Año IV
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2006

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MEDARDO VITIER
La cubanidad constructiva
Josefina Ortega
La Habana


La saga de los Vitier, conocida e instalada en la cultura nacional cubana, no se remite solamente a las dos generaciones que hoy coexisten; se inició con esa suerte de patriarca familiar que se llamó Medardo Vitier (1886-1960) y que en su condición humana dejó impronta en la descendencia y sembró semillas de “cubanidad constructiva”. Su hijo Cintio —el imprescindible Cintio— escribió su primer libro, Poemas (1938), a los 17 años, y hoy, ya un anciano venerable, se mantiene activo y con actitud “progre”.

Medardo Vitier, nacido en Quemado de Güines, Las Villas, en 1886, estuvo entre los más importantes ensayistas de su época, influidos por el liderazgo de los cubanos Fernando Ortiz y José María Chacón y Calvo, y por la maestría de José Enrique Rodó. En el grupo de estudiosos se sumaban Fernándo Llés, Emilio Gaspar Rodríguez y Luis Rodríguez Embil.

Vitier, el patriarca, comenzó colaborando en el periódico La Unión, de la ciudad de Cárdenas, y en la revista matancera El Estudiante. Y debió haber tenido mucho que ver en su evolución, su labor como profesor, primero en el colegio Froebel, y en la Escuela Normal de Maestros de Matanzas después. Luego fue inspector general de dichas escuelas, además de Secretario de Educación.

Como orador académico tuvo resonancias en una fecunda labor divulgadora que lo llevó por otros países —México y Estados Unidos—, y que en Cuba desarrolló sobre todo en la Universidad de La Habana y el Ateneo. Sus contemporáneos lo caracterizaban por su “espíritu ponderado, por la precisión de sus ideas y por la nitidez de su estilo”.

Su obra fundamental, Las Ideas en Cuba (1938), fue reconocida con el Premio Nacional de Literatura del Ministerio de Educación, un profundo recorrido por los orígenes y la evolución de la cultura cubana y las directrices del pensamiento político y filosófico, y en la crítica literaria.

En su libro Apuntaciones literarias (1935) reúne varios ensayos, precisamente sobre el análisis literario, y en Varona; maestro de juventudes (1937), ofrece un panorama acerca de las principales virtudes del gran maestro cubano.

En la relación de trabajos de Vitier destacan además La ruta del sembrador (1921), Lo fundamental en pedagogía (1926); La personalidad de Arturo Echemendía (1932), José Ortega y Gasset (1936), y Apuntaciones literarias (1935), entre otros. En volumen póstumo, bajo el nombre de Valoraciones (1960) fueron recogidos sus más importantes trabajos periodísticos.

Fue la de Vitier una vida útil y fecunda, consagrada al servicio de la cultura, como bien dijera Max Henríquez Ureña.

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