Año IV
La Habana
2006

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El evangelio según Arnaldo
(decálogo de canonización)
Orlando Luis Pardo Lazo*
La Habana


1

   ºEl campo escritural cubano ha sufrido interesantes distorsiones aún no cronicadas por la crítica literaria, ni tampoco por la reseñística de tabloides y sitios web. ¹Entre tales desvíos sin previa señalización, el fenómeno de Arnaldo Muñoz Viquillón se perfila como la quilla más barrueca que barroca de los jóvenes nacionarradores de nuevo siglo y milenio: esa autodenominada «Generación Año Cero» que comienza a fraguarse con el crac del cambio de fecha y su falso efecto Y2K (Year to Kill). 

2

   ºEl hilo con que se teje la microsmogonía de Arnaldo Muñoz Viquillón es, por su fortaleza y biodegradabilidad, un cordón de sutura quirúrgica: tan resistente como una cuerda de ahorcado, tan efímero como la traza nocturna de una babosa (Marginolia habanensis sp), tan grandilocuente y bajosonante como un bordón –id est: lo que está demasiado al borde–. ¹Por parte del autor, diríase que este hito ya nunca quedará ahíto, a juzgar por la promiscuidad editorial de sus sucesivas "novelas" –como se empeñan en rotularlas en portada–, que suman cinco por el momento, a saber: «La muerte segura de Guillermo Guillén» (Premio Pinos Nuevos, Ed. Letras Cubanas, 2003), «El olor de la langosta y la torre de cerámica» (Premio Félix Pita Rodríguez, Ed. Unicornio, 2003), «La muerte segura de Paula María Barrientos» (Premio Eliseo Diego, Eds. Ávila, 2004), «Los funerales de Mauro Lechuza» (Premio Fundación de la Ciudad de Santa Clara, Ed. Capiro, 2005), y «Horizonte de las tres lunas» (Premio Luis Rogelio Nogueras, Eds. Extramuros, en proceso 2006). ²Por parte del lector, tal hatillo de textos pudiera traer consecuencias ciertamente menos visibles y más imprevisibles, como la saña que generó la hazaña de esta reseña o tal vez auto de fe. 

3

    ºEn total, suman ya medio millar de páginas en libros de pequeño formato, cada cual legitimado por jurados que van desde la sedición deleuziana de un casi inédito Jorge Alberto Aguiar Díaz (JAAD), hasta la lectura más social-realista de un Premio Nacional de Literatura como Lisandro Otero (PNL-2002). ¹Es decir, la Buena Nueva de Arnaldo Muñoz Viquillón ha devenido una Bola Nueva que, de hecho, es ya el más silencioso escándalo de nuestros lares literarios, pues su rating de 5 obras versus 0 comentarios es un síntoma muy significativo sobre el state-of-the-art de nuestra capacidad de leer (o alfabeticidad). ²Más autistas que artistas, al parecer nos cuesta demasiado trabajo atender algo no escrito por nosotros mismos: en clínica, esto remitiría automáticamente a la amnesia; en crítica, a la anestética pura. ³En fin, valga el presente llamado de atención para suscribirnos ahora todos al bluff del heraldo Harold Bloom: "mejor canon que nunca". 

4

    ºArnaldo Muñoz Viquillón nació en Ciudad de La Habana en 1972, por lo que cronológicamente debió ser un novísimo o algo post el estilo, pero, como todos los de su Generación Año Cero, él también llegó muy tarde a su propia literatura o, mejor aún: lateratura. ¹Para verificarlo, bastaría con repasar las currículas de los más publicados entre los integrantes de dicho clan –cuyas escrituras se supone pretendan no parecerse a un clon–: el traductor Michel Encinosa Fú (1974), el ingeniero en mecánica Ahmel Echevarría Peré (1974), el DJ Raúl Flores Iriarte (1977), el licenciado en bioquímica Jorge Enrique Lage (1979) y el fotógrafo OLPL (1971) –quien es el amateur amanuense que suscribe el presente evangelio o recogida de firmas pro-canonización–. ²Además de la referida reticencia a la hora de (a)sumarse al corpus texti de la nación literaria, en todos ellos podrá notarse una procaz vocación hacia la prosa por encima de cualquier atisbo de verso; así como una casi terrorista intención de reterritorializar el mapa político de nuestra República de las Letras, incluso al precio de desanquilosar su canonstitución original, cuando no origenista. ³En todos los casos, se trata de esa antigua treta de traicionar la tradición al ritmo de 1-2-y-3: borrón y cuento nuevo (tan sencillo como coser y contar, tan difícil como narrar en el mar). 

