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Estoy aquí para hablar del asesinato de mi hermano la
mañana del 8 de abril en el Hotel Palestina de Bagdad.
Quiero aclarar que el asesinato de mi hermano no me
parece más importante que cualquiera de las miles de
muertes civiles, que esta invasión ha causado a la
población iraquí, pero junto a la de Taras o Tareq me
parecen relevantes y veo la necesidad de analizarlas con
detenimiento, pues ocurren el mismo día y en una
operación que la Tercera División de Infantería del
Ejército de EEUU, desarrolló contra las sedes de las
cadenas de televisión al-Jazeera y Abú Dhabi, y
contra el Hotel Palestina, dónde se alojaba la prensa
internacional. Es decir contra la totalidad de la prensa
que el Pentágono no controlaba en Bagdad.
Se puede decir más alto, pero quizás no más claro.
Mi
familia ha hecho un gran esfuerzo para tratar de
investigar, contextualizar y llegar al fondo de los
hechos sucedidos. Se da la casualidad que procedemos de
una larga tradición militar. Mi propio padre era oficial
superior de la Marina. Estas circunstancias personales
nos hacen conocer profundamente los usos y movimientos
de las unidades militares en combate.
Para
empezar debemos irnos a los manuales de Historia y
analizar el impacto de la información periodística en el
conflicto de Vietnam. Todas las escuelas militares del
mundo, analizan el impacto de la información recogida
por los corresponsales de guerra en la población
estadounidense, y su
incidencia real en el crecimiento e implantación del
movimiento anti-guerra. A pesar de todo su poderío
militar (el más grande de la historia) el ejercito de
EEUU perdió está guerra por una resistencia guerrillera
que se perpetúa en el tiempo, unida a la propia
resistencia interna. Los
militares estadounidenses aprenden en este conflicto,
que aún siendo abrumadora su potencia militar, las
guerras no sólo se ganan o se pierden en el terreno de
los combates, sino que a veces se ganan o se pierden en
el terreno mediático que condiciona su retaguardia.
Desde este momento, se asume que la información
que trasmiten los corresponsales de guerra es un
elemento que puede ser determinante en las
campañas militares y su control, crucial para moldear a
las opiniones publicas y minimizar el impacto brutal de
la realidad de la guerra.
Un
ejemplo claro de control total de información, se da en
la primera Guerra del Golfo, en el año 1991, dónde los
propios mandos estadounidenses eligieron una decena de
periodistas, a los cuales permitieron un acceso
tutelado al frente de batalla, recibiendo por el
contrario, un control absoluto de lo que podían ver,
fotografiar y contar a su publico. Se dio el caso de
periodistas detenidos por intentar realizar su labor de
manera independiente. El resultado de esta política de
control informativo lo tenemos todos en la memoria;
ausencia de imágenes de combates o de muertos. Las
únicas imágenes que se suministran de primera línea del
frente, parten de los propios carros de combate o de los
aviones aliados, planos en blanco y negro o con el color
verdoso de las cámaras nocturnas que convertían la
realidad de la guerra en imágenes propias de un
videojuego, dónde todas las bombas eran inteligentes y
los bombardeos quirúrgicos. No había sangre, no había
muertos. Los periodistas independientes, asistían como
espectadores desde países limítrofes, recibiendo el
conjunto de la población mundial, las informaciones que
el mando estadounidense elegía. El control militar de la
información fue prácticamente total.
Después de los sucesos del 11 de septiembre y con el
enunciado de "Guerra Global contra el Terror" comienzan
las invasiones de Afganistán e Iraq, pero está vez en un
escenario totalmente diferente al de la primera Guerra
del Golfo, tanto por la irrupción de cadenas árabes como
al-Jazeera
o al-Arabiya,
como por la competencia de otros medios independientes,
sobre todo de procedencia europea. Es en la invasión de
Afganistán, dónde
comienzan los problemas con
al-Jazeera,
llegando los militares estadounidenses a bombardear y
destruir la sede de la cadena en Kabul. A día de hoy
sigue sin haber una investigación independiente y con
garantías de este suceso.
