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La Habana

4 al 10 de MARZO
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Antes y ahora, el libro en Cuba
Humberto Arenal La Habana


Para inaugurar la Feria Internacional del Libro en Florida, Camagüey, escribí un breve texto que creo tiene bastante vigencia, porque demuestra hasta cierto punto la pobreza editorial en que vivíamos en Cuba hasta el triunfo de la Revolución. Dije en el parque de la encantadora ciudad de Florida, ante unas 200 personas congregadas allí, que era una alegría sin nombre, parodiando la famosa frase del maestro Lezama Lima, el estar allí. Y no era un eufemismo ni una exageración. Los que vivimos la pobreza del pasado, cuando la salida de un libro era casi siempre un acontecimiento anónimo, o por lo menos mínimo, nos asombramos ante esta riqueza desbordada de hoy y que ya se ha llamado el acontecimiento cultural más importante de Cuba en nuestros tiempos. No me cabe la menor duda de que es una de las victorias más significativas de la Revolución Cubana. Es una suma de muchas batallas en el campo de la cultura.

Recuerdo muy bien la ridícula “Feria del Libro” que se intentaba celebrar en el Parque Central de La Habana, allá por los años cuarenta y cincuenta del pasado siglo, cuando ponían algunos quioscos con libros, que uno casi siempre había visto antes, en las librerías, y unos poquísimos nuevos volúmenes casi siempre sin especial importancia. Unos pocos publicados por la Comisión de Cultura del Ministerio de Educación, los que publicaba la Editorial Páginas del Partido Comunista de Cuba, o los textos educativos que publicaba la librería La Moderna Poesía de las calles Obispo y Bernaza, o los contados que publicaba la librería Económica. Y para no resultar absoluto, ya que cito todo esto de memoria, unos poquitos más que ahora no recuerdo. Así era de pobre aquella mal llamada Feria del Libro de La Habana. Una vez comentaba esto con Nicolás Guillén, y me aseguraba que en Camagüey era peor que en La Habana, ni siquiera se intentaba realizar una Feria del Libro, por pequeña que fuera. Ustedes saben que nuestro Poeta Nacional tuvo que pagarse las primeras ediciones de sus hoy famosos libros, uno de ellos cuando ganó un premio en la Lotería Nacional. Que yo sepa, esa era la realidad de toda Cuba.

Pero no es mi propósito recordar y criticar con saña el pasado, ya todos sabemos cómo se vivía en Cuba antes de la Revolución; y la cultura, aunque subsistía a duras penas, era casi siempre un hecho privado y limitado que hoy ha cambiado radicalmente. No voy a hablar de las muchedumbres que invadieron las fortalezas de La Cabaña y el Morro en La Habana, porque muchos estuvieron allí o lo vieron en la televisión, y constataron los miles de personas que compraron cantidades masivas de libros a precios asequibles y siempre muy inferiores a los que uno encuentra en cualquier lugar del mundo donde los libros son objetos de lujo que no todos pueden darse el placer de comprar.

Ya es sabido que generalmente el libro es hoy, en la mayor parte de nuestro planeta, un objeto comercial más al que hay que ganarle la mayor cantidad de dinero posible. He estado en algunas ferias en el extranjero y sé que un libro, a veces de inferior calidad literaria, no está al alcance de la mayoría de la población. Recuerdo especialmente la famosa Feria Internacional del Libro de Frankfurt, en Alemania. Es un lugar fastuoso, muy bien organizado como ellos acostumbran, con miles de publicaciones, pero con una limitada concurrencia de compradores que piensan mucho antes de obtener los títulos que desean porque los precios son muy altos. Estuve en el stand de Cuba en esa feria y hablé con nuestros representantes y me corroboraban esto, a pesar de que, por comparación, los precios de nuestros libros resultaban asequibles. Lo mismo ocurrió el año pasado en la Feria de Bogotá, donde no siempre resultaba posible obtener un libro en una ciudad de 10 millones de habitantes, pero con desniveles notables de vida. Es una triste realidad actual que es un hecho común en el mundo. 

Podría seguir brindando ejemplos, pero creo que no es necesario porque pudiera parecer, sin que esa sea mi intención, un deseo manifiesto de hacer resaltar la superioridad de nuestra realidad cultural. La verdad es que no necesitamos hacerle esa propaganda, todo el mundo sabe que es así. Lo lamentable de esto es que en otras partes se le está negando a miles de personas, a millones en el mundo diría yo, el placer infinito de la lectura, que ya se ha dicho es una de las conquistas más notables de los seres humanos en la historia de la humanidad. En las masivas campañas de alfabetización que Cuba está propiciando en distintos países uno puede comprobar el gran acontecimiento que resulta para miles de seres humanos, que de pronto descubren que leer es uno de los más notables sucesos de sus vidas. No es necesario proclamar esto para comprender su importancia.

Dije allá en Florida, y ahora lo repito, que no había ido allí a dictar una conferencia, ni siquiera a sentar cátedra de lo que creo que todos estamos concientes: El masivo hecho cultural que es esta Feria que ha recorrido toda nuestra isla, que es una fiesta para el espíritu, un placer para gozo de nuestro pueblo, un gran acontecimiento de la cultura, que juntos y para orgullo nuestro podemos disfrutar los cubanos.

Y, para terminar, proclamé en Florida lo que ahora repito: ¡Qué vivan nuestras Ferias Internacionales del Libro en Cuba!

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