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Rumberas
Sobre una rumba, otra rumba
Josefina Ortega
La Habana


A mitad del siglo XX tuvo su mayor esplendor un tipo de cine llamado “de rumberas” — sobre todo en Cuba y en México—, y que eran  musicales protagonizados por hermosas mujeres en situaciones exóticas de cabaret y del mundo del hampa,  en la que la rumba no podía faltar.

Muchas bailarinas, cantantes o actrices que lograban reunir con calidad suficiente las tres aptitudes anteriores —convertidas casi en las tres  virtudes aunque no precisamente teologales—, más que un  affaire con el cine de rumberas, tuvieron un amor apasionado, que  las dio a conocer,  las hicieron famosas y luego les permitió escoger vertientes más altas, artísticamente hablando.

Las mexicanas Lilia Prado,  Dolores del Río y la propia María Félix, y las cubanas Amalia Aguilar, Rosa Fornés, Rosa Carmina, Ninón Sevilla1 y María Antonieta Pons2, fueron algunos de los nombres más rutilantes, si bien no todas tuvieron la misma trascendencia. 
 

María Antonieta Pons. Nació el 11 de junio de 1922.
Debutó en el cine con Siboney, del director Juan Orol
y a lo largo de su vida actuó como protagonista
en más de veinte filmes en los que se desarrolló
el llamado cine de rumberas.

Tal debió haber sido la influencia, que algunas abuelitas todavía gustan de vestir a sus nietas con los “vestiditos atrevidos”, también llamado de “guaracheras”,  con cola tremolante y mangas floridas de lunares y detalles tropicales.

Entre los años 40 y 50 el éxito fue tanto que la competencia hizo que no pocas creyeran poseer las tres virtudes, y en realidad solo tenían una anatomía deslumbrante y un poco de gracia para moverla. A esta vertiente de rumbera se les llamaba exóticas. Si las primeras no llegaban a enseñar más allá del ombligo, las segundas trataban de ir más allá —siempre que la moralina de la censura lo permitiera—, pues  lo principal era moverse con sensualidad.

Juan Orol, en Cuba —aunque nacido en España—, y el Indio Fernández, en México, estuvieron entre los realizadores que  con más decoro estuvieron dedicados al tema de las rumberas, en una cinematografía casi siempre “variaciones sobre un mismo tema”,  con una hechura infame, salvable por la imagen de la propia rumbera,”, y  en un estilo que ahora en tiempos posmodernos y vanguardistas llaman “Camp”.

Teatro del crimen, Mulata,  La mujer de puerto, Yamba-O, Konga  roja, Pasiones tormentosas, La pasión de Isabela, eran los clásicos títulos de entonces, que hoy se siguen repitiendo —matices más o menos—  en las telenovelas de todo el continente.

En un trabajo sobre Ninón Sevilla, el narrador y ensayista Reynaldo González definió el cine de rumberas de los años 40 y 50  como “el emporio de las plumas, las lentejuelas, las maracas, los metales lanzados al vuelo y una perdurable comprensión del cabaret”.

Ninón Sevilla su verdadero nombre fue Emilia Olimpia Pérez Castellanos.
Nació en La Habana el 1ro. de noviembre de 1926.
Debutó en Carita de cielo (1946)
Fue una de las figuras centrales del cine de rumberas.

Meneos de caderas de hermosas mujeres caribeñas, sensuales y pecadoras, caracterizaron aquellos dramones fílmicos, que hicieron época.

En 1989, Ninón Sevilla, una de las grandes protagonistas del cine de rumberas, recordó en una entrevista:

 “Había mucho glamour a nuestro alrededor. Hasta la fecha encuentro hombres que comentan: ‘Ninón, ¡cómo usted me quitaba el sueño…! Y las señoras: ¡qué celos sentía!’ Solo puedo reír con esas cosas. Nos hacían ofertas matrimoniales, solo por la fama”. 

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