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Debo admitir
que a pesar de mi incapacidad física de estar ubicado al
frente de los recitales, el anuncio de la presentación
despertó en mí destellos de relativa “heroicidad”: Manu
Chao regresaba a Cuba con su grupo Radio Bemba (Sound
Machine).
Su estancia por
estos rincones significa un encuentro más allá de un
salto, un grito y un tarareo de letra. “Nos dijeron
sobre la posibilidad de venir aquí y lo agradecí
inmediatamente” —nos comentó entre la calidez que
lo caracteriza. “Lo primero e importante es que el
concierto es gratis. Cuando el músico puede tocar
para la gente sin que haya una barrera de dinero, de
precio (en Latinoamérica, sobre todo, cualquier
precio que pongas en una entrada de concierto
recortas el 60 ó 70% de la población), es un acceso
directo de todo el público, porque no solo viene a
verte la gente que quiere y que hace un esfuerzo,
un sacrificio; sino también los que pasaron por
casualidad. Es mucho más importante convencer a
alguien que pasó casualmente, que no tiene idea de
tu música, y salió contento del concierto. Es algo
muy valioso como músico. Eso sí es un tesorito”.
Desde la última
presencia de este intérprete en Cuba en 1992, la
simpatía hacia la Isla provocó el deseo del regreso.
“Ya son muchos años sin venir aquí (imagina que
en México se quejaban y tan solo fueron seis años). Este
es un país bastante peculiar, y tiene una realidad muy
diferente de los otros. Es muy importante venir y tomar
la temperatura por nosotros mismos, ver lo que pasa
aquí. Tenemos mucha información por gente que los visita
muy a menudo; pero no es lo mismo. Y, luego, si hablamos
de este lugar... ―señala la Tribuna Antimperialista―...
con la casita que tenemos atrás, me voy a dar un
gustazo. También logísticamente, al lugar donde vamos a
tocar le tengo muchas ganas”.
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Las giras junto con
Mano Negra a través del continente americano y el
posterior regreso a partir de la disolución del grupo,
en busca de nuevos sonidos y realidades, de alguna
manera lo han ido acercando más a estos parajes.
“Latinoamérica es tan grande que la visión es un
calidoscopio. Es un continente sin fondo. Mientras más
vengo, menos lo conozco, son insospechables las
sorpresas. Mientras más vengo, más siento que necesito
regresar.
“Tengo mis lugares
donde ya he vivido. Me conocen, te haces parte del
barrio, sea en Río o en el D.F. Hay muchos lugares donde
existe la “responsabilidad” de ser del barrio y no
puedes abandonarla. Tienes que volver siempre.”
La música
interpretada se ha nutrido de elementos de la cultura
latinoamericana: pachanga, fojó nordestino, rancheras,
percusión afrocubana, (sin ser estos los únicos). Es
clara la existencia de una “pluriculturalidad” en la
manifestación de su lenguaje musical desde los
tiempos, incluso, con Mano Negra. “Voy viviendo y lo que
voy viviendo lo voy chupando. Ahí se me mezcla todo en
un proceso que ni yo entiendo y luego sale cuando
quiere: por escrito, por música... Eso no lo decido
yo.”
Esta misma alquimia
que ni él mismo entiende (ni intenta entender) ha
sufrido ciertos encasillamientos dentro de lo que se
conoce como el mercado oficial, donde el trabajo musical
ha sido esquematizado en una manifestación alternativa.
“Cuando estás viendo la televisión y en MTV ves la
sección Alternative Music dices: ‘¿Qué es esa mierda?,
por favor que no me metan ahí’. Porque no quiere decir
nada. Existe una etiqueta que ha puesto la industria
para ciertas bandas que no saben dónde colocar y que
las llaman alternative. A veces me ponen en
World Music que es otra palabra que no entiendo para
nada: Música del Mundo. Otra vez la industria ha
inventado una palabra para poner todo lo que no es
americano o inglés. Pero la verdadera World Music
existirá cuando, por ejemplo, los artistas vengan de
África pero que también la disquera sea africana. Esa
World Music la seguimos esperando”.
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Si algo se ha
admirado de su carrera es la fidelidad con que lleva
adelante sus proyectos; desde Patchanka en el ‘89
con Mano Negra hasta Próxima estación: Esperanza
con Radio Bemba, pasando por King of Bongo y
Clandestino (Mano Negra y Radio Bemba,
respectivamente) por mencionar algunas producciones (no
debo detenerme en Casa Babylon donde creo que se
comienza a consolidar su estética, al menos en el
mercado oficial). Es un artista que se ha negado (como
se espera con muchos) a faltarse el respeto y es
consecuente en su obra en tanto esta se dimensione con
su realidad. “No tengo por qué hacer concesiones a
nadie. Hay cierta elite “alternativa” que critica mucho
a los músicos pachangueros. Yo no los critico. Esa
gente son músicos que salen a trabajar cada día para
darles de comer a sus hijos, y los respeto totalmente.
Qué fácil criticar a la gente. Si tienes cuatro hijos y
tu “curro” es ser guitarrista, ir de baile en baile a
tocar, pues lo haces por dar de comer a tus hijos. Ya no
tengo esa necesidad, entonces, nadie me puede obligar a
nada. Por otro lado, si tuviera siete hijos y no tuviera
nada en la nevera, tendría que hacer concesiones como
cualquier trabajador. Y las haría, porque lo importante
son mis hijos. Afortunadamente yo no tengo ese problema
y no tengo por qué hacer concesiones a nadie.”
Hay un momento de
encender un cigarro y detenerse un instante sabiendo
que el final se acerca. No tiene ningún reparo en
quedarse toda la noche con nosotros, y comenta sobre
las ganas de volver a visitar el Instituto Superior de
Arte: “unas clasecitas no nos vendrían nada mal”. Nos
reímos e indagamos sus proyectos futuros: “Después de
esta gira iré
a Mali a grabar con unos
chavalines de Bamaco
que les prometí,
e intentaremos terminar mi disco que tengo que
mezclarlo. Luego... no sé, hay ganas de seguir girando
con Radio Bemba porque hay una alquimia bonita de
músicos. Creo que hemos llegado a un nivel de magia
interna que es una joyita y eso es efímero, dura el
tiempo que dura.”
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Se lamenta del tiempo
y nos comenta que es su gran problema, creo que al final
somos nosotros quienes nos lamentamos más, sin embargo,
y como era de esperase, jamás nos fuimos sin escuchar
alguna canción. No sabía qué tocar, solo las ganas.
Empezaron con “Tijuana...”, algo de rumba catalana y
los debidos agradecimientos del espacio concedido y,
dicho sea de paso, algo que jamás estaría dispuesto a
negar: “la invitación ya la tenemos, ahora solo depende
de mí regresar”.
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