Año IV
La Habana
2006

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Cumbre de la mafia en La Habana
(3ra parte)
William Gálvez La Habana


LLEGAN LOS CAPOS A LA HABANA

Es evidente que mientras el consigliere, Meyer Lansky, con su séquito de la mayor confianza se preocupaba y ocupaba de todos los detalles para que la reunión se llevara a cabo y todos los interesados asistieran, en ese ínterin de espera por su llegada, el Capi di Tutti Capi, Lucky Luciano, había disfrutado de los encantos de la hermosa Habana  bañada por las aguas de la corriente del Golfo.

Fue a partir de la segunda quincena de diciembre de 1946 que Luciano y Lansky lo subordinaron todo a estar atentos a la llegada de los principales jefes de los turbios negocios, a muchos de los cuales no veía personalmente el Capi di Tutti  Capi, desde hacía varios años, por motivo de su encarcelamiento. El primero en arribar fue Vito Genovese, quien como hemos visto fue invitado a almorzar por el capo mayor en su residencia de Miramar. Terminado el convite se trasladan del comedor para continuar la charla.

***************

La sobremesa se desarrolló  sentados en el arreglado jardín, donde algunos rayos solares los alcanzaban. Agotadas todas las cortesías, Genovese en tono grave se refirió a Albert Anastasia --también llamado Albert el Grande--, al que consideraba peligroso para los negocios de las familias, debido a que se había propuesto matar al jefe del Buró Antidroga, Harry Anslinger, por haberse dedicado a investigar el contrabando de narcóticos.

Mira, Vito, tu problema real no es lo que le pase a Anslinger, sino que temes que Albert te quite el negocio de las drogas, en el que tú mismo lo metiste... Pero de todos modos considero como tú que sería un grave error hacer eso... Yo me encargaré de evitarlo...

¿Y qué garantiza que no lo haga? Tú sabes que Anastasia es incontrolable, y que liquidar a alguien es para él lo normal.

Ya te dije que me encargaré de que Albert no haga esa locura, no me hables más del terna --el tono, de Luciano era visiblemente serio. Sin embargo, Vito insistió:

Charlie, creo que con su actuación, Anastasia es muy peligroso para la Unione Siciliana... Debemos discutirlo en la reunión y apartarlo, pues a la larga tendríamos que actuar de otra manera contra él

Para Luciano quedaba claro que Vito quería eliminar a Anastasia, pero para sus planes de regreso éste era de más confianza que el propio Genovese, y por lo pronto no podía aceptar la sugerencia de sacarlo de escena y mucho menos, matarlo. Dijo que a ningún jefe de familia que estuviera presente se le podía juzgar. La ley de la mafia decide la suerte del acusado sin su presencia y sin darle oportunidad a defenderse. Consciente Vito de que por esa vía no lograría su objetivo, decidió ir a fondo. Lucky no tuvo dudas de que, para llegar a este punto, su rival debió tener el consentimiento de otros capos.

Oye Lucky, ¿tú crees que puedas regresar a Estados Unidos para seguir dirigiendo la organización?

Por supuesto que lo haré...

Mira, hace mucho tiempo que estás ausente y las cosas no son las mismas, hay cambios diariamente y tú los desconoces... --Hizo una pausa, se puso de pie, dio varios pasos y al regresar manifestó muy seriamente-: Mira, Charlie, yo considero que debes renunciar… O sea, retirarte, te aseguro que no te faltará el dinero que necesites en Italia, pero no debes volver a Estados Unidos, yo me encargaría de la organización... Me parece que es una buena propuesta que debes aceptar.

Aunque Luciano sabía del valor de Genovese, no pensó que fuera capaz de hacerle semejante proposición. Tuvo ganas de matarlo allí mismo. No obstante, se controló, pues hacerlo hubiera provocado que la reunión no se diera, y para Luciano ésta era vital, por lo que dio una respuesta sensata con una sonrisa a flor de labios, que Vito no esperaba.

Parece que olvidaste que en la reunión de Chicago el título de Capo di Tutti Capi quedó abolido nominalmente, pero no de hecho... Aunque es posible que sí lo adquiera, pues veo que hace falta para que recuerdes que sí lo soy, y en caso de abandonarlo, como tú deseas, no será por tu petición... Si no quieres desagradarme, no me repitas nunca más semejante proposición.

Después de aquella respuesta, Genovese se puso de pie y pidió a su anfitrión que lo regresara al hotel. Por la noche, Lucky comentó con Meyer la conversación con Vito. La respuesta del Pequeño se concretó en la siguiente expresión, cargada de la mayor hipocresía:

No hay duda de que nuestro viejo amigo se ha olvidado de quién tú eres, y de que ninguno de los jefes de familias, ni tu consigliere, jamás te traicionarán.

Luciano, emocionado, se puso de pie, besó en cada mejilla a Lansky y expresó:

Toda mi vida he sabido que si hay una persona que nunca me traicionaría, eres tú, Pequeño.

Desde días antes de la fecha del encuentro de los capomafiosos, las medidas de seguridad comenzaron a tomarse y todos los invitados eran recibidos en el aeropuerto de Boyeros, o en el militar del campamento de Columbia, donde operaba Aerovías Q., por el propio Lansky, o por personas de su confianza conocedoras de los invitados. También se encargaban de que los trámites migratorios de aquellos "hombres de negocios" estadounidenses fueran rápidos. Cada jefe de familia tenía a su disposición los autos que necesitara. Las primeras cuatro plantas del regio Hotel Nacional y el salón de reuniones estaban reservadas, al punto de que nadie más tenía acceso a esa área, en especial los periodistas, durante los días de estancia de los mafiosos.

Inclusive, algunos de los empleados fueron sustituidos por personal que se trajo de Estados Unidos, como se había acordado. Ninguno de los capos apareció con mujeres; lo establecido fue que, de hacerlo, las mandaran a buscar después de finalizada la reunión. En los hoteles Sevilla Biltmore e Inglaterra se hospedó parte del personal que acompañaba a los capos.

Fue una norma que cada capo visitara a Luciano en su residencia en Miramar, tan pronto se hubieran alojado en el hotel. Con ese gesto le ratificaban su reconocimiento como Capo di Tutti Capi, a quien podían acudir en cualquier momento para solicitarle orientación, consejos para futuros negocios, y algo muy importante y especial, hacerle patente la lealtad, formalidad indispensable para estos encumbrados monarcas del hampa. Luciano se sentía eufórico con ese gesto y estaba muy seguro de que todos continuaría aceptándolo como jefe de jefes. Así lo comentó con Lansky, su consigliere, quien actuó como el intermediario de cada entrevista. Nunca supo Luciano, sin embargo, que esa demostración había sido preparada por el Pequeño, con el propósito de que Lucky creyera en la inamovilidad de su jerarquía y que permaneciera dentro de su urna rnegalómana.

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