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En
conversaciones con
Los creídos toreros del Quijote
(también
Tras la capa de Espada,
Al maestro, cuchilladas,
y De capa a cuchillo),
descubrimos cuál es la idea que asiste a cada uno en su
interpretación personal de los personajes (toreros
“rasos” y Espadas).
Amén de lo que expresaron los intérpretes, buscamos
el criterio de las maîtres de ballet Svetlana
Ballester y María del Carmen Echavarría: la primera
de ellas les tomó ensayos, durante la última
temporada del Ballet Nacional de Cuba (BNC), a los
bailarines que hicieron de Espada (y a las
bailarinas que hicieron de Mercedes); la segunda
viene preocupándose y ocupándose de los toreros
“rasos” del Quijote, ora en solitario, ora
ayudada por otras colegas, desde el lejano año de
1995.
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Ernesto Méjica |
SVETLANA BALLESTER
Personalidad
¿En qué
fundamento se basa la selección de los intérpretes de
los toreros?
Antes
debo aclarar que me centré y trabajé con los bailarines
que hicieron los personajes de Mercedes y Espada. Luego,
quiero reconocer, en primer término, que los intérpretes
de los toreros del Quijote, sean toreros “rasos”
o Espadas, deben contar con adecuado nivel técnico,
artístico e interpretativo.
En su trabajo
con los solistas, ¿dónde puso el énfasis?
Si
decimos solistas, quiere decir que nos referimos a los
personajes de Mercedes y Espada, y en mi trabajo con sus
correspondientes intérpretes le di la prioridad a su
desempeño en el tercer acto de la obra. Tenía la
impresión de que el baile del tercer acto, por descuido
involuntario, corría el peligro de perder su esencia,
estaba muy proyectado “hacia fuera”, y era preciso
rescatar su “intimidad”, ingrediente que en su momento
no se cansaba de exigirnos a los bailarines de mi época
la maestra Marta García, una de las coreógrafas.
El del tercer acto no es un baile
de gran virtuosismo.
Aquí
los bailarines no ejecutan doble tour, ni doble
cabriole, ni otros pasos de complejidad técnica;
las exigencias son de índole histriónica, artística. El
baile, a partir de los modos y maneras de los
bailarines, deberá oler a majo y a maja, al Madrid
vistoso y castizo del siglo XIX, deberá ejercer, por su
naturaleza y espíritu, una especie de fascinación sobre
el público, y los primeros “imantados” uno por el otro,
en el ascenso de la danza, deberían ser Mercedes y
Espada.
Conversando
con los intérpretes, recogimos un muestrario de
concepciones sobre los personajes, ¿qué opina usted?
El
torero debe de tener una personalidad, y hacia esa
búsqueda dirijo mis esfuerzos. El modo de ser del torero
es lo que lo distingue; en Cuba no tenemos cultura
tauromáquica, pero es fácil pensar que si un hombre se
planta frente a un toro, es porque es más guapo, en el
sentido de valiente, que los demás.
¿Decir torero
es decir valentía?
El
torero es valiente, aplomado, “bien plantado”, seguro de
sí mismo, pero también ostentoso, pedante, un tanto
alardoso; el alarde se aviene con la personalidad del
torero; es difícil encontrar a un torero modesto, por
eso en ocasiones puede llegar a caer “gordo”. Claro, ya
en la escena, el bailarín/intérprete debe controlar esa
pedantería.
¿Qué nos dice
de la capa y los cuchillos?
Mediante los cuchillos la escena transpira el ambiente
de peligrosidad del mundo del torero. así como los
cuchillos cortan el aire, así se exponen los toreros
cada vez que salen al ruedo; el torero vive en un clima
de constante temeridad, vive coqueteando con el riesgo.
¿Y la capa?
Si bien
la capa es usada por los toreros para llamar la atención
del toro durante la corrida, ya sobre la escena se
convierte en un elemento artístico, danzario, de primer
orden, y en su manejo puede decidirse el éxito del
bailarín que hace de torero “raso” o de Espada. A alguno
de estos muchachos, sobre todo los que se estrenaron en
Espada, la capa les jugó una mala pasada. En lo tocante
al dominio de la capa, el paso de la diagonal, erizado
de cambrés, es un momento decisivo: la
personalidad del torero, o del Espada, que interpreta
cada bailarín, también se pone de manifiesto por la
forma en que mueve la capa.
¿Qué
significa, para ellos, interpretar estos personajes?
Aparte
de que les gusta, porque son roles viriles, que se
ajustan al ideal varonil, integrar el grupo de toreros,
principalmente en el elenco de Don Quijote, es
para ellos alcanzar una meta, subir un escalón; incluso
los que aún no pudieron lograr ese objetivo van a los
ensayos y se ponen a practicar los pasos al fondo, y los
aprenden: el hecho de estar en un ensayo ya es para
ellos fuente de estímulo.
