Año V
La Habana

10 al 16 de JUNIO
de 2006

Página principal

Enlaces Añadir a Favoritos Enviar correo

EL GRAN ZOO
NOTAS AL FASCISMO

PUEBLO MOCHO

CARTELERA

LIBRO DIGITAL

GALERÍA

LA OPINIÓN
LA CARICATURA
LA CRÓNICA
MEMORIAS
APRENDE
POESÍA
EL CUENTO
LETRA Y SOLFA
EL LIBRO
POR E-MAIL
LA MIRADA
EN PROSCENIO
FUENTE VIVA
REBELDES.CU
LA BUTACA
PALABRA VIVA
NÚMEROS ANTERIORES
LA JIRIBILLA DE PAPEL



RECIBIR LAS
ACTUALIZACIONES
POR CORREO
ELECTRÓNICO
Click AQUÍ

 

Roque Dalton: Quijote y marxista
Estrella Díaz La Habana
Fotos:
Alain Gutiérrez


James Iffland, profesor de Literatura Española y Latinoamericana y de Estudios Latinoamericanos en la Universidad de Boston, Estados Unidos, viajó por primera vez a La Habana y lo hizo con el marcado propósito de profundizar en la, quizá, etapa cubana del poeta Roque Dalton, salvadoreño de cuna y revolucionario por decisión.  

Iffland es muy conocido en el mundo académico internacional por sus investigaciones relacionadas con el llamado Siglo de Oro español y específicamente por sus eminentes estudios alrededor de la obra de Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616) y de Francisco de Quevedo (1580-1645). Sin embargo, ahora confiesa, en un español que en cuanto a pronunciación raya en lo perfecto, que en estos momentos su “gran amor literario es Roque Dalton”.

¿Por qué tanto interés por El Quijote?

El Quijote trasciende la lengua española. Creo que es la obra más traducida de la literatura mundial y, después de La Biblia, es la más editada en el mundo entero; se lee en todas partes y despierta un interés total.

Es una figura literaria que ha trascendido a la cultura popular; todo el mundo reconoce a Don Quijote y a Sancho Panza, aunque no hayan leído el libro de Cervantes, incluso aunque no sepan leer. Son parte de la conciencia colectiva de la humanidad.

Cada dos años imparto un curso sobre El Quijote y es un placer. Enseñar esa obra me produce un gusto enorme porque los estudiantes se meten muchísimo en los análisis, los comentarios, y todos tienen teorías diferentes y se crean unas trifulcas muy agradables. Es una especie de trampolín para el diálogo. 

Y durante las conversaciones que, seguramente, usted ha tenido con Don Quijote ¿qué es lo que más le ha enseñado?, ¿qué utilidad ha tenido para usted ese personaje?

Esa es una pregunta muy difícil. En cierta forma, es la pregunta. Para mí, la obra nos enseña a interactuar con el mundo mediante una especie de compromiso marcado por nuestras circunstancias.

Don Quijote es un hombre que busca la justicia y ayuda a los débiles; es un hombre que ve que el mundo está mal y trata de corregirlo y ahí entra la ambigüedad, porque intenta hacerlo de una forma loca y muchas veces percibe mal las circunstancias que lo rodean.

Aunque mete la pata constantemente, hay una especie de eje ético en su proyecto que nadie puede negar. Sí, esta loco, percibe mal las cosas, no presta atención a los consejos de Sancho, pero hay una dimensión ética en todo lo que es la praxis de El Quijote. Eso, hasta cierto punto, puede ser útil para todos nosotros: es un tipo al que le dan paliza tras paliza y continúa adelante con su proyecto.

De Boston a La Habana, tras la huella del poeta y revolucionario Roque Dalton. ¿Por qué?

Roque Dalton (1935-1975) es una gran figura, no solo de la literatura centroamericana o latinoamericana, diría que merece estar en el canon universal. Fue un escritor de extraordinario talento y posee un dominio de la lengua impresionante. Fíjate que he pasado de Quevedo a Cervantes y de este a Dalton.

Hay quienes a veces me preguntan: ¿por qué te has rebajado tanto? Honestamente creo que Roque se ubica en la más alta esfera de la literatura en lengua española. Dalton hubiera sido un profesor brillante o un periodista afamado; era un hombre de muchos talentos, pero sentía un compromiso con su país. Veía las tremendas injusticias y escogió el camino del compromiso revolucionario y dio su vida tratando de conseguir una situación mejor para el pueblo salvadoreño, su pueblo.

