Año V
La Habana
2006

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ERNESTO “CHE” GUEVARA (XVI parte)
Primer recorrido por América
William Gálvez
La Habana


ENTRE EL AMOR Y LA TROTAMUNDES

Sobre la prolongada estancia, Ernesto apunta: “(…) Cada día me gusta o la quiero más a mi cara mitad. La despedida fue larga, ya que duró días y bastante cerca de lo ideal. A Come-back también lo siento mucho."  (1)

A su amiga Tita, le cuenta: “Después de babear abundantemente, mi compañero de viaje, Alberto Granado, me arrancó del palacio de Cipris y nos largarnos a conocer el sur argentino (...)” (2)

De sus notas leernos: "Alberto veía el peligro y ya se imaginaba solitario por los caminos de América pero no levantaba la voz. La puja entre ella y yo. Por un momento resonaban en mis oídos los versos Otero Silva, al irme, creía, victorioso:

"Yo escuchaba chapotear en el barco  / los pies descalzos / y presentía rostros anochecidos de hambre. / Mi corazón fue un péndulo entre ella calle. / Yo no sé con qué fuerza me libré de sus ojos / me zafé de sus brazos. / Ella quedó nublando de lágrimas su angustia / tras de la lluvia y cristal. / Pero incapaz para gritarme: iEspérame, / yo me marcho contigo.

Después dudé que la astilla tenga derecho a decir: vencí, cuando la resaca la arroja a la playa donde quería llegar, pero, eso fue después. Después no interesa al presente. Los dos días programados se estiraron o goma hasta hacerse 8 y con el sabor agridulce de la despedida mezclándose a mi inveterada halitosis me sentí llevar definitivamente por aires de aventuras hacia mundos que se me antojaban más extraños de lo que   resultaron.

Recuerdo un día en que el amigo mar decidió salir en mi defensa y sacarme del limbo en que cursaba. La playa estaba solitaria y un viento soplaba hacía la tierra. Mi cabeza estaba en el regazo que me sujetaba a esas tierras. Todo el universo flotaba rítmico obedeciendo los impulsos mi voz interior; era mecido por todo lo circundante. De pronto un soplo potente trajo distinta la voz del mar: levanté la cabeza sobresaltado, no era nada, sólo una falsa alarma; apoyé de nuevo mis sueños en el regazo acariciador cuando volví a oír la advertencia del mar. Su enorme disritmia martilleaba mi castillo y amenazaba su imponente serenidad. Sentimos frío y nos fuimos tierra adentro huyendo de la presencia turbadora que se negaba a dejarme. Sobre una corta porción de playa, el  caracoleaba indiferente a su ley sempiterna y de allí nacía la nota turbadora, el aviso indignado. Pero un hombre enamorado (Alberto aplica un adjetivo más suculento y menos literario), no está en condiciones de escuchar llamados de esta naturaleza; en el enorme vientre del Buick siguió construyéndose mi universo basado en un lado burgués.

"El punto uno del decálogo del buen raidista dice así: 1) Un raid tiene dos puntas. El punto donde se empieza y el punto donde se acaba; si tu intención es hacer coincidir el segundo punto teórico con el real no repares en los medios (como el raid es un espacio virtual que acaba donde acaba, hay tantos medios como posibilidades de que, se termine, es decir, los medios son infinitos).

"Yo me acordaba de la recomendación de Alberto: 'La pulsera o no sos quien sos'.

"Sus manos se perdían en el hueco de las mías.

"--Chichina, esta pulsera... ¿si me acompañara en todo el viaje como guía y un recuerdo?

"!Pobre! Yo sé que no pesó el oro, pese a lo que digan: sus dedos trataban de palpar el cariño que me llevara a reclamar los kilates que reclamaba. Eso, al menos, pienso, honestamente, yo. Alberto dice (con cierta picardía, me parece), que no se necesita tener dedos muy sensibles para palpar la densidad 29 de mi cariño". (3)

El yo trotamundos triunfó y el 14 de enero se encuentran en Necochea en casa de un amigo de Alberto, quién de momento no lo reconoce por lo lleno de grasa y polvo, "recibiendo una cordial bienvenida del colega y no tan cordial de la mujer que encontró un peligro, en nuestra bohemia sin excusas". (4)

El día 16 están comiendo un frugal asado en la zona de Río Quenquén Salado.

"Como había un viento muy fuerte que hacia pistonear a la moto, tuvimos que regular las válvulas. Es el primer cariñito que le hacemos a la Poderosa II después de casi 1800 kilómetros de recorrido", escribe Mial. Por su parte Fuser anotó: "(...) tras de agradecer los tres días de fácil vida que, nos brindara el matrimonio amigo, seguimos viaje a Babia Blanca, nos sentimos un poquito más solos y bastante más libres. Todavía allí nos esperaban amigos, esta vez míos." 40

Bahía Blanca. Montan su carpa en los jardines del juzgado, debido a que el juez es esposo de una tía de Ernesto, comerán en su casa. Mial refiere, la buena acogida de la familia Saravia Guevara y que pasaron una noche de farra con un casual, simpático y mentiroso personaje. Visitan varios lugares y el Puerto White. Ernesto anota:

