menos mínimo, nos asombramos ante esta riqueza
desbordada de hoy y que ya se ha llamado el
acontecimiento cultural más importante de Cuba en
nuestros tiempos. No me cabe la menor duda de que es una
de las victorias más significativas de la Revolución
Cubana. Es una suma de muchas batallas en el campo de la
cultura.
Recuerdo muy bien
la ridícula “Feria del Libro” que se intentaba
celebrar en el Parque Central de La Habana, allá por
los años cuarenta y cincuenta del pasado siglo,
cuando ponían algunos quioscos con libros, que uno
casi siempre había visto antes, en las librerías, y
unos poquísimos nuevos volúmenes casi siempre sin
especial importancia. Unos pocos publicados por la
Comisión de Cultura del Ministerio de Educación, los
que publicaba la Editorial Páginas del Partido
Comunista de Cuba, o los textos educativos que
publicaba la librería La Moderna Poesía de las
calles Obispo y Bernaza, o los contados que
publicaba la librería Económica. Y para no resultar
absoluto, ya que cito todo esto de memoria, unos
poquitos más que ahora no recuerdo. Así era de pobre
aquella mal llamada Feria del Libro de La Habana.
Una vez comentaba esto con Nicolás Guillén, y me
aseguraba que en Camagüey era peor que en La Habana,
ni siquiera se intentaba realizar una Feria del
Libro, por pequeña que fuera. Ustedes saben que
nuestro Poeta Nacional tuvo que pagarse las primeras
ediciones de sus hoy famosos libros, uno de ellos
cuando ganó un premio en la Lotería Nacional. Que yo
sepa, esa era la realidad de toda Cuba.
Pero no es mi
propósito recordar y criticar con saña el pasado, ya
todos sabemos cómo se vivía en Cuba antes de la
Revolución; y la cultura, aunque subsistía a duras
penas, era casi siempre un hecho privado y limitado que
hoy ha cambiado radicalmente. No voy a hablar de las
muchedumbres que invadieron las fortalezas de La Cabaña
y el Morro en La Habana, porque muchos estuvieron allí o
lo vieron en la televisión, y constataron los miles de
personas que compraron cantidades masivas de libros a
precios asequibles y siempre muy inferiores a los que
uno encuentra en cualquier lugar del mundo donde los
libros son objetos de lujo que no todos pueden darse el
placer de comprar.
Ya es sabido que
generalmente el libro es hoy, en la mayor parte de
nuestro planeta, un objeto comercial más al que hay que
ganarle la mayor cantidad de dinero posible. He estado
en algunas ferias en el extranjero y sé que un libro, a
veces de inferior calidad literaria, no está al alcance
de la mayoría de la población. Recuerdo especialmente la
famosa Feria Internacional del Libro de Frankfurt, en
Alemania. Es un lugar fastuoso, muy bien organizado como
ellos acostumbran, con miles de publicaciones, pero con
una limitada concurrencia de compradores que piensan
mucho antes de obtener los títulos que desean porque los
precios son muy altos. Estuve en el stand de Cuba
en esa feria y hablé con nuestros representantes y me
corroboraban esto, a pesar de que, por comparación, los
precios de nuestros libros resultaban asequibles. Lo
mismo ocurrió el año pasado en la Feria de Bogotá, donde
no siempre resultaba posible obtener un libro en una
ciudad de 10 millones de habitantes, pero con desniveles
notables de vida. Es una triste realidad actual que es
un hecho común en el mundo.
Podría seguir
brindando ejemplos, pero creo que no es necesario porque
pudiera parecer, sin que esa sea mi intención, un deseo
manifiesto de hacer resaltar la superioridad de nuestra
realidad cultural. La verdad es que no necesitamos
hacerle esa propaganda, todo el mundo sabe que es así.
Lo lamentable de esto es que en otras partes se le está
negando a miles de personas, a millones en el mundo
diría yo, el placer infinito de la lectura, que ya se ha
dicho es una de las conquistas más notables de los seres
humanos en la historia de la humanidad. En las masivas
campañas de alfabetización que Cuba está propiciando en
distintos países uno puede comprobar el gran
acontecimiento que resulta para miles de seres humanos,
que de pronto descubren que leer es uno de los más
notables sucesos de sus vidas. No es necesario proclamar
esto para comprender su importancia.
Dije allá en Florida,
y ahora lo repito, que no había ido allí a dictar una
conferencia, ni siquiera a sentar cátedra de lo que creo
que todos estamos concientes: El masivo hecho cultural
que es esta Feria que ha recorrido toda nuestra isla,
que es una fiesta para el espíritu, un placer para gozo
de nuestro pueblo, un gran acontecimiento de la cultura,
que juntos y para orgullo nuestro podemos disfrutar los
cubanos.
Y, para terminar,
proclamé en Florida lo que ahora repito: ¡Qué vivan
nuestras Ferias Internacionales del Libro en Cuba! |