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En la
última temporada del Ballet Nacional de Cuba (BNC),
léase Don Quijote, acaecida en la sala García
Lorca del Gran Teatro de La Habana entre el 26 de enero
y el 5 de febrero de 2006, nueve bailarines de la
compañía hicieron de toreros “rasos”.
Tres
de ellos también bailaron en la piel de Espada, mas aquí
hablamos con los cinco que solo hicieron de toreros “a
secas”: los miembros del cuerpo de baile Alejandro Sené,
Omar Morales, José Losada, Alejandro Virelles y Dayron
Vera. (Quedamos en deuda con el solista Ernesto
Álvarez.)
ALEJANDRO SENÉ
Hidalguía
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Alejandro Sené |
Cómo
califica la salida de los toreros, y cómo es el que
usted representa?
Dicha
salida, y en general el bailable de las capas del primer
acto de Don Quijote, es un momento espectacular;
reflejo del sentimiento español: para los españoles los
toreros son lo máximo. Los toreros surgieron con los
caballeros andantes; el Cid Campeador era torero;
originalmente los lanceros eran los toreros; luego se
vio que quienes los azuzaban con las capas corrían más
riesgos, y estos se convirtieron en los protagonistas.
Mi torero es un hombre altanero, que se sabe poderoso,
capaz de enfrentarse a un toro y de mantener su porte.
¿Su
torero es altanero todo el tiempo?, ¿no le teme a nada,
ni a las mujeres?
Es muy
probable que siempre observe ese espíritu altanero. Es
un hombre valiente, seguro, que se sabe capaz de
conservar el control de sí mismo, y a tal punto que no
teme enfrentarse a la bestia. En modo alguno le teme a
las mujeres. Se sabe atractivo para ellas, sabe que las
mujeres atienden su reclamo, por lo tanto él puede darse
su lugar. No requiere perseguirlas, ellas van a él. Mi
torero se da valor y se respeta; no es un cualquiera. Es
un hombre con sentido aristocrático, con conciencia de
su valor y posición.
¿Su torero es
un aristócrata?
Desde cierto punto de
vista, pero no de la aristocracia francesa, refinada.
Este es un hombre más fuerte, más rudo. Por eso es un
personaje tan importante, en su proyección están
implícitos el estilo, la vida del español. El
aristócrata español es el torero; el torero es la
cúspide del hombre, del macho ibérico.
Hay
muchas obras de arte en las que los bailarines nos
apoyaríamos para formarnos nuestra concepción del
torero. Hace poco estuvimos en España, rozamos el mundo
de los toreros, vimos el fervor que las personas sienten
por ellos. En la Plaza de toros de Madrid se alza la
escultura de un torero enfrentándose a un toro que habla
por sí sola.
OMAR MORALES
Arte autocrítico
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Omar Morales |
¿Está satisfecho con el torero que
usted hace?
De
ningún modo. A mi torero aún “le falta”; tiene buen
arsenal técnico, porte, pero le resta tiempo para
madurar en estilo, en carácter. Cuando estuvimos en
España me detuve en estudiar, mientras veía la
televisión, el modo de ser y de comportarse de los
toreros, la manera en que se enfrentaban a los toros, el
rictus, las muecas, los gestos del rostro, todo lo que
podía indicar sus estados de ánimo: a eso me refiero
cuando digo que a mi torero todavía le quedan aspectos
por pulir, aunque trate de hacerlo todo lo mejor que
pueda.
¿Qué cualidad humana sobresale en
su torero?
Es un
valiente que, en el baile/enfrentamiento con la
mujer/toro, siente y disfruta el flujo de adrenalina que
corre por sus venas; eso para él es excitante, aunque
vale señalar que no es temerario: enfrenta el riesgo con
coraje, pero no sale a buscarlo. No necesita buscar el
riesgo para probarse a sí mismo su valentía.
¿Cómo se lleva con la capa?
La
capa es difícil de manipular, hay que tener control
sobre ella, reviste importancia: aún cuando hay una
escena donde un poblador reparte unos cuchillos que
evocarían las espadas que usan los toreros, la capa es
el arma del torero. Por cierto, antes los cuchillos se
clavaban en el piso, hoy día no, porque dañarían el
linóleo. Pero más complicado que usar los
cuchillos/espadas, repito, es manejar la capa. Requiere
arte, no avanzaría el torero que intentara mostrarse a
sí mismo y no dominara la capa. Si el torero muestra la
capa con estilo, su baile y el ballet cobran vida. El
modo en que el torero mueve la capa es decisivo, hay que
practicarlo, estudiarlo y descubrir su secreto.
JOSÉ LOZADA
Explosividad bien vestida
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José Lozada |
El público ve
con buenos ojos que el BNC tenga toreros negros, ¿qué
dice usted?
Soy
nuevo en la compañía. Estoy contento porque me dieron
este personaje. La escena cubana es el reflejo de la
sociedad, este matiz es una característica de nuestro
arte. El asunto es responder a las exigencias técnicas,
artísticas e interpretativas que exigen los diferentes
papeles o roles. Ese es, precisamente, el nivel que
exhibe el grupo de jóvenes bailarines que hicieron de
Espadas y toreros en esta temporada.
