Año V
La Habana

17 al 23 de JUNIO
 de 2006

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Plato fuerte en la pantalla
Pedro de la Hoz La Habana


Lo que parecía normal, cosa hecha, en verdad era extraordinario: semana tras semana, durante largos años, los espectadores cubanos que acudían a las salas de proyección, atraídos por el estreno de un largometraje de ficción, esperaban y exigían ver la entrega del Noticiero ICAIC.

Los noticieros, o como se les decía entonces, noticiarios fílmicos, al igual que la producción documental, tradicionalmente habían ocupado un lugar subalterno en la programación de los cines en Cuba, situación que no difería en otras partes del mundo.

Eran materiales complementarios, de relleno; la taquilla se decidía en la parte sustantiva, la película con sus estrellas, aunque, dicho sea con justeza, la idea de presentar reportajes en un segmento de la función cinematográfica tuvo más de un filón en tiempos precedentes.

En los mismos albores del llamado séptimo arte, cuando las noticias tardaban en difundirse de uno a otro confín del planeta, Pathé, el francés que introdujo el concepto industrial de la cinematografía, creyó conveniente dramatizar sucesos reales y presentarlos como reportajes en sus circuitos de exhibición. La historia del cine marca como un suceso la representación en un noticiario de 1909 de la rebelión del acorazado Potemkin en el Mar Negro, mucho antes de que tal acontecimiento quedara consagrado en la ficción por el iluminado talento de Serguei M. Eisenstein.

Con la irrupción del cine sonoro, los noticiarios cobrarían entidad propia, sobre todo en Gran Bretaña, Alemania y EE.UU., asociados a evidentes intereses propagandísticos. Constituyen ineludibles puntos de referencias series como la norteamericana March of Time, o los noticiarios alemanes de los años 30 y los 40 que permiten observar la exacerbación de la ideología nazi.

Si se quiere tomar el pulso al contrapunto ideológico de la utilización del noticiario en la programación fílmica, basta con mirar a España en los días de la República agredida. Tanto desde el Estado, por parte de la empresa CIFESA, radicada en Valencia, como desde la Cooperativa Obrera Cinematográfica, de filiación marxista, se puso énfasis en la realización sistemática de noticiarios que informaran objetivamente sobre el carácter de la sublevación de los “nacionales” de Franco, apoyados por el eje nazifascista de Roma y Berlín. España al día, que salió a lo largo de 1937, es un ejemplo elocuente.

El franquismo, una vez en el poder, consagró el Noticiario Cinematográfico Español, conocido por NO-DO, como instrumento audiovisual del nuevo Estado, el cual gozó durante décadas del privilegio de su exclusividad y su proyección fue obligatoria en todos los cines de España.

En América Latina vale dirigir una mirada hacia el muy serio intento llevado a cabo en 1953 por el notable productor mexicano Manuel Barbachano Ponce, mediante el noticiario Cine Verdad. Resulta interesante la reflexión que legó sobre ese momento particular: “Todo mundo decía que para hacer una película había que entrar al estudio en Churubusco, contratar una gran actriz, llamar a no sé qué camarógrafo; nos dimos cuenta de que el cine estaba en todos lados, de que la verdad se encontraba en cada esquina. Al filmar cada semana los noticiarios nos encontrábamos con la realidad como estaba pasando”.

Con relación al Noticiero ICAIC, no pueden pasarse por alto los antecedentes en la Isla. La investigadora María Elena Douglass nos recuerda que “el concepto de noticiario cinematográfico apareció en 1920 con Suprem Film, de Juan Valdés, que contenía noticias y anuncios comerciales. Por primera vez se estableció el vínculo entre cronistas sociales y técnicos cinematográficos. En 1933, Luis Ricardo Molina, pionero de la cinematografía cubana y conocido como El Caballero del Cine, fundó la Compañía Royal Advertising News que, al comienzo, filmaba reportajes silentes y poco después incorporó el sonido en su Noticiario Royal News”.

En el plano histórico ocupan un lugar insoslayable, en los años de la República mediatizada, las experiencias del inquieto Manolo Alonso, con La Noticia del Día, y del periodista Juan Guerra Alemán, con Cine Periódico.

Mas si se trata de situar un antecedente del Noticiero ICAIC, la brújula apunta al Noticiario Gráfico Sono Films, de la empresa anónima vinculada al Partido Socialista Popular en los años 40. Intelectuales de gran renombre como Alejo Carpentier y Mirta Aguirre colaboraron con el proyecto y un cineasta que estaría luego entre los fundadores del ICAIC, José Tabío, perfiló allí sus herramientas expresivas con la cámara.

Ahora bien, el Noticiero ICAIC, con su bien pensado apellido Latinoamericano, cambió radicalmente las reglas de juego del género: el sueño del ruso Dziga Vertov, desentrañar la realidad mediante la audacia del lenguaje fílmico en función de la transformación revolucionaria de la conciencia, se hizo realidad gracias al talento fuera de serie y el profundo compromiso cívico de Santiago Álvarez y sus colaboradores.

Ese salto de calidad política y estética del género fue advertido por aquel público que esperó cada semana una nueva edición del Noticiero ICAIC, como un plato fuerte de la programación cinematográfica.

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