En el
diseño de la campaña de Iraq y bajo la dirección de
Victoria Clark, se resucita una vieja figura que se
empleó poco en Vietnam, se retomo tímidamente en 1991,
y a la que se dedican todos los esfuerzos y
cientos de millones de dólares. Esta figura no es otra
que la del periodista “empotrado” o “encamado” (embebed),
profesionales de los medios que viajan con las tropas e
informan desde dentro de las unidades militares. Estos
profesionales reciben al igual que hablábamos
anteriormente, un control militar total, ya que es el
propio ejercito el que decide lo que pueden o no pueden
ver al diseñar su propio viaje, condicionando la
información en la dirección que pretenden. Por no hablar
de una especie de “Síndrome de Estocolmo” que lleva a
algunos periodistas, por la convivencia en
circunstancias duras, a identificarse en exceso con los
propios militares.
Desde antes del inicio de la invasión y ya durante toda
la campaña, tanto el Pentágono cómo los gobiernos
aliados en esta agresión, se encargan de pregonar a los
cuatro vientos, que solo los periodistas empotrados
recibirán protección y seguridad, aconsejando a los
demás periodistas que cubren la guerra desde el interior
de Iraq, que abandonen al país.
Cerca
de 700 periodistas viajan encamados con las tropas
angloamericanas en esta invasión. Por la otra parte y
sin hacer caso de las sutiles advertencias del
Pentágono, que desgraciadamente luego se
materializarían, cientos de periodistas independientes
acuden a Bagdad para cubrir la guerra desde el interior
del país, en un fenómeno inédito en la historia moderna
por su extensión. La cantidad de periodistas y
diversidad de medios echa por tierra el diseño que Clark
y el Pentágono habían previsto del control informativo
de la guerra de Iraq, que solo pueden mantener en
Estados Unidos por el impacto post-11 de septiembre y
debido sobre todo a la complicidad y auto censura de la
mayoría de los medios de este país.
Frente
a una pretendida guerra aséptica y quirúrgica que el
Pentágono pretende vender, nos encontramos con imágenes
que nos muestran la crudeza de los bombardeos, la sucia
realidad de la guerra y su impacto terrible en la
población civil. La
repetición de imágenes con decenas de muertos civiles
empieza a preocupar en Washington y más si cabe ante la
previsible carnicería que preveían podría desarrollarse
en la toma de Bagdad si los bagdadíes oponían una
defensa numantina, que los cientos de periodistas, como
testigos de excepción podrían mostrar al mundo. Este
factor, unido a la emisión de imágenes en directo en el
momento de la entrada a Bagdad, motiva el ataque
coordinado contra toda la prensa internacional
independiente el 8 de abril y marca el inicio del cerco
mediático al que a día de hoy, está sometido el pueblo
de Iraq.
Podemos establecer un círculo imaginario, que comienza
el 8 de abril de 2003 y se cierra en el segundo asalto a
Faluya en noviembre de 2004, del que curiosamente no nos
llega ya ninguna información independiente, pues todas
las noticias generadas parten de los periodistas
encamados o del propio ejército estadounidense.
A esta situación de opacidad total se ha llegado por
medio de asesinatos y secuestros de profesionales de la
información. Más de cien periodistas han sido
asesinados, 109 de ellos de nacionalidad iraquí, y 33
han sido secuestrados, la mayoría de ellos por oscuras
tramas que no han sido suficientemente investigadas.
Las únicas informaciones que salen hoy de Iraq, parten
de tres fuentes:
1.
Grandes agencias, con sedes bunquerizadas
y rodeadas de un enjambre de guardaespaldas, que
utilizan los partes del Pentágono como base de sus
informaciones y cuyos intereses empresariales, en la
mayoría de los casos van de la mano de los responsables
de esta invasión y posterior ocupación.
2.
Periodistas “encamados”, que marchan junto a las
tropas de ocupación y acaban siendo su amplificador.
3.
Periodistas independientes, que debido a los
asesinatos y secuestros, no pueden realizar su trabajo
más que en la cercanía de los hoteles dónde se alojan.
