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Los planes de
invasión a Cuba eran un secreto a voces, lo mismo que
Allen Dulles y Richard Bissell, primer y segundo
director de la CIA, respectivamente, entrenaban en el
territorio guatemalteco una fuerza mercenaria con el fin
de atacar el archipiélago caribeño. Pero la dirección
revolucionaria no perdía tiempo y preparaba intensamente
las unidades de las FAR y los batallones de las Milicias
Nacionales Revolucionarias (MNR) --desde su constitución
en octubre del pasado año— integradas por obreros y
campesinos. Preparación que tenía su bautismo de fuego
en la Limpia del Escambray, operación destinada a
liquidar las bandas de bandidos armadas por vía aérea
desde Estados Unidos. Estos asalariados del imperio
procedían de las organizaciones contrarrevolucionarias
que comenzaron a aparecer en considerable cantidad,
desde fines de 1960 y los primeros del 1961. Todas
financiadas por el gobierno de ese país.
Al ser electo John F.
Kennedy en noviembre de 1960 a la presidencia de Estados
Unidos, heredaría de Dwigth D. Eisenhower --quien debía
pasarle el cargo--, los planes contra Cuba aprobados por
él, que además de la preparación mercenaria para la
invasión, suspendió la compra total de la cuota
azucarera de la zafra, enero-abril de 1961, y la ruptura
de las relaciones diplomáticas, que se efectuaron el 3
de enero de igual año. Considerando que al efectuarse el
cambio de poderes en la administración estadounidense,
era propicio para llevar a cabo una agresión armada, el
gobierno revolucionario decretó la movilización general
de todas las FAR y la MNR. Ciento de miles de soldados y
milicianos fueron a ocupar sus puestos de combate, luego
de efectuado el primer desfile militar en la hoy Plaza
de la Revolución.
La bandas
contrarrevolucionarias en su impotencia de frenar la
tenaz persecución de que eran objeto, cometieron
innumerables y cobardes asesinatos de campesinos,
simplemente por considerarlos simpatizantes de la
Revolución. Uno de los más atroces fue el cometido con
el maestro voluntario de 18 años, Conrado Benítez, en
las montañas del Escambray. El crimen se cometió el día
del comienzo de la Campaña Nacional de Alfabetización: 5
de enero de 1961. Por su parte los mercenarios de la
ciudad al servicio de los mismos amos, en espera de la
anunciada invasión efectuaron varios sabotajes,
destruyendo por medio de las llamas grandes comercios en
la ciudad de La Habana.
En la víspera de la
toma de posesión de la presidencia de Kennedy, el 20 de
enero de 1961 Eisenhower, que se caracterizó por su
extremada simpatía con los tiranos latinoamericanos,
dijo a su sucesor: "…En este momento estamos ayudando a
entrenar las fuerzas antícastristas en Guatemala. Era su
recomendación que este esfuerzo fuera continuado y
acelerado." (1)
"UNA DECLARACIÓN DE
GUERRA NO DECLARADA"
De todas las últimas
señales de que la agresión mercenaria se produciría de
un momento a otro, la más evidente de ellas fue la
publicación por el Departamento de Estado yanqui, el 5
de abril, de un documento de varias páginas que tituló
Libro Blanco. Raúl Roa, Ministro de Relaciones
Exteriores de Cuba, consideró que semejante mamotreto
conllevaba, "…una declaración de guerra no declarada."
Igual documento hicieron circular entre los países de
América Latina días antes de llevar a cabo la invasión
mercenaria en Guatemala. Seguidamente Roa agregó:
"…Estados Unidos busca tener a Cuba condenada por la OEA
y después quedar con las manos libres para barrer la
Revolución cubana…, esta maniobra está llamada al
fracaso. El único medio que le queda a Estados Unidos,
es usar las fuerzas mercenarias que ha armado, instruido
y financiado para invadir a Cuba, y entonces mandarnos
los marines para proteger esta cabeza de puente de
liberación. La actual etapa en el plan de agresión de
Estado Unidos contra Cuba es la fase de guerra no
declarada a la de guerra declarad". (2)
El Puesto de Mando
principal de las FAR estaba situado en una residencia
del lujoso reparto Nuevo Vedado, al que sus ricachones
inquilinos habían abandonado a partir de la aplicación
de las leyes revolucionaria. El lugar se conocía como
Punto Uno, y fue habilitado con toda la técnica
necesaria para su máximo funcionamiento en tiempos de
paz y de guerra. Desde hacía un buen tiempo era el
habitad del Comandante en Jefe y el Estado Mayor de las
FAR, que seguían de muy cerca el desarrollo de las
actividades enemigas de adentro y de fuera. Allí se
elaboraron todos los planes para contrarrestarlo y
aniquilarlos.
PRELUDIO DE LA
AGRESIÓN
FIDEL: "…El día 15
por la madrugada, en vista de ciertas noticias que se
recibieron de la provincia de Oriente, ese día no nos
acostamos porque ya todos los indicios hacían evidente
que de un momento a otro se iba a producir el ataque, y
nosotros estábamos en guardia. Al Estado Mayor de las
Fuerzas (Armadas) Revolucionarias llegó información
procedente de Oriente de que un numeroso grupo de barcos
estaba situado en las proximidades de Baracoa, muy cerca
de Duaba.
