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En
el momento justo en que se funda el Instituto Cubano de
Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) en 1959, el
país contaba con un nutrido catálogo de noticiarios, y
otros trabajos propios del periodismo cinematográfico
que, si bien de manera intermitente, nunca dejó de
practicarse en Cuba (Cineperiódico,
Cine-Revista, NotiCuba, y otros). Algunos de
los técnicos y creadores de estos noticiarios
republicanos —se vincularon a estas labores Tomás
Gutiérrez Alea, José Tabío, Jorge Herrera, Jorge Haydú e
Iván Nápoles, entre otros— se convirtieron de inmediato
en fundadores del ICAIC. Muy pronto se reconoció que el
organismo, en su voluntad por acrecentar el
conocimiento, la cultura y la información de todos los
cubanos, debería encontrar el modo de crear un
noticiario que cumpliera con esos propósitos y cuyos
principios además coincidieran con la voluntad
transformadora de la Revolución, a todos los niveles.
Según las estudiosas del cine cubano Alicia García y
Sara Vega, en el texto El periodismo cinematográfico:
aventuras, peripecias y trascendencia, aparecido en
el segundo tomo de Coordenadas del cine cubano,
“el Noticiero ICAIC Latinoamericano se diferenció
mucho de todos los anteriores tanto formal como
conceptualmente. Reseñó la información visual bajo
nuevos preceptos y nunca incluyó anuncios comerciales.
(...) Su primera exhibición ocurrió el 6 de junio de
1960. Concebido para una frecuencia semanal, tenía
aproximadamente diez minutos de duración, y se
proyectaba antes del filme. (...) Dirigido en un inicio
por Alfredo Guevara, y posteriormente por Santiago
Álvarez, contó con experimentados técnicos como Arturo
Agramonte, Bebo Muñiz, Dervis Pastor y el locutor Julio
Batista, a quienes se les fueron sumando realizadores a
lo largo de sus treinta años de historia: Daniel Díaz
Torres, Fernando Pérez, Miguel Torres y Manuel Pérez,
entre otros. Luego, tres realizadores más, Lázaro Buría,
Francisco Puñal y José Padrón, se incorporaron al
equipo”.
El
Noticiero se estrenó, y no por casualidad, el mismo año
en que el gobierno interviene la compañía productora
Noticiario Noticolor, de Manuel Alonso, el mismo año
en que aparecía el primer número de la revista Cine
Cubano, (la más antigua en su perfil de
Latinoamérica) y el primer cartel cinematográfico,
diseñado por Eduardo Muñoz Bach, para el filme
Historias de la Revolución, primer largometraje de
ficción realizado por el ICAIC; el mismo año en que
llegaron a nuestro país los célebres documentalistas
Joris Ivens, de Holanda, y Román Karmen, de la URSS, con
el fin de asesorar a los jóvenes directores del
Instituto.
El
primer gran momento del Noticiero ocurrió cuando todavía
no había cumplido un año de creado. Varios cineastas del
ICAIC filmaron como corresponsales de guerra algunos
episodios vinculados a la invasión de Playa Girón. El
material fue procesado en el Noticiero y se convirtió en
el documental Muerte al invasor, firmado por
Tomás Gutiérrez Alea y Santiago Álvarez. A partir de
esta experiencia, no fueron excepcionales las ediciones
que por su valor visual y artístico, su trascendencia
política o cultural, sobrepasaban la categoría de
noticiario coyuntural y se transformaban en excelentes
cortometrajes documentales. Ese fue el origen también de
Hanoi, martes 13 (1966) testimonio de Santiago
Álvarez y el camarógrafo Iván Nápoles sobre un ataque
aéreo a la ciudad vietnamita.
Ejemplo de periodismo cabal, comprometido con su tiempo
y con su público, responsable e incisivo, crítico y
solidario, el Noticiero ICAIC Latinoamericano, en sus
muchas ediciones de los años 60, 70 y 80 lo mismo
empleaba el tono emotivo de la crónica, que la ironía y
el sarcasmo para burlarse de manquedades e
ineficiencias, que la entrevista que contrapuntea puntos
de vistas diversos. Hubo muchas ediciones célebres, que
hicieron llorar o reír a miles de cubanos. Tengo un
amigo que vio mil veces una edición de los años 60
porque se escuchaba a los Beatles, en una etapa en que
la radio nacional había decidido vetarlos.
