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Debo a
la obra de Amado del Pino la conclusión de un ensayo que
tiene sus dispersos avances en páginas y apuntes
acumulados a lo largo de estos cuatro últimos años. La
aparición de su Teatro por Letras Cubanas deberá
ser el estímulo final para acometerlo, pero precisamente
el mencionado tomo merece antes el breve recuento de una
reseña, en la cual no me detendré sobre los provocadores
signos literarios y teatrales de su escritura para las
tablas, esperando hacerlo más adelante en el prometido
texto.
Reúne
el volumen las cuatro piezas que conforman hasta aquí el
corpus como autor dramático del también ensayista,
crítico teatral y periodista Amado del Pino, si
desdeñamos, como lo hace el libro, el monólogo En
falso, cuya conclusión en 2005, y relativamente sus
características, justifican su ausencia. Así Tren
hacia la dicha, El zapato sucio, Penumbra
en el noveno cuarto y Triángulo adquieren un
particular relieve al presentarse como punto de
inflexión de la trayectoria del dramaturgo.
En el
prólogo, el profesor y crítico Osvaldo Cano, explica
con amplitud y de manera exhaustiva las razones de la
mencionada inflexión. Del brillante estudio de las
raíces, de las características de cada texto y de los
engarces entre ellos, resulta un mapa de relaciones
sobre la obra delpiniana que, a su vez, revela buena
parte del camino por el cual ha transitado la generación
a la que pertenece nuestro autor.
Dentro
de esta última, Del Pino (Tamarindo, Ciego de Avila,
1960), dejó de escribir para el teatro antes que otros
compañeros de viaje. La exigencias cotidianas del
periodismo y otras surgidas de la propia vida lo
alejaron de ese ejercicio por casi tres lustros, después
de publicar en la revista Tablas y estrenar a
fines de los ochenta Tren hacia la dicha
(Colección Pinos Nuevos, Letras Cubanas, 1994). Pero
nunca se apartó de la escena, pues en ese tiempo
ejercitó con denuedo el criterio en publicaciones
especializadas y también a través de su verbo
atropellado en esos tantos encuentros que se producen en
Cuba entre hacedores y críticos. Pronto su libro
Acotaciones, de Ediciones Unión, atestigüará la
acumulación de ese material a lo largo de veinte años,
así como lo ha hecho con respecto a sus investigaciones
y ensayos Sueños del mago (Ediciones Alarcos,
2004, Premio de Teatrología Rine Leal 2003).
Pareciera, sin embargo, que la entrada de siglo y
milenio trajo nuevo impulso a Del Pino. En el propio
gozne entre milenios, el 2000, firma El zapato sucio,
por el que recibe principiando el 2002 la primera
entrega del Premio de Dramaturgia Virgilio Piñera. Desde
entonces no ha dejado de fraguar nuevas piezas:
Penumbra en el noveno cuarto (Premio José Antonio
Ramos 2003, de la UNEAC y publicada por Unión en 2004) y
Triángulo, inédita hasta este título. Tampoco
adaptaciones que asume con la pasión de originales (este
mismo fin de semana termina la temporada de Vientos
de cuaresma, su reescritura para el escenario de la
novela de Leonardo Padura, llevada a escena por Mefisto
Teatro, y ya comienza
Vi-Tal Teatro con
La visita de la vieja
dama, de Friederich Dürrenmatt,
poderoso clásico contemporáneo que ha trabajado). La
energía ha alcanzado, junto a la paciente organización
de Tania Cordero, elemento clave dentro de esta
historia, para emprender los proyectos y las
realizaciones de los libros antes mencionados,
incluyendo éste, para un average bibliográfico de cinco
en estos años, sin contar las compilaciones o antologías
que, dentro y fuera del país, recogen o recogerán alguna
de estas piezas.
Para colmo de bienes,
todas estas obras han conocido distintos espacios
escénicos frente al público, de la mano de grupos
establecidos o en crecimiento, o de elencos convocados
ad hoc. Han sido legitimadas por la crítica y,
sobre todo, por un público que ha encontrado en ellas,
al mismo tiempo, la vibración del realismo y la poesía
que se juntan en la guardarraya o la calle. Allí donde
más interesa a Del Pino que se verifique su creación,
allí han estado, gracias también a su permanente
compromiso con la profesión de todos los navegantes de
ese barco que ama con jodedora y cariñosa pasión, el
barco del teatro. |