Año V
La Habana

10 al 16 de JUNIO
 de 2006

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Problemas de voz
Jorge Gómez Anzoátegui


I 

Allá por los años 80, un joven cubano, de los muchos que estudiaron sus carreras universitarias en la Unión Soviética, había escogido una complicada especialidad que solo se estudiaba en Lvov, Ucrania. Seguramente, aquella era una de las pocas universidades donde no estudiaban otros cubanos, y, mucho menos, venezolanos o españoles. No era un chico muy elocuente ni muy extrovertido, era solo un muchacho cubano standard, normal.  

Unos ocho meses después de que comenzara su estancia en Lvov, se realizó una gran reunión de becarios en Ucrania. Aunque era un evento serio, también, como casi siempre cuando hay cubanos de por medio, fue algo así como una fiesta.  

Los que lo conocían de La Habana, se extrañaron de verlo bastante taciturno, muy alejado… podría decirse que triste. Mal de amores, quizá. Saudades de la lejanía.  

Su mejor amigo, su compañero de camarote de aquellos dieciocho días que demoró el barco para alejarlos de sus famosas palmas, y hacerles conocer lo que era verdaderamente un invierno, rompió literalmente el hielo, y le preguntó. 

Muy despacio, como pensando cada palabra, el muchacho respondió: 

―No, es solo que estoy muy preocupado. Me estoy quedando mudo. 

El amigo pensó que bromeaba.

― ¡¿Cómo que mudo?! 

― Sí, compadre, no logro aprender ruso… y se me está olvidando el español. Me estoy quedando mudo. 

II

Nos separan, y también nos acercan, 70 años del asesinato de Federico, y del inicio de aquella Guerra Civil en que, hasta los que no pensábamos todavía nacer, nos estábamos jugando algo más que la vida. Y tal vez estemos ahora corriendo el riesgo de quedarnos mudos.  

Porque en este encuentro hemos hablado mucho de España, comienzo con un par de ejemplos “españoles”. En el Primer Congreso de Educación y Cultura, en La Habana, conocí a un cantor catalán. Su nombre es Raimón. Supongo que su canción “Las mans” es un clásico. Antes, había escuchado muchas veces a su coterráneo Joan Manuel Serrat. Luego también lo conocí personalmente. A ambos los oí, en su momento, cantar en catalán. Raimón se negaba a cantar en español, lo que consideraba, con razón, un acto patriótico. Serrat me dijo alguna vez, no sin razón, que el español le permitía llegar a muchas más personas, multiplicar la eficacia de esa arma poderosa que es la canción, universalizar el mensaje.  

Otra vez la voz. Posiblemente en esa mínima, casi simbólica, diferencia, se resume uno de los grandes conflictos del artista y de una buena parte de la intelectualidad revolucionaria de hoy. 

Un mundo no solo globalizado, sino unipolar, crece como un fantasma amenazante en un horizonte en el que parecería que bastan apenas cuatro multinacionales del disco para decidir la música que escuchará el mundo entero; dos o tres centros de la moda, convenientemente ubicados en el primer mundo, para convencernos de qué ropa tendremos que ponernos el año que viene; unas cuantas telemisoras noticiosas para decidir, como en las peores películas del oeste, cuáles son los buenos, y cuáles son los malos, que obviamente somos todos los demás (los que vivimos en estos oscuros rincones del planeta); que basta un par de premios entregados a bombo y platillo (con alfombra roja incluida, por supuesto) para que ya no nos interese el cine que, casi siempre contra viento y marea, y con grandes esfuerzos, se hace en nuestros países. 

Por más de 30 años, he dirigido una agrupación musical. Y aunque muchas veces la música parece, y a veces realmente está, alejada de los más acuciantes imperativos mundanales, siento que, al menos algunos de nosotros pisamos un terreno común con el resto de los intelectuales. Por eso me voy a permitir referirme fundamentalmente a esa parte del terreno, que es la que mejor conozco. 

III

Cuba es una isla que suena. 

Es imposible caminar nuestras calles, y no escuchar un radio, una grabadora, una muchacha destrozando tal vez una canción inolvidable, un vendedor improvisando un pregón, un coro de pioneros que caminan hacia el museo cercano cantando algo que está de moda… (podría incluso ser un controvertido reggaeton). 

La música ha acompañado, y acompaña, al cubano en todas sus acciones, desde las más extraordinarias batallas, hasta el más íntimo acto de amor. 

