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Acabo de andar
por la esquina de Prado y San José. He mirado los
carteles del cine Payret y por minutos me he quedado
alelado viendo los créditos. El Benny. Una película
inspirada en la vida de Benny Moré, dirigida por Jorge
Luis Sánchez y protagonizada por Renny Arozarena…
El proyecto
cinematográfico que durante más de diez años trajo a
cuestas su creador, es por fin una feliz realidad. Una
película que en mi opinión irá progresivamente llamando
la atención de la inmensa mayoría de ese público nuestro
que no ha dejado callar a Benny Moré, aquellos que lo
llevan como la mejor cobija interior para los momentos
de dicha o de infelicidad.
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El otro día mientras
veía El Benny en su premier, me acordé de
aquellas fotos tomadas por mi amigo Edelso Vidal en
agosto del sesenta y dos al Bárbaro y su Tribu después
de acabarse un bailable en los carnavales de Bayamo.
Ahora mirando los carteles del Payret las vuelvo a
recordar. Ha de ser porque entre ellas y la película de
Jorge Luis hay una esencia coincidente. No niegan la
existencia del mito en que se convirtió uno de nuestros
más grandes músicos de todos los tiempos, sin despojarlo
de su carne humanísima. Cualquiera que visite los cines
del circuito de estreno a lo largo de la Isla lo podrá
advertir en el filme. Para que vean la parentela de las
fotos con El Benny, se las ofrezco aquí sin
mayores comentarios, porque como diría mi abuela, ellas
hablan solas.
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Estas instantáneas
fueron tomadas por un adolescente que estaba comenzando
a entrenarse como fotógrafo, sin que todavía tuviera la
seguridad de que muy poco después comenzaría a ganarse
la vida con esta profesión. Son apenas seis fotos que
estuvieron durante años desperdigadas en el archivo de
Edelso, en las que aparece el Bartolomé Maximiliano Moré
que muy pocos meses antes de su muerte, con visible
deterioro físico, se empeñaba por sostener sobre los
escenarios del país el mito Benny Moré.
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Bartolo con el dedo a
la altura de la oreja, indicándole a uno de sus
compañeros que pusiera atención. Apoyado entre el piano
y el bastón con visible melancolía. De perfil y mirando
a ningún lugar mientras la banda se apresta a dejar el
lugar. Impasible en su tristeza, caminando entre el
vocerío de sus músicos. Quién sabe lo que le diría el
percusionista Chicho Piquero, para que Benny, bastón
bajo el brazo, lo mirara así. El gran músico del momento
ante la humilde fuente de comida, que no se anima a
tocar.
Ahora cualquiera
podrá poner reparos de carácter técnico artístico, a
aquellas fotos que Vidal tiró con su corriente Kodak
120, pero nadie podrá negar que ellas son valiosos
testimonios del trasiego que tuvo en sus últimos días,
aquella criatura donde alentó la genialidad musical.
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