Año V
La Habana

10 al 16 de JUNIO
de 2006

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Luis Miguel Valdés ya no es un bicho raro
Estrella Díaz La Habana


Los estudiosos de la historia del arte digital en Cuba (que por cierto no son muchos) coinciden en afirmar que uno de los pioneros de la manifestación en la Isla es Luis Miguel Valdés, un creador que se ha mantenido participando con sistematicidad en las distintas ediciones de los Salones y Coloquios Internacionales de la especialidad que desde hace ocho años auspicia y convoca el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau.
 

Luis Miguel comparte su vida entre México y La Habana y, según ha dado a conocer el comité organizador del VIII Salón a comenzar el 19 de junio venidero, el inquieto artista participará con una suerte de ponencia y también con un producto instalativo (por llamarlo de alguna manera). 

Establecimos contacto vía correo electrónico con Luis Miguel y desde el DF tuvo la deferencia de responder algunas inquietudes.  

¿Cómo surge la idea del proyecto CTRL-ALT-DEL (Homenaje a David J. Bradley)? 

Es una mezcla de muchas cosas. Hace un mes inauguré en mi galería aquí, en México, una exposición personal que titulé Decantando. En ella mostraba obras de hace 30 años como referencia del camino que recorre un artista y cómo va puliendo su lenguaje hasta ir decantando los elementos expresivos y todos los aspectos que definen su obra a través del tiempo. Se van afinando los objetivos y quitando la cáscara para llegar a la síntesis de lo que uno realmente quiere. 

¿Qué tiene de novedoso este proyecto? 

Eso no lo sé y no me preocupa, por aquello de las coincidencias entre artistas. A lo mejor alguien en otra parte se está planteando cosas similares y uno se entera después. A mí lo que me interesa es remarcar un concepto que tuvo un inicio muy concreto y que hoy se aplica a muchos aspectos que no tienen que ver directamente con su origen.  

Tiene también la intención de eliminar las fronteras establecidas entre “el arte” y “el arte digital”. Cuando participé en el Salón Digital de 2003 dije en el coloquio de aquel año que lo que más me interesaba era que llegara el momento en que se le pudiera quitar el apellido al evento y fuera un evento de arte y que el medio no lo definiera. 

¿Bajo qué criterios aparece la ciudad de La Habana en CTRL-ALT-DEL?  

Cualquiera que conozca mi obra y me conozca a mi, entenderá por qué aparece La Habana en cada paso que doy (a pesar de haber nacido en Pinar del Río). Desde el año 1975, cuando hice el grabado en linóleo de La Catedral de La Habana —multipremiado en ese año y expuesto en numerosas exposiciones nacionales e internacionales, colección del Museo Nacional—, la arquitectura colonial cubana es una constante en mi obra.  

En 1977 me solicitó la Dra. Martha Arjona una carpeta de grabados para la Oficina Regional de la UNESCO que titulé La siempre Habana. Dicha carpeta contenía 5 grabados y tenía un sello que hice especialmente para esa carpeta y que hoy es el logotipo de mi taller de grabado en México, que se llama La siempre Habana. Es parte de mi vida cada rincón de mi ciudad.

De varias maneras usted ha participado en ediciones anteriores de los Salones y Coloquios Internacionales de Arte Digital. Lo recuerdo reflexionando en los coloquios y también su exposición personal Del azafrán al lirio en el ICAIC ¿Qué importancia le concede a este tipo de evento?

Creo que el trabajo que realiza el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau y en especial su director Víctor Casaus, es uno de los sucesos más importantes de la plástica cubana de los últimos años. Es normal, y siempre lo ha sido, hacer salones de Artes Plásticas, concursos, encuentros de todo tipo, salones por especialidades, hasta la Bienal de La Habana. Sin embargo el Centro y Víctor se la jugaron hace ocho años cuando todavía los prejuicios sobre el arte digital eran la orden del día. 

Cuando yo comencé a trabajar en la computadora en el ISA en 1986, era un bicho raro y los que se decían artistas de vanguardia en ese entonces —léase Rubén Torres Llorca, Arturo Cuenca, etcétera— cuestionaban los resultados que estábamos obteniendo en el Laboratorio de Gráfica por Computadora (que así se llamaba) en el ISA.  

Incluso críticos de arte como Gerardo Mosquera y Alejandro G. Alonso ignoraban lo que se hacía en ese medio entonces, seguramente porque mi casi pertenencia a la generación del 70 y además el estigma de ser grabador, les hacía pensar que era imposible que alguien de esa generación estuviera trabajando en un nuevo medio que vendría a revolucionar las artes plásticas. 

Cuando el arte digital pierda su apellido, cosa que espero suceda pronto, al Centro Pablo y a Víctor Casaus habrá que reconocerles el valor de haber enfrentado una tarea titánica al desbrozar el camino para las nuevas formas expresivas. Solo hay que pensar cómo se habrían recibido en Cuba todas las obras que se presentaron en la Novena Bienal de La Habana con las nuevas tecnologías, si no existiera el antecedente de 7 salones de arte digital. 

Todo el mundo reconoce y coincide en que usted es uno de los pioneros del arte digital en Cuba. ¿Tiene referencia de cómo marcha la manifestación en la Isla? 

Yo creo que a pesar de las carencias que todavía sienten los artistas en cuanto a los recursos de que disponen, el trabajo que están realizando es de un alto nivel y haría falta más apoyo institucional para que esta especialidad alcance mejores resultados. 

El Ministerio de Cultura y las instituciones que se deben encargar del apoyo a los artistas plásticos podrían considerar en sus planes y proyectos la posibilidad de crear talleres colectivos donde pongan a disposición de los artistas que trabajan estos medios todos los recursos necesarios para el desarrollo de su obra.

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