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2006

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Apuntes mañaneros
Amado del Pino
La Habana


Después de varios meses lejos de esos trajines, esta mañana volví a estar en una Conferencia de Prensa. Me sentí, en parte, como cuando regreso a mi Tamarindo natal y saludo primos, compañeros de escuela, paisajes. Los colegas del sector cultural —el “familión”, como alguna vez le llamé— estaban ahí dispuestos a cederme un puesto en la sala y compartir apuntes, informaciones y sonrisas. Había caras nuevas y muchas otras que durante décadas han acercado la grabadora o esgrimido la pluma para promover, orientar, deslindar.

Al periodista le pasa como al médico. Todos piensan que “su caso” es el más importante, que nada más puede compartir la atención en ese momento. Me conozco esta dinámica desde los dos ángulos. Cuando se trata del estreno de una de mis obras, me comporto igual o peor que el más apasionado de los creadores. Me fijo si la muchacha recién llegada a la emisora guardó de verdad en su cartera la Nota o me angustio si —a las doce del día, cuando el sol y el hambre piden a gritos una tregua— los periodistas se quedan callados y no anotan ni preguntan. Me olvido entonces de que yo también he bostezado en alguna que otra conferencia y de que mi mano se cansó muchas veces de los apuntes, o de que la intuición me dijo que los protagonistas estaban dando vueltas sobre lo mismo sin informar nada nuevo. Cuando un colega dobla la curva de las dos peguntas y se pierde en detalles prescindibles se le mira de medio lado : si es de confianza, se le pasa un papelito, pero casi siempre con respeto y tacto. Mañana el apurado de hoy puede ser el preguntón en otro intercambio parecido.

Me sigue gustando ese momento en que el hecho más bien privado de un rodaje, la edición de un libro o un evento se abre a todos a través de estas personas laboriosas y sensibles que deben estar por la mañana atentos al concertista que debutará el fin de semana y al mediodía son reclamados por la feria del libro o la temporada teatral de ballet que también se aproximan. 

Cuando se trata de una jornada en provincias los lazos de amistad se fortalecen. Hay que respetarse el turno en la computadora (antes en aquellos ruidosos y para mi difíciles telex) o pedirles de favor a las compañeras del restaurante que le guarden una ración al amigo que no ha llegado porque está “tirando” para su periódico o emisora. El festival fuera de La habana ayuda también a conocer mejor a los artistas. He visto como reporteros que disfrutan de la cultura en general, pero no se han especializado en ninguna manifestación, se acercan más al teatro a partir de su estancia en los encuentros nacionales que cada dos años se celebran en la central provincial de Camagüey. A partir de esa experiencia fulano o mengana dejan de ser el actor lejano o el director de pocas palabras para convertirse en el compañero de viaje, conversaciones de elevador y muchas anécdotas compartidas.

Cuando alguien recién graduado se incorpora al sector le suelo recomendar que se especialice. Es un banquete espiritual estar informado e informar sobre todas las variantes artísticas, pero para la entrevista ambiciosa o el reportaje hondo, viene muy bien conocer un poco de la técnica, bastante de la historia de la manifestación y esa otra cultura que late en los hábitos, los humores, los desvelos básicos del creador que está detrás del lienzo o el monólogo de la sinfonía o la obra en dos tomos.

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