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James
Iffland, profesor de Literatura Española y
Latinoamericana y de Estudios Latinoamericanos en la
Universidad de Boston, Estados Unidos, viajó por primera
vez a La Habana y lo hizo con el marcado propósito de
profundizar en la, quizá, etapa cubana del poeta Roque
Dalton, salvadoreño de cuna y revolucionario por
decisión.
Iffland es muy conocido en el mundo académico
internacional por sus investigaciones relacionadas con
el llamado Siglo de Oro español y específicamente por
sus eminentes estudios alrededor de la obra de Miguel de
Cervantes Saavedra (1547-1616) y de Francisco de Quevedo
(1580-1645). Sin embargo, ahora confiesa, en un español
que en cuanto a pronunciación raya en lo perfecto, que
en estos momentos su “gran amor literario es Roque
Dalton”.
¿Por
qué tanto interés por El Quijote?
El
Quijote
trasciende la lengua española. Creo que es la obra más
traducida de la literatura mundial y, después de La
Biblia, es la más editada en el mundo entero; se lee
en todas partes y despierta un interés total.
Es una
figura literaria que ha trascendido a la cultura
popular; todo el mundo reconoce a Don Quijote y a Sancho
Panza, aunque no hayan leído el libro de Cervantes,
incluso aunque no sepan leer. Son parte de la conciencia
colectiva de la humanidad.
Cada
dos años imparto un curso sobre El Quijote y es
un placer. Enseñar esa obra me produce un gusto enorme
porque los estudiantes se meten muchísimo en los
análisis, los comentarios, y todos tienen teorías
diferentes y se crean unas trifulcas muy agradables. Es
una especie de trampolín para el diálogo.
Y
durante las conversaciones que, seguramente, usted ha
tenido con Don Quijote ¿qué es lo que más le ha
enseñado?, ¿qué utilidad ha tenido para usted ese
personaje?
Esa es
una pregunta muy difícil. En cierta forma, es la
pregunta. Para mí, la obra nos enseña a interactuar con
el mundo mediante una especie de compromiso marcado por
nuestras circunstancias.
Don
Quijote
es un hombre que busca la justicia y ayuda a los
débiles; es un hombre que ve que el mundo está mal y
trata de corregirlo y ahí entra la ambigüedad, porque
intenta hacerlo de una forma loca y muchas veces percibe
mal las circunstancias que lo rodean.
Aunque
mete la pata constantemente, hay una especie de eje
ético en su proyecto que nadie puede negar. Sí, esta
loco, percibe mal las cosas, no presta atención a los
consejos de Sancho, pero hay una dimensión ética en todo
lo que es la praxis de El Quijote. Eso, hasta
cierto punto, puede ser útil para todos nosotros: es un
tipo al que le dan paliza tras paliza y continúa
adelante con su proyecto.
De
Boston a La Habana, tras la huella del poeta y
revolucionario Roque Dalton. ¿Por qué?
Roque
Dalton (1935-1975) es una gran figura, no solo de la
literatura centroamericana o latinoamericana, diría que
merece estar en el canon universal.
Fue un escritor de
extraordinario talento y posee un dominio de la lengua
impresionante. Fíjate que he pasado de Quevedo a
Cervantes y de este a Dalton.
Hay
quienes a veces me preguntan: ¿por qué te has rebajado
tanto? Honestamente creo que Roque se ubica en la más
alta esfera de la literatura en lengua española. Dalton
hubiera sido un profesor brillante o un periodista
afamado; era un hombre de muchos talentos, pero sentía
un compromiso con su país. Veía las tremendas
injusticias y escogió el camino del compromiso
revolucionario y dio su vida tratando de conseguir una
situación mejor para el pueblo salvadoreño, su pueblo.
En
cierta forma, era un Quijote, pero
marxista-leninista. Un hombre lucidísimo, con un
discurso teórico sumamente importante: es una figura de
intelectual ejemplar que en vez de desentenderse, de
meterse en las aulas o los cafés,
fue alguien que desde
los veinte y tantos años decidió que no podía vivir en
su país viendo la injusticia.
