|
Desde
la cuidad matancera de Cárdenas llegó a La Habana para
presentar Credenciales el trovador Tony Ávila, y
lo hizo con creces el pasado sábado 25 en el concierto
A guitarra limpia, proyecto que, como se conoce,
auspicia desde 1998 el Centro Cultural Pablo de la
Torriente Brau.
Este
recital, concebido con 15 temas que a petición del
público se extendieron a 17, demostró que el músico
—nacido el 13 de agosto de 1970— sabe lo que quiere y,
además, tiene recursos para lograrlo.
Sus
textos, al menos los interpretados en el concierto, son
crónicas de nuestro tiempo, de la Cuba de los últimos
veinte años, a la vez que las temáticas abordadas están
matizadas con un fino humor inteligente. Por momentos
tuve la sensación de que Tony bebía de dos fuentes
—igual de ricas, igual de auténticas—: la de Pedro Luis
Ferrer y la de Faustino Oramas, El guayabero.
Como
espectáculo, Credenciales tuvo también un sentido
lúdico muy bien calzado. Por un lado se nota que el
trovador está habituado y tiene entrenamiento para
“chocar con el público” y a la vez maneja tácticas que
le permiten establecer un diálogo cómodo y fluido que se
va como recirculando del escenario hacia la gente y
viceversa.
Otro
de los factores que dieron coherencia al concierto fue
que contó con un patio repleto de cardenenses quienes,
fielmente, viajaron más de cien kilómetros para apoyar
con su presencia y aplausos los decires de este músico
cuya simpatía e inteligencia están fuera de toda
discusión.
Como
elemento significativo y particular es la facilidad con
que Tony Ávila improvisa, algo nada característico entre
los trovadores y que sí se manifiesta en músicos
dedicados a otros géneros o estilos. Quizás por eso al
presentar el concierto el poeta y cineasta Víctor Casaus,
director del Centro Pablo, insistió en el interés
de la institución por la fusión de los géneros lo cual,
dijo, conlleva en un momento a compartir cosas. “La
nueva trova no es algo cerrado que va en un solo,
aburrido camino, sino que existen diversas vías de
búsqueda y hallazgos”.
Credenciales,
que
tuvo como invitados a Lindiana Murphy, Antonio
Santovenia, Manuel Graña y Maikel y Roger Quintana,
comenzó, justamente, con el tema que da título al
concierto y cuyo estribillo dice: y vine contento con
mis poesías a cantar.
Continuó con “Cuatro paredes” y “Hombre nuevo”, texto en
el que se afirma que confundimos el camino con el
caminar y continuó con “Regalao”, tema en el
que realizó una larga improvisación devenida recorrido
por las piezas que se exhibieron durante el concierto.
Esas caricaturas/retratos fueron realizadas por el
artista plástico Orlando Ramos quien captó la esencia de
los trovadores que fueron “retratados” desde la
caricatura por él, entre ellos Eduardo Sosa, Diego Cano,
Pepe Ordaz, Inti Santana y Frank Delgado, hasta
completar catorce.
Le
siguieron “Sin técnica, no hay técnica”, “Negra” (una
canción con aliento de nana), “Malecón”, y “Daniela”,
esta última un bellísimo texto lleno de lirismo y que
puede ser considerado una preciosa canción infantil.
Otros
temas fueron “Al sur de tu garganta”, “Cuando después de
amar”, “Bossa”, Metronidanzón”, “Cascarilla” y
“Huracanes”, una de las más contagiosas canciones en
tiempo de son y cuyo estribillo reitera: pa’ su
escopeta / ¡qué clase de complicación! / si ya el zapato
me aprieta / pa’ qué yo quiero un ciclón.
Volvió
Tony a improvisar en el tema “Científicamente negro”,
que supuestamente ponía punto final a la presentación (aunque
ustedes me vean en la tierra / lo cierto es que estoy en
el cielo) y aseguró haberse sentido como en
su casa durante el concierto: “el Centro Pablo es
el sitio por excelencia de la trova y creo que es vital
para un trovador pasar por aquí”. Para seguidamente
añadir: “gracias a la trova por permitirme ser parte de
ella”. |