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A UN
RUISEÑOR AMANECIENDO
Dulce señor del reino
que enamora
inventando la estatua
del desvelo
por el agua sin fin
donde ya es vuelo
la partida granada de
su aurora.
¿Para la alcoba de
qué dios implora
el herido diamante de
ese cielo
goteando en tu
garganta?...¿Qué alto
tu canto muda en
brasa, y fluye y dora,
alba perfecta en
música inaudita,
y sostiene las ideas
del rocío
y detiene la muerte a
su albedrío?
Un ángel en tu voz
alza su coro
y en las serenas
márgenes habita,
en pura nieve
derramado oro.
CANCIÓN DEL TENAZ
ALBOROZO
Sí, bien lo sé,
el tiempo de mi
llanto es tan antiguo:
pero los ojos
resisten como gemas el fuego
consumiendo la vasta
llanura de la tristeza.
Islas de la esperanza
se niegan al ardiente conjuro
sin embargo, a veces
ellas parecen aletear
en mi sangre.
Sube desde las venas
el alborozo de sus seguras selvas,
me inunda el verde de
la palabra por nacer,
el tacto de las
terrestres cosas
rinde entonces sus
frutos de cielo sosegado,
y la orilla del
olvido se me entrega
como un rostro
distante que retornara dulcemente
a la sorda música de
mis miradas.
Torbellino, vorágine,
tumulto de otoños y
promesas
devorando los límites
del alma.
Puedo en ese instante
murmurar: Dios me entiende.
El amor abre sus cien
puertas cada mañana
a los huracanes y a
los testigos videntes;
el hombre es una
ventana
que cada alba
encuentra en el alféizar
su sonrisa y su
gemido.
Entonces,
humildemente ruego;
islas de la
esperanza, sed sordas al sollozo
yo soy ahora la de
enfrente,
la que pasea por
aquella esquina
de pañuelos alegres.
Desde lejos me miran
las viejas tinieblas,
mis labios, mis
manos, presagios, palabras,
mis temores, las
voraces mentiras...
Me miran desde lejos,
se insinúan, me
llaman, y yo vuelvo la espalda.
(La de enfrente se
pliega en su cifra remota.)
Islas de la
esperanza... Las veletas sostienen
las ciudades del
mundo,
y claros hombres
encienden sus hogueras
en las fronteras de
la noche
recuperando el
territorio virginal de la canción.
El aire es un tatuaje
de luces en mi frente
y el acordado rumor
del arroyo y la yerba fina
humedece recónditas
gargantas.
Elabora secreta
lámpara tu llama para siempre,
apegada a mi pecho
siento crecer la vida.
CONTEMPLACIÓN
Desde el balcón donde
anochezco miro,
devorado por oros y
por llamas
de suaves rojos, al
poniente esclavo
del exacto vivir, que
le sentencia
en preludio de vuelos
fatigados,
al eterno escapar en
lumbre y lumbre,
abriendo la mansión
de la lechuza
de socrático elixir
poseída,
cortejado de pinos y
responsos.
Hacia donde la noche
alza su trono
de profecía y rosas
extasiadas
en perenne rocío,
sombra en la sombra
de sus soledades.
Tomando cuerpo y
liberando el alma.
Abril 1994
ESTANCIA DE LO ETERNO
Amor de ti mi alma
desdoblada
jadeando tu presencia
a hez de hombres,
angustia de tu rostro
la ganaba
en rara geometría y
rudos cobres.
Polvo cansado por mi
sien pasaba
―fechas, palomas,
universos, nombres―
y el terrestre
cuidado iluminaba
clima a tu reino en
soledades pobres.
Amor de ti era
sollozo ardiente
mordiendo el fruto de
mi triste tarde.
Ahora te sello: ¡Oh
huésped diferente!
Tu lluvia me
desciende olor temprano,
tierno misterio entre
mis venas arde
y es ya tu sombra el
único verano.
HOMBRE Y TIEMPO
El tiempo te vigila,
te sorprende, te encarcela, te anula.
Ardemos en su llama
como un frágil pabilo intrascendente;
altivo crees
vencerlo. Él siempre posee el as de oro;
el rey de la corona
nada facilita la derrota.
¡Ay, precarios
pueblos de la nieve!
Son la única riqueza
de lo eterno, hombre,
eres el fantasma de
ti mismo en el instante
y apenas puedes
descifrar el preámbulo
donde nacen las aguas
de tu existencia.
Estás a tiempo ―oyes
decir a las comadres.
¿A tiempo para qué,
señoras lívidas?
Ni siquiera tiempo
para morir por ti dispuesto.
