Año IV
La Habana

4 al 10 de MARZO
de
2006

Página principal

Enlaces Añadir a Favoritos Enviar correo

EL GRAN ZOO
NOTAS AL FASCISMO

PUEBLO MOCHO

CARTELERA

LIBRO DIGITAL

GALERÍA

LA OPINIÓN
LA CARICATURA
LA CRÓNICA
MEMORIAS
APRENDE
POESÍA
EL CUENTO
LETRA Y SOLFA
EL LIBRO
POR E-MAIL
LA MIRADA
EN PROSCENIO
LA BUTACA
FUENTE VIVA
REBELDES.CU
PALABRA VIVA
NÚMEROS ANTERIORES
LA JIRIBILLA DE PAPEL



RECIBIR LAS
ACTUALIZACIONES
POR CORREO
ELECTRÓNICO
Click AQUÍ

20 HORAS CON MANU
Cinco momentos de un día

Pedro de la Hoz La Habana
Fotos:
Iván Soca y La Jiribilla


1.

Confiesa que no podía imaginar a cientos de jóvenes de toda la Isla concentrados en libertad para desarrollar la imaginación científica. Declara que le parece haberse instalado en una de las páginas de Julio Verne. Pero lo que más le sorprende es que estos muchachos, inmersos en el ámbito de la cibernética y la informática, tengan una relación tan viva con la más auténtica cultura de su país y del mundo.

Manu Chao recorre calles y aulas de la Universidad de Ciencias Informáticas, uno de los más revolucionarios proyectos pedagógicos que se lleva a cabo en Cuba.

Se detiene ante un grupo que se lanza a la realización de una multimedia. Abre bien los oídos. La banda sonora de la producción le resulta familiar. Se trata de “Sueño de una noche de verano”, de Silvio Rodríguez: "Yo soñé con aviones / que nublaban el día, justo cuando la gente / más cantaba y reía. (...) En mis sábanas blancas vertieron hollín, / han echado basura en mi verde jardín /si capturo al culpable / de tanto desastre lo va a lamentar".

Le resulta inevitable asociar ideas. Las denuncias, dichas desde una perspectiva poética, desde la canción pensante, coinciden. En tiempos de Mano Negra compuso un clásico en su repertorio: “El decide lo que va, dice lo que no será. / Decide quien la paga, dice quien sufrirá. / Esa tierra y ese bar / son propiedad / del Señor Matanza. / Cuando no manda, lo compra / si no lo compra, lo elimina”. Por si acaso alguien no capta en estos tiempos la diana de su dardo, Manu acostumbra a decir: “Dedico esta canción a la mafia que se disfraza de democracia”.

Manu se va de la UCI convencido de que ha entrevisto por una hendija el futuro.

2.

Estar en La Habana para el cantautor francohispano inevitablemente le hace recordar a Alejo Carpentier. De niño, el novelista, que era muy amigo de su padre, Ramón Chao, y se desempeñaba como consejero cultural de la Embajada de Cuba en París, le trajo de vuelta de unas vacaciones en la isla, un par de maracas. A él y a su hermano Toño. Alejo hablaba sobre lo humano y lo divino en las tertulias familiares, desenvuelto desde su imponente estatura, desde sus erres suavemente arrastradas, desde la accesibilidad de su sensible humanidad, desde las manos que hablaban como aspas de un remolino que construía utopías verbales en la conversación. Ramón lo ha contado así:

“Desde hacía años, Lilia y Alejo nos convidaban a cenar en su casa a Jorge Enrique Adoum, Xavier Valls, Antonio Saura, a mi mujer y a mí. En los últimos tiempos a nosotros ya no nos invitaban. Yo estaba desconcertado, imaginando que cualquier palabra o acto mío, lo hubiese molestado. Y ese día, a eso de las siete de la mañana, me despierto con un sueño fresco que le cuento a mi mujer: estábamos en el cine ella y yo cuando de pronto Felisa me advierte de que Lilia y Alejo estaban detrás de nosotros. Nos hicimos los bobos, pero Alejo nos vino a saludar y nos dijo que nos pusiéramos con ellos. Vimos la película juntos. Se lo cuento a mi mujer, me voy al trabajo, y según llego me llama Lilia anunciándome la funesta noticia. Fui rápido a su domicilio y me encontré con que ya bajaban a Alejo en un plástico blanco para llevárselo a Cuba. Tras contarle a Lilia lo que soñara, me dijo que desde hacía meses habían dejado de recibir a los amigos, pues Alejo no estaba bien y le costaba mucho trabajo hablar. Le debo mucho a Carpentier. Su amistad en primer lugar. Hemos pasado vacaciones juntos en Cuenca, en cuya provincia visitamos Minglanilla, de amargos recuerdo para Alejo cuando se detuvo allí de paso para Madrid con los intelectuales republicanos. Él le regaló a mi hijo Manu, traído de Cuba, el primer instrumento de percusión que tuvo, y a mí me regalaba partituras de piano a cuatro manos, que tocábamos juntos.”

