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I
Allá por los años 80,
un joven cubano, de los muchos que estudiaron sus
carreras universitarias en la Unión Soviética, había
escogido una complicada especialidad que solo se
estudiaba en Lvov, Ucrania. Seguramente, aquella era una
de las pocas universidades donde no estudiaban otros
cubanos, y, mucho menos, venezolanos o españoles. No era
un chico muy elocuente ni muy extrovertido, era solo un
muchacho cubano standard, normal.
Unos ocho meses
después de que comenzara su estancia en Lvov, se realizó
una gran reunión de becarios en Ucrania. Aunque era un
evento serio, también, como casi siempre cuando hay
cubanos de por medio, fue algo así como una fiesta.
Los que lo conocían
de La Habana, se extrañaron de verlo bastante taciturno,
muy alejado… podría decirse que triste. Mal de amores,
quizá. Saudades de la lejanía.
Su mejor amigo, su
compañero de camarote de aquellos dieciocho días que
demoró el barco para alejarlos de sus famosas palmas, y
hacerles conocer lo que era verdaderamente un invierno,
rompió literalmente el hielo, y le preguntó.
Muy despacio, como
pensando cada palabra, el muchacho respondió:
―No, es solo que
estoy muy preocupado. Me estoy quedando mudo.
El amigo pensó que
bromeaba.
― ¡¿Cómo que mudo?!
― Sí, compadre, no
logro aprender ruso… y se me está olvidando el español.
Me estoy quedando mudo.
II
Nos separan, y
también nos acercan, 70 años del asesinato de Federico,
y del inicio de aquella Guerra Civil en que, hasta los
que no pensábamos todavía nacer, nos estábamos jugando
algo más que la vida. Y tal vez estemos ahora corriendo
el riesgo de quedarnos mudos.
Porque en este
encuentro hemos hablado mucho de España, comienzo con un
par de ejemplos “españoles”. En el Primer Congreso de
Educación y Cultura, en La Habana, conocí a un cantor
catalán. Su nombre es Raimón. Supongo que su canción
“Las mans” es un clásico. Antes, había escuchado muchas
veces a su coterráneo Joan Manuel Serrat. Luego también
lo conocí personalmente. A ambos los oí, en su momento,
cantar en catalán. Raimón se negaba a cantar en español,
lo que consideraba, con razón, un acto patriótico.
Serrat me dijo alguna vez, no sin razón, que el español
le permitía llegar a muchas más personas, multiplicar la
eficacia de esa arma poderosa que es la canción,
universalizar el mensaje.
Otra vez la voz.
Posiblemente en esa mínima, casi simbólica, diferencia,
se resume uno de los grandes conflictos del artista y de
una buena parte de la intelectualidad revolucionaria de
hoy.
Un mundo no solo
globalizado, sino unipolar, crece como un fantasma
amenazante en un horizonte en el que parecería que
bastan apenas cuatro multinacionales del disco para
decidir la música que escuchará el mundo entero; dos o
tres centros de la moda, convenientemente ubicados en el
primer mundo, para convencernos de qué ropa tendremos
que ponernos el año que viene; unas cuantas telemisoras
noticiosas para decidir, como en las peores películas
del oeste, cuáles son los buenos, y cuáles son los
malos, que obviamente somos todos los demás (los que
vivimos en estos oscuros rincones del planeta); que
basta un par de premios entregados a bombo y platillo
(con alfombra roja incluida, por supuesto) para que ya
no nos interese el cine que, casi siempre contra viento
y marea, y con grandes esfuerzos, se hace en nuestros
países.
Por más de 30 años,
he dirigido una agrupación musical. Y aunque muchas
veces la música parece, y a veces realmente está,
alejada de los más acuciantes imperativos mundanales,
siento que, al menos algunos de nosotros pisamos un
terreno común con el resto de los intelectuales. Por eso
me voy a permitir referirme fundamentalmente a esa parte
del terreno, que es la que mejor conozco.
III
Cuba es una isla que
suena.
Es imposible caminar
nuestras calles, y no escuchar un radio, una grabadora,
una muchacha destrozando tal vez una canción
inolvidable, un vendedor improvisando un pregón, un coro
de pioneros que caminan hacia el museo cercano cantando
algo que está de moda… (podría incluso ser un
controvertido reggaeton).
La música ha
acompañado, y acompaña, al cubano en todas sus acciones,
desde las más extraordinarias batallas, hasta el más
íntimo acto de amor.
