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Consideraciones preliminares. Cuestiones de principios.
Diferencias con otros géneros de cine y de periodismo.
El periodismo
cinematográfico no es un género menor, ni un subgénero.
Desjerarquizarlo, mezclarlo y no tener en cuenta su
independencia de otros géneros cinematográficos
significa un error de apreciación del contenido y de la
forma. Por tanto, debe afirmarse que el periodismo
cinematográfico es una categoría propia e independiente
del cine.
En los encuentros
especializados, coloquios, semanas de cine, seminarios,
etc., hemos visto con frecuencia manejar los criterios
del cine documental como un “género acompañante o
producto adicional” de relleno del verdadero programa,
es decir, de la película de largometraje de ficción, con
actores. Emprender una discusión a partir de la
comparación de los géneros y de los lenguajes de una u
otra forma de abordar la realidad no es productiva.
Entre el cine
documental y el periodismo cinematográfico hay pocas
diferencias, entre ellas está la de abordar la realidad
con un dinamismo en la filmación y en la posfilmación de
forma distinta.
La toma uno de hechos
irrepetibles, la mayoría de las veces no planificada,
constituye la principal materia prima y característica
fundamental del periodismo cinematográfico. Es lo más
importante y significativo de este género, de esta
categoría.
El avance de la
ciencia y la técnica determinan siempre un nuevo
lenguaje, porque la ciencia y la técnica posibilitan que
las imágenes lleguen con más rapidez a los espectadores
y este avance ha condicionado una evolución en la
apreciación de la información y de la noticia.
Los noticieros
cinematográficos de otros países han sido y siguen
siendo en su inmensa mayoría crónicas sociales, aunque
unas veces banales y otras no, no dejan de ser crónicas
sociales. Los espacios que ocupan en las pantallas del
mundo estos noticieros son cada vez más reducidos y ello
se explica no solo por la irrupción de la televisión,
sino también por el sistema arbitrario y prejuiciado de
los mecanismos de exhibidores y distribuidores,
perneados de falsos conceptos comerciales que
contradicen la realidad y la experiencia cubana,
demostrativa de que el público no solo ve el noticiero
cinematográfico, sino que lo espera con independencia de
la película que se exhiba. Es más, sabemos que se
producen reclamos por el público ante la falta de
exhibición del noticiero en el programa del día.
El periodismo
cinematográfico, al acercarse a la realidad como
noticia, enriquece el lenguaje del cine documental.
Porque el cine documental actual no existe sin una cuota
elevada de periodismo.
El empleo de las
estructuras de montaje permite que la noticia
originalmente filmada, se reelabore, se analice y se
ubique en el contexto que la produce otorgándole mayor
alcance, y una permanencia casi ilimitada. Hay ya
ejemplos cinematográficos que son el producto de una
interrelación de ambos géneros y donde la influencia
recíproca ha dado obras cuya permanencia y eficacia son
incuestionables.
Muchos de nuestros
documentales han tenido sus génesis en el registro de
una noticia, de un acontecimiento, de un hecho
histórico. Los genes de Ciclón, de Now, de
Cerro Pelado, de Viva la República, de
Historia de una batalla, de Muerte al invasor,
de Crónica de la victoria, La estampida, Hasta
la victoria siempre, Morir por la Patria es Vivir,
Piedra sobre piedra, Y el cielo fue tomado por asalto,
El Octubre de todos, El tiempo es el viento, etc.,
son ejemplos concretos de cómo el periodismo ha influido
de una manera creadora en el género documental.
De igual manera los
filmes sobre Chile, por ejemplo, se hicieron a partir de
una materia prima netamente periodística: el registro de
loa realidad inmediata y tensa, convulsa del acontecer
de cada día constituyó para los cineastas un
imprescindible elemento para el trabajo posterior, lo
que permitió ofrecer una visión de “primera mano de los
hechos”. La unión de estos acontecimientos en el montaje
ofreció entonces el conjunto de la realidad en Chile
antes y durante el golpe fascista. Esta operación
intelectual-técnica, artística y política con una nítida
posición ideológica permiten que hoy, a través de obras
cinematográficas, procesos políticos revolucionarios se
puedan analizar de manera compleja y completa. Sin
embargo, hay obras que aún registrando episodios
históricos diarios montados y elaborados
cinematográficamente, no esclarecen con diafanidad y
precisión los hechos que narran enturbiando la realidad
histórica. Tal es el caso de La Hora de los Hornos,
de Solana y Getino.