Lo
interesante es ver la combinación entre un talento
literario enorme y ese deseo de realizar cambios
sociales fundamentales, radicales. Roque no era un
reformista, era un verdadero revolucionario. Cuando la
gente me pregunta a quién estudias, respondo: a Roque
Dalton, el escritor y revolucionario. Siempre digo eso
porque existe una tendencia a tratar de despolitizarlo.
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Junto al poeta y
cineasta Víctor Casaus |
¿Las
expectativas con que llegó a La Habana han sido
cumplidas?
Sí.
Este año es para mí sabático, lo que me ha permitido
dedicarme por entero a estudiar con lupa la obra de
Roque. Me parecía importante visitar El Salvador, país
que no conocía, y también era imprescindible venir a
Cuba.
Estuve
en El Salvador hace muy poco y allí pase unas semanas
durante las cuales me entrevisté con los dos hijos de
Roque (Juan José y Jorge), pude mirar los archivos de la
familia, hice entrevistas a varios de sus amigos y
colegas como Manlio Argueta, que es un excelente
novelista y poeta y actual director de la Biblioteca
Nacional de El Salvador. Luego se imponía una visita a
Cuba, porque aquí Roque pasó años absolutamente claves.
Él decía que tenía dos patrias: El Salvador y Cuba.
Casa
de las Américas tiene un archivo muy importante y me
siento en la obligación de agradecer la colaboración que
me ha prestado esa importante institución. También el
Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, a través de
su director, el poeta y cineasta Víctor Casaus, me ha
ofrecido una gran colaboración. Me ayudó a establecer
contactos con amigos y colegas de Roque en Cuba.
Mi
objetivo al entrevistar a esas personas, incluyendo a
Víctor, es juntar comentarios y opiniones que me ayuden
a entender la obra de Roque. No estoy haciendo una
biografía ni un libro de testimonios, lo que estoy
intentando es juntar anécdotas y comentarios de toda una
gama enorme de gente que me pueda ayudar a desentrañar
el sentido de la obra de Roque, entender mejor su
proyecto y cómo trabajaba.
Mi
libro se va a centrar en la totalidad de su obra, porque
muchas gentes piensan en Roque solo como poeta, pero
desconocen, por ejemplo, toda su teorización política y
revolucionaria. Era un teórico de la revolución y parte
de su obra tiene que ver con lo que él mismo llamaba lo
político-militar y es una parte de su vida que está como
entre corchetes, como omitida o metida en un armario.
Se
dice que los tiempos son otros y que ahora eso no es
pertinente. Creo lo contrario. En esas entrevistas he
hablado con gente allegada a Roque por la parte poética,
he hablado con personas que estaban más cercanas a las
actividades sociales… una entrevista muy importante con
Fernando Martínez Heredia, que era un gran amigo de
Roque, con quien compartía reflexiones sobre lo
socio-político, la lucha armada y el marxismo-leninismo.
He
hecho una docena de entrevistas que me han ofrecido
distintas perspectivas que se van complementando y
enriqueciendo mutuamente. Entrevisté a Aída Cañas, la
viuda de Roque, y me ha sido de enorme utilidad, al
igual que la conversación con Miriam Lezcano, su
compañera al final de su vida, quien conoce muy bien
todo lo que él hizo en el mundo del teatro, de los
espectáculos.
Esa es
una parte de su obra que se desconoce. Vine también en
busca de información sobre Roque como hombre de teatro,
porque esos textos no se divulgan y es una faceta de la
que nunca se habla. Quiero hacer una especie de “todo
Roque”. No podremos comprender a este hombre si no
tomamos en cuenta poesía, testimonio, novela,
teorización política, teatro… simplemente, como el ser
humano que producía esta obra tan variada, compleja y
rica.
De lo
que usted dice deduzco que ese libro “todo Roque”, no
existe, no está hecho.
Por
distintos motivos no existe, no está hecho. Hay un auge
del estudio de Dalton. Ahora, en El Salvador, Roque se
considera el Poeta Nacional y es celebrado, incluso, por
la derecha, esa misma que lo quería matar.