Aquí estamos
recordando la Guerra Civil Española, y elaboramos
documentadas ponencias en torno a su historia y su
huella, pero en los años 60, los milicianos cubanos,
blancos y negros, campesinos y obreros y estudiantes,
los que tal vez conocían algo, pero sobre todo los que
no conocían nada del Comandante Carlos, ni de Líster, ni
de Enrique Castro, tuvieron en aquella copla del “Quinto
Regimiento” un himno, solamente superado, tal vez, por
el estribillo que inmortalizó a “Fefita miliciana”,
que, “por la mañanita”, llamaba a todos a un combate tan
necesario como popular.
Eso explica por qué
las guitarras han pasado de mano en mano, y cada hecho
ha tenido su canción, y cada ciudad su montuno, y cada
costumbre su guaracha, su songo o su danzón.
Eso explica también
por qué la gente sencilla de nuestro pueblo siente como
suyo cada triunfo de nuestra música en cualquier
escenario, en cualquier certamen, en cualquier
continente.
Eso, créanme, es una
hermosa y también una enorme responsabilidad.
IV
Pero hablábamos de un
mundo globalizado y unipolar.
En la urgencia de
este viaje y este encuentro, no tuve tiempo para buscar
noticias actuales (es decir, de los últimos días) para
compartirlas con ustedes. Pero no es necesario. En
septiembre del 99, había estado trabajando sobre las
trasnacionales del disco, y sus proyecciones para el
siglo XXI, de modo que entonces acumulé muchas noticias.
Y las comparto con ustedes ahora, porque, en fin de
cuentas, poco ha cambiado desde entonces, y lo que ha
cambiado es, como dicen los campesinos cubanos, pa’
peor.
Del Miami Herald:
“En la presentación del Grammy Latino, estuvieron
estrellas de la música, como Gloria y Emilio Estefan, el
trompetista Arturo Sandoval, el cantante Luis Enrique,
el flautista Néstor Torres, la cantante Shakira y el
cantante Jon Secada, entre otros…”
De El País:
“Miami
es actualmente la ciudad donde se planifican esas
conquistas de nuevos y apetitosos mercados. El
puertorriqueño Ricky Martin se instaló aquí para
elaborar su disco en inglés con el productor de origen
cubano Desmond Child. Los numerosos estudios de
grabación dan trabajo a técnicos y músicos altamente
cualificados -en un 80%, de origen hispanoamericano- que
ayudan a las figuras locales y todo tipo de estrellas
llegadas desde México, Argentina o España. La ciudad
acoge también las sedes de las principales
multinacionales que cultivan el mercado latino:
Universal/ Polygram, EMI Latin, Sony Discos y BMG. No es
casualidad que la Federación Latinoamericana de
Productores de Fonogramas y Videogramas (FLAPF) haya
abandonado México por Miami.”
Del New York Times:
“Los latinos han llegado, y el mundo entero los escucha.”
La AP se hace
eco de este comentario, y trasmite:
“En un largo artículo
que aparece en su edición dominical, ilustrado con
grandes fotos a color de Jennifer López, Ricky Martin y
Elvis Crespo, el matutino neoyorquino enumera los éxitos
más recientes de esos y otros artistas latinoamericanos
con sus interpretaciones en español y en inglés (...)”
La CNN
trasmite
íntegro este cable, y especula sobre las razones del
éxito de esa música en los EE.UU., no solo entre los
hispanohablantes.
La revista Time,
en su edición del 31 de mayo, dedica seis páginas a este
fenómeno, en un artículo al que titula Latin Music POPS.
Nuevamente las figuras de Ricky Martin, Jennifer López y
Marc Anthony monopolizan las fotos, y una buena parte de
los comentarios biográficos. Pero, en un análisis más
profundo, señala:
“Con los hispánicos llamados a ser el mayor entre los
grupos de minoría de América dentro de muy pocos años,
esta música bien podría ser el sonido del futuro. El pop
latino está elevándose porque se ajusta al momento
musical: tiene un pedacito del filo callejero del
hip-hop (...), algo de la alegría saltarina del
dance-pop, y la fresca efervescencia de aquello siempre
buscado en el pop moderno, la Próxima Gran Cosa (the
Next Big Thing).”
Estas afirmaciones son ilustradas con gráficos que
muestran el porcentaje de latinos en la población total
de los EE.UU. subiendo de poco más de un 5% en el 80, a
más del 12% en el 2000, a más del 15% en el 2020; el
poder de compra de los latinos subiendo de alrededor de
100 billones en el 80, a poco menos de 200 en el 90, a
casi 300 en el 2000, y a más de 500 en el 2020. (Solo
como ejemplo, el crecimiento de las ventas de la música
latina en los EE.UU. subió entre el 97 y el 98 de 490.6
millones de dólares a 570.9 millones de dólares).