La eficacia artística
y política de una obra cinematográfica reside
fundamentalmente en la clara posición ideológica con que
han sido realizadas, porque en definitiva la forma se
hace hermosa cuando se basamenta en un contenido hermoso
y no se es artista-revolucionario si se produce divorcio
entre contenido y forma.
Me parece oportuno
recordar que ya en el siglo pasado, nuestro Héroe
Nacional José Martí señaló: “Tanto tiene el periodista
de soldado…” porque en definitiva somos los periodistas,
cineastas o no, los encargados de ofrecer al mundo de
hoy, donde se debaten problemas fundamentales de vida o
de muerte, de liberación nacional o de imperialismo, una
información de esta lucha. Y nuestro trabajo será cada
vez más importante y cada vez más decisivo si asumimos
como un combate, como soldados nuestra función y nuestra
labor.
A los que nos ha
tocado realizar el trabajo cinematográfico en esta parte
del mundo, en esta América Nuestra, nos ha tocado
también el privilegio de vivir un mundo en
transformación, y la función del cine, del periodismo es
registrar todos y cada uno de los acontecimientos de
estas época. De ahí que también hayamos estado en Asia y
en África. Porque como también dijo Martí: “Patria es
Humanidad”. Hay en América Latina más de 200 millones de
analfabetos, llegar e informar de sus problemas no puede
ser tarea para mañana, es tarea de hoy, y el cine,
poderoso medio de comunicación, capaz de borrar barreras
idiomáticas, limitaciones culturales y educacionales,
tiene que cumplir este papel.
En este contexto de
explosión tecnológica, de satélites que para bien o para
mal llenan nuestros cielos, una buena imagen vale por
mil palabras, y es que la universalidad lograda a través
del cine ha permitido y permite cada vez más una
amplificación de la comunicación y contribuye de manera
particular a crear una memoria visual en el espectador.
A la versión
deformada y colonizada que el enemigo pretende perpetuar
como verdad histórica hay que oponer vigorosamente
nuestra obra. En el rescate de la identidad nacional, el
periodismo cumple un papel decisivo, llámese periodismo
cinematográfico o llámese periodismo escrito.
Por eso bien ha
afirmado Alejo Carpentier que para buscar la crónica de
nuestra historia hay que revisar la prensa escrita,
porque son los periodistas de esta disciplina los que
han registrado día a día todo el acontecer día a día
todo el acontecer de un pueblo, por eso somos nosotros
los que en la esfera de cine tenemos que recurrir una y
mil veces a las imágenes que desde las primeras décadas
de este siglo han plasmado la historia. Rescatar para el
presente y para el futuro las verdades de la historia y
contribuir con ello a esa, tan necesaria, memoria visual
de nuestros espectadores, es y será una tarea de los
periodistas cinematográficos.
Ya en el fragor de
los días luminosos de octubre, los cineastas soviéticos
descubrieron esta verdad, y ellos le dieron al arte
cinematográfico naciente la impronta de arte
revolucionaria, de instrumento al servicio de una gran
causa como era la primera revolución socialista del
mundo. Ellos nos han dejado esta imperecedera lección.
“La producción de nuevas películas impregnadas de ideas
comunistas que reflejen la realidad soviética, tiene que
empezar por la crónica…”
Lenin (1922)
Crónica es la palabra
con que se define en ruso a la filmación documental y de
noticias.