“Varios días pasamos en el puerto sureño, acondicionando la moto y vagando por la ciudad. Eran los últimos de holgorio económico. El rígido plan de asado, polenta y pan debía cumplirse al pie de la letra para dilatar algo nuestra total desventura monetaria. El pan tenía un sabor de advertencia: 'dentro de poco te costará comerme viejo'. Y lo tragábamos con más ganas; como los camellos, queríamos hacer acopio para lo que viniera. En víspera de la partida me dio una gripe con bastante fiebre, lo que provocó un día de retardo en nuestra salida de Bahía Blanca (...)” (5)

Es 21 de enero, los experimentados baqueanos le habían sugerido viajar por la madrugada, pues a esa hora las arenas de los médanos no las levanta el viento debido al rocío y es más fresco el trayecto, pero no hacen caso. El camino cargado de arena caliente es sofocante y les provoca seis caídas.

Los médanos. Fuser por primera vez toma el timón, habían acordado que él condujera en las zonas no pobladas, por carecer de licencia internacional. El nuevo piloto mantiene una buena marcha, pero al entrar un arenal, pierde el control y se produce una aparatosa caída. Según Granado "el golpe no tuvo mayores consecuencias", pero su amigo recuerda: "(...) Alberto salió ileso pero a mi el cilindro me aprisionó un pie chamuscándolo algo, y dejando su desagradable recuerdo durante mucho tiempo, ya que no cicatrizaba la herida".

Un fuerte chaparrón convierte el camino en una fangosa vía que los hace caer dos veces antes de refugiarse en una estancia contigua. Escribe Fuser: "La acogida fue magnífica pero el resumen de estos primeros pasos en tierras no pavimentadas era realmente alarmante; nueve porrazos en un día. Sin embargo, echados en los catres que ahora serian nuestros legítimos lechos, junto a la Poderosa, nuestra morada de caracoles, veíamos el futuro con impaciente alegría. Parecía que respirábamos más libremente un aire más liviano que venia de allá, de la aventura. Países remotos, hechos heroicos, mujeres bonitas, pasaban en círculos por nuestra imaginación turbulenta; y por ojos cansados que se negaban, no obstante, al sueño, un par de puntos verdes que sintetizaban un mundo muerto se reían de mi pretendida liberación, acoplando la imagen a que pertenecieran a mi vuelo fabuloso por los mares y tierras de este mundo". (6)

Por un camino malo, cansados y con hambre el 22 de enero, paran en Picho Mahuida, pintoresco pobladito a la ribera del Río Colorado y se instalan sobre sus rojizas arenas, en un pequeño pinar; para Mial, es el lugar más bonito en que han acampado hasta la fecha. Comen carne asada, papas hervidas y toman los restos de una botella de vino tinto. Continúan, la conducción la van alternando. Un fallo de carburación les acaba el combustible. Un vehículo le facilita un poco y llegan a la estación ferroviaria de Benjamín Zorrilla.

"A la mañana siguiente (23 de enero) --anotó Ernesto-- nos levantamos temprano, pero cuando fui a buscar el agua para el mate, sentí una sensación extraña que me recorría el cuerpo y enseguida un escalofrío. A los diez minutos temblaba como un poseído sin poder remediar en nada mi situación; los sellos de quinina no actuaban y mi cabeza era un bombo donde retumbaban manchas extrañas, unos colores raros pasaban sin forma especial por las paredes y un vómito verde era el producto de desesperantes arcadas. Todo el día permanecí en el mismo estado, sin probar bocado, hasta que al entrar la noche me sentí con fuerzas como para trepar a la moto y dormitando sobre el hombro de Alberto, que manejaba, llegar a Chole-Choel (...)” (7)

Un enfermero poco amable, al que solicitan albergue, los remite al director del Hospital y éste al conocer que son, un Bioquímica y un estudiante de medicina indica que los sitúen en una cómoda habitación, en vez del rincón de un garaje que era, según la conversación anterior, lo único que podía darles. “Es decir, que de dos crotos (vagabundos) pasamos a ser dos señores, como si por poseer un titulo fuéramos más sensibles al frío y a las comodidades que dos humildes trabajadores". Anotó Mial y Fuser agrega: “(…) Allí se inició una serie de Penicilina que me corté la fiebre en 4 horas, pero cada vez que hablábamos de irnos el médico decía moviendo la cabeza: ´Para las gripes, cama'. (En la duda del diagnóstico se dio éste). Y pasamos varios días, atendidos a cuerpo de rey. Alberto me sacó una foto con mi indumentaria hospitalaria y mi aspecto impresionante, flaco, chupado, con ojos enormes y una barba cuya ridícula conformación no varió mucho en los meses en que me acompañó. Lástima que la fotografía no fuera buena, era un documento de la variación de nuestra manera de vivir, de los nuevos horizontes buscados, libres de las trabas de la ´civilización´”. (8)

1 Ernesto Guevara Lynch: obra citada, p. 380.

2 Adys Cupull y Froilán González: obra citada, p. 152.

3 Ernesto Che Guevara: obra citada, pp. 21-22.

4 Ibídem, p. 22.

5 Ibídem, p. 23.

6 Ibídem.

7 Ibídem.

8 Ibídem, pp. 24-25.

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