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2006

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ERNESTO “CHE” GUEVARA (XVI parte)
Primer recorrido por América
William Gálvez
La Habana


En los albores del viaje

El sábado 29 de diciembre de 1951, es distinto para los Granado Jiménez, el ajetreo no es el normal. Desde bien temprano los hermanos y Ernesto dan los toques finales al viaje. Luego de un opíparo almuerzo, colocan en la moto todo lo que han considerado necesario para el raid según el listado que han hecho, más el equipaje de Mial; el de Ernesto lo acomodarán en Buenos Aires. Algunos vecinos, la mayoría muchachos que conocen lo que se proponen los "locos", se han concentrado alrededor de la máquina que, poco a poco, va perdiendo su figura parecer un animal prehistórico, a decir de Mial. Para otros, en cambio, parece un carro de cirqueros. Acomodados los paquetes, Tomás tira unas fotos. Se nota que la madre hace un esfuerzo porque las lágrimas no broten, en tanto el viejo, aunque opuesto a la aventura, no es remiso a darles un fuerte abrazo. Todos están emocionados.

INICIO DEL VIAJE. PELIGRO DE MUERTE

Alberto enciende el motor, acelera y la Poderosa II sale rauda con sus felices pasajeros, atrás quedan los familiares y amigos que gritan palabras de despedida. Vencidos los primeros metros desde Roma 535 y cerca de la esquina, Ernesto se vira para responder a las muestras de cariño, pero lo hace tan  bruscamente que Alberto pierde el control en el mismo instante en que un tranvía, en dirección contraria, hace el giro para entrar en esa propia calle, bloqueando la vía.

El choque es inminente, gritos de espanto de los congregados se escuchan a sus espaldas, Mial abre los ojos desmesuradamente, el tranvía crece por instantes a su vista, pero más por reflejo condicionado de autodefensa, que por deducción, a la indispensable distancia, gira el timón y acelera, lo que evita que se estrellen contra la mole de hierro. Fuser, se agarra fuertemente para no caer y le grita que se detenga, pero él no hace caso. Por fin, cuando están bastante lejos de la casa y fuera de su vista, detiene la marcha.

--¡Mial de mierda, me he tenido que agarrar como un pulpo para que no me dejaras tirado en la calle! El nerviosismo de Alberto hace que le diera por reírse escandalosamente, cuando deja de reír, le responde:

--Mira, Fuser, si después de ese percance me detengo tan cerca de la casa, nos hubieran soldado como con cemento para que no siguiéramos (...) (1)

Ajustan bien la carga y de nuevo emprenden el camino. El exceso de peso no les permite una velocidad mayor, situación que empieza a preocuparlos. A buena distancia de Ballestero, un bache hace que caigan al suelo, sólo sufre daño el acumulador; no tendrán luz y sin ella no deben continuar. Duermen en el portal de un rancho. Temprano, el 30 viajan a Rosario. Aquí comparten un buen rato con unas bonitas primas segundas de Mial, quien anotó: "Fuser no dejó de impresionar, tanto por su inteligencia como por su presencia física."

El 31 de diciembre detienen la Poderosa II, frente al 2108 de la calle Araoz, el ruido de la moto hace que la familia de Ernesto se asome al balcón. En la noche, rodeados de los motivos navideños y de la familia Guevara de la Serna y otros invitados, disfrutan de la cena de fin de año: pavo trufado, ensalada de lechuga y tomate, y un crelicar (ensalada de fruta con vino), bebidas y dulces tradicionales. Reina la alegría aunque no faltan algunas burlas en relación con el cacareado viaje, las que llegan a los oídos de los radistas, quienes se ríen de sus críticos. "Sólo la mamá de Fuser no dijo nada negativo, y se limitó a decirme: 'A vos, Alberto, que sos el mayor, te lo digo: trata de que Ernesto vuelva a recibirse de médico. Un titulo nunca estorba'."

Antes de partir se dedican a buscar las visas y cartas de recomendación para personas residentes en los países que piensan visitar, precisar detalles del raid, arreglar el acumulador, así como procurar alguna que otra contribución económica. Por fin, el sábado 4 de enero de 1952 reinician su ansiado viaje. La carga, ha aumentado con los paquetes de Ernesto y otros artículos que sus familiares consideran necesarios, entre ellos un revólver calibre 38, que le da el padre, para casos de peligro. Si la Poderosa II hablara, de seguro se quejaría.

