Año V
La Habana

17 al 23 de JUNIO
 de 2006

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Entrar y salir de la pantalla
Bladimir Zamora Céspedes La Habana


Desde mis primeras visitas al cine, empecé a ver el noticiero ICAIC. Eso fue en la puerta de la década del 60 y allá en el cine Elpidio Estrada, de Bayamo, que después rebautizaron con el nombre de Céspedes. Viniendo de un pueblito de rotunda ruralidad enclavado a la vera del río Cauto, entrar en contacto con la pantalla grande  fue unos de los grandes acontecimientos que me deparó la estancia como estudiante en esa ciudad oriental.

Me interesaban todos los materiales que se exhibían, pero por razones que en principio no me podía explicar, más que las películas y sus posibles conmovedoras historias de ficción, me interesaba ver cada semana el Noticiero. En unos cuantos minutos me enteraba de los acontecimientos importantes que sucedían en el país, incluyendo las visitas de relevancia que nos hacían, así como la proyección de Cuba en escenarios internacionales. Y todo ello expresado en un lenguaje transparente y sencillo, en el que cabían los asuntos más profundos.

Mucho tiempo después, al ver noticieros cubanos hechos antes del triunfo revolucionario de 1959, me percaté de mi inmediata empatía con el Noticiero ICAIC. En aquellos materiales la voz impostada de los locutores, las imágenes de una realidad muy distante a mí —criatura cubana común—, y el mismo plano sonoro, estaban destinados a condicionar un predicado sensacionalista, al servicio de intereses comerciales y políticos que favorecían a un puñado de personas.

En el Noticiero ICAIC, obra monumental del cine cubano dirigida por Santiago Álvarez, uno se podía reconocer. Era como poder entrar y salir de la pantalla, porque al tratarse de un inmenso mural de la multiplicidad de acciones que la inmensa mayoría de los cubanos desarrollábamos como protagonistas de la Revolución, a cada instante en la imagen de cualquier semejante, se podía advertir las señas propias.

Como consecuencia de sus intenciones de contenido, en el Noticiero ICAIC los locutores hablan con voz franca y natural de pariente o vecino cercano, la fotografía hecha casi siempre por el maestro Iván Nápoles, proporcionaba en síntesis el ambiente posible de nuestra realidad. Y la música es en este noticiario todo lo contrario de aquella suerte de manto edulcorante tan natural en materiales informativos de otros tiempos. Para Santiago la música era un importante personaje de la realidad. Por ello estaba al tanto de cuanta vertiente cubana o foránea se estaba produciendo  y no vacilaba en colocar en sus materiales canciones o fragmentos instrumentales, que a muchos otros les hubiera parecido una franca locura, aunque cuando él les mostraba el material tenían que admitir  que funcionaban como si originalmente hubieran sido creadas para sus documentales o su noticiero.

Quienes sí trabajaron muchas veces para la obra cinematográfica  de Santiago Álvarez, fueron los entonces jóvenes trovadores que integraban el Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC. Con ese requerimiento hicieron temas que ahora podemos reconocer como clásicas. Pienso tan solo en la “Canción de la Columna Juvenil del Centenario”, compuesta y cantada por Silvio y Pablo.

Ya no soy el adolescente campesino que vio por primera vez el Noticiero ICAIC en el cine Elpidio Estrada, pero todavía me sigue gustando más cualquier entrega del Noticiero ICAIC, que cualquier aparatosa superproducción de ficción. Las apretadas condiciones económicas  que provocaron el Período Especial motivaron el cese de la realización del Noticiero ICAIC, sin embargo, el número de ellos que se atesora en los archivos, es un valioso testimonio que lo que fuimos y lo que hicimos durantes varias décadas.

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