Supongo que es clara la evidencia. Uno puede sumar, a
los nombres de esas estrellas, algunos otros que no
sonaban en aquel momento como pueden ser Juanes o
Bacilos. Pero la evidencia es clara. El mecanismo de
manipulación, único. El mercado dicta los caminos por
donde debe transitar la creación. Pero, al mismo tiempo,
se está diseñando el propio receptor, el que va a
comprar, el público genérico, lo que es decir el
mismísimo mercado. Es el perro que se muerde la cola.
Ya en los 60, era complicado romper ese círculo vicioso.
Y, querámoslo o no, muchos movimientos que parecieron
destinados a revolucionar las estructuras, al menos las
opresivas estructuras mediáticas, terminaron asimilados,
neutralizados, desnaturalizados, cuando no
comprometidos, manipulados o aniquilados por esas
propias estructuras.
Han pasado cuatro décadas desde entonces. Los mecanismos
de manipulación y control, de dominación, acumulan una
enorme experiencia y son mucho más eficaces. La
seducción se fabrica al por mayor, y no necesita
maquillarse, del mismo modo en que los candidatos a la
Presidencia de los EE.UU. ya no necesitan ocultar las
trampas con que se enfrentan en una contienda electoral,
o los que detentan ese poder, casi divino, publican a
los cuatro vientos, y sin el menor sonrojo, las
sanciones que podrían imponer a los países que no voten
por sus propuestas en cualquier foro internacional.
Es un sistema perfectamente articulado.
V
En un momento de
necesarias definiciones y tomas de posición en torno a
la Revolución, en mayo de 2003, James Petras decía en
una conferencia en Argentina:
“Primero, creo que
debemos empezar discutiendo cuál debe ser el papel de
los intelectuales en general en relación con los grandes
acontecimientos que están pasando en el mundo. La
primera responsabilidad es clarificar cuáles son los
grandes acontecimientos de nuestra era: guerras,
conquistas, colonización, militarismo, dominación,
resistencia popular, resistencia que viene de
movimientos seculares, religiosos, lo que sea, la
afirmación de las identidades de los pueblos frente al
gran enemigo de la humanidad…
Segundo,
debemos desmitificar el poder y la manipulación del
poder (…) Desmitificar a la clase gobernante
imperialista (…)”
Seguramente todos
estamos de acuerdo. Y seguramente también hemos tratado
de seguir esa especie de metodología.
Poco antes, la más
universal de las voces cubanas de mi generación, Silvio
Rodríguez, decía en una entrevista a propósito de sus
canciones:
“Realmente, uno las
hace pensando muchas veces en las musarañas; y de
pronto, las ves como si fueran hijos. Aquello que nació
con el ‘fondillito’ al aire, de repente se visten con
culeros, pantalones, cinturones... En ocasiones hasta se
ponen mochilas, agarran fusiles y se lanzan quién sabe
adónde, a combatir extraordinariamente.
Por momentos, uno
piensa que no sirven para nada. Son los peores momentos,
de desánimo, cuando se cree que lo hecho no sirve para
nada, porque no cambia al mundo. Quizá uno empezó
escribiendo canciones, soñando que podía cambiar al
mundo y luego la vida te enseña que no es así. (Pero)
Estas cosas que les suceden a otros, que después te las
trasmiten, te enseñan, te reenseñan, te reeducan y te
muestran que, efectivamente, las canciones no pueden
cambiar al mundo, pero contribuyen a hacerlo mejor.”
¿En qué punto estamos
entonces?
Ya hemos clarificado
“cuáles son los grandes acontecimientos de nuestra era”:
la dominación y sus instrumentos, y también la
resistencia, “la afirmación de las identidades de
los pueblos frente al gran enemigo de la humanidad”…
Y sabemos que es responsabilidad de nosotros, los
intelectuales, “desmitificar el poder y la manipulación
del poder”.
Pero ahora se trata
de la voz. ¿Podrá nuestra canción contribuir a hacer un
mundo mejor? ¿Podrá el nuevo cine, el cine militante,
contribuir a hacer un mundo mejor? ¿Podrá la novela, la
poesía, el teatro, la danza… podremos nosotros hacerlo?
Diego Manrique, reporta desde Miami para
El
País,
y, tras lamentar la ausencia de cubanos de Cuba en
MIDEM, asegura que:
“Chris Blackwell -el
muy legendario fundador de la compañía Island- se
interna en la música tropical cantada en español; sus
artistas esperan que pueda hacer por la salsa lo mismo
que logró con el reggae.”