El ruido del motor invade la cuadra y tras los últimos besos y abrazos los familiares se alejan por Araoz y Alvear, desembocando en la Avenida General Paz para salir a la carretera de Mar del Plata. Las calles y vidrieras comerciales están atestadas de juguetes y adornadas en espera los "Reyes Magos" Gaspar, Melchor y Baltasar, grandes muñecos con barbas blancas reproducen al “Papá Noel” sajón.

En su recorrido pasan por los hermosos Bosques de Palermo, donde radican varios vendedores de animales. Ernesto compra un perrito, con pinta de pastor alemán, es un regalo para Chichina, lo nombra Come-back, cuando su amigo le pregunta que quiere decir, él le responde:

--Regresar, volver...

--¡Ah, comprendo! para que Chichina tenga presente que regresarás por ella, ¿no...?

Ruedan hacia Mar del Plata, pero la lluvia los obliga a guarecerse en una lechería, mojados de pies a cabeza. Pasado el temporal vuelven a la carretera por el tramo de tierra, convertido en un fanguizal por el agua, lo que provoca un patinazo que los riega por el lodo. Enfangados se incorporan, Mial con un ligero rasguño en la nariz, Fuser  ileso y la moto con el farol delantero roto.

Avanzada la noche, acuden a la primera garita de policía, y con el pretexto del farol roto --pretexto que le será muy útil para obtener albergue a lo largo del recorrido-- solicitan pasar la noche. Matean y se introducen en sus bolsos de dormir. El 5 de enero siguen el viaje, pernoctando en otra garita de policía.

Villa Gesel. Llegan la noche del 6 de enero, Ernesto anotó: “La luna llena se recorta sobre el mar y cubre de reflejos plateados las olas (...) para mi fue siempre el mar un confidente, un amigo que absorbe todo lo que le cuentan sin revelar jamás el secreto confiado y que da el mejor de los consejos: un ruido cuyo significado cada uno interpreta como puede; para Alberto es un espectáculo nuevo que le causa turbación extraña cuyos reflejos se perciben en la mirada atenta con que sigue el desarrollo de cada una de las olas que van a morir en la playa.

Frisando los treinta años Alberto descubre el océano Atlántico y siente en ese momento la trascendencia del descubrimiento que le abre infinitas vías hacia todos los puntos del globo. El viento fresco llena los sentidos del ambiente marino, todo se transforma ante su contacto, hasta el mismo Come-back mira, con su extraño hociquito estirado, la cinta plateada que se desenrosca ante su vista varias veces por minutos. Come-back es un símbolo y un sobreviviente; símbolo de los lazos que exigen mi retorno, sobreviviente a su propia desdicha, a dos caídas en la moto en que voló encerrado en su bolsa, al pisotón de un caballo que lo 'descangalló´ y a una diarrea pertinaz". (2)

Poco después de esta reflexión se dirigen a la casa de los Castro Guevara. Aunque están llenos de churre, son recibidos con cariño. Luego de un buen baño y de corner, se van a dar un paseo por la ciudad y la playa. Continúa Ernesto:

Estamos en Villa Gesel al norte del Mar del Plata en la casa de un tío que nos brinda su hospitalidad y sacamos cuenta sobre los 1200 kilómetros recorridos, los más fáciles, y sin embargo, los que ya nos hacen ver con respeto la distancia. No sabemos si llegaremos o no, pero evidentemente nos costará mucho, esa es la impresión. Alberto se ríe de los planes de viaje que tenia minuciosamente detallados y según los cuales estaríamos ya cerca de la meta final cuando en realidad en recién empezamos.

Salimos de Gesel con una buena provisión de legumbres y carne envasada que 'donó', mi tío. Nos dijo que si llegábamos a Bariloche tegrafiáramos, que jugaba (jugaría) el número del telegrama a la lotería, nos parece exagerado. Sin embargo, otros dijeron que la moto es un buen pretexto para hacer footing, etc., tenemos la firme decisión de probar lo contrario, pero un natural recelo nos inhibe y hasta nos callamos nuestra mutua confianza". (3)

Van por el camino de la costa, con nuevas caídas sin males mayores. Compran carne para ellos y leche para el perrito, la que no toma "(...) me empieza a preocupar el animalito más como materia viviente que los 70 ´mangos' que me hicieron largar. El asado resulta de yegua, la carne es sumamente dulce y no la podemos corner (…) El perro se la comió (…) (4)