"Él" es el tañedor de
los variados
y el de los mágicos y
sublimes salmos,
el señor de
paroxismos, sorpresas deslumbrantes
o funestas y de tu
voluntad,
el poderoso señor de
la memoria,
y tú, una gota
cayendo, espléndida sonrisa acaso
del inocente sin
realeza, que vendió sus juegos de existir
y se refugia en las
caídas hojas de su ala
donde lo apresan las
redes de lo inerte.
JAZMÍN EN LA
PRESENCIA
Qué dulcísimo asombro
de nube o de gacela
encendiendo,
apagando, persiguiendo, ondulando,
marea gris-azul,
azul-gris, rosa-tibio
clava en el aire
ausente el ángel de tu ruego
y destrenza la gracia
y dona olas ilesas de asustado misterio
para remos y velas.
¿En qué soplada
tierra de huracanes seráficos,
por qué nieves
tatuadas en el azul errante,
la inocencia del
hombre, su llama imperturbable,
obedientes prodigios,
y bestias y relámpagos
transparentes
respiran en tu seno abrigado?
Esa comarca del rocío
que algunas veces
siento pesar sobre mis párpados.
Novia del coral de
ultra-cielo,
Espuma de Dios
sonriente,
paloma de mis venas
poseída.
Tu frente de girasol
en éxtasis
llueve la
deslumbrante atmósfera de una playa amorosa
donde todos podemos
recoger un consuelo
como tesoros, conchas
o astros por la arena.
Tu frente, que avanza
provincias
donde el caballo del
viento rinde sus azares.
Tu hombro reposado de
arpas
para que cada
criatura le tome el color a su llanto
y te lo entregue.
Tu piel centelleando
de amanecidos misterios.
Tu pecho acantilado
del suspiro,
tu celada mejilla
donde el ámbar
nutre su cambiante
raza fina.
Tus ojos fluyen entre
las voces,
resbalan por las
plegarias, por los gemidos
como cabellera
peinada tiernamente.
Y aquí yo; te pulso
alabanzas, convoco:
vengan algas,
sirenas, extasiados corales,
tierras de los
náufragos entreguen sus tragedias
y la paz desgarrada
en húmedos remolinos,
de vacíos
crepúsculos.
Vengan risueños elfos
y rostros de los dioses
y su haz de
tormentas;
miremos a sus manos
devolviéndole al oro
la cálida vivencia,
la minúscula rosa que
aletea en su cuello
y esa paloma fiel
vigilándole el paso.
¡Ay temeroso cristal
de mi sosiego!
Avecillas del otoño
indeciso
que muere en el
confín de la tarde,
sombras de mi sangre
y de mi rezo,
flautas vistiendo de
dulzura el aire;
vengan a este
alborozo.
Yo le miro la espuma,
la impalpable azucena,
el talle columpiado
de musicales universos
y un hemisferio puro
me invade silencioso.
MADRIGAL DE UNA
ANTIGUA VOZ
A Ramón Gaínza, amigo
Cuando tu voz se
pierda en las veloces
veleidades del aire,
y forme torbellinos
de crepúsculos o de quemantes oros,
si todavía escucho,
si todavía al alma le
impresionan los sonidos,
recordaré tus tiernas
servidumbres,
tus estériles
soledades
y el destino de las
palabras pronunciadas.
Como si mirara un
relicario
donde viviera
escondido tu retrato.
Junio 1993
MEDITACIÓN
En la cierta penumbra
mi tiempo se diluye
las olas de la vida
con su ir y venir
fingen tumultos de
espuma;
criaturas opacas me
destruyen
el espejo feliz de la
esperanza.
Lo más triste
encarcela los presagios del tiempo
que arde como un
cirio al compás de la sangre.
NOCTURNO
En el pozo de la
noche
la piel se
vuelve de agua,
mientras que toda la
vida
gira en esferas
calladas.
En el sueño de la
noche
el sueño toca sus
arpas.
En el pozo de la
noche
la piel se vuelve de
agua:
nadie escucha, nadie
entiende,
solo la vida
como piedra muy
lavada.
POEMA
Te converso en el
claustro de mi sangre,
tú respondes, eres el
eco de mi propio ser,
el inaudito, el de
las verdes costas infinitas,
el que no anota el
tiempo de los otros.
Dibujas parabanes y
leyendas,
te mueres por la paz
de mis recintos
cuando la noche abre
sus penumbras,
sus delicados reinos
de fragancia
al destino tenaz de
mis asombros.
Yo soy esa mujer que
pasa incierta
entre nieblas,
palomas y memorias.
POEMA DE VIGILIA
Escribo en la noche
susurrante y ajena,
en esta calle mía
agresiva y ruidosa
como plaza de Roma
colmada de peregrinos espectaculares
y comerciantes
pregoneros.
