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Siempre he estado del lado de los que creemos que la
mejor forma de proteger nuestro patrimonio musical es
por medio de la oportuna sensibilidad de artistas
empeñados en mantener este tesoro como una referencia
espiritual presente en nuestras vidas cotidianas. Por lo
tanto, interpretar el contexto poético y musical que
encierra el término “trova tradicional”, establece un
compromiso con parte de lo más excelso de la cultura
cubana. Eso lo sabe Pablo Milanés al grabar la serie
titulada Años, magnífica colección de tres discos
donde, acompañado por invitados como Luis Peña “El
Albino” y Octavio Sánchez "Cotán", recorren el mapa de
ese antiguo trovar que nos resulta tan entrañable. Así
también lo hace sentir Kiki Corona en su disco Corona
canta a Corona, obra que emociona por la actitud del
joven músico, rendido ante tanta hermosura patente en
las composiciones de Manuel Corona, uno de los cuatro
grandes de la trova. Y ya contamos con el CD Cantar
la trova, de Miriam Ramos con Pancho Amat, del Sello
EGREM, carismático fonograma que se alzó con el lauro en
la categoría Trova Tradicional del Cubadisco del año en
curso.
Pero
antes de continuar, vale la pena hacernos la siguiente
pregunta: ¿Qué significa abordar la trova tradicional en
2006?
Estamos
ante un género de inobjetable raigambre popular en las
primeras décadas del pasado siglo, que para un músico de
ahora poder asumirlo con la mayor sinceridad, no le vale
haberse graduado de altos estudios académicos si
previamente no ha tenido la experiencia, transmitida de
generación en generación, de cómo cantar la trova,
incluso por muchas partituras disponibles, de todos
modos hay que haber vivido dicha experiencia para
conseguir la verdadera fragancia de ese singular sello
de nuestra música. En tal sentido, si este disco
Cantar la trova ha alcanzado merecidas alturas en el
rango de valoración de la crítica especializada, es
porque la autenticidad aquí volcada no se obtiene por el
simple hecho de aprenderse las letras de algunas de las
joyas de la trova e intentar cantarlas. Obviamente, la
presencia de una prestigiosa profesional como Miriam
Ramos, representa condición sine qua non del
disco, pero para su mejor comprensión hay que ahondar
mucho más. Es la entrega total por parte de la
intérprete, para poder recrear con el alma de su canto
la sensibilidad de una época pasada y hacernos descubrir
cómo permanece intacto en la intimidad de nuestros
cubanos corazones el apego a semejantes cantares. Es el
alborozo de quien insiste en mostrar la belleza sin
límites de una dimensión no por ausente, inalcanzable.
Clásicos como "Ella y yo", de Oscar Hernández, "Sublime
ilusión", de Salvador Adams y "Retorna", de Sindo Garay,
engalanan los contornos del género en cuanto al empleo
de cuidadosos textos insertados en preciosas melodías
que expresadas por la cálida y evocadora voz de Miriam
junto al virtuoso instrumentista de Pancho Amat, dueño
del criollo sonido del tres por el acento preciso que
otorga a cada obra, exponen las saludables razones que
tienen para beber en la fuente eterna de nuestras
raíces.
En
primer lugar, por muchos cambios que sufra el diálogo
del ciudadano común, a la hora de abordar la temática
del amor entre la pareja siempre se va a agradecer la
utilización de un lenguaje cargado de intenciones
poéticas. Cuánta elegancia encontramos en los versos de
la ilusión de Adams al hablar extasiado acerca de su
amada o en el ansiado retorno que clama Sindo, obra que
de alguna manera nos recuerda la pieza de Pablo Milanés
"El breve espacio en que no estás", por compartir
intenciones similares. Valga aclarar que ninguno de
estos añejos cantores tenían voto de castidad, ni mucho
menos; pero sin pretender ser filósofos, no veían otros
caminos para mostrar sus pesares y sus alegrías.
Con qué
sutileza se alude en "La ausencia", de Alberto Villalón,
al asunto de la infidelidad cuando al regreso busca que
"un sonrojo desmiente lo que el mundo me dice de ti" o
"El colibrí", composición anónima que despunta en
cualquier disco que aparezca, por esa magia difícil de
superar en la síntesis de lo que es el amor con la
intensa relación entre la rosa y un colibrí, donde una
inspirada Miriam exige la mayor creatividad en las
cuerdas pulsadas por Pancho.
Además,
en este entrenamiento de revitalizar esa zona de nuestro
patrimonio que contiene el disco "Cantar la trova",
encontramos otros signos de indiscutible arraigo en la
excelente utilización de la segunda voz por Miriam, con
dejos e inflexiones propios de los que vibran con los
secretos de la tierra amada como solo puede ser la
explicación de esa maravillosa atmósfera de cadencioso
sabor con la combinación de la percusión menor liderada
por la clave cubana, la trompeta, la guitarra y el tres
en la pieza "Las 4 palomas", de Ignacio Piñeiro, imagen
sonora, que con sano orgullo, reconocemos como endémica
de nuestro país. Sin embargo, el amplio conocimiento que
distingue a Miriam Ramos tanto como a Pancho Amat sobre
las sonoridades contemporáneas, han permitido una
rigurosa conceptualización de esta propuesta que incide
de maneras diversas en quien lo escuche.
Por
tales razones, disfrutar a plenitud de semejante obra de
arte, más que un goce estético, implica ejercer el
derecho de aportar su enriquecedor legado a la
conformación de ese poderoso escudo de la nación cubana
que es nuestra cultura. |