El resultado de este negro panorama, es una visión
absolutamente parcial de la realidad iraquí, a la que
podemos calificar de cerco mediático, donde los
ocupantes logran controlar la visión general que nos
llega, con el objetivo claro de deshumanizar a la
población, tildándola de fanática y sectaria,
caracterizando a la Resistencia legítima como
terrorista, impidiendo de facto cualquier simpatía que
pudiese derivar en solidaridad activa. Y al mismo tiempo
ocultando todo lo posible, los crímenes de guerra, las
torturas, el uso de armas prohibidas e incluso el
empantanamiento político y militar en que se encuentran
las propias fuerzas de ocupación y sus aliados sobre el
terreno.
Vamos a dar un par de ejemplos que demuestran que la
información que sale hoy de Iraq, está absolutamente
controlada por los ocupantes, pues noticias contrastadas
y con fuentes fiables que deberían incluso copar las
portadas, son condenadas al agujero informativo,
publicitando solo aquellas que encajan en los objetivos
de los ocupantes:
Nos vamos a una fuente supuestamente fiable para todos
los medios occidentales, el Pentágono, por boca de su
departamento de defensa que en enero de 2006 nos da los
datos de acciones militares en Iraq en el años 2005.
Según esta fuente, se produjeron 34.131 acciones
violentas, es decir más de 100 al día y de este total
sólo el 1% correspondió a acciones cometidas con coches
bomba o suicidas.
Pregúntense ahora ¿Qué es lo que sale continuamente en
primera página de cualquier información sobre Iraq? Lo
han adivinado; Coches bomba y suicidas ¿Qué pasa con el
99% de acciones restantes? Quizás debiéramos
preguntárselo a quien decide que es lo que se debe
informar y lo que no.
Otra
muestra, esta vez sobre las victimas. La prensa y el
propio Bush repiten constantemente la cifra de 30.000
victimas civiles en esta invasión y posterior ocupación,
cifra sacada de un informe elaborado por la ONG, Iraq
Body Count, cuya elaboración no resiste el mínimo
criterio científico al cuantificar una víctima, solo
cuando sale recogida en dos medios británicos. Por el
contrario tanto Bush como la mayoría de los medios,
obvian el informe realizado por un equipo de
epidemiólogos de la Universidad Hoskins de Baltimore
(EEUU), dirigido por Les Roberts, que en un estudio
sobre el terreno y con todas las garantías científicas
dictaminó, que en los 18 meses posteriores a la invasión
y excluyendo la provincia de al-Ambar por ser
estadísticamente anómala por los asaltos a Faluya,
concluye que al menos 98.000 civiles han muerto como
resultado directo de la violencia generada en esta
invasión, que el 80% de estas muertes cabe achacarlas a
las fuerzas de la coalición por el uso cotidiano de
bombardeos indiscriminados y que casi la mitad de estas
victimas, el 48%, corresponde a niños y niñas con una
edad media de 8 años. Preguntémonos otra vez, cual es el
interés de esta prensa al minimizar las victimas civiles
producidas por las fuerzas de ocupación.
Queda
claro que para obtener información veraz de lo que hoy
pasa en Iraq, debemos irnos casi obligatoriamente a
Internet y al trabajo que periodistas independientes,
colectivos de solidaridad o fuentes de las
organizaciones civiles iraquíes realizan, y que tratan
con su esfuerzo de romper el bloqueo informativo al que
está sometido este pueblo.
Aprovecho está ocasión para animar a los medios
alternativos y a las organizaciones políticas del mundo
entero a no dejar a su suerte a este pueblo que hoy
sufre pero a la vez enfrenta, una de las agresiones más
bestiales de nuestra historia reciente.
Javier Couso Permuy,
hermano de José Couso Permuy, periodista asesinado en
Bagdad por tropas estadounidenses.
Miembro del colectivo Hermanos, Amigos y Compañeros de
José Couso (HAC) y partcipante de la Campaña Estatal
contra la Ocupación y por la Soberanía de Iraq (CEOSI). |