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Carlos Quenedit |
MARÍA DEL C. ECHAVARRÍA
Fe en
el hombre
¿Cómo se
siente trabajando con los bailarines?
Siempre
me gustó tomarles ensayos y darles clases a los
varones... Aprendí los secretos del adagio, del baile de
la bailarina con ayuda de su compañero; me interesaba
saber cómo se paraban los hombres, qué posición
adoptaban, qué cosa exacta debían hacer para no semejar
muñecos detrás de sus partenaires.
¿Cuándo y cómo
comenzó a tomarles ensayos a los intérpretes de los
toreros del Quijote en la versión del BNC?
Todo
comenzó en 1995, con la estancia de la compañía en
Fort-de-France, capital de la isla de Martinica, en las
Antillas francesas. El BNC presentó allí su Don
Quijote, por intermedio de
Svetlana Ballester y Alberto Terrero, entonces primeras
figuras,
y yo
fui designada responsable de la gira. Con la ayuda de
Alicia Alonso, de María Elena Llorente y de otras
compañeras, tuve que aprenderme la versión de cabo a
rabo, implementar cambios, ajustar detalles y poner a
punto el espectáculo. Desde entonces me
quedé
como ayudante de María Elena para el bailable del primer
acto, y hemos preparado varios elencos de toreros.
¿Qué papel
supone mayor dilema, el torero “raso” o Espada?
Desde
el punto de vista técnico los toreros tienen más
exigencias que el propio Espada, solo que este es
solista, baila delante, y sobre él recae el peso de
todas las miradas, que es otro dilema. En mi labor de
ensayadora no me canso de inculcarles a los toreros del
Quijote que ya sobre el escenario deben creer que
también ellos son Espadas.
Hace poco las
personas lamentaban la falta de primeras figuras
masculinas en el BNC. La existencia del grupo que ahora
hizo de toreros, ¿no sería un calmante para la
inquietud?
Como
usted dijo en un trabajo publicado en La Jiribilla,
no será la última vez que el BNC tome conciencia de la
riqueza de su cantera y se “muerda la cola”. El propio
Elier Bourzac, que hoy hizo de Espada, fue uno de los
que dio la cara el año pasado cuando, siendo solista,
acompañó a la primera bailarina Hayna Gutiérrez en el
papel de príncipe Siegfried mientras ella representaba a
Odette/Odile, en aquel Lago... de fines de año
[26 de noviembre de 2005]. ¡Véase lo hecho por la
compañía, en la persona de Elier, en tan solo dos meses!
Todavía hay
quien dice que Elier Bourzac salió de la nada...
Y que
surgió de “ahora para ahorita”... Pero no es solo Elier
Bourzac, ahí están otros Espadas como el del corifeo
Taras Domitro, o los de los miembros del cuerpo de baile
Ernesto Méjica, y Carlos Quenedit, si es que alguien no
quiere contar a los de Miguelángel Blanco y Javier
Torres porque ya son bailarines principales. Incluso
están los otros toreros, los del solista Ernesto Álvarez
y los de los miembros del cuerpo de baile Alejandro Sené,
Omar Morales, José Losada, Alejandro Virelles y Dayron
Vera. Es una escuadra de altura, habrá que seguirla de
cerca. Toreros también han sido el primer solista Joan
Reyes y el corifeo Ernesto Díaz.
Es todo un
pelotón de escapados, hay que seguirles la pista.
Y más
cuando hemos visto que los actuales solistas y
bailarines principales que, por ejemplo, ya bailaron el
Basilio de Don Quijote o el Siegfried del Lago...,
primero pasaron y vencieron la prueba de los toreros. No
es lo mismo recrear un campesino, que integrar un pas
de trois o un pas de six, que formar el grupo
de toreros o hacer de Espada.
El primer acto
de Don Quijote pasó a ser el acto de los toreros.
Así
dice el público. Literalmente hablando, en este los
toreros entran “con el cuchillo en la boca”. No hay
mejor oportunidad para ver en acción a los varones de la
escuela cubana de ballet.
Sin
olvidar la labor de una tercera maestra, María Elena
Llorente, a quien corresponde ubicar en el plano general
el trabajo de sus compañeras, ni soslayar la
experimentada supervisión de Alicia Alonso, y hasta de
Josefina Méndez, podría decirse que al desvelo de estas
dos maîtres de ballet, Svetlana Ballester y María
del Carmen Echavarría, debemos en gran parte el éxito de
los toreros del Quijote en la última temporada
del BNC.
Fueron
ellas las artífices y destacadas responsables, aunque no
las únicas, de este pequeño pero trascendente hito en la
ya histórica cruzada cubana en favor de un arte —del
ballet— nacional.
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Ernesto Álvarez |
* Don Quijote, sala García Lorca
del Gran Teatro de La Habana, 26 de enero al 5 de
febrero de 2006. |