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No son pocos los mexicanos que aseguran que el danzón
tiene actualmente mayor número de seguidores en su país
que en Cuba. Para demostrar su afirmación esgrimen,
entre otras muchas razones, la elevada cifra ―muy digna
de tener en cuenta― de jóvenes que bailan el cadencioso
ritmo, después de haberlo aprendido desde edades muy
tempranas en instituciones dedicadas a tal menester. Le
sirve de aval a su sustentada teoría el hecho de que
precisamente una pareja de chiapaneños, Carlos Hugo
Rodríguez y Rocío Margarita Langarica, se acreditó el
mayor lauro en la segunda edición del Festival Danzón
Habana, celebrada en marzo de 2005.
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Por su lado los
cubanos, quienes como es de suponer aseguran lo
contrario, agradecen ante todo a México la suerte de
segunda patria en que ha devenido para el danzón, y
sostienen al propio tiempo que a más de ser nuestro
baile nacional, el danzón cuenta con una activa
comunidad de bailadores en Cuba, la que agrupada en
clubes organizados por el Movimiento de Amigos del
Danzón se extiende a las 14 provincias del territorio
nacional y al Municipio Especial de la Isla de la
Juventud. Los del patio de la misma manera sustentan su
iniciativa para promover el género musical en un
festival, celebrado anualmente y cuyas dimensiones
tienden a hacerse mayores con la incorporación de un
número cada vez más creciente de participantes.
La razón bien pudiera
favorecer a los nacidos en la tierra de Monteczuma, o
mejor aún a los hijos del cacique Hatuey, o a ambos,
incluso. Pero lo cierto es que esta vieja polémica, que
no por enraizada mueve a intereses mezquinos y si mucho
al patriotismo y el apego a las raíces, se verá envuelta
en un nuevo encuentro el próximo 23 de marzo cuando
quede inaugurada la tercera edición del Festival Danzón
Habana.
Este certamen,
auspiciado por la Unión de Escritores y Artistas de Cuba
(UNEAC), el Ministerio de Cultura, el Instituto Cubano
de la Música, el Consejo de Artes Escénicas y el
Instituto Cubano de Radio y Televisión, cuenta con un
amplio programa de actividades que primordialmente
intenta un acercamiento al danzón de manera integral.
En tal sentido tiene previsto, además de las
competencias entre las parejas concursantes y las
presentaciones de destacadas agrupaciones danzoneras
cubanas, la realización de un Coloquio Internacional
donde por parte de especialistas cubanos y extranjeros
se debatirán temas de gran importancia para la
preservación y difusión de este género musical de tanto
arraigo popular.
La III edición del
Festival Danzón Habana estará dedicada al estado
mexicano de Veracruz y al prominente maestro y
musicólogo cubano Chucho Valdés. Tendrá asimismo como
principales sedes distintos escenarios de La Habana
Vieja en la capital cubana y las legendarias ciudades de
Madruga, Santa Cruz del Norte y San Antonio de los
Baños, poseedoras del patrimonio de grandes compositores
renovadores del danzón.
Así, pues, el danzón,
para beneplácito de cubanos y mexicanos, estará de
fiesta desde el 23 hasta el 26 de marzo. Durante esos
días ambos pueblos, hermanados en una tradición,
traerán de vuelta a aquel nuestro primer danzón “Las
alturas de Simpson”, de Miguel Faílde, estrenado un 1º
de enero del año 1879 en el Liceo de Matanzas, justo
cuando se forjaba nuestra nacionalidad.
Junto a Miguel Faílde, durante esos días estarán
igualmente de vuelta en los escenarios escogidos las
melodías de José Urfé, Antonio María Romeu y Jacobo
Rubalcaba entre otros muchos compositores cubanos,
quienes, conjuntamente con los bailadores, darán fe de
que el danzón sí goza de muy buena salud en Cuba y solo
es necesario, al decir de José Loyola, presidente del
Comité Organizador del Festival, “promoverlo todavía
mucho más” y no rescatarlo porque nunca lo hemos
perdido, comoquiera que México se haya convertido en su
segunda patria. |