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Francisco de Arango y Parreño:
Su aporte a la nacionalidad cubana

Miguel Gerardo Valdés Pérez La Habana


El pasado 22 de mayo se conmemoró el  aniversario 241 del natalicio de uno de los insignes cubanos de finales del siglo XVIII. Siglo  que señala, entre otros importantes hitos, el despertar del sentimiento de la nacionalidad cubana. Todo un proceso ascendente de fragua  identitaria,  cuya simiente  descansa en el descuelle intelectual de un grupo de hombres ilustrados. Hombres que no solo fomentaron el desarrollo de las primeras instituciones culturales y sociales; sino  que también inauguraron y colaboraron fecundamente en las primeras manifestaciones del periodismo impreso cubano. 

Francisco de Arango y Parreño nació el 22 de mayo de 1765 y cursó estudios en el Seminario de San Carlos y San Ambrosio, institución que desde 1773 y dada las características de su claustro de profesores,  fue crisol y forja de lo mejor del pensamiento filosófico y social de la época.

Ya en 1781, Arango inicia sus estudios de leyes en la Universidad de La Habana; estudios que enriqueció más tarde, en 1787,  al concluir el doctorado en Derecho en la academia de Jurisprudencia de Santa Bárbara, en España.

Desde Madrid, colaboró fervientemente para la fundación de la Sociedad Económica de Amigos del País (también conocida como Sociedad Patriótica). Fue su director, y también, el creador del Real Consulado de Agricultura, Industria y Comercio. Además, se desempeñó como Consejero de Indias e Intendente de Haciendas.

Notorio, si se tiene en cuenta su ascendencia social, su formación, y el contexto histórico en que transcurrió su vida, es su “Discurso sobre la Agricultura en La Habana y Medios de Fomentarla”, escrito en 1792,  solo dos años después de haber salido el primer número  del Papel Periódico de La Havana, publicación  de la que fue uno de sus más prolíficos colaboradores.

En ese discurso, Arango defiende vehementemente ante la Corona Española la importancia del cuidado y mejoramiento del cultivo de la tierra en Cuba; así como la necesidad de que se aplicaran  métodos agrícolas que ya habían demostrado éxito en otros países. Por esa razón, emprende un viaje oficial de once meses por Europa. A su regreso no solo reseñó teóricamente sus experiencias, también  introdujo  en el país una nueva variedad de caña de azúcar.

En 1805 fue nombrado asesor  de la Factoría del Tabaco. Más tarde, en su Informe sobre los malos remedios que en la Isla de Cuba tiene el ramo del tabaco, criticaría al monopolio que ejercía presión para el estanco del tabaco.

Sobre los medios que convenga adoptar para sacar la Agricultura y el Comercio del apuro en el que se hallan es un alegato para la libertad de comercio, tendencia y experiencia que tras la toma de La Habana por los ingleses, en 1762, se había ido fortaleciendo en el pensamiento de los criollos.

Fue Diputado por La Habana a las Cortes Constituyentes de 1814. Entre otros gestos altruistas y de reconocimiento a la necesidad de instrucción en Cuba, donó sus estantes y libros a la Biblioteca Pública de La Habana.

Tras su regreso a Cuba, en 1818, pudo disfrutar de la libertad de comercio decretada en 1819, la cual derogaba el monopolio sobre el tabaco.

Francisco de Arango y Parreño falleció en La Habana, el 21 de marzo de 1837. En su fecunda vida intelectual  sobresale su pensamiento educativo agrario y económico. Junto a Tomás Romay  y José Agustín Caballero, lideró el discurso de los hacendados criollos en correspondencia con sus respectivas posiciones. El suyo abogaba  por un proyecto de desarrollo y progreso social y económico para la Isla.

Algunas corrientes historiográficas hacen hincapié en su inicial posición esclavista y su manifiesta objeción a la independencia de Cuba de la Corona Española. No obstante, desde la perspectiva de la investigación dialéctica, los hombres deben analizarse insertados en los contextos históricos en que han vivido. Y Francisco de Arango y Parreño, por derecho propio, pertenece al grupo de pensadores que fomentó el camino para la posterior consolidación de la nacionalidad cubana en su más hermosa y radical corriente: el independentismo.

Si bien, como abanderado de la enseñanza de las ciencias naturales fomentó el progreso técnico y cultural de la clase social a la que pertenecía,  con ello, también contribuyó con una prosa funcional y propagandística, al desarrollo del primer exponente tangible de la prensa cubana: el Papel Periódico de la Havana.

Su discurso gráfico carece del rebuscamiento clasicista y mitológico que florecía en otros prosistas de la época. Sus claros juicios económicos y agrarios estuvieron siempre encaminados al progreso de su nación de origen. Estilísticamente, su prosa es representativa no solo de limpieza idiomática y fluidez; también es portadora de un marcado y fino matiz “criollista”.

El pensamiento económico y social de Francisco de Arango y Parreño es una de las vertientes que unida al ideario filosófico de José Agustín Caballero y a la brillantez independentista de Félix Varela enriquecieron la caudalosa cubanía de etapas posteriores y su presencia en nuestro primer periodismo.  

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