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ENTRE EL AMOR Y LA TROTAMUNDES
Sobre la prolongada estancia, Ernesto apunta: “(…)
Cada día me gusta o la quiero más a mi cara mitad. La
despedida fue larga, ya que duró días y bastante cerca
de lo ideal. A Come-back también lo siento mucho."
(1)
A su amiga Tita, le cuenta: “Después de babear
abundantemente, mi compañero de viaje, Alberto Granado,
me arrancó del palacio de Cipris y nos largarnos a
conocer el sur argentino (...)” (2)
De sus notas leernos: "Alberto veía el peligro y ya se
imaginaba solitario por los caminos de América pero no
levantaba la voz. La puja entre ella y yo. Por un
momento resonaban en mis oídos los versos Otero Silva,
al irme, creía, victorioso:
"Yo escuchaba chapotear en el barco / los pies
descalzos / y presentía rostros anochecidos de hambre. /
Mi corazón fue un péndulo entre ella calle. / Yo no sé
con qué fuerza me libré de sus ojos / me zafé de sus
brazos. / Ella quedó nublando de lágrimas su angustia /
tras de la lluvia y cristal. / Pero incapaz para
gritarme: iEspérame, / yo me marcho contigo.
Después dudé que la astilla tenga derecho a decir:
vencí, cuando la resaca la arroja a la playa donde
quería llegar, pero, eso fue después. Después no
interesa al presente. Los dos días programados se
estiraron o goma hasta hacerse 8 y con el sabor
agridulce de la despedida mezclándose a mi inveterada
halitosis me sentí llevar definitivamente por aires de
aventuras hacia mundos que se me antojaban más extraños
de lo que resultaron.
Recuerdo un día en que el amigo mar decidió salir en
mi defensa y sacarme del limbo en que cursaba. La playa
estaba solitaria y un viento soplaba hacía la tierra. Mi
cabeza estaba en el regazo que me sujetaba a esas
tierras. Todo el universo flotaba rítmico obedeciendo
los impulsos mi voz interior; era mecido por todo lo
circundante. De pronto un soplo potente trajo distinta
la voz del mar: levanté la cabeza sobresaltado, no era
nada, sólo una falsa alarma; apoyé de nuevo mis sueños
en el regazo acariciador cuando volví a oír la
advertencia del mar. Su enorme disritmia martilleaba mi
castillo y amenazaba su imponente serenidad. Sentimos
frío y nos fuimos tierra adentro huyendo de la presencia
turbadora que se negaba a dejarme. Sobre una corta
porción de playa, el caracoleaba indiferente a su ley
sempiterna y de allí nacía la nota turbadora, el aviso
indignado. Pero un hombre enamorado (Alberto aplica un
adjetivo más suculento y menos literario), no está en
condiciones de escuchar llamados de esta naturaleza; en
el enorme vientre del Buick siguió construyéndose mi
universo basado en un lado burgués.
"El punto uno del decálogo del buen raidista dice así:
1) Un raid tiene dos puntas. El punto donde se empieza y
el punto donde se acaba; si tu intención es hacer
coincidir el segundo punto teórico con el real no
repares en los medios (como el raid es un espacio
virtual que acaba donde acaba, hay tantos medios como
posibilidades de que, se termine, es decir, los medios
son infinitos).
"Yo me acordaba de la recomendación de Alberto: 'La
pulsera o no sos quien sos'.
"Sus manos se perdían en el hueco de las mías.
"--Chichina, esta pulsera... ¿si me acompañara
en todo el viaje como guía y un recuerdo?
"!Pobre! Yo sé que no pesó el oro, pese a lo que
digan: sus dedos trataban de palpar el cariño que me
llevara a reclamar los kilates que reclamaba. Eso, al
menos, pienso, honestamente, yo. Alberto dice (con
cierta picardía, me parece), que no se necesita tener
dedos muy sensibles para palpar la densidad 29 de mi
cariño". (3)
El yo trotamundos triunfó y el 14 de enero se encuentran
en Necochea en casa de un amigo de Alberto, quién de
momento no lo reconoce por lo lleno de grasa y polvo,
"recibiendo una cordial bienvenida del colega y no tan
cordial de la mujer que encontró un peligro, en nuestra
bohemia sin excusas". (4)
El día 16 están comiendo un frugal asado en la zona de
Río Quenquén Salado.
"Como había un viento muy fuerte que hacia pistonear
a la moto, tuvimos que regular las válvulas. Es el
primer cariñito que le hacemos a la Poderosa II después
de casi 1800 kilómetros de recorrido", escribe
Mial. Por su parte Fuser anotó: "(...)
tras de agradecer los tres días de fácil vida que, nos
brindara el matrimonio amigo, seguimos viaje a Babia
Blanca, nos sentimos un poquito más solos y bastante más
libres. Todavía allí nos esperaban amigos, esta vez
míos." 40
Bahía Blanca. Montan su carpa en los jardines del
juzgado, debido a que el juez es esposo de una tía de
Ernesto, comerán en su casa. Mial refiere, la
buena acogida de la familia Saravia Guevara y que
pasaron una noche de farra con un casual, simpático y
mentiroso personaje. Visitan varios lugares y el Puerto
White. Ernesto anota:
“Varios días pasamos en el puerto sureño,
acondicionando la moto y vagando por la ciudad. Eran los
últimos de holgorio económico. El rígido plan de asado,
polenta y pan debía cumplirse al pie de la letra para
dilatar algo nuestra total desventura monetaria. El pan
tenía un sabor de advertencia: 'dentro de poco te
costará comerme viejo'. Y lo tragábamos con más ganas;
como los camellos, queríamos hacer acopio para lo que
viniera. En víspera de la partida me dio una gripe con
bastante fiebre, lo que provocó un día de retardo en
nuestra salida de Bahía Blanca (...)” (5)
Es 21 de enero, los experimentados baqueanos le habían
sugerido viajar por la madrugada, pues a esa hora las
arenas de los médanos no las levanta el viento debido al
rocío y es más fresco el trayecto, pero no hacen caso.