Aquí estamos recordando la Guerra Civil Española, y elaboramos documentadas ponencias en torno a su historia y su huella, pero en los años 60, los milicianos cubanos, blancos y negros, campesinos y obreros y estudiantes, los que tal vez conocían algo, pero sobre todo los que no conocían nada del Comandante Carlos, ni de Líster, ni de Enrique Castro, tuvieron en aquella copla del “Quinto Regimiento” un himno, solamente superado, tal vez, por el estribillo que inmortalizó a “Fefita miliciana, que, “por la mañanita”, llamaba a todos a un combate tan necesario como popular. 

Eso explica por qué las guitarras han pasado de mano en mano, y cada hecho ha tenido su canción, y cada ciudad su montuno, y cada costumbre su guaracha, su songo o su danzón. 

Eso explica también por qué la gente sencilla de nuestro pueblo siente como suyo cada triunfo de nuestra música en cualquier escenario, en cualquier certamen, en cualquier continente. 

Eso, créanme, es una hermosa y también una enorme responsabilidad.  

IV 

Pero hablábamos de un mundo globalizado y unipolar.

En la urgencia de este viaje y este encuentro, no tuve tiempo para buscar noticias actuales (es decir, de los últimos días) para compartirlas con ustedes. Pero no es necesario. En septiembre del 99, había estado trabajando sobre las trasnacionales del disco, y sus proyecciones para el siglo XXI, de modo que entonces acumulé muchas noticias. Y las comparto con ustedes ahora, porque, en fin de cuentas, poco ha cambiado desde entonces, y lo que ha cambiado es, como dicen los campesinos cubanos, pa’ peor

Del Miami Herald

“En la presentación del Grammy Latino, estuvieron estrellas de la música, como Gloria y Emilio Estefan, el trompetista Arturo Sandoval, el cantante Luis Enrique, el flautista Néstor Torres, la cantante Shakira y el cantante Jon Secada, entre otros…”  

De El País

Miami es actualmente la ciudad donde se planifican esas conquistas de nuevos y apetitosos mercados. El puertorriqueño Ricky Martin se instaló aquí para elaborar su disco en inglés con el productor de origen cubano Desmond Child. Los numerosos estudios de grabación dan trabajo a técnicos y músicos altamente cualificados -en un 80%, de origen hispanoamericano- que ayudan a las figuras locales y todo tipo de estrellas llegadas desde México, Argentina o España. La ciudad acoge también las sedes de las principales multinacionales que cultivan el mercado latino: Universal/ Polygram, EMI Latin, Sony Discos y BMG. No es casualidad que la Federación Latinoamericana de Productores de Fonogramas y Videogramas (FLAPF) haya abandonado México por Miami.”  

Del New York Times

“Los latinos han llegado, y el mundo entero los escucha. 

La AP se hace eco de este comentario, y trasmite: 

“En un largo artículo que aparece en su edición dominical, ilustrado con grandes fotos a color de Jennifer López, Ricky Martin y Elvis Crespo, el matutino neoyorquino enumera los éxitos más recientes de esos y otros artistas latinoamericanos con sus interpretaciones en español y en inglés (...)” 

La CNN trasmite íntegro este cable, y especula sobre las razones del éxito de esa música en los EE.UU., no solo entre los hispanohablantes. 

La revista Time, en su edición del 31 de mayo, dedica seis páginas a este fenómeno, en un artículo al que titula Latin Music POPS. Nuevamente las figuras de Ricky Martin, Jennifer López y Marc Anthony monopolizan las fotos, y una buena parte de los comentarios biográficos. Pero, en un análisis más profundo, señala: 

“Con los hispánicos llamados a ser el mayor entre los  grupos  de minoría de  América dentro de muy pocos años, esta música bien podría ser el sonido del futuro. El pop latino está elevándose porque se ajusta al momento musical: tiene un pedacito del filo callejero del hip-hop (...), algo de la alegría saltarina del dance-pop, y la fresca efervescencia de aquello siempre buscado en el pop moderno, la Próxima Gran Cosa (the Next Big Thing).” 

Estas afirmaciones son ilustradas con gráficos que muestran el porcentaje de latinos en la población total de los EE.UU. subiendo de poco más de un 5% en el 80, a más del 12% en el 2000, a más del 15% en el 2020; el poder de compra de los latinos subiendo de alrededor de 100 billones en el 80, a poco menos de 200 en el 90, a casi 300 en el 2000, y a más de 500 en el 2020. (Solo como ejemplo, el crecimiento de las ventas de la música latina en los EE.UU. subió entre el 97 y el 98 de 490.6 millones de dólares a 570.9 millones de dólares). 