Dziga Vertov y su
Cine-Ojo, recorriendo todo el país, con un equipo de
filmación imprimiendo para la posteridad aquel nuevo
mundo que se avizoraba, hizo válido este llamado de
Lenin que constituye el antecedente más legítimo de lo
que cincuenta años después, en la circunstancia de
realizarse en el continente americano la primera
Revolución Socialista, ha realizado el cine cubano.
El Noticiero ICAIC
Latinoamericano, que pronto acumulará mil ediciones ha
hecho suyo aquel legado y con la óptica de nuestro
tiempo, aprovechando todo el avance en el terreno de la
técnica y del lenguaje cinematográfico, se ha convertido
en un eficiente medio de periodismo cinematográfico
revolucionario. Podemos afirmar que la Revolución Cubana
tiene en el cine cubano un importante archivo de
imágenes, podemos decir que el cine Latinoamericano
revolucionario, encontrará en los archivos del ICAIC
materiales que le ayuden a reconstruir para sus pueblos
la verdadera historia.
Algunos críticos
especializados han estado señalando que el cine cubano
en su corta vida ha dedicado quizá demasiadas obras de
su producción a los problemas históricos. Para nosotros
los cineastas cubanos, abordar la historia, contarla en
su justa medida, interpretarla, no solamente es una
operación cinematográfica, ha sido, es y seguirá siendo
una necesidad ideológica, cultural y política. Renunciar
a esta línea de trabajo es renunciar al combate, es
renunciar a las armas y a las herramientas de trabajo
que tenemos hoy en medio de una confrontación ideológica
insoslayable.
El Noticiero ICAIC
Latinoamericano continuador y renovador del Cine-Ojo y
el Cine-Verdad de Dziga Vertov.
La vigencia del “cine
de octubre” en el terreno específico de la creación
artística no es una afirmación de compromiso. Las
innovaciones del montaje, la contraposición, la visión
documental, improvisada y espontánea; la posibilidad de
expresar los más grandes procesos históricos por
asociación de imágenes fueron hallazgos que determinaron
en gran medida, el desarrollo cinematográfico en ese
momento y descubrieron nuevos horizontes para el futuro.
Estos aportes que han dejado sus huellas o han marcado
estilos y formas de narración cinematográficos pueden
ser considerados como contribuciones al arsenal
lingüístico del cine, que el tiempo ha ido decantando,
colocando en su justo lugar. Son deudas que todo
cineasta —revolucionario o no— ha contraído a nivel de
lenguaje, con los pioneros del cine soviético.
El triunfo de la
Revolución Cubana y la radicalización política e
ideológica en el continente americano, la atmósfera cada
vez más creciente de lucha en los países africanos y
asiáticos será síntesis y expresión de un lenguaje
antimperialista en el que se mantienen vivas las
enseñanzas más permanentes con las que el cine de
octubre ha nutrido al cine revolucionario mundial.
El camino recorrido
por los cineastas dedicados específicamente al trabajo
del documental o del noticiero ha ido orientándose cada
vez más hacia las acciones políticas. No es que el cine
sea una extensión de las acciones revolucionarias, es
que el cine es y debe ser una acción revolucionaria en
sí mismo. El panorama contemporáneo está dominado por
los grandes medios de información al servicio del
imperialismo. Ni los llamados filmes de ficción escapan
a las grandes transnacionales de la industria cultural.
Grandes recursos financieros se dedican al sostenimiento
de agencias de noticias, periódicos, cadenas de
televisión y cadenas de publicidad que se entrecruzan
con las transnacionales económicas. Detrás de los medios
de comunicación masiva siempre hay un consorcio o una
gran compañía que financia la “objetividad-informativa”.
En todas partes están para dar una imagen saludable del
sistema apoyándose en el mito de la libertad de prensa.
Pecaríamos de ilusos
y subestimaríamos al enemigo si no comprendiéramos
cabalmente que en el mundo de hoy son los medios masivos
de comunicación los que mayoritariamente conforman las
mentes de los hombres, determinan sus acciones y
posiciones. Pero también pecaríamos de ilusos y
subestimaríamos nuestras fuerzas si no reconociéramos
que nuestro combate ha tenido también victorias.
