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Juan Pablo Miranda: llegando a la centuria
Bladimir Zamora Céspedes | La Habana


Hay que estar en perpetua vigilia con las fechas de nuestros músicos. Al menor descuido pasa por debajo de la mesa un importante aniversario. La entrañable Marta Valdés me ha advertido que en poco tiempo se cumplirá el centenario del nacimiento de Juan Pablo Miranda y creo justo advertir a los muchos interesados posibles, para cuando llegue la hora le celebremos cualquier cantidad de cumpleaños.

Gracias a Enrique Miranda Echarry –su hijo–, he podido saber que aunque Juan Pablo nació el 15 de octubre de 1906 en el capitalino barrio de El Vedado, su niñez transcurrió en una finca rural que su familia tenía en el pueblo habanero de Jaruco.

Aunque en plena adolescencia sus padres lo emplearon como aprendiz de carpintería,  muy pronto un hecho inesperado lo colocaría para el resto de su vida en los quehaceres de la música.

Un día entró a una sala de cine de su barrio natal, en aquel tiempo en que todavía las películas eran silentes, y en el vestíbulo se encontró una orquesta integrada por músicos muy viejos, a excepción del flautista que era jovencísimo.

Juan Pablo quedó maravillado al ver desempeñarse con la flauta a alguien que era prácticamente un niño. A tal punto que no le interesaba ya entrar a la proyección de la cinta. De regreso a su casa le confesó a la madre que quería ser músico y en particular flautista. Entonces ella le compró textos con métodos de flauta y de solfeo y lo puso a estudiar con el profesor Miguel Junco, allá por la década del 20. Años después  se produce su debut público tocando la flauta en la orquesta  del cabaret Casino de La Lisa.

Desde comienzos de los años 30 se mantiene tocando, aunque la situación  del país en todos los órdenes le impiden experimentar estabilidad en su profesión. Inicialmente tuvo su propia orquesta, que llevaba su nombre y tocaban en cualquier sitio posible. El pianista de esa agrupación era nada menos que Silvio Contreras, el autor del afamado danzón  “Ya está el café”.

Juan Pablo puso su flauta también en otras agrupaciones como la orquesta de Ismael Díaz y la López-Barroso, lo que le permite precisamente trabar amistad con el cantante Abelardo Barroso. Durante la década del 40 labora en la orquesta de Everardo Ordaz y en la Maravillas del siglo. También trabajó con Joseíto Fernández.

Ya en la década del 50, en pleno auge del chachachá, integra la connotada charanga Sensación. Con ella participa en la grabación de varios discos y en 1957 viaja a los carnavales de Venezuela. Más tarde es el flautista de la orquesta Riviera, que ameniza las cenas del Cabaret Tropicana. A la muerte de su director Alfaro Pérez, toca la flauta y se encarga de la batuta de la orquesta danzonera Siglo XX hasta su jubilación a principio de los años 80. Aún así dedicó sus últimos años, ya con serias afectaciones de la vista, a enseñar a tocar su instrumento preferido a interesados jóvenes.

Además de su reconocido quehacer como director de orquesta y flautista, Juan Pablo Miranda es uno de los más grandes compositores de boleros nuestros. Aunque el primero de ellos, “Perversa ingratitud” data de 1932, no es hasta 1950 que empiezan a sucederse títulos que muy poco después integrarían el repertorio de importantes intérpretes: “Mil congojas”, “Qué difícil”, “Seguiré sin ti”, “Algo de ti, Retazos de dolor”…

Entre los cantantes que nos han acercado a los boleros de Miranda están Fernando Collazo, Miguelito Cuní, Rolando Laserie, Paulina Álvarez, Celio González y Elena Burke.  

Aunque en pocos días se cumplen 20 años de su muerte, ocurrida el 20 de junio de 1986, la propia inmortalidad de sus boleros nos impulsa hacia delante, a gozar del jubileo por el centenario de aquel muchacho que descubrió la flauta en manos de un semejante, en un cine de El Vedado, y nunca más se ha querido separar de ella.

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