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La Habana

22 al 28 de ABRIL
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ENTREVISTA CON SANTIAGO ÁLVAREZ
El temple renuncia a la fatiga

Hilario Rosete Silva La Habana


—Yo nací algún tiempo, digamos, algunos años atrás, en una ambulancia atrapada en las calles de La Habana por una huelga de transporte ―dice Santiago Álvarez en la primera parte de El ojo de la Revolución (1997), una película didáctica, informativa y política, realizada por Travis Wilkerson y Susan Fink.

El ojo de la Revolución ―me dice ahora Santiago―, es el nombre de un libro autobiográfico, ni grueso ni pequeño, que publiqué en 1994. Los jóvenes norteamericanos retomaron el título cuando vinieron a Cuba para hacer un documental sobre mi vida.

Así va Alma Mater, del libro a la película y de la película al protagonista, como del agua a la fuente.

SE HABLA EN INGLÉS

Santiago comenzó a estudiar Medicina, pero después tuvo que dejar la carrera: sus padres no podían costearla. Fue una gran frustración abandonar el sueño, no tuvo alternativa, al igual que muchos, salió para los EE.UU. En Miami se montó en un ómnibus con rumbo a Nueva York. Presenció un racismo inimaginable. Casi lo atacan porque le ofreció su asiento a una joven negra.

Llegó a Pensilvania buscando trabajo en las minas. Este fue más duro que cualquier otra cosa que jamás hiciera. Recuerda a los mineros viejos, muriendo de silicosis. Casi todos los obreros eran emigrantes italianos, muchos anarquistas y otros marxistas. En los EE.UU. comenzó a debatir y leer política y se convirtió al marxismo. Entonces comenzó la guerra y regresó a Cuba: si tenía que ingresar al ejército, sería en el cubano.

TRAS EL TRIUNFO DE ENERO

Según el propio Santiago, él es el resultado de un desarrollo acelerado. La Revolución lo hizo director de cine y pudo realizar sus sueños de la época de Nuestro Tiempo, sociedad donde tenían un cine-club y la aspiración de crear un cine cubano diferente. No tuvo ningún entrenamiento formal, ni asistió a escuela alguna. Aprendió su trabajo manoseando millones de pies de películas. Con 40 años asumió la dirección del Noticiero ICAIC Latinoamericano.

Dirigió más de 600 noticieros y produjo, junto a su equipo, un filme semanal durante tres décadas. Esto le permitió enfrentar la realidad mundial, seguirla paso a paso, penetrarla, interpretarla y sumergirse en ella. Su creación es hija de la urgencia, nunca creyó en el cine para la posteridad.

Noticiero y documental memorable, aquel sobre la muerte del Beny. Tuvo la osadía de narrar el funeral con la propia música del Bárbaro del Ritmo. Esto provocó un debate que como es natural no le importó: siempre hace lo que considera correcto.

Y SIN EMBARGO SE MUEVE

Santiago afirma que gran parte de nuestros inventos nacieron de la necesidad, y pone como ejemplo el uso de fotocollages de revistas norteamericanas cuando el gobierno estadounidense denega el acceso al material original. Por ese camino viene al mundo Now, fiel al postulado santiaguero “¡denme un par de fotos, una moviola, y alguna música, y yo les devolveré una película!”.

Now no se filmó con material vivo, pero como su autor vivió en los EE.UU. y presenció el racismo y la violencia racial, en cuanto tuvo el soporte fotográfico, su guión mental le dio las órdenes para emplearlo: la estructura fílmica del documental surgió en el cuarto de edición, escuchando la desgarradora voz de Lena Horne.

MÁS CON MENOS, METÁFORA DE LA REVOLUCIÓN

En 1966 Santiago llegó al sudeste asiático para documentar la escalada bélica norteamericana. Viajó con pocos recursos. Estuvo en Hanoi el 2 de diciembre, día del primer bombardeo concentrado yanqui. Las imágenes filmadas las empleó luego en el excepcional documental Hanoi, martes 13. Ya para entonces su estilo es el estilo del odio hacia el imperialismo. Tal vez por eso recuerda a L.B.J., que trata sobre los asesinatos de Martin L. King y de los hermanos John y Robert Kennedy, fin de una era en Norteamérica.

Después de 30 años, enfermo del mal de Parkinson, Santiago Álvarez sigue realizando sus sueños “por cualquier resquicio” y se ufana de La isla de la música, su última película, donde asoman estrellas del pentagrama cubano de todos los tiempos en su contexto cotidiano.

¿El próximo trabajo? Aún no lo tiene decidido, pero ¡ojo!: parte integrante de la historia del cine cubano, autor de noticieros y documentales modelos, gran hombre y talentoso artista, lo primero que precisa Santiago para echar a andar es el nombre de su futuro documental, para el cual, si no tiene las imágenes, las inventa.

Alma Mater, marzo-abril de 1998.  Esta respuestas se incluyen en lo que fuera la última entrevista pública (realizada en el cine Yara) concedida por el famoso cineasta cubano.

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