Año IV
La Habana

4 al 10 de MARZO
de
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Maîtres de toreros
Hilario Rosete Silva La Habana
Fotos:
Nancy Reyes


En conversaciones con Los creídos toreros del Quijote (también Tras la capa de Espada, Al maestro, cuchilladas, y De capa a cuchillo), descubrimos cuál es la idea que asiste a cada uno en su interpretación personal de los personajes (toreros “rasos” y Espadas).

Amén de lo que expresaron los intérpretes, buscamos el criterio de las maîtres de ballet Svetlana Ballester y María del Carmen Echavarría: la primera de ellas les tomó ensayos, durante la última temporada del Ballet Nacional de Cuba (BNC), a los bailarines que hicieron de Espada (y a las bailarinas que hicieron de Mercedes); la segunda viene preocupándose y ocupándose de los toreros “rasos” del Quijote, ora en solitario, ora ayudada por otras colegas, desde el lejano año de 1995.

Ernesto Méjica

SVETLANA BALLESTER
Personalidad

¿En qué fundamento se basa la selección de los intérpretes de los toreros?

Antes debo aclarar que me centré y trabajé con los bailarines que hicieron los personajes de Mercedes y Espada. Luego, quiero reconocer, en primer término, que los intérpretes de los toreros del Quijote, sean toreros “rasos” o Espadas, deben contar con adecuado nivel técnico, artístico e interpretativo.

En su trabajo con los solistas, ¿dónde puso el énfasis?

Si decimos solistas, quiere decir que nos referimos a los personajes de Mercedes y Espada, y en mi trabajo con sus correspondientes intérpretes le di la prioridad a su desempeño en el tercer acto de la obra. Tenía la impresión de que el baile del tercer acto, por descuido involuntario, corría el peligro de perder su esencia, estaba muy proyectado “hacia fuera”, y era preciso rescatar su “intimidad”, ingrediente que en su momento no se cansaba de exigirnos a los bailarines de mi época la maestra Marta García, una de las coreógrafas.

El del tercer acto no es un baile de gran virtuosismo.

Aquí los bailarines no ejecutan doble tour, ni doble cabriole, ni otros pasos de complejidad técnica; las exigencias son de índole histriónica, artística. El baile, a partir de los modos y maneras de los bailarines, deberá oler a majo y a maja, al Madrid vistoso y castizo del siglo XIX, deberá ejercer, por su naturaleza y espíritu, una especie de fascinación sobre el público, y los primeros “imantados” uno por el otro, en el ascenso de la danza, deberían ser Mercedes y Espada.

Conversando con los intérpretes, recogimos un muestrario de concepciones sobre los personajes, ¿qué opina usted?

El torero debe de tener una personalidad, y hacia esa búsqueda dirijo mis esfuerzos. El modo de ser del torero es lo que lo distingue; en Cuba no tenemos cultura tauromáquica, pero es fácil pensar que si un hombre se planta frente a un toro, es porque es más guapo, en el sentido de valiente, que los demás.

¿Decir torero es decir valentía?

El torero es valiente, aplomado, “bien plantado”, seguro de sí mismo, pero también ostentoso, pedante, un tanto alardoso; el alarde se aviene con la personalidad del torero; es difícil encontrar a un torero modesto, por eso en ocasiones puede llegar a caer “gordo”. Claro, ya en la escena, el bailarín/intérprete debe controlar esa pedantería.

¿Qué nos dice de la capa y los cuchillos?

Mediante los cuchillos la escena transpira el ambiente de peligrosidad del mundo del torero. así como los cuchillos cortan el aire, así se exponen los toreros cada vez que salen al ruedo; el torero vive en un clima de constante temeridad, vive coqueteando con el riesgo.

¿Y la capa?

Si bien la capa es usada por los toreros para llamar la atención del toro durante la corrida, ya sobre la escena se convierte en un elemento artístico, danzario, de primer orden, y en su manejo puede decidirse el éxito del bailarín que hace de torero “raso” o de Espada. A alguno de estos muchachos, sobre todo los que se estrenaron en Espada, la capa les jugó una mala pasada. En lo tocante al dominio de la capa, el paso de la diagonal, erizado de cambrés, es un momento decisivo: la personalidad del torero, o del Espada, que interpreta cada bailarín, también se pone de manifiesto por la forma en que mueve la capa.

¿Qué significa, para ellos, interpretar estos personajes?

Aparte de que les gusta, porque son roles viriles, que se ajustan al ideal varonil, integrar el grupo de toreros, principalmente en el elenco de Don Quijote, es para ellos alcanzar una meta, subir un escalón; incluso los que aún no pudieron lograr ese objetivo van a los ensayos y se ponen a practicar los pasos al fondo, y los aprenden: el hecho de estar en un ensayo ya es para ellos fuente de estímulo.