Supongo que es clara la evidencia. Uno puede sumar, a los nombres de esas estrellas, algunos otros que no sonaban en aquel momento como pueden ser Juanes o Bacilos. Pero la evidencia es clara. El mecanismo de manipulación, único. El mercado dicta los caminos por donde debe transitar la creación. Pero, al mismo tiempo, se está diseñando el propio receptor, el que va a comprar, el público genérico, lo que es decir el mismísimo mercado. Es el perro que se muerde la cola. 

Ya en los 60, era complicado romper ese círculo vicioso. Y, querámoslo o no, muchos movimientos que parecieron destinados a revolucionar las estructuras, al menos las opresivas estructuras mediáticas, terminaron asimilados, neutralizados, desnaturalizados, cuando no comprometidos, manipulados o aniquilados por esas propias estructuras. 

Han pasado cuatro décadas desde entonces. Los mecanismos de manipulación y control, de dominación, acumulan una enorme experiencia y son mucho más eficaces. La seducción se fabrica al por mayor, y no necesita maquillarse, del mismo modo en que los candidatos a la Presidencia de los EE.UU. ya no necesitan ocultar las trampas con que se enfrentan en una contienda electoral, o los que detentan ese poder, casi divino, publican a los cuatro vientos, y sin el menor sonrojo, las sanciones que podrían imponer a los países que no voten por sus propuestas en cualquier foro internacional. 

Es un sistema perfectamente articulado. 

V 

En un momento de necesarias definiciones y tomas de posición en torno a la Revolución, en mayo de 2003, James Petras decía en una conferencia en Argentina: 

“Primero, creo que debemos empezar discutiendo cuál debe ser el papel de los intelectuales en general en relación con los grandes acontecimientos que están pasando en el mundo. La primera responsabilidad es clarificar cuáles son los grandes acontecimientos de nuestra era: guerras, conquistas, colonización, militarismo, dominación, resistencia popular, resistencia que viene de movimientos seculares, religiosos, lo que sea, la afirmación de las identidades de los pueblos frente al gran enemigo de la humanidad…
Segundo, debemos desmitificar el poder y la manipulación del poder (…) Desmitificar a la clase gobernante imperialista (…)” 

Seguramente todos estamos de acuerdo. Y seguramente también hemos tratado de seguir esa especie de metodología. 

Poco antes, la más universal de las voces cubanas de mi generación, Silvio Rodríguez, decía en una entrevista a propósito de sus canciones: 

“Realmente, uno las hace pensando muchas veces en las musarañas; y de pronto, las ves como si fueran hijos. Aquello que nació con el ‘fondillito’ al aire, de repente se visten con culeros, pantalones, cinturones... En ocasiones hasta se ponen mochilas, agarran fusiles y se lanzan quién sabe adónde, a combatir extraordinariamente.  

Por momentos, uno piensa que no sirven para nada. Son los peores momentos, de desánimo, cuando se cree que lo hecho no sirve para nada, porque no cambia al mundo. Quizá uno empezó escribiendo canciones, soñando que podía cambiar al mundo y luego la vida te enseña que no es así. (Pero) Estas cosas que les suceden a otros, que después te las trasmiten, te enseñan, te reenseñan, te reeducan y te muestran que, efectivamente, las canciones no pueden cambiar al mundo, pero contribuyen a hacerlo mejor.” 

¿En qué punto estamos entonces? 

Ya hemos clarificado “cuáles son los grandes acontecimientos de nuestra era”: la dominación y sus instrumentos, y también la resistencia, la afirmación de las identidades de los pueblos frente al gran enemigo de la humanidad”… Y sabemos que es responsabilidad de nosotros, los intelectuales, “desmitificar el poder y la manipulación del poder”. 

Pero ahora se trata de la voz. ¿Podrá nuestra canción contribuir a hacer un mundo mejor? ¿Podrá el nuevo cine, el cine militante, contribuir a hacer un mundo mejor? ¿Podrá la novela, la poesía, el teatro, la danza… podremos nosotros hacerlo? 

Diego Manrique, reporta desde Miami para El País, y, tras lamentar la ausencia de cubanos de Cuba en MIDEM, asegura que: 

“Chris Blackwell -el muy legendario fundador de la compañía Island- se interna en la música tropical cantada en español; sus artistas esperan que pueda hacer por la salsa lo mismo que logró con el reggae.” 

