Año IV
La Habana
2006

Página principal

Enlaces Añadir a Favoritos Enviar correo

Suscripción

EL GRAN ZOO
NOTAS AL FASCISMO

PUEBLO MOCHO

CARTELERA

GALERÍA

LA OPINIÓN
MEMORIAS
LA CRÓNICA
APRENDE
POESÍA
EL CUENTO
POR EMAIL
LA MIRADA
EN PROSCENIO
LA BUTACA
PALABRA VIVA

LIBROS DIGITALES

LA CARICATURA
NÚMEROS ANTERIORES
LA JIRIBILLA DE PAPEL



RECIBIR LAS
ACTUALIZACIONES
POR CORREO
ELECTRÓNICO
Click AQUÍ

¿DÓNDE QUIERES QUE TE PONGA EL PLATO?
Pudín de Cienfuegos
El Guajiro de El Crucero


Recuerdo con mucha alegría aquellas fiebres que me dieron cuando fui de visita a casa de mi tío Melanio. Allá en Cienfuegos, empezaron a eso de las 9:00 de la noche, casi a punto de bajar del tren. Andaba yo a la sazón en los dinámicos ochos años de edad y me pasé el viaje dando una sánzara de película como todo vejigo que se respeta. No habían trascurrido cinco minutos de ser requerido por mi madre cuando ya me traía por las orejas algún atribulado pasajero. Mi santa progenitora, que siempre fue contraria al uso de la violencia para reprender a sus hijos, se extendía en explicaciones, regaños y duras metáforas, mientras me acariciaba el cabello ante la mirada atónita de nuestros compañeros de viaje, la mayoría víctima de mis travesuras y en cuyos ojos se notaba el comprensible deseo de ver a mi madre propinarme, si no un cocotazo, al menos una nalgada u otro correctivo más entusiasta que sirviera de escarmiento a mis delitos y satisficiera sus demandas de justicia, hecho que no se hizo esperar y que llegó luego de sacarle pa’ fuera una vara de lengua a una señora mayor muy fina y encopetada, que a juzgar por sus ojos centellantes de ira parecía una de las mas molestas por mi conducta.

Pues bien, fue gracias a dicho sopapo, más simbólico que doloroso, que mamá descubrió mi estado febril. Cuando llegamos a casa de Melanio la vieja soltó la maleta y luego de cambiarse de ropa y darme un bañito de agua tibia, se dispuso a llevarme a la Casa de Socorro para saber el motivo de tal calentura, pero mi tío, un pentecostal poco ortodoxo, alegando sus dotes de curandero, me tomó por los hombros, me sentó de sopetón en el sofá de la sala y, con minucioso examen físico, concluyó que lo mío era una amigdalitis eritematopuctasea, ¡qué tino!

—Mi hermana, esto se quita con mucho liquido, un remedio secreto que yo tengo que preparar para el desayuno y su correspondiente penicilina intramuscular.

—¡Ay! ¿Tú crees, Melanio? Mira que este vejigo se la pasó jodiendo en el tren y con tanto jelengue no me he dado cuenta de que el angelito no ha probado nada de comer.   .

—Tate tranquila, prepárale una naranjada y deja que se duerma que mañana yo me ocupo, esto no le dura tres días.

Que así fue. Que a base de naranjada, pudín y penicilina, Melanio hizo de aquella enfermedad mía una fiesta de gastronomía, sin olvidar las sopas y los consomés que fueron limpiando mi garganta de gérmenes y otros bichos. Ah, y por supuesto aquellos salmos que me leía con mística unción.

Luego de algunos años volví a Cienfuegos y le pedí la receta para tenerla a mano en caso de necesidad y él, con la cara llena de risa, me la copió en un papel cartucho y así la conservo todavía como un reacuerdo entre mis legajos culinarios; aquí se las regalo ahora a ustedes, en memoria de quien fuera el más famoso curandero de Cienfuegos.

Se coge medio litro de leche, que sea pura, se hierve con un poquito de sal, una rajita de canela fina y el azúcar necesaria; se le echa luego medio pan de telera o tres de los chiquitos, sin corteza, se deslían y se remojan bien en la leche, se agrega pasas y trocitos de piña cortados bien chiquiticos, cáscara de limón rayado, un clavo de olor, medio vaso de vino moscatel o blanco, seis huevos, dos cucharadas de mantequilla y media libra de jamón de pierna deshebrado y glaseado, todo esto se mezcla bien y se deja reposar cinco minutos. Mientras, se prepara un caramelo y se barniza un jarro o una pudinera con él. Cuando se endurezca se le echa el compuesto y se pone al horno y baño de María por una hora más o menos. Para probar si está hecho se mete un cuchillo de mesa en la mezcla y si sale seco ya esta la cosa. Luego se saca y se enfría y se sirve en el desayuno con naranjada.

Este plato no tiene contraindicaciones.       

SUBIR


Página principal

Enlaces Añadir a Favoritos Enviar correo

Suscripción

© La Jiribilla. La Habana. 2006
 IE-800X600