Carlos Quenedit


MARÍA DEL C. ECHAVARRÍA
Fe en el hombre

¿Cómo se siente trabajando con los bailarines?

Siempre me gustó tomarles ensayos y darles clases a los varones... Aprendí los secretos del adagio, del baile de la bailarina con ayuda de su compañero; me interesaba saber cómo se paraban los hombres, qué posición adoptaban, qué cosa exacta debían hacer para no semejar muñecos detrás de sus partenaires.

¿Cuándo y cómo comenzó a tomarles ensayos a los intérpretes de los toreros del Quijote en la versión del BNC?

Todo comenzó en 1995, con la estancia de la compañía en Fort-de-France, capital de la isla de Martinica, en las Antillas francesas. El BNC presentó allí su Don Quijote, por intermedio de Svetlana Ballester y Alberto Terrero, entonces primeras figuras, y yo fui designada responsable de la gira. Con la ayuda de Alicia Alonso, de María Elena Llorente y de otras compañeras, tuve que aprenderme la versión de cabo a rabo, implementar cambios, ajustar detalles y poner a punto el espectáculo. Desde entonces me quedé como ayudante de María Elena para el bailable del primer acto, y hemos preparado varios elencos de toreros.

¿Qué papel supone mayor dilema, el torero “raso” o Espada?

Desde el punto de vista técnico los toreros tienen más exigencias que el propio Espada, solo que este es solista, baila delante, y sobre él recae el peso de todas las miradas, que es otro dilema. En mi labor de ensayadora no me canso de inculcarles a los toreros del Quijote que ya sobre el escenario deben creer que también ellos son Espadas.

Hace poco las personas lamentaban la falta de primeras figuras masculinas en el BNC. La existencia del grupo que ahora hizo de toreros, ¿no sería un calmante para la inquietud?

Como usted dijo en un trabajo publicado en La Jiribilla, no será la última vez que el BNC tome conciencia de la riqueza de su cantera y se “muerda la cola”. El propio Elier Bourzac, que hoy hizo de Espada, fue uno de los que dio la cara el año pasado cuando, siendo solista, acompañó a la primera bailarina Hayna Gutiérrez en el papel de príncipe Siegfried mientras ella representaba a Odette/Odile, en aquel Lago... de fines de año [26 de noviembre de 2005]. ¡Véase lo hecho por la compañía, en la persona de Elier, en tan solo dos meses!

Todavía hay quien dice que Elier Bourzac salió de la nada...

Y que surgió de “ahora para ahorita”... Pero no es solo Elier Bourzac, ahí están otros Espadas como el del corifeo Taras Domitro, o los de los miembros del cuerpo de baile Ernesto Méjica, y Carlos Quenedit, si es que alguien no quiere contar a los de Miguelángel Blanco y Javier Torres porque ya son bailarines principales. Incluso están los otros toreros, los del solista Ernesto Álvarez y los de los miembros del cuerpo de baile Alejandro Sené, Omar Morales, José Losada, Alejandro Virelles y Dayron Vera. Es una escuadra de altura, habrá que seguirla de cerca. Toreros también han sido el primer solista Joan Reyes y el corifeo Ernesto Díaz.

Es todo un pelotón de escapados, hay que seguirles la pista.

Y más cuando hemos visto que los actuales solistas y bailarines principales que, por ejemplo, ya bailaron el Basilio de Don Quijote o el Siegfried del Lago..., primero pasaron y vencieron la prueba de los toreros. No es lo mismo recrear un campesino, que integrar un pas de trois o un pas de six, que formar el grupo de toreros o hacer de Espada.

El primer acto de Don Quijote pasó a ser el acto de los toreros.

Así dice el público. Literalmente hablando, en este los toreros entran “con el cuchillo en la boca”. No hay mejor oportunidad para ver en acción a los varones de la escuela cubana de ballet.

Sin olvidar la labor de una tercera maestra, María Elena Llorente, a quien corresponde ubicar en el plano general el trabajo de sus compañeras, ni soslayar la experimentada supervisión de Alicia Alonso, y hasta de Josefina Méndez, podría decirse que al desvelo de estas dos maîtres de ballet, Svetlana Ballester y María del Carmen Echavarría, debemos en gran parte el éxito de los toreros del Quijote en la última temporada del BNC.

Fueron ellas las artífices y destacadas responsables, aunque no las únicas, de este pequeño pero trascendente hito en la ya histórica cruzada cubana en favor de un arte —del ballet— nacional.

Ernesto Álvarez

* Don Quijote, sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana, 26 de enero al 5 de febrero de 2006.

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