Año IV
La Habana

22 al 28 de ABRIL
de
2006

Página principal

Enlaces Añadir a Favoritos Enviar correo

EL GRAN ZOO
NOTAS AL FASCISMO

PUEBLO MOCHO

CARTELERA

LIBRO DIGITAL

GALERÍA

LA OPINIÓN
LA CARICATURA
LA CRÓNICA
MEMORIAS
APRENDE
POESÍA
EL CUENTO
LETRA Y SOLFA
EL LIBRO
POR E-MAIL
LA MIRADA
EN PROSCENIO
LA BUTACA
FUENTE VIVA
REBELDES.CU
PALABRA VIVA
NÚMEROS ANTERIORES
LA JIRIBILLA DE PAPEL



RECIBIR LAS
ACTUALIZACIONES
POR CORREO
ELECTRÓNICO
Click AQUÍ

La complicidad se llama Lázara
Bladimir Zamora Céspedes La Habana


Una entrevista, lo que se dice una entrevista, nunca podrá disfrutada en su ejecución, sino cuando el periodista y la persona convocada están ahí, mirándose las caras. A veces diciendo más con la mirada o el tono de la voz, que con las mismas palabras. Mucho más cuando quien va a responder las preguntas es Lázara Herrera, la esposa de Santiago Alvarez.  Tengo la suerte de gozar de su cercanía filial y nos hubiera gustado mucho estar en su terraza, bajo el amparo de los colores de la tarde habanera  haciendo una natural conversación de familia.  Pero anda por allá, por los buenos aires queridos de Gardel, y hemos tenido que echar manos a los dones del ciber espacio. A golpe de correos electrónicos logré estas respuestas de Lázara , y lo que más me alegra es que de ellas trasciende el sentimiento de que mientras hablaba, nos estábamos viendo.  

Mi primer encuentro con Santiago, como toda buena hija de cubano, fue a través del Noticiero ICAIC. Iba al cine y me fascinaba la forma en que se ofrecían las informaciones. Especialmente aquel noticiero de febrero de 1963, donde se registra  la muerte y entierro de Benny Moré, me marcó mucho. Imagínate que él muere el 19 de ese mes, que es precisamente el día de mi cumpleaños y en casda cuando nos enteramos del fallecimiento la fiestecita que me habían preparado.  Tenía muy fresca la imagen de Benny en el Festival Papel y Tinta, bailando con Odalys Fuentes y luego al ver el noticiero de la siguiente semana, quedé muy impresionada con la devoción con la que el pueblo lo despedía.

Te podrás imaginar que entonces Santiago Álvarez era solo un nombre que veía en la pantalla de los cines y no podría suponer que con los años no sólo lo podría conocer, sino que llegáramos a ser esposos. Pero ya ves, fue así.

Ya estando casados no te puedo decir cómo llego a ser parte de su equipo. Creo que eso fue poco a poco y de manera inconsciente. A mi me gustaba ir a la mezcla de los noticieros o los documentales que estuviera haciendo. Es decir, cuando se le coloca sonido a la imagen. Por aquellos años esto se hacía en los estudios de Prado. También alguna que otra vez  me iba con él a las filmaciones en otras provincias.

Cuando su enfermedad comenzó a ganar terreno, no dejé de acompañarle a sus viajes al exterior y me hice el propósito de estar más metida en su trabajo. A Santiago le gustaba conversar mucho en las madrugadas y compartía conmigo sus ideas y proyectos, por lo tanto estaba familiarizada con todo lo que hacía. No me fue difícil aprender de él muchas cosas. Era un verdadero talento y un gran educador.

Era un todo, no se comportaba diferente por estar filmando en la calle o sentado en la casa disfrutando una taza de buen café. Manifestaba su coherencia fuera donde fuera. Era comunista, fidelista, padre excepcional y amante esposo las veinticuatro horas del día, en el malecón habanero, en Santiago de Cuba, o en Río de Janeiro. Cubano de pura cepa al fin, era machista leninista. Claro, yo sabía cómo lidiar con eso. Había una gran compenetración entre nosotros, que yo llamaría complicidad. Sabía que era exigente en su trabajo y creía que la disciplina era algo fundamental, pero a la vez era el más amoroso, comprensivo de los hombres. Se proyectaba así no solo en el entorno familiar. También con sus compañeros, a quienes les exigía mucho al tiempo que le prodigaba mucho respeto y era capaz de compartir con ellos tanto las alegrías como las dificultades. Imponía  una disciplina razonada. Conquistaba a quienes trabajaban con él para que le siguieran y hoy en día, te digo, muchos de ellos siguen marcados por su presencia y su estilo de trabajo.

Un día cualquiera en la vida de Santiago era realmente muy agitado. Leía mucho, escuchaba la radio hasta altas horas de la noche. Dormía poco y le gustaba llegar temprano a la oficina. Decía que dormir le hacía perder el tiempo y tenía muchas cosas por hacer. Era un terremoto. Creo que su cabeza, que para su época era una computadora de última generación, no se apagaba nunca. “Si me detengo pierdo el compás”, me decía.

Santiago nunca pensó que el Noticiero ICAIC fuera su terreno particular. Lo concebía como la escuela de todos, el homenaje a la cotidianidad del pueblo cubano, su arma de denuncia contra los desmanes de los imperialistas y tuvo el talento requerido para hacerlo de forma tal que perdurase en el tiempo, para que las futuras generaciones pudieran  conocer a través del noticiero un poco de nuestra historia.

Sin dudas lo que más le interesaba era el documental. Le gustaba vivir la historia, no que se la contaran. Estaba convencido de que no hay ficción capaz de superar la realidad.

Se le quedaron rondando en la cabeza muchos sueños que no pudo realizar. Por ejemplo un documental dedicado al setenta cumpleaños del Comandante. Llegó a pensar en el título y todo: “Panel de prensa al revés”. El proyecto era convocar a algunos de los periodistas más importantes del mundo que alguna vez hubieran entrevistado a Fidel, y en esta oportunidad Fidel fuera quien los entrevistara. Las limitaciones económicas impidieron su realización. Te podría hablar de muchos más. Santiago paría ideas constantemente. A mi modo de ver era un genio y lo más grande es que no se daba cuenta de ello. Era la modestia personificada.

Ahora la presencia de Santiago dependerá de nosotros. Nos corresponde redimensionar su figura que tanto hizo por la cultura de nuestro país, por nuestra Revolución, para que las nuevas generaciones conozcan su trabajo. Eso es lo que trato de hacer desde la oficina que lleva su nombre y desde el Festival "Santiago Alvarez In memorian", con muchas dificultades  y carencias, pero convencida de que es el mejor tributo de amor que le puedo brindar. 

Por mi parte, no he dejado de conversar con él. Lo tengo presente a toda hora y a veces, cuando las cosas se ponen feas, me peleo con él, pero enseguida hacemos las paces. Soy y seré eternamente su esposa, amiga, compañera, defensora a ultranza de su obra política y cultural. Esa es mi batalla, la de él.

SUBIR

 


Página principal

Enlaces Añadir a Favoritos Enviar correo

© La Jiribilla. La Habana. 2006
 IE-800X600