Año V
La Habana

10 al 16 de JUNIO
de 2006

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Aurora Bosch
A cincuenta años de su debut artístico

Johanna Puyol La Habana


Medio siglo de labor artística, sobre los escenarios y desde sus márgenes, ha marcado una etapa más de la notable carrera de una de las principales figuras de la danza cubana, Aurora Bosch.

El Ballet Nacional de Cuba rinde homenaje a una de sus más grandes bailarinas, una de sus cuatro joyas, con un programa variado en este 50 aniversario de su debut escénico. Inaugurado por un encuentro con la prensa el pasado 8 de junio, este continuará el día 30 de ese mes con una exposición de imágenes en la galería La Acacia y concluirá con la gala de homenaje el 5 de julio, en la sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana.

Maître del Ballet Nacional de Cuba en la actualidad, Aurora Bosch ha seguido una trayectoria colmada excelencia artística y brillantes triunfos, entre los primeros las medallas de oro y plata en el Festival Internacional de Ballet de Varna, donde junto a sus compañeras Loipa Araújo, Josefina Méndez y Mirta Plá deslumbró al mundo y obtuvo para el ballet cubano reconocimiento internacional; o, más recientemente, el Premio Nacional de la Danza y la Orden Félix Varela del Consejo de Estado, otorgados ambos en 2003. Su carrera no se ha limitado al escenario, sino que también ha sobresalido como educadora y formadora de nuevas generaciones de bailarines. Fue profesora fundadora de la Escuela Nacional de Arte (ENA), directora de la Escuela Provincial de Ballet de La Habana y desde 1987 es profesora titular adjunta del Instituto Superior de Arte  (ISA). Ha sido maître invitada de grandes compañías de todo el mundo.

En palabras de Miguel Cabrera, historiador del Ballet Nacional, que la presentó en el encuentro con los periodistas, Aurora “es uno de los frutos más acabados de un experimento que comenzaron los Alonso. Fue una bailarina de un extraordinario poderío técnico, uno de los más sólidos que ha tenido el ballet de Cuba”.

La que fuera Primera Bailarina cautivó a su auditorio de la prensa con la gracia y la soltura de una larga experiencia en la interpretación. Entre varias anécdotas recordó cómo comenzó su relación con el ballet:

“La música siempre estaba presente en mi casa, porque a mi abuela, que tenía alma de artista, le gustaba muchísimo también. Ella me enseñó a bailar danzón. Mi abuela tenía una idea fija, y era hacer artista a alguien de su familia. Por eso cuando apareció la convocatoria de las 30 becas para niñas de escuela pública, ella lo intentó conmigo, y lo logró”.

Fueron muchos los grandes personajes que interpretó con maestría excepcional, desde Coppélia —su primer protagónico—, hasta Odette-Odile y Gisell, pero uno de los que recuerda con más cariño es un papel secundario, la reina de las Willies, por la que obtuvo un premio especial en París creado solo para ella por la calidad única de su representación. Aunque, como respondió a los periodistas, no tiene favoritos: “Cuando uno ama su profesión cada rol que asume lo hace con toda responsabilidad. Yo diría que casi son hijos nuestros. Por eso uno los llega querer tanto, cuesta trabajo desprenderse de ellos”.

Actualmente el magisterio y montaje de obras ha ocupado el lugar de la escena, pero aún sigue activa la llama que en su día la hizo brillar bajo los focos:

“Hoy día estoy conociendo muchos personajes que no había hecho, y pienso: qué pena que no llegué a tiempo. Pero aun desde el plano de observadora creo que le saco partido a los que no bailé. No los registré en mi mente y en mi físico, pero los disfruto. Me he visto en la situación de ayudar a bailarines a hacer roles que nunca bailé, eso me ha demostrado que la preparación nuestra es tan integral que somos capaces, ampliamente, de hacerlo”.

Aurora ocupó un lugar fundamental en el florecimiento del Ballet Nacional de Cuba, en el desarrollo del estilo técnico y artístico que ha consolidado el prestigio de la escuela cubana de ballet, y esta labor de toda una vida, que aún no culmina, la considera uno de sus mayores logros:

“He tendido la experiencia de tener contacto, aunque no como bailarina, con los grandes coreógrafos de hoy en día. Ellos han depositado confianza en mí, no solo como Aurora Bosch, sino como una representante de la escuela cubana de ballet, porque cuando he tenido asesoramientos en el extranjero he estado muy orgullosa de poder demostrar que Cuba tiene un alto nivel en la danza clásica. Hoy existe mucha admiración, mucha curiosidad por (el ballet cubano). Me preguntan: ¿Cuál es el secreto de la escuela cubana de ballet que saca tan buenos bailarines? Y el secreto, claro, no lo voy a dar. Pero sí los animo a que vengan y conozcan nuestro país y que vean como se trabaja aquí, desde los alumnos a los profesionales.

“Uno siente el peso de la responsabilidad, pero no es un problema si uno está seguro de la honestidad con que está cumpliendo con lo que le gusta hacer, porque bailar no es un trabajo, educar no es un trabajo, y tener logros en ese aspecto, poder decir: soy profesora cubana, pertenezco a la escuela cubana de ballet, en los momentos más difíciles y ahora, que estamos cosechando laureles, siempre ha sido un gran orgullo.

“Nuestro deseo es que siga adelante, hemos puesto nuestra vida en ello. No puede morir nunca. Otros tendrán que coger el batón de relevo”.

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