Nuevamente en  El País, y sobre MIDEM: 

“Para los participantes, el día está reservado a citas de negocios y mesas redondas donde se debaten las actuales preocupaciones del mundo de la música: Internet como canal de venta de grabaciones y como soporte de emisoras de radio o televisión, el DVD o las técnicas del crossover que permiten que un artista perteneciente a una minoría étnica triunfe entre el público masivo. Ese crossover es la vasija conteniendo oro que está al final del arco iris y con la que sueñan todas las discográficas.” 

Es eso, y prácticamente solo eso, lo que conoce el mundo. Y es en esas “citas” y en esas “técnicas”, en esos “sueños, donde se produce el “show”, la noticia hacia la que vuelven las miradas incluso los más alejados integrantes de ese público genérico, que después legitimará con creces la operación. Pero no es solo un hecho cognoscitivo. Así, con esa misma ligereza (y unos cuantos millones gastados en marketing) los verdaderos protagonistas juegan a hacedores del mundo, y así se lo reparten.  

Hablo de la música, pero estoy tratando de hablar de todo lo que hacemos.  

Pero, ojo, debo llamar la atención sobre un hecho innegable, los Grammy, como sucede con los Oscar en el cine, son, efectivamente, los premios más reconocidos a escala mundial. Y, si bien puede decirse que están conformados por todo un andamiaje en el que se mezclan, de modo muy consciente, dudosas producciones y muy claros mecanismos de manipulación, también se opera, más de lo que nosotros aceptamos, con indudables calidades.   

Tengo la impresión de que el reto no consiste solamente en sabernos en guerra con un enemigo todopoderoso, en conocer sus trampas y sus horrendas intenciones; ni siquiera en nuestra capacidad para denunciarlos cada día, en todos los foros, y en todas las instancias posibles. Tengo la impresión de que no basta que sepamos cantar (y ya saben que cuando digo cantar, lo digo en cualquier espacio del arte y con cualquier tipo de voz) y que nos demos cuenta de que tenemos la razón, de que nuestro arte militante, nuestra canción cotidiana, es absolutamente más sincera, más ligada a la esperanza de aquellos por los que cantamos y para los que cantamos. Habría que estar seguros de que es a ellos a quienes cantamos, y que ellos verdaderamente esperan, disfrutan y usan nuestras canciones. 

Quisiera pensar que nuestro teatro y nuestras novelas pueden ganar la partida a tanto Rey del Ganado, a tantas Mujeres de Arena, a tantas Señora del Destino. Pero debo decir que, muchas veces me conformaría con que esas falsificaciones brasileñas ganaran la partida a Salomé, Corazón Salvaje, y tantas otras “maravillas” que nos regalan, a todos los latinoamericanos, Univisión o Telemundo a través de la “democrática” televisión satelital. 

¿Bastará cantar en catalán para ser militantemente nacionalista y catalán? ¿Habrá que cantar en español para llegar a muchas más personas y hacer más eficaz el medio y el mensaje? ¿Bastará que nuestra voz sea la de la verdad y la justicia? ¿Habrá que echar mano a aquella vieja táctica guerrillera de usar, y saber usar, las armas del enemigo, las que deja en el camino, pero también la que sabemos arrancarles de las manos? ¿Estamos en guerra contra la seducción de los medios, o nos estamos preparando para que lo políticamente revolucionario sea también suficientemente seductor? 

Por lo pronto, aquí estamos. Tele Sur todavía está en pañales, pero llenando los vacíos que dejan todas las Tele Nortes. Anda creciendo por ahí una productora del ALBA. Ayer el ministro Abel Prieto daba señales de nuevas esperanzas. Hoy nos reunimos otra vez para reafirmarnos la necesidad de que exista una red de redes “en defensa de la humanidad”, y a su servicio incondicional, y de que esa red sea tan eficaz como lo exige la eficacia del enemigo. Puede ser que estemos en la prehistoria de una voz colectiva que sea mucho más que la suma de sus múltiples voces. Ojalá así sea. 

No podemos ser mudos. No nos queda otro remedio que hablar bien el ruso antes de ocho meses, y no olvidar el español ni jugando.  

5 de junio de 2006.

Intervención en el encuentro de la Red de Redes en Defensa de la Humanidad celebrado en Anzoátegui (Venezuela) en homenaje a la República española y Federico García Lorca.

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