En
Estados Unidos se está investigando mucho, al igual que
en Europa. Pero una buena parte de los estudiosos tienen
la tendencia de parcializar a Roque y lo hacen por
diferentes motivos. Hay una tendencia dentro de un
sector de la crítica a despolitizar a Roque. Dicen: “él
murió en 1975 en un momento de auge de la lucha armada
en Latinoamérica” y tratan ese lado como especie de
arcaísmo. Ahora, dicen, los tiempos son otros, todo eso
fue un camino equivocado y ya no queremos pensar en eso.
Miremos las metáforas, miremos los símiles, las técnicas
narrativas de su novela Pobrecito poeta que era yo.
Entiendo por qué la gente quiere olvidarse de ese
lado de Roque…
¿Por
qué?
Eso
forma parte de un proyecto a nivel mundial que pretende
acabar con la izquierda o si es posible, poco a poco, ir
extirpando esa parte de Roque y convertirlo en un
artículo de consumo más digerible para lo que es la
academia a nivel internacional. Existe una tendencia de
decir: “es cierto, él tenía estas tendencias, pero lo
que hay que mirar es el arte”.
Creo
que hay que mirar el arte de Roque, pero es que su arte
estaba imbricado en una serie de creencias, de
compromisos políticos y eso es algo en lo que quiero
enfatizar. Roque murió muy joven, poco antes de cumplir
los cuarenta años, y en ese momento histórico se veía la
lucha armada como único camino posible. Analizando las
circunstancias y lo que eran esos países, era lógico, lo
más sensato.
Eso no
quiere decir que Roque haya pensado que siempre tenemos
que estar en la lucha armada y que el único camino es el
militar. En aquel momento sí, pero lo que sostengo es
que dentro de Roque hay una especie de capacidad de
ponerse al día, una tendencia hacia la vanguardia.
Estaba
en contra del pensamiento fosilizado, en contra de la
momificación del pensamiento, siempre insistía en la
necesidad de mirar las condiciones reales del momento y
exhortaba a mantener un ojo agudo, analítico, para
entender esas circunstancias y para buscar una solución
a los problemas del momento.
La
pregunta es: ¿qué estaría pensando Roque ahora? Estoy
seguro de que no diría:
¡vamos a la montaña! Estaría diciendo algo muy vinculado
con el deseo de justicia social, de cambio social,
porque los problemas de su época son también los
problemas de esta, pero seguramente nos haría pensar qué
camino hay que escoger, qué es lo sensato ahora.
No
diría que hay que claudicar, que hay que odiarse, que
estamos en la postmodernidad, en el fin de la historia,
que ya no se puede hacer nada. Eso sería imposible.
Insistiría en la necesidad de buscar un camino para el
cambio social profundo. Ahora, ¿en qué dirección
precisa? Esa es la gran interrogante, pero seguramente
estaría muy animado con los fenómenos que están
sucediendo hoy a nivel de América Latina con algunos
países. Estaría más contento con unas corrientes que con
otras, pero seguramente apoyaría, por ejemplo, las ideas
bolivarianas.
Usted
ha dicho que Roque está hoy de moda. ¿Por qué?
Lo que
sucede es que Roque es un gran escritor y la gente se ha
dado cuenta de que
estamos hablando de un auténtico maestro. También la
gente aprecia de él su irreverencia, su sentido del
humor fuera de serie. No estamos hablando de un chiste
aquí y otro allá. Estamos hablando de un sentido del
humor que está a la altura de esas grandes figuras que
he estudiado, como Cervantes y Quevedo.
Hay
quienes creen que estoy exagerando y les digo: lean a
Roque a ver si tengo o no razón. Es un sentido del humor
que tiene una trascendencia, algo que realmente atrae y
muchas personas se van interesando por su gracia y luego
van viendo otros aspectos de su obra. La gente se va
enganchando.
Su
manejo del lenguaje es difícil de encontrar en otros de
sus colegas contemporáneos y en ese sentido creo que es
el momento de Roque como escritor, de ahí ese auge. Lo
único que quiero es llamar la atención y que nos demos
cuenta de que querer extirpar parte de lo que era es, en
última instancia, deshonrarlo, sabotearlo y
desfigurarlo. |