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El pasado 3 de junio de 2006, en la Universidad Hermanos
Saíz, de la provincia de Pinar del Río, se celebró el I
Taller de Comunicación de la Ciencias. El objetivo
primordial de este taller fue dejar constituida
oficialmente la Cátedra Tranquilino Sandalio de Noda,
cuyos antecedentes fundacionales y rectores se remontan
al mes de octubre de 2004, fecha en que quedó inaugurada
la Cátedra de Cultura Científica Félix Varela, de la
Universidad de La Habana.
Sería
oportuno destacar, a manera de obligado referente
contextual, que las significativas transformaciones
ocurridas en el mundo de la comunicación y la
información durante el pasado siglo XX
-transformaciones que van, en su primera mitad, desde la
consolidación de la prensa escrita, la llegada del
sonido a la gran pantalla y el impacto de la radio y la
televisión hasta la finisecular conjunción de sonido,
texto e imagen en sofisticados recursos digitales-
impusieron al individuo nuevos retos para el tercer
milenio, con la misma celeridad con que se había ido
consolidando ininterrumpidamente la tecnología, gracias
al progreso de las ciencias y del conocimiento.
Resultado semántico de la imbricación de estos factores
es el reiterado empleo -a veces indiscriminado y no
siempre a la luz de criterios suficientemente
analíticos- de las frases eslóganes “sociedad del
conocimiento” y “sociedad de la información”. La esencia
conceptual que acuña a la primera, sin duda, radica en
el creciente proceso interactivo entre información,
ciencia, tecnología y sociedad. La segunda, es el
significado idiomático interpretativo que describe el
desarrollo tecnológico en los campos de la comunicación
y la información. Sin embargo, aunque suelen ser
términos emparentados y generalmente confundidos, entre
conocimiento e información no solo existen diferencias
etimológicas y semánticas; también median divergencias
conceptuales y semióticas.
Se sabe,
como bien ha declarado Núñez Jover,
que la información no equivale a conocimiento, y que la
información, para que resulte útil y eficaz, necesita
estructuras conceptuales que la sostengan y posibiliten
el consenso en los públicos receptores. Por lo tanto,
aunque pudiera parecer paradójico en la plenitud de la
era del imparable avance tecnológico de la información y
la comunicación, muy atinada resulta también la
aseveración que la información, cuando carece de marcos
teóricos, conceptuales y axiológicos que le den sentido,
puede generar ignorancia y desconocimiento.
Las
estadísticas contemporáneas señalan que el desarrollo
científico y tecnológico, como consecuencia de la
desigualdad económica que se ha fomentado en el ámbito
internacional, se agrupa en los 10 países que tomaron
la delantera en el desarrollo de la industrialización.
Diez potencias, según los analistas, que lideran y
controlan con un 85 %
los avances científicos y tecnológicos. No resulta
difícil inferir que el fenómeno de la globalización,
cada día más, no solo absorbe lo referente a la ciencia
y la tecnología; sino que también aspira al control
hegemónico de los diversos medios de comunicación e
información y de las fuentes de conocimientos generadas
en todos los campos del saber.
Estas
coordenadas “mediacionales” y este panorama
internacional son los que delinean el papel que le
corresponde desempeñar a las universidades como
productoras, por excelencia, de múltiples saberes.
Desempeño que, impostergablemente, reclama la
estratégica comunicación y divulgación de su ciencia y
tecnología hacia la comunidad científica de sus
respectivos entornos y hacia toda la sociedad en
general. De igual forma, estas coordenadas esclarecen y
perfilan las razones fundamentales para la creación de
las cátedras de cultura científica en las universidades
cubanas y la resignificación, apropiación y adecuación
del término “socialización”, en función del objetivo
fundamental de la extensión y universalización del
conocimiento.
Por
último, pudiera precisarse que estas razones también
decidieron que el “Primer Taller de Comunicación de la
Ciencia”, en la universidad pinareña, deviniera espacio
obligado para presentar, por tercera ocasión, el libro
Comunicación de la ciencia y la tecnología: una
visión universitaria.
Primera compilación de las coordinadoras Irene Trelles
Rodríguez y Miriam Rodríguez Betancourt que responde a
las directrices de la Cátedra de Cultura Científica
Félix Varela, de la Universidad de La Habana,
encaminadas, específicamente, a fomentar la
divulgación del conocimiento científico y tecnológico de
las universidades, y a fortalecer los valores culturales
y la identidad nacional cubana, en integración
estratégica y sinérgica que permita enfrentar el
creciente desarrollo que el mundo de la comunicación y
la información generan en los diferentes escenarios
contemporáneos.
No por
azar se declaran en las palabras introductorias de este
texto científico-cultural que “es imprescindible que la
universidad incorpore como prioridad la comunicación de
la ciencia porque solo así puede lograrse una plena
integración de saberes y una interrelación con la
sociedad que permita la democratización del conocimiento.
A la
universidad cubana contemporánea que destina su ciencia
y tecnología al beneficio ético, educativo y cultural de
la sociedad en general, le corresponde hacer realidad
lo sustancialmente medular de ese planteamiento para
salvaguardar las mejores conquistas del conocimiento
universal y contribuir a la preservación de todas las
especies de nuestro planeta.
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