Entonces, aquella
noche, pues, inmediatamente --aparte de que ya se habían
tomado medidas-- había un batallón en Baracoa, otro
batallón situado entre Baracoa y Moa, había unidades
situadas por distintos puntos, se habían reforzado con
baterías de morteros, baterías de antitanques-, a esa
hora, por la madrugada, cuando llegó la noticia, se puso
en estado de alerta a las fuerzas, se aproximaron las
baterías a la costa. / (…)
Se envió un avión de
propulsión a chorro esa noche, a dar vueltas en la zona,
a ver si podía observar algo, y por cierto, al regresar
como a las tres de la madrugada, el piloto Acosta
(capitán Orestes Acosta) --un gran compañero--, …al
regresar y aproximarse a la pista, no pudo aterrizar.
Parece que tenía algún defecto el tren de aterrizaje
--no se ha podido precisar--. Se retira y se le incendia
el avión. Existía la esperanza de que se hubiera lanzado
en paracaídas a dos o tres millas de la costa. Se
tomaron todas las medidas para salir en helicópteros y
aviones a buscarlo, al amanecer del sábado. Se dieron
todas las instrucciones.
Eso fue en la
madrugada del día 15, sábado. Nosotros estábamos allí,
en el Estado Mayor, esperando noticias, cuando a las
seis de la mañana pasa volando un B-26 bastante cerca, e
inmediatamente, a los pocos minutos, ya sentimos el
estampido de las bombas y el fuego de las antiaéreas.
Nos asomamos y vimos que, efectivamente, se trataba de
un ataque ya con bombas, de carácter militar, sobre
Ciudad Libertad, en la parte donde están la Escuela de
Artillería y las pistas de aviación. Se estaba atacando.
Otro B-26 se aproximó inmediatamente.
Entonces, ante un
ataque tan descarado como ese y tan abierto, que antes
no se había producido, nosotros sacamos la conclusión de
que, efectivamente, era un síntoma inequívoco de que
estábamos ante la agresión. Nosotros dijimos: Esta es la
agresión.
Tratamos de
comunicarnos inmediatamente con el campo de San Antonio
para que despegaran los aviones. También con Santiago de
Cuba. Simultáneamente estaban atacando también a San
Antonio y a Santiago de Cuba. A aquellos aviones, la
artillería antiaérea les abrió fuego inmediatamente en
la FAR. Nosotros pudimos presenciar cómo un avión dio
una vuelta nada más, el segundo dio un pase, volvió a
pasar, y al volver a pasar una antiaérea lo alcanzó
directamente, y el avión se retiró envuelto en humo. Se
veían llamas también. Es decir, que ese avión puede
haber sido de los que llegó, o puede haber sido de los
que cayeran en el camino.
Otra cosa similar
había ocurrido en San Antonio de los Baños. Se
encontraron con fuerte fuego antiaéreo, y los aviones
también fueron agujereados. En Santiago de Cuba se
encontraron también con fuego antiaéreo. / Tenemos pocos
aviones y teníamos menos pilotos que aviones. Es decir,
los aviones que quedaban de la época de Batista o sea
B-26, jets y los Sea-Fury. Pero esos pocos aviones,
nosotros estábamos cuidándolos bien. Estábamos
preocupados de que no los destruyeran, porque habíamos
calculado que lo primero que harían, en caso de ataque,
sería destruir la poca aviación que teníamos. Lo primero
que harían sería eso.
¿Qué hicimos? Pues se
dieron órdenes a la fuerza aérea, al campamento, de
dispersar todos los aviones. Esa orden estaba dada desde
hacía meses. No podía haber dos aviones juntos. Todos
los aviones, absolutamente dispersos en un área grande.
Aviones que estaban de baja, situados más o menos
juntos. Es decir, se estableció un sistema de despiste
allí, en el campo de aviación, y aviones que estaban de
baja se ponían dos o tres juntos, y los otros
separados... Todos los aviones estaban de tal manera
dispuesta que nadie podía saber qué aviones estaban
buenos, qué aviones estaban de baja y cuáles eran los
aviones sanos. Además, completamente dispersos y
protegidos por veinticuatro piezas de ametralladoras
múltiples. Era la protección que tenían. En ese momento
se mandó más protección allí. Así es que, si creen que
eso es poco, no vayan a hacerse ilusiones.
Resultado del ataque
en la FAR (Aeropuerto de la Fuerza Aérea Rebelde): allí
no había aviones. En la FAR no había aviones. Solo unos
aviones que estaban de baja. Dos de ellos (enemigos)
salieron agujereados y uno echando humo.
Fueron a atacar San
Antonio, y en San Antonio les pasó exactamente lo mismo.
En San Antonio lograron destruir un avión de transporte
y un avión de combate, pero fue una cosa mínima: un
avión de combate. En Santiago de Cuba destruyeron otro
avión de combate. Un avión de la Cubana (de Aviación),
distintos aviones de tipo civil. Porque en Santiago de
Cuba, por ser más chiquito el campo, estaban más
próximos los aviones, y ellos hicieron más daño allí.
Habían destruido, en total, dos aviones de combate.
…La artillería
antiaérea está compuesta por muchachos todos menores de
veinte años. Son muy jóvenes, muy entusiastas, con muy
buena vista y muy buena salud, y han recibido un gran
entrenamiento. Esos muchachos respondieron
inmediatamente al fuego. Aviones envueltos en humo, los
otros averiados: los hacen retirar, y solo han destruido
un avión. / Los pilotos, a su vez, reaccionan muy bien.
Muchachos que estaban durmiendo y se fueron como
estaban, montaron en el avión sin paracaídas, sin
salvavidas, sin nada. Reaccionaron y los persiguieron. Y
como iba rumbo a Miami, pues no pudieron seguir la
persecución, porque se metieron en los Estados Unidos.
Pero había sido una reacción formidable de todos.
En Santiago de Cuba,
los artilleros antiaéreos también habían atacado
duramente a los aviones y los habían obligado a
retirarse..." |