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En la
última temporada del Ballet Nacional de Cuba (BNC), en
la presentación de Don Quijote acaecida en la
sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana entre el
26 de enero al 5 de febrero de 2006, tres bailarines de
la compañía, a saber, el corifeo Taras Domitro, y los
miembros del cuerpo de baile Ernesto Méjica y Carlos
Quenedit, simultanearon de forma indistinta los papeles
de torero “raso” y de Espada.
Hablamos aquí con uno de ellos, Taras Domitro, de
ascendencia ucraniana. Su abuelo paterno dejó Europa y
se estableció en Santiago de Cuba; por ende, su padre es
santiaguero de nacimiento pero él, “Taritas”, nació en
Maternidad Obrera, en Marianao (1986), y vive en el
barrio habanero de Nuevo Vedado, actual municipio de
Plaza de la Revolución.
Es un
muchacho delgado, rubio, de pelo corto y ondeado, más
bien hirsuto, y ojos claros; un joven solícito y franco,
con muchos deseos de vivir y bailar. Estrenó su vínculo
con el BNC en
septiembre de 2003 cuando por seis meses realizó aquí
sus prácticas preprofesionales. Poco después, en marzo
de 2004, fue definitivamente aceptado y firmó su
contrato de trabajo. Al decir que tanto él como
Ernesto Méjica y Carlos Quenedit, “simultanearon” por
estos días los papeles de torero y de Espada nos faltó
precisar que se estrenaron en este segundo personaje.
TARAS DOMITRO
Autosuficiencia
¿Qué cosa es
para usted el torero?
El
torero es un tipo español que, lo dice el nombre, se
dedica a torear, a provocar y esquivar la embestida de
un toro. Ya en el baile, en Don Quijote, sobre la
escena, los toreros y Espada simulan que torean, pero lo
hacen con una mujer, con una bailarina.
¿Fue fácil “simular”?
Fue
complicado, en primer lugar porque yo soy cubano y la
verdad es que no sé mucho del toreo o de las personas
que lidian toros. Me costó trabajo sazonarlo con esa
agilidad, esa gracia, ese garbo español, sobre todo a
Espada, que es más difícil de encarnar que los otros
toreros.
¿Espada y los otros no están al mismo nivel, no hay que
darles la misma importancia?
Los
otros son toreros también, pero en su conjunto
representan a un personaje de menor categoría que el de
Espada, fíjese que Espada lo interpreta un solista,
lleva más trabajo, más estudio.
Los
dos personajes son importantes, todos los personajes que
yo hago son importantes para mí, ya sean grandes o
chicos. Pero Espada exige mayor énfasis, tiene mayores
obligaciones, requiere más baile, más profundidad de
entrada en el personaje, y eso cuesta más, porque yo
mismo, de verdad, no me hallo en Espada.
Soy un bailarín más
pasivo. Espada es un personaje fuerte, que necesita ese
garbo español del que le hablé antes y que yo no tengo;
todo eso tuve que irlo adquiriendo, trabajando, en los
ensayos, con los maestros. Estudié el mundo interior del
personaje, repasé sus movimientos, las inclinaciones,
los pasos, su relación con la mujer/toro. Me puse de
acuerdo con la intérprete de Mercedes (Linnet González),
la amante de Espada, miramos por aquí y por allá...
Desde el punto
de vista humano ¿cómo es el torero o el Espada que usted
interpreta?
Lo
catalogué y lo bailé como un tipo que se creía superior
a todos en el pueblo, es decir, en la escena, un tipo
que sobrelleva la vida con mucho temple, un tipo muy
engreído
Cuando
hago de torero y entro al escenario, me siento superior.
Soy el jefe, el amo, el dueño de las circunstancias. Tal
vez mi torero sea sinónimo de superioridad, de
autosuficiencia... Le confieso que, como lo hacía por
primera vez, me puse nervioso. Es un personaje que nunca
pensé interpretar tan pronto, fue algo inesperado.
También por eso se me hizo más difícil.
Opiniones así son útiles para conocer cómo se plantean
nuestros bailarines cubanos de hoy, hijos de este tiempo
y de esta latitud, personajes que reunen las
características propias de todo un género o tipo
ibérico: la especie torero.
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