El sistema
imperialista mundial no es un haz monolítico además
frente a él se alza el campo socialista y las fuerzas
revolucionarias y progresistas.
Aprovechar las
fisuras y contradicciones que se producen en el campo
enemigo para producir obras críticas y de denuncia,
apropiarse de las imágenes que registran los
acontecimientos y que son propiedad de las agencias
enemigas, constituyen también objetivos del cine
revolucionario.
Es el periodismo
cinematográfico revolucionario el encargado de devolver
y restituir su verdadero sentido a las imágenes que
circulan por todo el mundo. La humanidad ha conocido muy
recientemente de la masacre de Cassinga, en el sur de la
República de Angola; centenares de mujeres y niños
refugiados de Namibia fueron asesinados por las tropas
fascistas sudafricanas. Ninguna agencia de noticias
capitalista internacional condenó este hecho, ninguna de
estas agencias denunció el hecho como parte de la
escalada agresiva de los sudafricanos contra Angola y
los guerrilleros del SWAPO. Los espacios de los
noticieros fílmicos y de la prensa escrita, en cambio,
desplegaron y despliegan grandes campañas para
cuestionar y condenar la ayuda solidaria de Cuba a los
revolucionarios africanos.
La manipulación
tendenciosa que los medios de información que llevan a
cabo día a día los capitalistas por todas las vías exige
una clara respuesta.
El cine no es solo
cuestión de estilos o fórmulas expresivas, es también un
problema ideológico. Sin una consecuente toma de
posición frente a estos problemas no habrá jamás una
obra cinematográfica verdaderamente revolucionaria y
puesta al servicio de las causas más progresistas de la
humanidad. Jamás un periodista o cineasta despojado de
militancia revolucionaria podrá reflejar y transmitir la
barbarie y el genocidio que en muchas latitudes comete
nuestro enemigo principal, el imperialismo
norteamericano y sus aliados.
Robustecer la
capacidad de acción, dirigir los esfuerzos a los puntos
centrales de nuestra lucha en tanto trabajadores de la
ideología se convierten en los objetivos tácticos y
estratégicos que deben presidir nuestro trabajo.
La información tiene
un carácter ideológico y ella en los tiempos actuales se
ha convertido en un arma.
En la tarea de
contrainformación que realizan los cineastas
revolucionarios hay que destacar de manera singular la
obra de los latinoamericanos que dentro y fuera de sus
países luchan por afirmar la cultura nacional
convirtiendo al cine en un arma al servicio de la
liberación nacional.
Realizada en las
difíciles circunstancias de países dominados, ocupados y
dependientes, estas obras serán vistas hoy y mañana como
una muestra de cultura militante, que unas veces
aprovechando toda la tecnología contemporánea y otra de
forma casi rudimentaria han salvado para la posteridad
la imagen del presente.
Es preciso recordar
en estos momentos el aliento creador que las obras de
cineastas como Román Karmén han dado al periodismo
cinematográfico revolucionario. Las imágenes de la
derrota de las tropas colonialistas francesas en Diem
Bien Phu recogidas por él son parte inseparable del gran
recuento fílmico que se ha hecho y se hará sobre este
episodio. El internacionalismo de este cineasta,
presente a lo largo de todo su trabajo, se ha hecho
palpable en sus obras como la Guerra Civil Española en
la que participó junto a Joris Ivens, otro de los
grandes internacionalistas del cine. Los cubanos no
olvidaremos jamás la presencia de Karmén en Cuba en los
días de la agresión a Girón.
Esta actitud es
demostrativa de que el cine revolucionario está
íntimamente ligado al internacionalismo militante.
Las vigorosas
denuncias de los documentales de los cineastas alemanes
Haynowsky y Sheuman, recogiendo a riesgo de sus vidas el
racismo y el mercenarismo en los países africanos, serán
siempre referencias obligadas a la hora de hablar de
estos temas.
Este Festival
Internacional de Cine Joven, primero que se realiza en
Cuba, se hace en los momentos donde la lucha ideológica
ha alcanzado un nivel alto.
