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El pasado viernes nos reencontramos con Haydeé
Santamaría cuando se presentó en Casa de las Américas el
documental De la ausencia y de ti, realizado por
Sarahí García, Yeanny González, Aida Calviac, Yoleidys
González y Jorge Legaños. Ni siquiera habían nacido
estos muchachos cuando Yeyé partió dejando a nuestra
América huérfana de su especial vigilia. Quizás
siguiendo el hilo de una canción de Silvio, Pablo o
cualquiera de aquellos trovadores, estos estudiantes de
cuarto año de periodismo sintieron la necesidad de
hurgar en la poesía y los conflictos de aquellos tiempos
y esa travesía del conocimiento los condujo
inevitablemente a esa entrañable mujer y su hogar.
En la premier, los
estudiantes y su profesora (sin dudas animadora del
proyecto) mostraban una alegría que iba más allá de ese
alborozo que causa el reconocimiento hacia la obra de un
público selecto; disfrutaban el goce genuinamente
cultural, el de haber madurado una idea con un deseo
profundo, el de encontrar a un ser muy especial y
entregar esa mirada desde sus años mozos.
Imágenes de archivo y
el testimonio de Silvio Rodríguez, Pablo Milanés,
Vicente Feliú, Roberto Fernández Retamar y Marcia
Leiseca entre otros, nos van entregando diversas aristas
de Yeyé, desde tareas y acciones trascendentes que
realizó como combatiente o dirigente, hasta los detalles
más hermosos como ser humano. No es difícil imaginarse
tras la composición del documental a esos estudiantes
descubriendo a una personalidad difícil de creer por la
magia de sus pasos. Con ese encantamiento con que
descubrieron ellos, nos van develando a esa Haydeé que
siempre nos guarda un consejo, una ayuda, un regaño que
nos encamine, un abrazo que nos eleve.
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Con Alfredo
Guevara |
En las entrevistas
Marcia y Retamar nos dan destellos de la dirigente
sensible en su cotidiano andar por Casa de las Américas.
Vicente Feliú resalta la importancia de esa mujer para
la intelectualidad latinoamericana, en especial para la
nueva canción, y nos cuenta de aquella capacidad de
Haydeé para movilizar en horas a la intelectualidad del
continente en pos de la libertad de un grupo de artistas
cubanos, entre los que se encontraba él, a los cuales
habían desaparecido y encarcelado las fuerzas militares
en Bolivia.
Pablo Milanés nos
define a la Yeyé que, sin ser especialista en ningún
tema cultural, reportó un gran provecho a la cultura
continental por ser genuinamente revolucionaria, y nos
explica que precisamente de su estatura revolucionaria
se desprendía el espíritu que le hizo enfrentar
cualquier enemigo, ya se tratase de un ejército, un
esquema, un prejuicio. Pablito ve en Haydeé el tacto y
la bondad, la energía severa y comprensiva que brotaba
de su inmenso humanismo.
Silvio Rodríguez,
lleva ese mismo concepto al plano de anécdotas, contando
cómo Haydeé los amparó a Pablito y a él cuando tuvieron
problemas con burócratas e instituciones de corta
visión; se convirtió en la madrina de la nueva trova.
Así mismo nos reveló su veta de bromista guajira, con
anécdotas muy simpáticas como aquella de prepararle
exclusivamente a él una gigantesca tortilla de
platanitos en medio de una comida típica de arroz,
frijoles y carne de puerco que preparó para miembros del
jurado del premio Casa, o la de preparar un ingenuo
susto a alguno de aquellos muchachos que se quedaban a
dormir en su casa, disfrazada de fantasma (cubierta con
una sábana, la cara empolvada y alumbrándose con una
linterna).
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Junto a Mario
Benedetti y Alejo Carpentier |
Y
es el fantasma de Yeyé el que nos asalta ahora a todos
desde el arte cinematográfico de estos muchachos;
imágenes de aquellos trovadores casi adolescentes como
explosión de la era que florecía con el empuje primario
de la Revolución, desde el ángulo de una de sus
protagonistas. Ella, al centro de la poesía más humana,
dándonos la dimensión de un proceso con sus
imperfecciones y sus sueños; ella, Yeyé, que retorna a
Casa o, más bien, demostrando que nunca se ha ido, que
simplemente ha estado oculta, trabajando en silencio en
cualquiera de sus rincones, esperando a que las nuevas
generaciones urgidas de encontrarla tocaran a su puerta,
la de la Casa de la cultura revolucionaria
latinoamericana. |