Los hacedores del Noticiero se buscaron mil problemas
con funcionarios holgazanes, corruptos, indolentes. Son
memorables algunos realizados por los luego famosos
Fernando Pérez y Daniel Díaz Torres, y se recuerdan
ediciones problemáticas de la segunda mitad de los años
80, hechos con muy alta temperatura crítica y dirigidos
por José Padrón, al calor del proceso de rectificación
de errores, consagrados a la situación nefasta del Río
Almendares, de los albergados o del transporte público.
A
propósito de la edición número 1024, escribió el crítico
Alejandro G. Alonso en Juventud Rebelde, en 1983:
“Un poco que de verlo semana tras semana, el Noticiero
se ha ido haciendo parte del paisaje. Entonces ocurre
que no somos todo lo conscientes que debíamos de su
aporte innovador a la crónica de los acontecimientos, al
uso creativo de los recursos del cine demostrado a lo
largo del tiempo. (...) Cuando analizamos cualquiera de
las ediciones salta a la vista el elemento del montaje,
que ya sea por analogía u oposición refuerza, acentúa el
significado de las informaciones para enriquecer su
fuerza comunicativa. Todo comienza con la captación de
las imágenes, el criterio de encuadre y composición, que
aportará la materia prima para el montaje. Se inicia así
el proceso de interpretar la realidad que hace de la
entrega un material ‘que no parece un noticiero’, al
menos no un noticiero convencional. A la eficacia del
encuadre se suma el perseguido dinamismo, el impacto de
la banda sonora, incluida la música, todo puesto en
función de brindar eso que por características propias
del medio ni radio, televisión o prensa escrita pueden
dar”.
Los años 90 con su inmenso fardo de carestías,
contracciones y escaseces, le pusieron fin a uno de los
proyectos periodístico-culturales más notorios que ha
tenido Cuba en toda su historia. Equívocamente, algunos
consideraron que el Noticiero ICAIC Latinoamericano
había cumplido su cometido, y que la prensa plana, la
televisión y la radio sustituirían sus reportajes
agudos, provocativos, vibrantes. Evidentemente no
ocurrió de esa manera, y el vacío que ha dejado su
ausencia se amplía por días, cada vez que se hace
necesario reinventar el cotidiano bregar de nuestro ser
nacional, recontarlo, exponerlo y mejorarlo.
Sobre la manera en que nació el Noticiero ICAIC
Latinoamericano, y su carácter de escuela donde
debían probar su talento quienes aspiraran a convertirse
en realizadores de documentales o de ficción, declaró
Alfredo Guevara, en ese entonces presidente del ICAIC, e
incluso director del Noticiero: “Probé a Santiago
Álvarez en el Noticiero sin separarme de él, pero cuando
le crecieron las alas a volar dije, y ahí está su obra
plena de audacia renovadora. Y lo fue del noticiero y
del documental. Y en el Noticiero trabajaron no pocos de
nuestros documentalistas y algunos que llegaron a la
ficción. El Noticiero fue una escuela; Santiago Álvarez,
un maestro. Raúl Pérez Ureta, uno de nuestros más
destacados y sofisticados directores de fotografía, allí
se formó. (...) Santiago fue ese imán que la envoltura
deshace con su genio y se apodera de la más dura
almendra, del diamante que solo liberado de maleza su
brillantez puede entregarnos transparencia. Porque ese
gran artista ciudadano, ejemplar por su amor al
semejante, socialista no porque ideología cristalizara
en lupa, socialista de veras porque daba lo mejor de su
ser para los otros; a los otros vivientes, carne y
hueso, esa carne y ese hueso que hoy nos deja, pero que
en vida exige se le entregue, más allá de la frase, la
ternura. En su cine esa ternura emerge, de cada
fotograma, de secuencias, de cada reflexión que la
trascienda, de cada esencia que su andar revele”. |