Año IV
La Habana

4 al 10 de MARZO
de
2006

Página principal

Enlaces Añadir a Favoritos Enviar correo

EL GRAN ZOO
NOTAS AL FASCISMO

PUEBLO MOCHO

CARTELERA

LIBRO DIGITAL

GALERÍA

LA OPINIÓN
LA CARICATURA
LA CRÓNICA
MEMORIAS
APRENDE
POESÍA
EL CUENTO
LETRA Y SOLFA
EL LIBRO
POR E-MAIL
LA MIRADA
EN PROSCENIO
LA BUTACA
FUENTE VIVA
REBELDES.CU
PALABRA VIVA
NÚMEROS ANTERIORES
LA JIRIBILLA DE PAPEL



RECIBIR LAS
ACTUALIZACIONES
POR CORREO
ELECTRÓNICO
Click AQUÍ

Complicidad en el malecón
Bladimir Zamora Céspedes La Habana
Fotos:
Iván Soca y La Jiribilla


Hace muchos años escuché por primera vez el álbum Clandestinos, de Manu Chao, en medio de un grupo de amigos sevillanos. La inmediata discusión  que se armó me llamó mucho la atención. Ya estando solo volví sobre el disco y empecé a entender las razones por las cuales no es posible mantenerse indiferente a la entrega musical que te hace el músico francoespañol.

A las personas de oídos chatos o estrechos, lo primero que les da por decir en cuanto llevan unos minutos atacados por la textura musical que ofrece Manu,  es “Eso es música de caballito”. No perciben más allá de la base rítmica apoyada en el regae y el rock, las incesantes referencias de ritmos nacidos en tierras europeas, mediorientales y de muchos países de nuestra América, que no aparecen por puro capricho, sino para apoyar su discurso lírico.

Lo que dice directamente él en sus canciones y todo lo mucho que además se puede escuchar, es un amplio mural de la atmósfera social de los países en los cuales ha estado con explícita vocación de aprender, decidido a configurarse como ser humano y como artista en rica relación con el hombre numeroso de a pie. Su expresión en escena es coherente con ello. Canta empeñado en ser lo contrario que un divo, más bien un rebelde cualquiera, voceando desde una esquina imprevista del planeta. Un prójimo posible que levanta sus palabras sencillas para dar a conocer sus carencias y esperanzas. Esos seres humanos que llevan en sus huesos la certidumbre de que “la democracia no podrá ser nunca la dictadura del dinero”, como el propio Manu dijo en medio de su concierto en la Tribuna Antimperialista.

En una antigua plaza taurina convertida en auditorio, disfruté un concierto suyo y era elocuente el intercambio de energías entre él y su público mayoritariamente joven. No le resté importancia a la capacidad de convocatoria que tiene su música y que es perceptible  al escuchar sus discos, pero tenía mis dudas con la cantidad de asistentes a la enorme plaza donde se presentaría e incluso a la actitud de los que sí llegaran al malecón, sencillamente porque no es frecuente en Cuba escucharle por la radio y mucho menos por televisión.

Muy poco después de aparecer Manu en escena  con sus muy diestros músicos de Radio Bemba no solo se disiparon todas mis preocupaciones, sino que por encima de mi responsabilidad crítica, me sumé a la gozadera inteligente  que reinó allí  por más de dos horas.

En cuanto él empezó a hilvanar esa suerte de cantata transmitida  por una emisora de barrio, provocó una identificación inmediata en los presentes. Estoy seguro de que influye el envío de su mensaje a través de la metáfora  expresiva,  de uno de los medios de difusión masiva de mayor alcance, pero sin duda, lo fundamental  fue que  alrededor del predicado de ese mensaje el cantor y el resto de los presentes se pudieron sentir como uno solo y potente ser humano.

Ya casi son  leyenda los sentimientos que provoca Manu Chao en los muchos puntos del mundo, donde se celebran reuniones con aspiraciones de reivindicar los derechos del Sur, pero ninguno de los presentes tendrá dudas de que el lugar y las circunstancias de esta presentación suya, eran muy propicios para que quien rechaza cualquier rotulación esquemática sobre su quehacer, declarara con pasión sus compromisos personales con Cuba, sea cuando evoca la canción de Bola de Nieve, que desde niño sus padres republicanos españoles le mostraron en París, o llama a Bush el hombre más impresentable del planeta. Sucedió como otras muchas veces, Manu Chao, que no niega ser hijo de españoles y haber nacido en Francia, aspira a ser verdadero hombre del mundo y ser paisano de cualquier nación. Solo así pudo gritar como cualquiera de nosotros: ¡Cuba, Cuba, arriba mi gente!

SUBIR

 
 


Página principal

Enlaces Añadir a Favoritos Enviar correo

© La Jiribilla. La Habana. 2006
 IE-800X600