5

    º¿Qué pasa con la muerte y el semen –qué hay con el fatum y las mujeres– que copan asfixiantemente toda la atmósfera mágico-marginal donde Arnaldo Muñoz Viquillón encierra sus "no-velas"? ¹¿Cuál es su vicio y su bias hacia la letra M: misha, momio, madalgis, música, marquito, maría, mar, marxo, maremoto, machos, mauro, maura, mauricio, multa, mulata, marioneta, munstelier, maldición, marylin [sic], miedo, miller, 90 millas, mierda, maité, matías, misterio, miramar, mariela, mentira, marabú, mercado, montebarreto, manada, mamada, masturbación, metamorfosis, mantilla, máscara, mendicidad, madrid, ministerio, matilde, médicos, militares, milagros, moscas, marginal, minorías, magia, marcia, mateo, moll, mariposa, mutilación, mayita, musulmana, macondo o macomala, madagascuba o moknapatawphabana, menopausia o menostruación, monstruociudad, mariscos o maríconos, matamoros o matrimonio o maternidad, mueca o muñoz o mmm...? ²¿Por qué una historia copia asfixiantemente a su predecesora y, sin embargo, en todas se respira siempre un ozoono tan fresco: fauna de filibusteros infieles excepto al finisterræ de su propia ficción? ³Evangelio de vaginas estrechas y/o erección de toda una falosofía: ¿quién le teme al sementerio narrowtológico de Arnaldo Muñoz Woolfquillón? [DESPUÉS DE COMPILAR ESTAS ÚLTIMAS LÍNEAS, CONSIDÉRESE SERIAMENTE LA POSIBILIDAD DE NO EMPLEAR NUNCA MÁS EL LENGUAJE, EXCEPTO COMO ENJUAGUE BUCAL] 

6

    ºSu protagonista no es la trama sino, por supuesto, el argot con que él la trama; aún cuando el autor se resiste todo el tiempo a conceder esta confesión. ¹Hasta ahora, cinco intentonas de reconstrucción argumental, no han dado resultado positivo con ninguna de las cinco "no-velas" de este novel as escritural: (o)culto cultor de una límiteratura a prueba de balas que se resiste al bodrius vivendi de nuestro state-of-the-heart (léase, ya no cuenta nada: puede pero no quiere; él no quiere saber contar). ²Arnaldo Muñoz Viquillón apuesta así por una radicalidad a ultranza, su ética es la del mesías que asume el precio de su propia cruxificción: ser leído sin sentido del humor por un quórum en jaque perpetuo bajo el rigor mortis de su contextus vitae. ³Él escribirá, entonces, no tanto para espiar como para expiar nuestros pecados capitales, en tanto lectores provincianos: su carta de triunfo será, pues, esta apuesta geográficamente perdida a priori. 

7

    ºLexemas que casi delinquen, volapuk sin esperanto ni tampoco esperanza, ósmosis y diálisis lingüísticas para abrirnos a un pasado que no fue sino pose y a un futuro sinónimo del peorvenir: estos cinco libros rebosan de una sopa de letras no tan lúgubre como libérrima; los cinco son el desliz del zapador que se entretiene jugando al wordzap en lugar de vigilar su frontera minada. ¹De hecho, para un autor año-cero no queda ya frontera minada, y Arnaldo Muñoz Viquillón no es la excepción que desmiente esta regla: él escribe, de pie, sobre los vidrios rotos de cualquier state-of-the-head que intente legislar un límite a nuestra imaginación; y, al respecto, su po(st)ética es la del fakir que baila un waltz al ritmo de The Wall –Pink Floyd © 1979–, lo mismo sobre el muro de Belfast entre la cruz y la cruz, que sobre el muro de Palestina entre semita y semita, que sobre el múroff de Berlín entre la nueva Europa y la vieja Eurroja, que sobre la moralla china entre la vieja Asia y la nueva An$ia, que sobre el McMuro de Tijuana entre la North America y la América Sur. ²Arnaldo Muñoz Viquillón parte de lo doméstico y lo chancletero para bocetar una caricatura global, desde los años noventa hasta los años cero que nos han tocado sobremorir, en tanto noción literaria de una nación literal. ³Y es justo esta imperceptible apertura al infinito de su escritura la que termina por hacerle un número ocho –8– a nuestra egochovinista manera de leer sin leer: id est, a nuestra analfabeticidad de vidas para leerlas. 