El camino cargado de arena caliente es sofocante y les
provoca seis caídas.
Los médanos. Fuser por primera vez toma el
timón, habían acordado que él condujera en las zonas no
pobladas, por carecer de licencia internacional. El
nuevo piloto mantiene una buena marcha, pero al entrar
un arenal, pierde el control y se produce una aparatosa
caída. Según Granado "el golpe no tuvo mayores
consecuencias", pero su amigo recuerda: "(...)
Alberto salió ileso pero a mi el cilindro me aprisionó
un pie chamuscándolo algo, y dejando su desagradable
recuerdo durante mucho tiempo, ya que no cicatrizaba la
herida".
Un fuerte chaparrón convierte el camino en una fangosa
vía que los hace caer dos veces antes de refugiarse en
una estancia contigua. Escribe Fuser: "La
acogida fue magnífica pero el resumen de estos primeros
pasos en tierras no pavimentadas era realmente
alarmante; nueve porrazos en un día. Sin embargo,
echados en los catres que ahora serian nuestros
legítimos lechos, junto a la Poderosa, nuestra morada de
caracoles, veíamos el futuro con impaciente alegría.
Parecía que respirábamos más libremente un aire más
liviano que venia de allá, de la aventura. Países
remotos, hechos heroicos, mujeres bonitas, pasaban en
círculos por nuestra imaginación turbulenta; y por ojos
cansados que se negaban, no obstante, al sueño, un par
de puntos verdes que sintetizaban un mundo muerto se
reían de mi pretendida liberación, acoplando la imagen a
que pertenecieran a mi vuelo fabuloso por los mares y
tierras de este mundo". (6)
Por un camino malo, cansados y con hambre el 22 de
enero, paran en Picho Mahuida, pintoresco pobladito a la
ribera del Río Colorado y se instalan sobre sus rojizas
arenas, en un pequeño pinar; para Mial, es el
lugar más bonito en que han acampado hasta la fecha.
Comen carne asada, papas hervidas y toman los restos de
una botella de vino tinto. Continúan, la conducción la
van alternando. Un fallo de carburación les acaba el
combustible. Un vehículo le facilita un poco y llegan a
la estación ferroviaria de Benjamín Zorrilla.
"A la mañana siguiente (23 de enero)
--anotó Ernesto-- nos levantamos temprano, pero
cuando fui a buscar el agua para el mate, sentí una
sensación extraña que me recorría el cuerpo y enseguida
un escalofrío. A los diez minutos temblaba como un
poseído sin poder remediar en nada mi situación; los
sellos de quinina no actuaban y mi cabeza era un bombo
donde retumbaban manchas extrañas, unos colores raros
pasaban sin forma especial por las paredes y un vómito
verde era el producto de desesperantes arcadas. Todo el
día permanecí en el mismo estado, sin probar bocado,
hasta que al entrar la noche me sentí con fuerzas como
para trepar a la moto y dormitando sobre el hombro de
Alberto, que manejaba, llegar a Chole-Choel (...)”
(7)
Un enfermero poco amable, al que solicitan albergue, los
remite al director del Hospital y éste al conocer que
son, un Bioquímica y un estudiante de medicina indica
que los sitúen en una cómoda habitación, en vez del
rincón de un garaje que era, según la conversación
anterior, lo único que podía darles. “Es decir, que
de dos crotos (vagabundos) pasamos a ser dos señores,
como si por poseer un titulo fuéramos más sensibles al
frío y a las comodidades que dos humildes trabajadores".
Anotó Mial y Fuser agrega: “(…) Allí se
inició una serie de Penicilina que me corté la fiebre en
4 horas, pero cada vez que hablábamos de irnos el médico
decía moviendo la cabeza: ´Para las gripes, cama'. (En
la duda del diagnóstico se dio éste). Y pasamos varios
días, atendidos a cuerpo de rey. Alberto me sacó una
foto con mi indumentaria hospitalaria y mi aspecto
impresionante, flaco, chupado, con ojos enormes y una
barba cuya ridícula conformación no varió mucho en los
meses en que me acompañó. Lástima que la fotografía no
fuera buena, era un documento de la variación de nuestra
manera de vivir, de los nuevos horizontes buscados,
libres de las trabas de la ´civilización´”. (8)
1 Ernesto Guevara Lynch: obra citada, p.
380.
2 Adys Cupull y Froilán González: obra
citada, p. 152.
3 Ernesto Che Guevara: obra citada, pp.
21-22.
4 Ibídem, p. 22.
5 Ibídem, p. 23.
6 Ibídem.
7 Ibídem.
8 Ibídem, pp. 24-25. |