"En Mar del Plata habíamos visitado un médico amigo de Alberto --escribió Ernesto-- que se había afiliado al partido con todo el cortejo consecuencias; este otro permanecía fiel al suyo --el radical--, y sin embargo, estábamos tan lejanos de uno como de otro. El radicalismo, que para mi nunca había tenido importancia como posición política, perdía toda significación para Alberto que en un tiempo fue amigo de algunas figuras a quienes respetaba (...) (5)

"En medio del tumulto que forman las admiradoras de Come-back, entro, aquí en Miramar (en la mañana del 7 de enero), en un paréntesis amoroso --¡Qué perrito tan lindo! Exclama Chichina.

--Es para ti. Le expresa Ernesto, al tiempo que le entrega el animalito. Ella comienza a acariciarlo y le pregunta. --Cómo se llama?

--¡Come-back! Para que tengas presente que eso es lo que haré.

Más tarde todos, incluyendo a su hermana Ana Maria van a la playa. Los raiditas no aceptan pernoctar en las casas, arman la carpa detrás la de Chichina. Pasan unos días de maravilla, metidos en el agua desde por la mañana, las comidas las alternan entre la casa de los tíos y la de la novia, o en cafeterías. Por las noches van de paseo, al cine, bailar o “probar suerte" en la ruleta, pero las veces que lo hacen, pierden. Alberto tiene como pareja a Ana Maria y ambos la pasan de lo mejor. A decir de éste, establecen muchas relaciones, en su mayoría gente adinerada de ideología oligárquica y burguesa de "comportamiento frívolo y cabeza ahuecada", con el solo propósito de su disfrute, sin interesarles para nada los problemas sociales.

Con relación a sus compañeras aclara que "no se parecen en nada al grupo con el que comparten".  Como es de suponer, se habla de variados temas. De todos ellos, la socialización de la medicina en Inglaterra adquiere matiz más profundo. Mial plasma en su diario: "Yo estaba a unos metros del grupo que discutía y no podía dejar de sentir el cariño y la admiración que siempre le he profesado al Pelao. En primer lugar, él ha nacido y se ha criado en el mismo medio social de sus interlocutores y, sin embargo, su sensibilidad no ha sido embotada por los conceptos de su clase. Y no sólo eso, sino que combate todo lo aceptado como natural por ellos.

Oyendo sus sólidos argumentos y las mordaces frases con que desbarataba las débiles réplicas que le hacían, no puedo menos que pensar: -Este Pelao cada día me muestra una faceta nueva. Hay que ver con qué calidad y profundidad expone hoy estos mismos temas que tantas veces hemos tocado, cuando todos los contrincantes fueron vencidos en la discusión, Fuser se dirigió a mí y agarrando a Come-back, me dijo:

--Vamos Petizo, dejemos a estos pitucos y vamos a bañar el perro. Y corriendo por la arena nos alejamos del grupo, que se quedó comentando y tal vez hasta admirando al Pelao. Es así, yo siempre lo digo: A Ernesto hay que odiarlo o admirarlo, pero es imposible ignorarlo".

Reitera su posición progresista, pero desde el plano teórico. Antes de continuar viaje le hace una corta misiva sin fecha a Beatriz:

--“Mi muy querida y adorada tía:

"No te hablé a la salida por muchas e importantes razones, entre las que se destaca la que me olvidé. Pero consecuente con el amor que te profeso desde 25 años atrás me acuerdo de ti en la hora triste del año más. Estoy en Miramar en compañía de mi muy adorada cara mitad acampado en un baldío. La entrada en la aristocrática ciudad balneario fue sensacional, con unos cuantos regios de tortazos viajes alrededor del mundo y un perro mascota que fue la nota alegre (...) Esto con Iápiz te lo escribo después de una lluvia torrencial que puso a prueba mi cojonada de reacción ya que nos mojó los tuétanos". (7)

1 Alberto Granado: Con el Che por Sudamérica, pp. 18-19.
2 Ernesto Che Guevara: Notas de viaje, p. 19.
3 Ibídem, p. 19.
4 Ibídem, p. 20.
5 Ibídem, p. 23.
6 Ibídem, p. 20.
7 Oficina Asuntos Históricos del Consejo de Estado.

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