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LLEGAN LOS CAPOS A LA HABANA
Es evidente que mientras el consigliere, Meyer
Lansky, con su séquito de la mayor confianza se
preocupaba y ocupaba de todos los detalles para que la
reunión se llevara a cabo y todos los interesados
asistieran, en ese ínterin de espera por su llegada, el
Capi di Tutti Capi, Lucky Luciano, había disfrutado de
los encantos de la hermosa Habana bañada por las aguas
de la corriente del Golfo.
Fue a partir de la segunda quincena de diciembre de 1946
que Luciano y Lansky lo subordinaron todo a estar
atentos a la llegada de los principales jefes de los
turbios negocios, a muchos de los cuales no veía
personalmente el Capi di Tutti Capi, desde hacía varios
años, por motivo de su encarcelamiento. El primero en
arribar fue Vito Genovese, quien como hemos visto fue
invitado a almorzar por el capo mayor en su residencia
de Miramar. Terminado el convite se trasladan del
comedor para continuar la charla.
***************
La sobremesa se desarrolló sentados en el arreglado
jardín, donde algunos rayos solares los alcanzaban.
Agotadas todas las cortesías, Genovese en tono grave se
refirió a Albert Anastasia --también llamado Albert el
Grande--, al que consideraba peligroso para los negocios
de las familias, debido a que se había propuesto matar
al jefe del Buró Antidroga, Harry Anslinger, por haberse
dedicado a investigar el contrabando de narcóticos.
—Mira,
Vito, tu problema real no es lo que le pase a Anslinger,
sino que temes que Albert te quite el negocio de las
drogas, en el que tú mismo lo metiste... Pero de todos
modos considero como tú que sería un grave error hacer
eso... Yo me encargaré de evitarlo...
—¿Y
qué garantiza que no lo haga? Tú sabes que Anastasia es
incontrolable, y que liquidar a alguien es para él lo
normal.
—Ya
te dije que me encargaré de que Albert no haga esa
locura, no me hables más del terna --el tono, de Luciano
era visiblemente serio. Sin embargo, Vito insistió:
—Charlie,
creo que con su actuación, Anastasia es muy peligroso
para la Unione Siciliana... Debemos discutirlo en la
reunión y apartarlo, pues a la larga tendríamos que
actuar de otra manera contra él
—Para
Luciano quedaba claro que Vito quería eliminar a
Anastasia, pero para sus planes de regreso éste era de
más confianza que el propio Genovese, y por lo pronto no
podía aceptar la sugerencia de sacarlo de escena y mucho
menos, matarlo. Dijo que a ningún jefe de familia que
estuviera presente se le podía juzgar. La ley de la
mafia decide la suerte del acusado sin su presencia y
sin darle oportunidad a defenderse. Consciente Vito de
que por esa vía no lograría su objetivo, decidió ir a
fondo. Lucky no tuvo dudas de que, para llegar a este
punto, su rival debió tener el consentimiento de otros
capos.
—Oye
Lucky, ¿tú crees que puedas regresar a Estados Unidos
para seguir dirigiendo la organización?
—Por
supuesto que lo haré...
—Mira,
hace mucho tiempo que estás ausente y las cosas no son
las mismas, hay cambios diariamente y tú los
desconoces... --Hizo una pausa, se puso de pie, dio
varios pasos y al regresar manifestó muy seriamente-:
Mira, Charlie, yo considero que debes renunciar… O sea,
retirarte, te aseguro que no te faltará el dinero que
necesites en Italia, pero no debes volver a Estados
Unidos, yo me encargaría de la organización... Me parece
que es una buena propuesta que debes aceptar.
Aunque Luciano sabía del valor de Genovese, no pensó que
fuera capaz de hacerle semejante proposición. Tuvo ganas
de matarlo allí mismo. No obstante, se controló, pues
hacerlo hubiera provocado que la reunión no se diera, y
para Luciano ésta era vital, por lo que dio una
respuesta sensata con una sonrisa a flor de labios, que
Vito no esperaba.
—Parece
que olvidaste que en la reunión de Chicago el título de
Capo di Tutti Capi quedó abolido nominalmente, pero no
de hecho... Aunque es posible que sí lo adquiera, pues
veo que hace falta para que recuerdes que sí lo soy, y
en caso de abandonarlo, como tú deseas, no será por tu
petición... Si no quieres desagradarme, no me repitas
nunca más semejante proposición.
Después de aquella respuesta, Genovese se puso de pie y
pidió a su anfitrión que lo regresara al hotel. Por la
noche, Lucky comentó con Meyer la conversación con Vito.
La respuesta del Pequeño se concretó en la siguiente
expresión, cargada de la mayor hipocresía:
—No
hay duda de que nuestro viejo amigo se ha olvidado de
quién tú eres, y de que ninguno de los jefes de
familias, ni tu consigliere, jamás te traicionarán.
Luciano, emocionado, se puso de pie, besó en cada
mejilla a Lansky y expresó:
—Toda
mi vida he sabido que si hay una persona que nunca me
traicionaría, eres tú, Pequeño.
Desde días antes de la fecha del encuentro de los
capomafiosos, las medidas de seguridad comenzaron a
tomarse y todos los invitados eran recibidos en el
aeropuerto de Boyeros, o en el militar del campamento de
Columbia, donde operaba Aerovías Q., por el propio
Lansky, o por personas de su confianza conocedoras de
los invitados. También se encargaban de que los trámites
migratorios de aquellos "hombres de negocios"
estadounidenses fueran rápidos. Cada jefe de familia
tenía a su disposición los autos que necesitara. Las
primeras cuatro plantas del regio Hotel Nacional y el
salón de reuniones estaban reservadas, al punto de que
nadie más tenía acceso a esa área, en especial los
periodistas, durante los días de estancia de los
mafiosos.
Inclusive, algunos de los empleados fueron sustituidos
por personal que se trajo de Estados Unidos, como se
había acordado. Ninguno de los capos apareció con
mujeres; lo establecido fue que, de hacerlo, las
mandaran a buscar después de finalizada la reunión. En
los hoteles Sevilla Biltmore e Inglaterra se hospedó
parte del personal que acompañaba a los capos.
Fue una norma que cada capo visitara a Luciano en su
residencia en Miramar, tan pronto se hubieran alojado en
el hotel. Con ese gesto le ratificaban su reconocimiento
como Capo di Tutti Capi, a quien podían acudir en
cualquier momento para solicitarle orientación, consejos
para futuros negocios, y algo muy importante y especial,
hacerle patente la lealtad, formalidad indispensable
para estos encumbrados monarcas del hampa. Luciano se
sentía eufórico con ese gesto y estaba muy seguro de que
todos continuaría aceptándolo como jefe de jefes. Así lo
comentó con Lansky, su consigliere, quien actuó como el
intermediario de cada entrevista. Nunca supo Luciano,
sin embargo, que esa demostración había sido preparada
por el Pequeño, con el propósito de que Lucky creyera en
la inamovilidad de su jerarquía y que permaneciera
dentro de su urna rnegalómana. |