Año IV
La Habana
2006

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Conócete a ti mismo
Hortensia Montero La Habana

 

        El verdadero viaje del descubrimiento no consiste
en buscar nuevos paisajes, sino en tener nuevos ojos.

 Marcel Proust

La frase de Sócrates que da título a este estudio, sintetiza la intención de Flavio Garciandía (FG), quien nos emplaza a conocernos desde su actual propuesta artística. Ironía, juego, identidad son las palabras clave para descifrar este proyecto sin antecedentes en nuestro país, que encuentra ocasión ideal al ser presentado dentro de los eventos colaterales a la IX edición de la Bienal de La Habana, consolidada como una importante plataforma para mostrar el arte cubano contemporáneo.

Auge o decadencia del arte cubano establece una paradoja especialmente polémica. La estrategia de invitar a 160 creadores cubanos convierte la galería en el laboratorio donde nace la obra y constituye la clave del hecho artístico. Apartada de la exhibición tradicional, esta fórmula impone un modus operandis diferente y el espacio expositivo funciona cual si fuera el taller del artista. Se trata de la presentación de un inmenso lienzo sobre un bastidor único y desmontable de 1,50 x 20 metros al cual FG aplica un color de fondo y subdivide equitativamente entre quienes han accedido a intervenir.

Durante el proceso (entre el 17 y el 31 de marzo) cada artista pinta una franja con un color plano elegido de “la carta de colores de Flavio”, quien funge como asistente de los realizadores. Aquellos que no puedan asistir tienen la opción de una presencia virtual mediante Internet y FG les pinta el área reservada. Cuando esta obra arriba a su conclusión, la muestra se abre al público con la presencia de todos los participantes posibles. El acontecer diario se graba y se proyecta en la sala para mostrar el transcurrir por etapas y la edición final de este material queda en un DVD como memoria del evento.

FG presenta una exposición personal. Sin embargo, nos engaña una vez más, pues un grupo de autores están involucrados en el procedimiento. Nos manipula cuando establece esa complicidad con los artistas, quienes se confabulan con él y participan en la experiencia. Su personalidad y madurez, su conocimiento enciclopédico y el respeto mutuo de sus colegas le permiten convocar a este encuentro que aúna creadores con diferencias: generacionales, de lugar de residencia y de reconocimiento artístico, puestos en función de desarrollar una obra en conjunto que constituye una zona de reflexión.

Auge o decadencia del arte cubano nos conduce al encuentro con la visualidad de las reflexiones de FG, y la cita es un pretexto para agrupar a artistas cubanos sin dejar que emerjan sus poéticas, pues Flavio apela a la intervención gremial, desmitificando la acción del artista como creador único: nos enfrenta a la expresión del concepto como parte de la disolución del yo para buscar el equívoco y alimentar la duda autoral. Desde un lenguaje abstracto, este lienzo colosal sirve como agente de relación, de diálogo, y su estructura le proporciona un aura de intensa energía.

En su eterna vocación por volver a sus raíces, Flavio tiende un puente para el reencuentro entre los artistas cubanos residentes en Cuba y en el extranjero, en busca del sentido de identificación que les une, convencido que de esa contaminación, de esa hibridación cultural, emanan nuestras diversidades dentro de esta posmodernidad compleja y conflictiva. Por eso, resulta particularmente significativo este ejercicio como reafirmación de la trayectoria de FG y la vinculación de su discurso a partir de la historia de la pintura desde la pintura al poner al desnudo su actitud transgresora frente a los paradigmas con respecto a la autoría, la obra única o la institución arte. Su método tautológico se concreta en una poética concebida a partir de los elementos esenciales de la pintura.

El ejercicio curatorial aborda paralelamente una retrospectiva sui géneris de la obra de FG con una presentación en soporte digital, la cual subvierte un tanto el oficio del museo, en cuanto a acumular y atesorar sus colecciones sin poder mostrar la totalidad de su patrimonio, ya que los espacios expositivos suelen ser limitados. Esta tecnología garantiza un uso funcional de la galería y permite presentar un amplio espectro de obras, tanto del tesauro existente en nuestros almacenes, como en colecciones particulares y en otras instalaciones museísticas del mundo. Sin embargo, intencionalmente, es una proyección con la imagen minimizada, por lo cual el interesado tiene que acercarse si quiere conocer esta selección de su devenir artístico. El compendio de su obra nos demuestra su capacidad de síntesis, el uso de un lenguaje directo y la alusión a la identidad, sin desdeñar la universalidad así como la incorporación de importantes novedades iconográficas y estilísticas, junto al sentido espacial y la tensión dramática de sus composiciones. Desde sus comienzos, su labor se caracteriza por su claro sentido evolutivo y de investigación. A pesar de la gran diferencia entre sus diversas fases de trabajo se observa una total coherencia en sus avances, en torno a aspectos que procuran una evolución en espiral.

Uno de los aspectos más significativos de esta experiencia radica en la audacia del planteamiento, en el carácter abierto y la orientación multidisciplinaria. Aparecen los componentes básicos de sus fundamentos ideoestéticos: la relevancia que le concede a los títulos, desde un acercamiento paralelo a la imagen, y la importancia de estos como complemento de la obra; la presencia de la parodia llevada hasta sus máximas consecuencias, el marcado sentido del humor y esa actitud perversa que pervive en sus realizaciones.

Más que disfrutarla, esta acción plástica hay que entenderla, porque Flavio le otorga un interés mayor al referente que a la obra en sí misma. Y de hecho, lo logra. Por todas estas razones, a Flavio, el clásico depredador de los estilos, le propongo: Conócete a ti mismo.

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