Nuevamente en El País, y sobre MIDEM:
“Para los
participantes, el día está reservado a citas de negocios
y mesas redondas donde se debaten las actuales
preocupaciones del mundo de la música: Internet como
canal de venta de grabaciones y como soporte de emisoras
de radio o televisión, el DVD o las técnicas del
crossover que permiten que un artista perteneciente
a una minoría étnica triunfe entre el público masivo.
Ese crossover es la vasija conteniendo oro que
está al final del arco iris y con la que sueñan todas
las discográficas.”
Es eso, y
prácticamente solo eso, lo que conoce el mundo. Y es en
esas “citas” y en esas “técnicas”, en esos “sueños,
donde se produce el “show”, la noticia hacia la que
vuelven las miradas incluso los más alejados integrantes
de ese público genérico, que después legitimará con
creces la operación. Pero no es solo un hecho
cognoscitivo. Así, con esa misma ligereza (y unos
cuantos millones gastados en marketing) los verdaderos
protagonistas juegan a hacedores del mundo, y así se lo
reparten.
Hablo de la música,
pero estoy tratando de hablar de todo lo que hacemos.
Pero, ojo, debo
llamar la atención sobre un hecho innegable, los
Grammy, como sucede con los Oscar en el cine, son,
efectivamente, los premios más reconocidos a escala
mundial. Y, si bien puede decirse que están conformados
por todo un andamiaje en el que se mezclan, de modo muy
consciente, dudosas producciones y muy claros mecanismos
de manipulación, también se opera, más de lo que
nosotros aceptamos, con indudables calidades.
Tengo la impresión de
que el reto no consiste solamente en sabernos en guerra
con un enemigo todopoderoso, en conocer sus trampas y
sus horrendas intenciones; ni siquiera en nuestra
capacidad para denunciarlos cada día, en todos los
foros, y en todas las instancias posibles. Tengo la
impresión de que no basta que sepamos cantar (y ya saben
que cuando digo cantar, lo digo en cualquier espacio del
arte y con cualquier tipo de voz) y que nos demos cuenta
de que tenemos la razón, de que nuestro arte militante,
nuestra canción cotidiana, es absolutamente más sincera,
más ligada a la esperanza de aquellos por los que
cantamos y para los que cantamos. Habría que
estar seguros de que es a ellos a quienes
cantamos, y que ellos verdaderamente esperan,
disfrutan y usan nuestras canciones.
Quisiera pensar que
nuestro teatro y nuestras novelas pueden ganar la
partida a tanto Rey del Ganado, a tantas
Mujeres de Arena, a tantas Señora del Destino.
Pero debo decir que, muchas veces me conformaría con que
esas falsificaciones brasileñas ganaran la partida a
Salomé, Corazón Salvaje, y tantas otras
“maravillas” que nos regalan, a todos los
latinoamericanos, Univisión o Telemundo a través de la
“democrática” televisión satelital.
¿Bastará cantar en
catalán para ser militantemente nacionalista y catalán?
¿Habrá que cantar en español para llegar a muchas más
personas y hacer más eficaz el medio y el mensaje?
¿Bastará que nuestra voz sea la de la verdad y la
justicia? ¿Habrá que echar mano a aquella vieja táctica
guerrillera de usar, y saber usar, las armas del
enemigo, las que deja en el camino, pero también la que
sabemos arrancarles de las manos? ¿Estamos en guerra
contra la seducción de los medios, o nos estamos
preparando para que lo políticamente revolucionario sea
también suficientemente seductor?
Por lo pronto, aquí
estamos. Tele Sur todavía está en pañales, pero llenando
los vacíos que dejan todas las Tele Nortes. Anda
creciendo por ahí una productora del ALBA. Ayer el
ministro Abel Prieto daba señales de nuevas esperanzas.
Hoy nos reunimos otra vez para reafirmarnos la necesidad
de que exista una red de redes “en defensa de la
humanidad”, y a su servicio incondicional, y de que esa
red sea tan eficaz como lo exige la eficacia del
enemigo. Puede ser que estemos en la prehistoria de una
voz colectiva que sea mucho más que la suma de sus
múltiples voces. Ojalá así sea.
No podemos ser mudos.
No nos queda otro remedio que hablar bien el ruso antes
de ocho meses, y no olvidar el español ni jugando.
5 de junio de 2006.
Intervención en el encuentro de la Red de
Redes en Defensa de la Humanidad celebrado en Anzoátegui
(Venezuela) en homenaje a la República española y
Federico García Lorca. |