8

    ºArnaldo escribe «Harnaldo tiene una imaginación absurda y desmejorada»; tal es su «modo de alzar la voz en forma de papel» y también el más persistente/perspicaz oficio suyo y de sus personajes: «vivir sin máscaras». ¹Muñoz escribe hasta con sus muñones sobre la «rebelión de los muertos» y otras «irrealidades que no permiten el equilibrio», porque ya intuye que el «miedo madura la imaginación», a la par que lo inmuniza contra esa «subsistencia de títere» suya y de sus personajes: en una epoquita epímone sólo nos queda «sacar de un golpe toda la aberración que se lleva por dentro» y llegar a ser, cuando menos, un «equivocado que conserva la ética». ²Como «definir el odio sigue siendo inútil», Viquillón escribe entonces estos «cantares de gesta derivados del suburbio», y lo hace tart-t-tamudeando sobre el cuerdo fleje de una puntuación de rechinantes pespuntes y una viquisquillosa adjetivación rococó o, si se prefiere, roco´clock: pues su hezpañol es una jerga privada a cuya Irreal Academia quedamos todos puntualmente invitados en su obra, en tanto Lectores de Honor o acaso del Horror. ³El paciente Arnaldo Muñoz Viquillón, ingresado no de urgencia sino de nacimiento en la sala-Q, va a preguntarnos por escrito en una suerte de telegrama telúrico: «¿Cuándo me voy de aquí?» 

9

    ºFuetazo de escubamarga o fotutazo de salbutamor, como curas de caballo para nuestro enfisema lectivo: a ras de un Trópico de Cáncer inisecular, Arnaldo Muñoz Viquillón tiñe aquel slogan de un "eterno verano" con la tinta radiactiva de una "primavera negra" donde –al igual que en el texto homónimo de Henry Miller– ya no resulta rentable «espiar por el ojo de la cerradura» ni «masturbarse en la oscuridad» ni, mucho menos, las «confesiones públicas». ¹Se trata de una nueva estación que irá contaminando de deseo «rudo y honesto» al resto del año solar, en un planet-Q que aún sea capaz de sentir, «por sus huesos y contornos, los crudos colores primarios», y en donde se anteponga el «miedo y respeto por sus orígenes animales» a todas esas representaciones sexuales «coquetas, disfrazadas, deformadas, idealizadas»: antes bien, en este pentangelio escriturofágico se da prioridad al discurso fáctico de los «palos funerarios de Madagascar, con un animal encima de otro, y en la cúspide Adán y Eva». ²Todo esto resuelto, paródica y paradójicamente, con una voluntad de estilo que remite a una sinsintaxis del pecado y a un vocubalario de «pureza clásica, donde la mierda es mierda y los ángeles, ángeles»: un estilete estólido antes que estéril, con el que el autor comenta y comete su cruenta cirugía civilteraria. ³Y, toda vez rebasado este punto de no retorno lingual, ya sólo nos queda proponer oficialmente la canonización por cañona de Arnaldo Muñoz Viquillón, a los efectos de la Encicloferia Literárida Nacional (ELN-2006); para lo cual bien podríamos iniciar ahora mismo la consecuente recogida de milagros y firmas que estipula el proceso o, mejor aún: Der Prozess. [USAR LETRA DE MOLDE: ES NUESTRA ÚLTIMA OPORTUNIDAD GENERACIONAL DE APRENDER A LEER]

10

    MILAGRO                                       FIRMA

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4 ___________________     __________________

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* Orlando Luis Pardo Lazo. La Habana, 1971.
Escritor y fotógrafo. Premio Calendario de Cuento 2006. Su relato Cuban American Beauty obtuvo el XII Premio de Cuento La Gaceta de Cuba (2005).

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