Año V
La Habana

17 al 23 de JUNIO
de 2006

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No por ausente, inalcanzable
Guille Vilar La Habana


Siempre he estado del lado de los que creemos que la mejor forma de proteger nuestro patrimonio musical es por medio de la oportuna sensibilidad de artistas empeñados en mantener este tesoro como una referencia espiritual presente en nuestras vidas cotidianas. Por lo tanto, interpretar el contexto poético y musical que encierra el término “trova tradicional”, establece un compromiso con parte de lo más excelso de la cultura cubana. Eso lo sabe Pablo Milanés al grabar la serie titulada Años, magnífica colección de tres discos donde, acompañado por invitados como Luis Peña “El Albino” y Octavio Sánchez "Cotán", recorren el mapa de ese antiguo trovar que nos resulta tan entrañable. Así también lo hace sentir Kiki Corona en su disco Corona canta a Corona, obra que emociona por la actitud del joven músico, rendido ante tanta hermosura patente en las composiciones de Manuel Corona, uno de los cuatro grandes de la trova. Y ya contamos con el CD Cantar la trova, de Miriam Ramos con Pancho Amat, del Sello EGREM, carismático fonograma que se alzó con el lauro en la categoría Trova Tradicional del Cubadisco del año en curso.

Pero antes de continuar, vale la pena hacernos la siguiente pregunta: ¿Qué significa abordar la trova tradicional en 2006?

Estamos ante un género de inobjetable raigambre popular en las primeras décadas del pasado siglo, que para un músico de ahora poder asumirlo con la mayor sinceridad, no le vale haberse graduado de altos estudios académicos si previamente no ha tenido la experiencia, transmitida de generación en generación, de cómo cantar la trova, incluso por muchas partituras disponibles, de todos modos hay que haber vivido dicha experiencia para conseguir la verdadera fragancia de ese singular sello de nuestra música. En tal sentido, si este disco Cantar la trova ha alcanzado merecidas alturas en el rango de valoración de la crítica especializada, es porque la autenticidad aquí volcada no se obtiene por el simple hecho de aprenderse las letras de algunas de las joyas de la trova e intentar cantarlas. Obviamente, la presencia de una prestigiosa profesional como Miriam Ramos, representa condición sine qua non del disco, pero para su mejor comprensión hay que ahondar mucho más. Es la entrega total por parte de la intérprete, para poder recrear con el alma de su canto la sensibilidad de una época pasada y hacernos descubrir cómo permanece intacto en la intimidad de nuestros cubanos corazones el apego a semejantes cantares. Es el alborozo de quien insiste en mostrar la belleza sin límites de una dimensión no por ausente, inalcanzable. Clásicos como "Ella y yo", de Oscar Hernández, "Sublime ilusión", de Salvador Adams y "Retorna", de Sindo Garay, engalanan los contornos del género en cuanto al empleo de cuidadosos textos insertados en preciosas melodías que expresadas por la cálida y evocadora voz de Miriam junto al virtuoso instrumentista de Pancho Amat, dueño del criollo sonido del tres por el acento preciso que otorga a cada obra, exponen las saludables razones que tienen para beber en la fuente eterna de nuestras raíces.

En primer lugar, por muchos cambios que sufra el diálogo del ciudadano común, a la hora de abordar la temática del amor entre la pareja siempre se va a agradecer la utilización de un lenguaje cargado de intenciones poéticas. Cuánta elegancia encontramos en los versos de la ilusión de Adams al hablar extasiado acerca de su amada o en el ansiado retorno que clama Sindo, obra que de alguna manera nos recuerda la pieza de Pablo Milanés "El breve espacio en que no estás", por compartir intenciones similares. Valga aclarar que ninguno de estos añejos cantores tenían voto de castidad, ni mucho menos; pero sin pretender ser filósofos, no veían otros caminos para mostrar sus pesares y sus alegrías.

Con qué sutileza se alude en "La ausencia", de Alberto Villalón, al asunto de la infidelidad cuando al regreso busca que "un sonrojo desmiente lo que el mundo me dice de ti" o "El colibrí", composición anónima que despunta en cualquier disco que aparezca, por esa magia difícil de superar en la síntesis de lo que es el amor con la intensa relación entre la rosa y un colibrí, donde una inspirada Miriam exige la mayor creatividad en las cuerdas pulsadas por Pancho.

Además, en este entrenamiento de revitalizar esa zona de nuestro patrimonio que contiene el disco "Cantar la trova", encontramos otros signos de indiscutible arraigo en la excelente utilización de la segunda voz por Miriam, con dejos e inflexiones propios de los que vibran con los secretos de la tierra amada como solo puede ser la explicación de esa maravillosa atmósfera de cadencioso sabor con la combinación de la percusión menor liderada por la clave cubana, la trompeta, la guitarra y el tres en la pieza "Las 4 palomas", de Ignacio Piñeiro, imagen sonora, que con sano orgullo, reconocemos como endémica de nuestro país. Sin embargo, el amplio conocimiento que distingue a Miriam Ramos tanto como a Pancho Amat sobre las sonoridades contemporáneas, han permitido una rigurosa conceptualización de esta propuesta que incide de maneras diversas en quien lo escuche.

Por tales razones, disfrutar a plenitud de semejante obra de arte, más que un goce estético, implica ejercer el derecho de aportar su enriquecedor legado a   la conformación de ese poderoso escudo de la nación cubana que es nuestra cultura.

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