Hace a penas tres
días, en ocasión del XXV Aniversario del Asalto al
Cuartel Moncada, Fidel alertaba al mundo sobre los
grandes peligros que se cernían sobre el pueblo
vietnamita.
Si buscáramos un
ejemplo que simbolizara la vocación internacionalista
del cine cubano, ese ejemplo sería Vietnam. Nuestro
Noticiero Semanal y muchos documentales recogieron no
solo los momentos más dramáticos de la guerra de
agresión que los norteamericanos desataron contra ese
pueblo. Equipos de cineastas cubanos acompañaron a los
vietnamitas en sus campañas; digamos que el cine cubano
siempre ha estado presente en su lucha.
Este Festival debe
pronunciarse de manera enérgica frente a los peligros
que el pueblo vietnamita corre.
A los cineastas
revolucionarios les corresponde el papel de
desenmascarar toda esa campaña diversionista y
tergiversadora contra Vietnam. Ustedes, casi todos
cineastas independientes —que desarrollan su quehacer
fuera de las industrias vendidas y controladas por
nuestros enemigos— tendrán que hacer un esfuerzo
adicional en su ya difícil tarea.
Tenemos una hermosa
deuda que saldar con los revolucionarios vietnamitas,
ellos lucharon durante décadas por ser libres,
defendieron su patria y su cultura y dieron con ello un
ejemplo aleccionador al mundo derrotando al más poderoso
complejo militar-industrial de todos los tiempos.
Centenares de
camarógrafos vietnamitas murieron como soldados
militantes frente a la agresión imperialista
norteamericana. Nuevos soldados del cine vietnamita —y
cubanos si fuera necesario— hemos dicho ya presente para
informar al mundo, en imágenes y sonido , la amenazante
agresión que los nuevos socios de la OTAN y del
imperialismo, llevan a cabo en estos días, con
diferentes tipos de cínicas provocaciones, en las
fronteras de Vietnam.
Nadie ignora quiénes
están detrás del Ejército de Kampuchea que diariamente
asesina mujeres y niños e incendia casas y escuelas con
el mismo estilo y crueldad que lo hacían escasamente
tres años atrás los soldados del imperialismo yanqui.
Aunque muchos la
llamada Revolución Cultural China confundió
ideológicamente, al pasar el tiempo aquella revolución
no fue ni revolución ni cultural, siendo tan solo el
síntoma humillante de descomposición y deterioro de
ambiciosos de poder que se turnaban cada vez con nuevas
falsas consignas enmascaradas de ideología
seudorrevolucionaria. Ahora que el antifaz ha caído, el
verdadero rostro de su traición y de su chovinismo
hegemonista ha aparecido en alianza incondicional con
los imperialistas de todas las latitudes y con los más
corrompidos gobiernos de todos los continentes.
“La fuerza no está en
la mentira ni en la demagogia, sino en la sinceridad, la
verdad y la conciencia”, ha dicho Fidel.
La sinceridad, la
verdad y la conciencia nos asisten, por ello no estará
lejano el día en que camarógrafos chinos registrarán las
imágenes verdaderas de su pueblo, que lanzará por la
borda a los mandarines traidores que ahora se abrazan a
Mobutu y a Pinochet, y al militarismo más agresivo y
prepotente que ha comenzado a desatar una nueva guerra
fría.
Denunciar las
masacres recientes de Cassinga, de Soweto, de Rhodesia,
de Bolivia, de Guatemala, de Nicaragua, de Vietnam, son
objetivos inaplazables del Cine Joven. Y un Festival
como este enmarcado en este trascendental evento de
juventud y lucha no espera de ustedes otra cosa que una
actitud militante y comprometida.
¡La lucha continúa!
¡La victoria es
cierta!
¡Patria o Muerte!
¡Venceremos!
(Palabras pronunciadas por Santiago Álvarez en la
inauguración del Festival de Cine Joven en la Cinemateca
de Cuba con motivo del XI Festival Mundial de la
Juventud y los Estudiantes). |