―El sueño es un
ciervo que huye en lentos espirales―
Escribo en esta noche
incitante y extraña;
a mi lado el color
feliz de la quimera,
besa mis párpados,
araña las paredes,
penetra los poros,
se pierde en altos
cielos...
Escribo en esta noche
de inesperados laberintos:
en su penumbra,
como ascuas, espejos
vigilándonos,
los rostros de los
amados muertos,
los rostros de los
vivos,
los innumerables
rostros de la vida
y sus variados
universos.
Escribo en esta noche
lenta, envolvente como una profecía,
en la infinita
vigilia de sus astros...
Mis palabras habitan
la soledad.
SONETO
Estoy sobre tu sol y
tu sonrisa.
Para mi dalia busco
luz y canto
en la guitarra tierna
de tu brisa
desatada en el pecho
con quebranto.
Funda a mi cielo bajo
tu divisa
de playa abierta y
mariposa, en tanto,
fluye el rumor
caliente que agoniza
en mi frente, sus
alas en espanto.
Deja tu flor fluyente
y veladora
en la ribera dulce
que te implora
mi pez soñando por tu
madrugada.
A mis palomas dales
norte y flecha,
ata mis pulsos,
grábame tu fecha,
y siémbrame en tu
tierra desvelada.
SONETO DIFERENTE
Verano para qué, si
ya las sienes
altiva sombra ciñe
fatigada
y el alma su soñar
entregó en bienes
por el gran
pordiosero reclamada.
Verano para qué, si
solo vienes
con tu fragua de oros
y alborada
al holocausto que en
mi pecho tienes
de rosa y hombre,
lumbres y algarada...
No quiero el
manantial, sino huidiza
agua que corre
ahondando sus caudales;
criatura de espejos y
fanales,
su cielo en mi paloma
se eterniza.
Crece en mis ojos,
gasta mi ternura.
Mi vida su alimento
le procura.
Febrero 14 de 1986
TÚ, EL TESTIMONIO
Poesía;
vienes a soliviantar
mis huesos,
a cavarme,
a darme este vestido
desusado
de habitante
de los cuatro puntos
cardinales.
Aérea giras
mirando siempre al
norte de ti misma.
Tú, el testimonio.
La brisa que escribe
en la hierba
el testamento de las
flores;
el trébol que dibuja
el cristal del universo;
el ciervo que moja de
ternura los bosques.
La espuma y la ola,
la celliza y el rocío.
El hombre y sus
dominios
levantando montañas
de sal por las esquinas de la tierra
El hombre, que come
impasible su manjar de inocentes.
El que besa, el que
trabaja, el que sonríe,
el de la orquestal
pesadumbre,
el del secreto
preludio en su pan de sollozos,
y el que muere
de la muerte de todos
cada día.
Toma mi mordedura, el
signo, el eco,
no somos yo sino
nosotros.
Te entregamos a
ciegas
nuestro fondo
azaroso.
VERSOS AL TIEMPO
El tiempo es un
esquivo dromedario
que busca sus oasis
en las almas.
Es el dios inflexible
y desvelado,
habla un idioma
siempre diferente.
Su majestad nos viste
de cenizas.
Devora posesiones,
embelesos, presencias;
apaga el esplendor de
los augurios,
y nos ofrece como
frutos secos
a la muerte.
VIGILIA
En la noche sin
mástiles goteaba tu silencio.
De su carne y
penumbra el hombre se olvidaba.
nada más que la queja
de un cielo peregrino
apagando veleros en
el pecho sonámbulo,
y hacia la ignota
cifra el sueño marinero.
Calles de la noche,
aire desierto, reino
donde muertos y vivos
maduran sus granadas
navegando entre
brújulas de esperanza y quejumbre.
En la espalda del
tiempo sellada por mi frente
resbala el ángel
diestro que el espejo me esconde...
Poeta cubana nacida en La Habana en 1913.
Terminó sus estudios básicos en la Escuela Normal de La
Habana y posteriormente se matriculó en Pedagogía en la
Universidad de La Habana en 1949, estudios que suspendió
a los tres años para dedicarse a la docencia de
enseñanza primaria. Colaboró en diarios y revistas de
varios países latinoamericanos y fue conferencista y
crítica literaria en prensa y radio de Cuba. Fue una de
las fundadoras de la organización progresista "Unión
Nacional de Mujeres" y de "Nuestro Tiempo". Es autora de más de diez poemarios
publicados tanto en Cuba, como en Francia. De su obra
poética se destacan: “Paisaje y elegía”, “Mar cautiva”,
“Isla en el sueño”, “Vigilia y secreto” y “El diamante
herido”.Murió en Ciudad de La Habana el
15 de Junio de 2006. |