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La saga de los Vitier, conocida e instalada en la
cultura nacional cubana, no se remite solamente a las
dos generaciones que hoy coexisten; se inició con esa
suerte de patriarca familiar que se llamó Medardo Vitier
(1886-1960) y que en su condición humana dejó impronta
en la descendencia y sembró semillas de “cubanidad
constructiva”. Su hijo Cintio —el imprescindible Cintio—
escribió su primer libro, Poemas (1938), a los 17
años, y hoy, ya un anciano venerable, se mantiene activo
y con actitud “progre”.
Medardo Vitier,
nacido en Quemado de Güines, Las Villas, en 1886, estuvo
entre los más importantes ensayistas de su época,
influidos por el liderazgo de los cubanos Fernando Ortiz
y José María Chacón y Calvo, y por la maestría de José
Enrique Rodó. En el grupo de estudiosos se sumaban
Fernándo Llés, Emilio Gaspar Rodríguez y Luis Rodríguez
Embil.
Vitier, el patriarca,
comenzó colaborando en el periódico La Unión, de
la ciudad de Cárdenas, y en la revista matancera El
Estudiante. Y debió haber tenido mucho que ver en su
evolución, su labor como profesor, primero en el colegio
Froebel, y en la Escuela Normal de Maestros de Matanzas
después. Luego fue inspector general de dichas escuelas,
además de Secretario de Educación.
Como orador académico
tuvo resonancias en una fecunda labor divulgadora que lo
llevó por otros países —México y Estados Unidos—, y que
en Cuba desarrolló sobre todo en la Universidad de La
Habana y el Ateneo. Sus contemporáneos lo caracterizaban
por su “espíritu ponderado, por la precisión de sus
ideas y por la nitidez de su estilo”.
Su obra fundamental,
Las Ideas en Cuba (1938), fue reconocida con el
Premio Nacional de Literatura del Ministerio de
Educación, un profundo recorrido por los orígenes y la
evolución de la cultura cubana y las directrices del
pensamiento político y filosófico, y en la crítica
literaria.
En su libro
Apuntaciones literarias (1935) reúne varios ensayos,
precisamente sobre el análisis literario, y en
Varona; maestro de juventudes (1937), ofrece un
panorama acerca de las principales virtudes del gran
maestro cubano.
En la relación de
trabajos de Vitier destacan además La ruta del
sembrador (1921), Lo fundamental en pedagogía
(1926); La personalidad de Arturo Echemendía
(1932), José Ortega y Gasset (1936), y
Apuntaciones literarias (1935), entre otros. En
volumen póstumo, bajo el nombre de Valoraciones
(1960) fueron recogidos sus más importantes trabajos
periodísticos.
Fue la de Vitier una
vida útil y fecunda, consagrada al servicio de la
cultura, como bien dijera Max Henríquez Ureña. |