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En los albores del viaje
El sábado 29 de diciembre de 1951, es distinto para los
Granado Jiménez, el ajetreo no es el normal. Desde bien
temprano los hermanos y Ernesto dan los toques finales
al viaje. Luego de un opíparo almuerzo, colocan en la
moto todo lo que han considerado necesario para el raid
según el listado que han hecho, más el equipaje de Mial;
el de Ernesto lo acomodarán en Buenos Aires. Algunos
vecinos, la mayoría muchachos que conocen lo que se
proponen los "locos", se han concentrado alrededor de la
máquina que, poco a poco, va perdiendo su figura parecer
un animal prehistórico, a decir de Mial. Para otros, en
cambio, parece un carro de cirqueros. Acomodados los
paquetes, Tomás tira unas fotos. Se nota que la madre
hace un esfuerzo porque las lágrimas no broten, en tanto
el viejo, aunque opuesto a la aventura, no es remiso a
darles un fuerte abrazo. Todos están emocionados.
INICIO DEL VIAJE. PELIGRO DE MUERTE
Alberto enciende el motor, acelera y la Poderosa II sale
rauda con sus felices pasajeros, atrás quedan los
familiares y amigos que gritan palabras de despedida.
Vencidos los primeros metros desde Roma 535 y cerca de
la esquina, Ernesto se vira para responder a las
muestras de cariño, pero lo hace tan bruscamente que
Alberto pierde el control en el mismo instante en que un
tranvía, en dirección contraria, hace el giro para
entrar en esa propia calle, bloqueando la vía.
El choque es inminente, gritos de espanto de los
congregados se escuchan a sus espaldas, Mial abre los
ojos desmesuradamente, el tranvía crece por instantes a
su vista, pero más por reflejo condicionado de
autodefensa, que por deducción, a la indispensable
distancia, gira el timón y acelera, lo que evita que se
estrellen contra la mole de hierro. Fuser, se agarra
fuertemente para no caer y le grita que se detenga, pero
él no hace caso. Por fin, cuando están bastante lejos de
la casa y fuera de su vista, detiene la marcha.
--¡Mial de mierda, me he tenido que agarrar como
un pulpo para que no me dejaras tirado en la calle! El
nerviosismo de Alberto hace que le diera por reírse
escandalosamente, cuando deja de reír, le responde:
--Mira, Fuser, si después de ese percance me detengo tan
cerca de la casa, nos hubieran soldado como con cemento
para que no siguiéramos (...) (1)
Ajustan bien la carga y de nuevo emprenden el camino. El
exceso de peso no les permite una velocidad mayor,
situación que empieza a preocuparlos. A buena distancia
de Ballestero, un bache hace que caigan al suelo, sólo
sufre daño el acumulador; no tendrán luz y sin ella no
deben continuar. Duermen en el portal de un rancho.
Temprano, el 30 viajan a Rosario. Aquí comparten un buen
rato con unas bonitas primas segundas de Mial, quien
anotó: "Fuser no dejó de impresionar, tanto por su
inteligencia como por su presencia física."
El 31 de diciembre detienen la Poderosa II, frente al
2108 de la calle Araoz, el ruido de la moto hace que la
familia de Ernesto se asome al balcón. En la noche,
rodeados de los motivos navideños y de la familia
Guevara de la Serna y otros invitados, disfrutan de la
cena de fin de año: pavo trufado, ensalada de lechuga y
tomate, y un crelicar (ensalada de fruta con vino),
bebidas y dulces tradicionales. Reina la alegría aunque
no faltan algunas burlas en relación con el cacareado
viaje, las que llegan a los oídos de los radistas,
quienes se ríen de sus críticos. "Sólo la mamá de
Fuser no dijo nada negativo, y se limitó a decirme: 'A
vos, Alberto, que sos el mayor, te lo digo: trata de que
Ernesto vuelva a recibirse de médico. Un titulo nunca
estorba'."
Antes de partir se dedican a buscar las visas y cartas
de recomendación para personas residentes en los países
que piensan visitar, precisar detalles del raid,
arreglar el acumulador, así como procurar alguna que
otra contribución económica. Por fin, el sábado 4 de
enero de 1952 reinician su ansiado viaje. La carga, ha
aumentado con los paquetes de Ernesto y otros artículos
que sus familiares consideran necesarios, entre ellos un
revólver calibre 38, que le da el padre, para casos de
peligro. Si la Poderosa II hablara, de seguro se
quejaría.