¿Cómo usted se
planteó el personaje?
Lo
primero fue imaginar que era torero, que estaba en la
arena de una plaza, en España,
y que el toro venía a
embestirme. No siento ninguna diferencia entre el
combate que me toca librar con “mi” toro y el que pueda
sostener Espada con el suyo: bailo como un Espada, es
más, como si fuese Espada. El torero es para mí sinónimo
de explosividad, y este que interpreto es un arrogante
que se ve bien vestido y “se cree cosas”, se cree que es
el “cheche”, el “chévere”, lo mejor que pisa la
tierra...
ALEJANDRO VIRELLES
Competencia
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Alejandro Virelles |
Háblenos de su
concepción del torero, de las aficiones que
dominan a su personaje.
Concibo
al torero como un hombre arrogante y valiente: no todo
el mundo se enfrenta a un toro y está dispuesto a
enterrarle una espada llevando como única defensa una
capa roja. Por acostumbrados que estemos, este es un
hecho singular, una prueba de arrojo. Por demás, mi
torero gusta de tener mujeres en derredor suyo como
símbolo de hombría, es mujeriego.
¿Debe haber diferencias entre la
concepción del torero Espada y la interpretación de los
otros toreros?
Aún cuando Espada sea
más profesional que sus discípulos de cuadrilla, al fin
y al cabo todos son toreros, y así deben comportarse en
la escena. Mi torero procede como un Espada más, con
gran valor. No se permite quedarse “por debajo”, es tan
valiente como el primero; por eso siento tanto respeto
por los toreros, por su valentía. No sé si pudiese
llegar a serlo, pero me gustaría ser torero. Pienso que
el miedo se va perdiendo en la medida en que uno
enfrenta al toro.
¿Cuál es
el miedo que usted afronta en la escena?
El miedo a que me
falle algo, miedo que está relacionado tanto con los
compromisos que tengo con la mujer/toro y con el público
espectador como con la responsabilidad que tengo conmigo
mismo. Por cierto, aquí solo el torero Espada tiene a
una mujer/toro tangible delante, el resto de los toreros
tenemos que inventárnoslas.
¿Cómo se relaciona su personaje con
los otros, cómo mira a Espada?
La salida de los
toreros y luego todas sus variaciones son para mí una
especie de competencia donde cada uno se esfuerza por
resaltar entre los demás. Mi torero tiene fuerza y
deseos de competir con el mismísimo Espada, no escatima
esfuerzos para nivelarse con él, pero lo reconoce como
su maestro, sabe que Espada es el mejor.
DAYRON
VERA
Complejidad múltiple
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Dayron Vera |
¿Difieren, conceptualmente
hablando, los toreros “rasos” y el Espada?
Son papeles
diferentes. El
torero
Espada por lo general es interpretado por un bailarín de
mayor categoría; pero cuando entro en escena, aunque sea
el último de atrás, me creo que soy el mejor. Con esa
seguridad me planteo estos personajes y procuro dar una
imagen de hombre duro y recto, que tiene control sobre
sí mismo.
¿Su torero es
así: duro y recto?
Quizás
esos sean los rasgos de su humanidad que se manifiestan
cuando él está frente al toro, pero no deja de ser un
ser humano múltiple, diverso en sí mismo. Ahondando en
sus otras facetas, mi torero es más reflexivo o prudente
que alardoso; es un hombre que, para revelar su
personalidad, explota más las posturas que los propios
movimientos. Digo posturas, pero también podría decir
miradas: tal vez la forma en que mi torero mira a la
maja, o a la Mercedes cuando encarna a Espada, no se
parezca a la de ningún otro. Esa mirada encierra toda
una comunicación, le estoy diciendo que aunque pueda
mirar a otras, ella no dejará de ser mi mujer.
Esa forma de
ser de su torero, ¿podría encerrarse en una palabra?
No me
alcanzan los recursos para hallarla. Como decimos aquí,
mi torero es un “cerebro”, un tipo que sabe darle a su
inteligencia un viso de sensualidad y picardía. Sin
embargo, repito, es difícil adjetivar su actitud: en él
conviven muchos sujetos. En un momento puede ser un tipo
de sangre fría; en otro instante, como ya dije, quizás
trate con dureza a los demás y en ocasiones tal vez
hasta se encuentre melancólico. Mi torero transita por
diferentes estados de ánimo y, en consecuencia, sobre el
escenario, en un mismo espectáculo, se comporta de
diferentes modos. Todo esto lo propicia la actual
versión de Don Quijote del BNC: hay un progreso
entre el ambiente temerario de la corrida de toros del
acto primero, que requiere, es una broma, “altos niveles
de testosterona”, y el baile íntimo y tranquilo del
tercer acto.
Conversamos con estos bravos toreros/bailarines,
miembros del cuerpo de baile del BNC, de apenas 20 años
como edad promedio, y recordamos el viejo adagio, “al
maestro, cuchilladas”, usado cuando se corrige al que
debe entender una cosa.
En la sana vanidad y presunción de estos jóvenes
artistas, deseosos de hacer tanto y tan aprisa —¡y hasta
mejor que su maestro!—, crece, día tras día, el porvenir
de la escuela cubana de ballet.
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