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El verdadero viaje
del descubrimiento no consiste
en buscar nuevos paisajes, sino en tener nuevos ojos.
Marcel Proust
La frase de Sócrates
que da título a este estudio, sintetiza la intención de
Flavio Garciandía (FG), quien nos emplaza a conocernos
desde su actual propuesta artística. Ironía, juego,
identidad son las palabras clave para descifrar este
proyecto sin antecedentes en nuestro país, que encuentra
ocasión ideal al ser presentado dentro de los eventos
colaterales a la IX edición de la Bienal de La Habana,
consolidada como una importante plataforma para mostrar
el arte cubano contemporáneo.
Auge o decadencia del
arte cubano
establece una paradoja especialmente polémica. La
estrategia de invitar a 160 creadores cubanos convierte
la galería en el laboratorio donde nace la obra y
constituye la clave del hecho artístico. Apartada de la
exhibición tradicional, esta fórmula impone un modus
operandis diferente y el espacio expositivo funciona
cual si fuera el taller del artista. Se trata de la
presentación de un inmenso lienzo sobre un bastidor
único y desmontable de 1,50 x 20 metros al cual FG
aplica un color de fondo y subdivide equitativamente
entre quienes han accedido a intervenir.
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Durante el proceso
(entre el 17 y el 31 de marzo) cada artista pinta una
franja con un color plano elegido de “la carta de
colores de Flavio”, quien funge como asistente de los
realizadores. Aquellos que no puedan asistir tienen la
opción de una presencia virtual mediante Internet y FG
les pinta el área reservada. Cuando esta obra arriba a
su conclusión, la muestra se abre al público con la
presencia de todos los participantes posibles. El
acontecer diario se graba y se proyecta en la sala para
mostrar el transcurrir por etapas y la edición final de
este material queda en un DVD como memoria del evento.
FG presenta una
exposición personal. Sin embargo, nos engaña una vez
más, pues un grupo de autores están involucrados en el
procedimiento. Nos manipula cuando establece esa
complicidad con los artistas, quienes se confabulan con
él y participan en la experiencia. Su personalidad y
madurez, su conocimiento enciclopédico y el respeto
mutuo de sus colegas le permiten convocar a este
encuentro que aúna creadores con diferencias:
generacionales, de lugar de residencia y de
reconocimiento artístico, puestos en función de
desarrollar una obra en conjunto que constituye una zona
de reflexión.
Auge o decadencia del
arte cubano
nos conduce al
encuentro con la visualidad de las reflexiones de FG, y
la cita es un pretexto para agrupar a artistas cubanos
sin dejar que emerjan sus poéticas, pues Flavio apela a
la intervención gremial, desmitificando la acción del
artista como creador único: nos enfrenta a la expresión
del concepto como parte de la disolución del yo para
buscar el equívoco y alimentar la duda autoral. Desde un
lenguaje abstracto, este lienzo colosal sirve como
agente de relación, de diálogo, y su estructura le
proporciona un aura de intensa energía.
En su eterna vocación
por volver a sus raíces, Flavio tiende un puente para el
reencuentro entre los artistas cubanos residentes en
Cuba y en el extranjero, en busca del sentido de
identificación que les une, convencido que de esa
contaminación, de esa hibridación cultural, emanan
nuestras diversidades dentro de esta posmodernidad
compleja y conflictiva. Por eso, resulta particularmente
significativo este ejercicio como reafirmación de la
trayectoria de FG y la vinculación de su discurso a
partir de la historia de la pintura desde la pintura al
poner al desnudo su actitud transgresora frente a los
paradigmas con respecto a la autoría, la obra única o la
institución arte. Su método tautológico se concreta en
una poética concebida a partir de los elementos
esenciales de la pintura.
El ejercicio
curatorial aborda paralelamente una retrospectiva sui
géneris de la obra de FG con una presentación
en soporte digital, la cual subvierte un tanto el oficio
del museo, en cuanto a acumular y atesorar sus
colecciones sin poder mostrar la totalidad de su
patrimonio, ya que los espacios expositivos suelen ser
limitados. Esta tecnología garantiza un uso funcional de
la galería y permite presentar un amplio espectro de
obras, tanto del tesauro existente en nuestros
almacenes, como en colecciones particulares y en otras
instalaciones museísticas del mundo. Sin embargo,
intencionalmente, es una proyección con la imagen
minimizada, por lo cual el interesado tiene que
acercarse si quiere conocer esta selección de su devenir
artístico. El compendio de su obra nos demuestra su
capacidad de síntesis, el uso de un lenguaje directo y
la alusión a la identidad, sin desdeñar la universalidad
así como la incorporación de importantes novedades
iconográficas y estilísticas, junto al sentido espacial
y la tensión dramática de sus composiciones. Desde sus
comienzos, su labor se caracteriza por su claro sentido
evolutivo y de investigación. A pesar de la gran
diferencia entre sus diversas fases de trabajo se
observa una total coherencia en sus avances, en torno a
aspectos que procuran una evolución en espiral.
Uno de los aspectos
más significativos de esta experiencia radica en la
audacia del planteamiento, en el carácter abierto y la
orientación multidisciplinaria. Aparecen los componentes
básicos de sus fundamentos ideoestéticos: la relevancia
que le concede a los títulos, desde un acercamiento
paralelo a la imagen, y la importancia de estos como
complemento de la obra; la presencia de la parodia
llevada hasta sus máximas consecuencias, el marcado
sentido del humor y esa actitud perversa que pervive en
sus realizaciones.
Más que disfrutarla,
esta acción plástica hay que entenderla, porque Flavio
le otorga un interés mayor al referente que a la obra en
sí misma. Y de hecho, lo logra. Por todas estas razones,
a Flavio, el clásico depredador de los estilos, le
propongo: Conócete a ti mismo. |