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—Yo nací algún tiempo,
digamos, algunos años atrás, en una ambulancia atrapada
en las calles de La Habana por una huelga de transporte
―dice Santiago Álvarez en la primera parte de El ojo
de la Revolución (1997), una película didáctica,
informativa y política, realizada por Travis Wilkerson y
Susan Fink.
—El ojo de la Revolución
―me dice ahora Santiago―, es el nombre de un libro
autobiográfico, ni grueso ni pequeño, que publiqué
en 1994. Los jóvenes norteamericanos retomaron el
título cuando vinieron a Cuba para hacer un
documental sobre mi vida.
Así va Alma Mater, del libro a la
película y de la película al protagonista, como del agua
a la fuente.
SE HABLA EN INGLÉS
Santiago comenzó a estudiar
Medicina, pero después tuvo que dejar la carrera: sus
padres no podían costearla. Fue una gran frustración
abandonar el sueño, no tuvo alternativa, al igual que
muchos, salió para los EE.UU. En Miami se montó en un
ómnibus con rumbo a Nueva York. Presenció un racismo
inimaginable. Casi lo atacan porque le ofreció su
asiento a una joven negra.
Llegó a Pensilvania buscando
trabajo en las minas. Este fue más duro que cualquier
otra cosa que jamás hiciera. Recuerda a los mineros
viejos, muriendo de silicosis. Casi todos los obreros
eran emigrantes italianos, muchos anarquistas y otros
marxistas. En los EE.UU. comenzó a debatir y leer
política y se convirtió al marxismo. Entonces comenzó la
guerra y regresó a Cuba: si tenía que ingresar al
ejército, sería en el cubano.
TRAS EL TRIUNFO DE ENERO
Según el propio Santiago, él es el
resultado de un desarrollo acelerado. La Revolución lo
hizo director de cine y pudo realizar sus sueños de la
época de Nuestro Tiempo, sociedad donde tenían un
cine-club y la aspiración de crear un cine cubano
diferente. No tuvo ningún entrenamiento formal, ni
asistió a escuela alguna. Aprendió su trabajo manoseando
millones de pies de películas. Con 40 años asumió la
dirección del Noticiero ICAIC Latinoamericano.
Dirigió más de 600 noticieros y
produjo, junto a su equipo, un filme semanal durante
tres décadas. Esto le permitió enfrentar la realidad
mundial, seguirla paso a paso, penetrarla, interpretarla
y sumergirse en ella. Su creación es hija de la
urgencia, nunca creyó en el cine para la posteridad.
Noticiero y documental memorable,
aquel sobre la muerte del Beny. Tuvo la osadía de narrar
el funeral con la propia música del Bárbaro del Ritmo.
Esto provocó un debate que como es natural no le
importó: siempre hace lo que considera correcto.
Y SIN EMBARGO SE MUEVE
Santiago afirma que gran parte de
nuestros inventos nacieron de la necesidad, y pone como
ejemplo el uso de fotocollages de revistas
norteamericanas cuando el gobierno estadounidense denega
el acceso al material original. Por ese camino viene al
mundo Now, fiel al postulado santiaguero “¡denme
un par de fotos, una moviola, y alguna música, y yo les
devolveré una película!”.
Now no se filmó con material
vivo, pero como su autor vivió en los EE.UU. y presenció
el racismo y la violencia racial, en cuanto tuvo el
soporte fotográfico, su guión mental le dio las órdenes
para emplearlo: la estructura fílmica del documental
surgió en el cuarto de edición, escuchando la
desgarradora voz de Lena Horne.
MÁS CON MENOS, METÁFORA DE LA
REVOLUCIÓN
En 1966 Santiago llegó al sudeste
asiático para documentar la escalada bélica
norteamericana. Viajó con pocos recursos. Estuvo en
Hanoi el 2 de diciembre, día del primer bombardeo
concentrado yanqui. Las imágenes filmadas las empleó
luego en el excepcional documental Hanoi, martes 13.
Ya para entonces su estilo es el estilo del odio hacia
el imperialismo. Tal vez por eso recuerda a L.B.J.,
que trata sobre los asesinatos de Martin L. King y de
los hermanos John y Robert Kennedy, fin de una era en
Norteamérica.
Después de 30 años, enfermo del mal
de Parkinson, Santiago Álvarez sigue realizando sus
sueños “por cualquier resquicio” y se ufana de La
isla de la música, su última película, donde asoman
estrellas del pentagrama cubano de todos los tiempos en
su contexto cotidiano.
¿El próximo trabajo? Aún no lo
tiene decidido, pero ¡ojo!: parte integrante de la
historia del cine cubano, autor de noticieros y
documentales modelos, gran hombre y talentoso artista,
lo primero que precisa Santiago para echar a andar es el
nombre de su futuro documental, para el cual, si no
tiene las imágenes, las inventa.
Alma Mater, marzo-abril de
1998. Esta respuestas se incluyen en lo que fuera la
última entrevista pública (realizada en el cine Yara)
concedida por el famoso cineasta cubano.
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