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Como casi todo el mundo primero conocí su obra. Todas
las semanas iba al Cine Cuba un pequeño grupo de
santiagueros aficionados para ver su Noticiero. Yo entre
ellos. Iba a descubrir qué cosas nuevas había en el
montaje o en la música (casi siempre) o en la manera de
presentar una información que a veces ya conocíamos.
Me parece que la “manera” de montar las informaciones,
de relacionarlas, de entrelazar cosas diversas o de
revelar otra arista, fue su sello más característico. Lo
convirtió en un estilo, lo perfeccionó, fue
capaz de
usar los más diversos recursos para alcanzar lo que se
proponía explicar, denunciar o simplemente dejar
constancia de que existía. Expresaba siempre un punto de
vista claro.
El ejemplo de esto que digo está expresado de forma
brillante (cinematográfica) en su reportaje “Despegue a
las 18”. Una secuencia memorable: vemos como desplegó
una línea interminable de macheteros que corrían al
asalto del cañaveral y de manera insólita el Órgano de
Manzanillo usado como banda sonora pero también en el
cuadro, en medio de aquella toma. Era su manera peculiar
de testimoniar la batalla del año 70 por los 10 millones
de toneladas de azúcar.
Muchos años después me convertía en una de sus
colaboradoras permanentes. Ya el Noticiero ICAIC era un
templo de sabiduría y él un consagrado. Iván, Luminito,
Dervis, Raúl, Tuto, y Rosalina, Pepín y Puchaux,
conocidos en todos lados. Los editores sabían que su
sueño era tener un “perchero” circular, del tamaño del
cuarto de edición, donde pudiera colgar cada plano,
necesitaba verlos, manosearlos. En los ocho años que
trabajé a su lado y me hice una amiga descubrí que
mientras él no sabía cómo iba a llamarse lo que estaba
por editar, no avanzaba. Daba vueltas en torno a una
idea, marcaba los puntos o giros donde creía que la
emoción y la complicidad con el público se lograrían o
eran posibles; luego ya era una vorágine. Pero,
necesitaba el título y cuando lo encontraba se convertía
en un factor desencadenante que nos contagiaba y
envolvía a todos.
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Santiago tuvo muchos oficios, intereses y curiosidades,
cosas diversas, desde el desempeño del oficio de minero
en los Estados Unidos hasta el de linotipista (allí
conoció a Jesús Montané, luego combatiente del Moncada).
Santiago fue creador de un programa de educación sexual
(lo escribía, lo hacía y no se si hasta lo pagaba, en la
radio). Militaba en Partido Socialista Popular (antiguo
partido comunista) como activista en el barrio
Marte-Arsenal de La Habana, fue miembro de la sociedad
cultural de izquierda Nuestro Tiempo, era un inconforme
total y revolucionario a toda prueba. Pero fue en el
cine donde pudo reunir todas esas inquietudes y
experiencias, aparentemente dispersas, que tomaron
cuerpo con coherencia. Había estallado su talento, sus
búsquedas se hicieron orgánicas. Trabajaba con cerebro y
con pasión. El Noticiero y los documentales le
permitieron hacer una síntesis creadora que ha vencido
el tiempo. Fue un antes y un después, plenos. |