Año V
La Habana

6 al 12 de MAYO
de 2006

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Puerta de la catedral
Bladimir Zamora Céspedes La Habana


Muchos factores se perfilaron en mí con una postura más o menos definitiva después de llegar a La Habana. Entre ellos la relación entre la poesía y yo. No digo la inapreciable palabra inundada,  legada durante siglos por criaturas de la mayor intensidad estética. Me refiero al sobrio contrapunto mío con la poesía, a través del cual llegué a visualizar los amarres de mi sentido de lo cubano. Las piedras fundamentales del edificio de la nación según mi necesidad y entendimiento. Entre ellas está José Lezama Lima.

Apenas lo vi leyendo ensimismado al pie de su ventana, en una tarde habanera de los últimos 60, pero fui en su búsqueda a través del territorio de la escritura, y en tiempos en los cuales no faltaban quienes querían levantarle como una bandera de la belleza aislada del entorno, del cuerpo a quien solo le interesa mirarse a sí mismo; encontré su almendra de cotidianidad. Su capacidad de síntesis del todo cubano, sin lo cual apenas tendría sentido su literatura. En esa alegría de palparlo, vecino de la mayor importancia de cualquier latido nuestro, escribí este poema en los ya lejanos 70:

NO ACEPTARÁ FIESTAS EN LOS ICEBERGS

dejó su caracol     la rosácea voluntad de sacudir
colas y pelajes en las constelaciones.
trae la lengua delgada
conjuga botellas sin navíos
corbatas que rara vez usaron los decentes.
todo     para que le entienda
una espuma encendida detrás de los tambores.
procura un menú elemental
azúcar refinado en los espirales negros
carne subida de pica     y servida
en el arco eléctrico de los orines y la cerveza.
quiere limpiarse nubes provenzales
curarse sarnas y tumores de invierno
soñados junto al Sena.
le he dado el más largo bastón de la palmada
preparo rumbas medicinales y carazos
confío en su piedra     vieja raíz.
no aceptará fiestas en los icebergs
se abrirá  la camisa     ―puerta de la catedral―
para poner al aire su cuerpo     corneta china de sol.

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