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Yo vengo de
estar a solas / con el duende que me habita, / mi sangre
acudió a la cita / con su dragón y sus olas. Yo vengo de
estar a solas…/ Cancelo nombre y saeta; / vela mi fuego
la quieta / noche del duende nombrado, / queden al
tiempo ganado / la paz y la luz secreta.
Escribió en una
ocasión Serafina Núñez, que hace apenas unas horas ha
fallecido en la capital de La Habana. Ahora con el
aliento de esa poesía que vibró en su espíritu y que a
partir de la década del 30 comenzó a consolidar una voz
muy particular en el tractus poético de la Isla,
no podemos decirle otra cosa que oficiarle un Adiós,
pero un adiós para que se quede entre nosotros, como
arcano paraje, como querubín de isla, protector y
sagrado, cósmico, como Virgen sobre los mantos de este
tiempo (su tiempo).
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Salvador Bueno, Luis Manuel Pérez Boitel y Serafina
Nuñez |
Muy cercana a José
Ángel Buesa, Juan Ramón Jiménez, Gabriela Mistral, José
Lezama Lima, en su lírica de fina textura encontramos
los sortilegios a un mundo donde la isla y los misterios
de isla se entrecruzan como en un sendero ante los ojos
del que pasa (muchacha elegante / noble / mercader /
escriba), gratificado ahora y siempre por el tiempo.
Poeta por excelencia, la conocí en una de esas tardes de
La Habana con el empeño del Presidente del Frente de
Afirmación Hispanista, el Sr. Fredo Arias de la Canal
que junto al Dr. Salvador Bueno me convidaron a
conocerla. Rodeada de cuadros y familiares, con una
mirada indecible nos recibió con la paz que oficia la
poesía y los años. A partir de entonces fui un lector
más de su obra, un fiel creyendo que esta merecía un
mejor escaño o reconocimiento, aunque al bardo no le
interese la gloria y quede siempre protegido por una
ciudad y sus habitantes como un paisaje gobelino.
Hace unos días he
tenido la fortuna de recibir la edición facsimilar de
su poemario Mar Cautiva, editado por el Frente de
Afirmación Hispanista, texto este memorable y sincero
que se nos entrega para que la palabra viva de Serafina
Núñez permanezca aún más entre los bardos como
premonición de ese encuentro con la soledad que nos
anuncia en la décima inaugural a este escrito. Poemario
de indiscutible valía sus textos son como dibujos de una
muchacha que ha visto el crepúsculo y la luz. Claves
estas necesarias para descubrir el universo inagotable y
místico de su voz.
“Sus libros —deleite
puro— me trajeron toda la luz de su hermosa Isla. Es
usted poeta de altísimo vuelo lírico. De voz singular y
entrañable” sentenció Alfonso Reyes; y es que esta
poeta, que dice venir de estar a solas, y que hoy bajo
el verano (un inagotable verano) y entre los amigos de
la Isla se despide, pudiera aseverarnos una vez más:
Yo soy (…) como
la Rosa de los
Vientos (...)
Jueves, 15 de junio de 2006, en la Isla. |