En cierta forma, era un Quijote, pero marxista-leninista. Un hombre lucidísimo, con un discurso teórico sumamente importante: es una figura de intelectual ejemplar que en vez de desentenderse, de meterse en las aulas o los cafés, fue alguien que desde los veinte y tantos años decidió que no podía vivir en su país viendo la injusticia.

Lo interesante es ver la combinación entre un talento literario enorme y ese deseo de realizar cambios sociales fundamentales, radicales. Roque no era un reformista, era un verdadero revolucionario. Cuando la gente me pregunta a quién estudias, respondo: a Roque Dalton, el escritor y revolucionario. Siempre digo eso porque existe una tendencia a tratar de despolitizarlo.

Junto al poeta y cineasta Víctor Casaus

¿Las expectativas con que llegó a La Habana han sido cumplidas?

Sí. Este año es para mí sabático, lo que me ha permitido dedicarme por entero a estudiar con lupa la obra de Roque. Me parecía importante visitar El Salvador, país que no conocía, y también era imprescindible venir a Cuba.

Estuve en El Salvador hace muy poco y allí pase unas semanas durante las cuales me entrevisté con los dos hijos de Roque (Juan José y Jorge), pude mirar los archivos de la familia, hice entrevistas a varios de sus amigos y colegas como Manlio Argueta, que es un excelente novelista y poeta y actual director de la Biblioteca Nacional de El Salvador. Luego se imponía una visita a Cuba, porque aquí Roque pasó años absolutamente claves. Él decía que tenía dos patrias: El Salvador y Cuba.

Casa de las Américas tiene un archivo muy importante y me siento en la obligación de agradecer la colaboración que me ha prestado esa importante institución. También el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, a través de su director, el poeta y cineasta Víctor Casaus, me ha ofrecido una gran colaboración. Me ayudó a establecer contactos con amigos y colegas de Roque en Cuba.

Mi objetivo al entrevistar a esas personas, incluyendo a Víctor, es juntar comentarios y opiniones que me ayuden a entender la obra de Roque. No estoy haciendo una biografía ni un libro de testimonios, lo que estoy intentando es juntar anécdotas y comentarios de toda una gama enorme de gente que me pueda ayudar a desentrañar el sentido de la obra de Roque, entender mejor su proyecto y cómo trabajaba.

Mi libro se va a centrar en la totalidad de su obra, porque muchas gentes piensan en Roque solo como poeta, pero desconocen, por ejemplo, toda su teorización política y revolucionaria. Era un teórico de la revolución y parte de su obra tiene que ver con lo que él mismo llamaba lo político-militar y es una parte de su vida que está como entre corchetes, como omitida o metida en un armario.

Se dice que los tiempos son otros y que ahora eso no es pertinente. Creo lo contrario. En esas entrevistas he hablado con gente allegada a Roque por la parte poética, he hablado con personas que estaban más cercanas a las actividades sociales… una entrevista muy importante con Fernando Martínez Heredia, que era un gran amigo de Roque, con quien compartía reflexiones sobre lo socio-político, la lucha armada y el marxismo-leninismo.

He hecho una docena de entrevistas que me han ofrecido distintas perspectivas que se van complementando y enriqueciendo mutuamente. Entrevisté a Aída Cañas, la viuda de Roque, y me ha sido de enorme utilidad, al igual que la conversación con Miriam Lezcano, su compañera al final de su vida, quien conoce muy bien todo lo que él hizo en el mundo del teatro, de los espectáculos.

Esa es una parte de su obra que se desconoce. Vine también en busca de información sobre Roque como hombre de teatro, porque esos textos no se divulgan y es una faceta de la que nunca se habla. Quiero hacer una especie de “todo Roque”. No podremos comprender a este hombre si no tomamos en cuenta poesía, testimonio, novela, teorización política, teatro… simplemente, como el ser humano que producía esta obra tan variada, compleja y rica.

De lo que usted dice deduzco que ese libro “todo Roque”, no existe, no está hecho.   