El ruido del motor invade la cuadra y tras los últimos
besos y abrazos los familiares se alejan por Araoz y
Alvear, desembocando en la Avenida General Paz para
salir a la carretera de Mar del Plata. Las calles y
vidrieras comerciales están atestadas de juguetes y
adornadas en espera los "Reyes Magos" Gaspar, Melchor y
Baltasar, grandes muñecos con barbas blancas reproducen
al “Papá Noel” sajón.
En su recorrido pasan por los hermosos Bosques de
Palermo, donde radican varios vendedores de animales.
Ernesto compra un perrito, con pinta de pastor alemán,
es un regalo para Chichina, lo nombra Come-back,
cuando su amigo le pregunta que quiere decir, él le
responde:
--Regresar, volver...
--¡Ah, comprendo! para que Chichina tenga
presente que regresarás por ella, ¿no...?
Ruedan hacia Mar del Plata, pero la lluvia los obliga a
guarecerse en una lechería, mojados de pies a cabeza.
Pasado el temporal vuelven a la carretera por el tramo
de tierra, convertido en un fanguizal por el agua, lo
que provoca un patinazo que los riega por el lodo.
Enfangados se incorporan, Mial con un ligero
rasguño en la nariz, Fuser ileso y la moto con
el farol delantero roto.
Avanzada la noche, acuden a la primera garita de
policía, y con el pretexto del farol roto --pretexto que
le será muy útil para obtener albergue a lo largo del
recorrido-- solicitan pasar la noche. Matean y se
introducen en sus bolsos de dormir. El 5 de enero siguen
el viaje, pernoctando en otra garita de policía.
Villa Gesel. Llegan la noche del 6 de enero,
Ernesto anotó: “La luna llena se recorta sobre el mar
y cubre de reflejos plateados las olas (...) para mi fue
siempre el mar un confidente, un amigo que absorbe todo
lo que le cuentan sin revelar jamás el secreto confiado
y que da el mejor de los consejos: un ruido cuyo
significado cada uno interpreta como puede; para Alberto
es un espectáculo nuevo que le causa turbación extraña
cuyos reflejos se perciben en la mirada atenta con que
sigue el desarrollo de cada una de las olas que van a
morir en la playa.
Frisando los treinta años Alberto descubre el océano
Atlántico y siente en ese momento la trascendencia del
descubrimiento que le abre infinitas vías hacia todos
los puntos del globo. El viento fresco llena los
sentidos del ambiente marino, todo se transforma ante su
contacto, hasta el mismo Come-back mira, con su extraño
hociquito estirado, la cinta plateada que se desenrosca
ante su vista varias veces por minutos. Come-back es un
símbolo y un sobreviviente; símbolo de los lazos que
exigen mi retorno, sobreviviente a su propia desdicha, a
dos caídas en la moto en que voló encerrado en su bolsa,
al pisotón de un caballo que lo 'descangalló´ y a una
diarrea pertinaz".
(2)
Poco después de esta reflexión se dirigen a la casa de
los Castro Guevara. Aunque están llenos de churre, son
recibidos con cariño. Luego de un buen baño y de corner,
se van a dar un paseo por la ciudad y la playa. Continúa
Ernesto:
“Estamos en Villa Gesel al norte del Mar del Plata en
la casa de un tío que nos brinda su hospitalidad y
sacamos cuenta sobre los 1200 kilómetros recorridos, los
más fáciles, y sin embargo, los que ya nos hacen ver con
respeto la distancia. No sabemos si llegaremos o no,
pero evidentemente nos costará mucho, esa es la
impresión. Alberto se ríe de los planes de viaje que
tenia minuciosamente detallados y según los cuales
estaríamos ya cerca de la meta final cuando en realidad
en recién empezamos.
