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Julieta Hanono (Buenos Aires, 1962) es una de las
artistas que conforma el proyecto Miradas de mujer,
uno de los acontecimientos que ocurrirán durante los
días del VIII Salón y Coloquio Internacional de Arte
Digital que, auspiciado por el Centro Cultural Pablo de
la Torriente Brau, comenzará en La Habana el
próximo lunes 19 de junio.
Gracias a las bondades del correo electrónico
establecimos comunicación con la artista. Estas fueron
sus reflexiones.
¿Ha
visitado Cuba anteriormente?
No, es
la primera vez que viajo allá, y tengo muchos deseos.
¿Cómo
llega al proyecto Miradas de mujer?
A
través de una invitación del curador Manuel García,
quien conoció mi obra de video El pozo y le
interesó para su compilación.
¿Por
qué y cómo surge la idea de realizar El pozo y
La alcaldía?
La
misma obra que estaba realizando en ese momento me llevó
a volver al lugar donde había estado desparecida y
prisionera, cuando tenía 16 años, durante la dictadura
militar.
Hacía
un tiempo que había comenzado a trabajar con objetos
médicos, particularmente con el especulo (que se utiliza
para mirar el interior de las mujeres). La ambigüedad de
ese objeto, que puede ser percibido como objeto de
tortura, o como un objeto que sirve para saber y curar…
su doble filo, suerte de lupa, pues mira, y cerradura,
pues casi espía, me hizo querer volver al primer
"túnel": a mi pasado, al de mi madre, cuando encerrada
los primeros días y, vendados los ojos, lo único que
deseaba era volver al útero materno.
Retorné al "pozo" para realizar una topología de un "no
lugar", de un espacio condenado a no existir a los ojos
de los otros; a una suerte de vacío en el centro mismo
de la ciudad. Poder hablar desde la creación de otro
lenguaje: desaparición, el saberse entre la vida y la
muerte. Ese tiempo detenido me resultó una necesidad
interior, una necesidad de memoria y de poder escribirla
desde otro lugar.
¿Qué
cree que aporte desde el punto creativo el participar en
Miradas de mujer?
No lo
sé, pero imagino que la relación, el tejido entre uno y
otro video, nos enriquecerán a nosotros los artistas
como a todos aquellos que vean el conjunto del trabajo.
Mi
trabajo es femenino pues El pozo y La alcaldía
están contados en primera persona y son la historia de
una muchacha. Lo que se narra también está atravesado
por ese lugar.
La
estética de El pozo en realidad es una ética, es
una obra donde el tiempo y su circularidad encerrada
hacen escuchar la ausencia. Intenté en esta obra ser lo
más austera posible, sin caer en sensiblerías ni en un
discurso fácil. Quiero que el otro, el que mira, reciba
una pregunta tan intensa que atraviese, pero con la
suavidad de una caricia.
¿Cuáles son sus expectativas ante la próxima visita a
La
Habana?
Descubrir un país que para mí fue un mito, conocer su
gente, sus artistas y su producción artística y poder
enseñarles mi trabajo. |