Por distintos motivos no existe, no está hecho. Hay un auge del estudio de Dalton. Ahora, en El Salvador, Roque se considera el Poeta Nacional y es celebrado, incluso, por la derecha, esa misma que lo quería matar.

En Estados Unidos se está investigando mucho, al igual que en Europa. Pero una buena parte de los estudiosos tienen la tendencia de parcializar a Roque y lo hacen por diferentes motivos. Hay una tendencia dentro de un sector de la crítica a despolitizar a Roque. Dicen: “él murió en 1975 en un momento de auge de la lucha armada en Latinoamérica” y tratan ese lado como especie de arcaísmo. Ahora, dicen, los tiempos son otros, todo eso fue un camino equivocado y ya no queremos pensar en eso. Miremos las metáforas, miremos los símiles, las técnicas narrativas de su novela Pobrecito poeta que era yo. Entiendo por qué la gente quiere olvidarse de ese lado de Roque…

¿Por qué? 

Eso forma parte de un proyecto a nivel mundial que pretende acabar con la izquierda o si es posible, poco a poco, ir extirpando esa parte de Roque y convertirlo en un artículo de consumo más digerible para lo que es la academia a nivel internacional. Existe una tendencia de decir: “es cierto, él tenía estas tendencias, pero lo que hay que mirar es el arte”.

Creo que hay que mirar el arte de Roque, pero es que su arte estaba imbricado en una serie de creencias, de compromisos políticos y eso es algo en lo que quiero enfatizar. Roque murió muy joven, poco antes de cumplir los cuarenta años, y en ese momento histórico se veía la lucha armada como único camino posible. Analizando las circunstancias y lo que eran esos países, era lógico, lo más sensato.

Eso no quiere decir que Roque haya pensado que siempre tenemos que estar en la lucha armada y que el único camino es el militar. En aquel momento sí, pero lo que sostengo es que dentro de Roque hay una especie de capacidad de ponerse al día, una tendencia hacia la vanguardia.

Estaba en contra del pensamiento fosilizado, en contra de la momificación del pensamiento, siempre insistía en la necesidad de mirar las condiciones reales del momento y exhortaba a mantener un ojo agudo, analítico, para entender esas circunstancias y para buscar una solución a los problemas del momento.

La pregunta es: ¿qué estaría pensando Roque ahora? Estoy seguro de que no diría: ¡vamos a la montaña! Estaría diciendo algo muy vinculado con el deseo de justicia social, de cambio social, porque los problemas de su época son también los problemas de esta, pero seguramente nos haría pensar qué camino hay que escoger, qué es lo sensato ahora.

No diría que hay que claudicar, que hay que odiarse, que estamos en la postmodernidad, en el fin de la historia, que ya no se puede hacer nada. Eso sería imposible. Insistiría en la necesidad de buscar un camino para el cambio social profundo. Ahora, ¿en qué dirección precisa? Esa es la gran interrogante, pero seguramente estaría muy animado con los fenómenos que están sucediendo hoy a nivel de América Latina con algunos países. Estaría más contento con unas corrientes que con otras, pero seguramente apoyaría, por ejemplo, las ideas bolivarianas.

Usted ha dicho que Roque está hoy de moda. ¿Por qué?

Lo que sucede es que Roque es un gran escritor y la gente se ha dado cuenta de que estamos hablando de un auténtico maestro. También la gente aprecia de él su irreverencia, su sentido del humor fuera de serie. No estamos hablando de un chiste aquí y otro allá. Estamos hablando de un sentido del humor que está a la altura de esas grandes figuras que he estudiado, como Cervantes y Quevedo.

Hay quienes creen que estoy exagerando y les digo: lean a Roque a ver si tengo o no razón. Es un sentido del humor que tiene una trascendencia, algo que realmente atrae y muchas personas se van interesando por su gracia y luego van viendo otros aspectos de su obra. La gente se va enganchando.

Su manejo del lenguaje es difícil de encontrar en otros de sus colegas contemporáneos y en ese sentido creo que es el momento de Roque como escritor, de ahí ese auge. Lo único que quiero es llamar la atención y que nos demos cuenta de que querer extirpar parte de lo que era es, en última instancia, deshonrarlo, sabotearlo y desfigurarlo.

SUBIR

 


Página principal

Enlaces Añadir a Favoritos Enviar correo

© La Jiribilla. La Habana. 2006
 IE-800X600