Manu no se cansa de disfrutar la ciudad de las columnas. Le gusta el calor del trópico y la suave brisa que viene de la Corriente del Golfo. “Dejé París y me instalé hace tres años en Barcelona porque estoy cansado del frío”, confiesa.

3.

Cuatro muchachos: tres, guitarra, contrabajo y percusión menor. Música cubana, con mucho de jazz. Una cita del “Mambo influenciado”, de Chucho Valdés y variaciones sobre una guajira amontunada. Candela hasta que el jarro suelta el fondo.

Los músicos de Radio Bemba Sound System son los primeros en advertir esa pequeña revolución que se estaba gestando entre los integrantes del Cuarteto del Instituto Superior de Arte.

Manu no dice palabra hasta el final. “Los quiero mañana de noche junto a mí”. Los muchachos ahora son los sorprendidos. ¿Teloneros de Manu Chao? Pues, sí señor, cómo no.

4.

“Yo he dado muchas vueltas por América Latina y España. A Cuba se le conoce por sus sones de leyenda, pero las máximas leyendas entre los jóvenes de tres generaciones son Silvio Rodríguez y Pablo Milanés. Los he seguido muy cerca, me gustan sus canciones”.

Esto me lo comenta Manu todavía bajo el impacto de la conversación con Silvio, rematada por un intercambio de saludos que parece formal, pero no lo es: Silvio se despide: “Mucho gusto en haberte conocido”. Manu riposta: “No, qué va, el gustazo es mío”. Silvio vuelve a la carga: “Tú veras cómo nos vamos a volver a encontrar en los caminos de este mundo”.

De Eliades Ochoa le maravilla su capacidad para transmutar en piedra viva los cantos más recónditos de su tierra. “Este hombre es un fenómeno, como lo fue Compay Segundo”. Pero acaba de conocer que la mejor creación de Eliades es su hija de quince años, que estudia en una escuela de deportes en la capital cubana y aspira a ser una campeona en tenis de campo. Manu se interesa por el entrenamiento de los tenistas, por las horas que le dejan los estudios y las prácticas para aprender la vida. “Yo también trato de mantenerme en forma. Los conciertos suelen ser agotadores”.

Con Amaury Pérez conecta rápidamente por la vía de la poesía. Hay una comunión de ideas sobre lo que debe representar el artista cuando se toma en serio el arte sin dejar de divertirse y divertir en el acto de transmitir la creación.

5.

“Yo también pudiera ser hijo de los orichas”, dice el cantor y recibe los efluvios de Yemayá, mientras Ochún derrama miel sobre su cabeza.

Está en el Jardín de la Música, en la sede del Instituto Cubano de la Música. Va a terminar una noche habanera. El grupo de cantos afrocubanos y brava rumba Yoruba Andabo le dedica una actuación muy especial y a veces surrealista. Dan vivas “al francés” pero continuamente saludan la presencia de Issac Delgado.

Alexis Díaz Pimienta improvisa seguidillas y emociona con la tonada carvajal. “Este tío es sencillamente impresionante”, comenta Manu ante el pródigo torrente de metáforas hilvanadas desde el corazón. “Vamos a ver si tengo una fecha libre para ir a cantar contigo a Almería”, fija en pacto de caballeros andantes Manu con Alexis.

Todavía habrá tiempo para entonar, con Abelito en la guitarra, viejos boleros cubanos y entrar a la madrugada del brazo de “Lágrimas negras” y “Quiéreme mucho”.

Manu va a dormir un poco para estar listo el día del concierto. Pero en su memoria late un dato: “¿Sabes que la primera canción que canté completa fue una de Bola de Nieve, ‘Mamá Perfecta’?”

SUBIR

 
 


Página principal

Enlaces Añadir a Favoritos Enviar correo

© La Jiribilla. La Habana. 2006
 IE-800X600