Salimos de Gesel con una buena provisión de legumbres
y carne envasada que 'donó', mi tío. Nos dijo que si
llegábamos a Bariloche tegrafiáramos, que jugaba
(jugaría) el número del telegrama a la lotería, nos
parece exagerado. Sin embargo, otros dijeron que la moto
es un buen pretexto para hacer footing, etc., tenemos la
firme decisión de probar lo contrario, pero un natural
recelo nos inhibe y hasta nos callamos nuestra mutua
confianza". (3)
Van por el camino de la costa, con nuevas caídas sin
males mayores. Compran carne para ellos y leche para el
perrito, la que no toma "(...) me empieza a preocupar
el animalito más como materia viviente que los 70
´mangos' que me hicieron largar. El asado resulta de
yegua, la carne es sumamente dulce y no la podemos
corner (…) El perro se la comió (…) (4)
"En Mar del Plata habíamos visitado un médico amigo de
Alberto --escribió Ernesto-- que se había afiliado al
partido con todo el cortejo consecuencias; este otro
permanecía fiel al suyo --el radical--, y sin embargo,
estábamos tan lejanos de uno como de otro. El
radicalismo, que para mi nunca había tenido importancia
como posición política, perdía toda significación para
Alberto que en un tiempo fue amigo de algunas figuras a
quienes respetaba (...) (5)
"En medio del tumulto que forman las admiradoras de
Come-back, entro, aquí en Miramar (en la mañana del 7 de
enero), en un paréntesis amoroso --¡Qué perrito tan
lindo! Exclama Chichina.
--Es para ti. Le expresa Ernesto, al tiempo que le
entrega el animalito. Ella comienza a acariciarlo y le
pregunta. --Cómo se llama?
--¡Come-back! Para que tengas presente que eso es lo que
haré.
Más tarde todos, incluyendo a su hermana Ana Maria van a
la playa. Los raiditas no aceptan pernoctar en las
casas, arman la carpa detrás la de Chichina.
Pasan unos días de maravilla, metidos en el agua desde
por la mañana, las comidas las alternan entre la casa de
los tíos y la de la novia, o en cafeterías. Por las
noches van de paseo, al cine, bailar o “probar suerte"
en la ruleta, pero las veces que lo hacen, pierden.
Alberto tiene como pareja a Ana Maria y ambos la pasan
de lo mejor. A decir de éste, establecen muchas
relaciones, en su mayoría gente adinerada de ideología
oligárquica y burguesa de "comportamiento frívolo y
cabeza ahuecada", con el solo propósito de su
disfrute, sin interesarles para nada los problemas
sociales.
Con relación a sus compañeras aclara que "no se
parecen en nada al grupo con el que comparten".
Como es de suponer, se habla de variados temas. De
todos ellos, la socialización de la medicina en
Inglaterra adquiere matiz más profundo. Mial
plasma en su diario: "Yo estaba a unos metros del
grupo que discutía y no podía dejar de sentir el cariño
y la admiración que siempre le he profesado al Pelao. En
primer lugar, él ha nacido y se ha criado en el mismo
medio social de sus interlocutores y, sin embargo, su
sensibilidad no ha sido embotada por los conceptos de su
clase. Y no sólo eso, sino que combate todo lo aceptado
como natural por ellos.
Oyendo sus sólidos argumentos y las mordaces frases con
que desbarataba las débiles réplicas que le hacían, no
puedo menos que pensar: -Este Pelao cada día me muestra
una faceta nueva. Hay que ver con qué calidad y
profundidad expone hoy estos mismos temas que tantas
veces hemos tocado, cuando todos los contrincantes
fueron vencidos en la discusión, Fuser se dirigió a mí y
agarrando a Come-back, me dijo:
--Vamos Petizo, dejemos a estos pitucos y vamos a
bañar el perro. Y corriendo por la arena nos alejamos
del grupo, que se quedó comentando y tal vez hasta
admirando al Pelao. Es así, yo siempre lo digo: A
Ernesto hay que odiarlo o admirarlo, pero es imposible
ignorarlo".
Reitera su posición progresista, pero desde el plano
teórico. Antes de continuar viaje le hace una corta
misiva sin fecha a Beatriz:
--“Mi muy querida y adorada tía:
"No te hablé a la salida por muchas e importantes
razones, entre las que se destaca la que me olvidé. Pero
consecuente con el amor que te profeso desde 25 años
atrás me acuerdo de ti en la hora triste del año más.
Estoy en Miramar en compañía de mi muy adorada cara
mitad acampado en un baldío. La entrada en la
aristocrática ciudad balneario fue sensacional, con unos
cuantos regios de tortazos viajes alrededor del mundo y
un perro mascota que fue la nota alegre (...) Esto con
Iápiz te lo escribo después de una lluvia torrencial que
puso a prueba mi cojonada de reacción ya que nos mojó
los tuétanos".
(7)
1 Alberto Granado: Con el Che por
Sudamérica, pp. 18-19.
2 Ernesto Che Guevara: Notas de viaje, p. 19.
3 Ibídem, p. 19.
4 Ibídem, p. 20.
5 Ibídem, p. 23.
6 Ibídem, p. 20.
7 Oficina Asuntos Históricos del Consejo de Estado. |