Año V
La Habana

5 al 11 de AGOSTO
de 2006

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 Entrevista con Renny Arozarena
Representar al Benny: El principio del principio
Yinett Polanco La Habana
 Foto: Magda Resik


Por estos días el más reciente estreno de la filmografía cubana conmueve los cines de La Habana, se trata de El Benny, una película sobre la vida de quien fuera conocido como El Bárbaro del Ritmo. El filme no solo ha tenido buena acogida por parte del público, sino también por la crítica especializada. Sin embargo, tanto unos como otros se han sorprendido con el desempeño de Renny Arozarena, un rostro prácticamente nuevo para la pantalla grande nacional, quien encarna al célebre músico de manera tan convincente, que a los pocos minutos el auditorio ya ha olvidado su escaso parecido físico con el personaje para imbuirse en una actuación que nos regala, revivido y lleno de fuerza, al músico más popular de Cuba.

En una entrevista anterior hablabas de las cosas que habías tenido que hacer o aprender para el papel del Benny (bailar, cantar...) y eso me remitía a la sorpresa de muchos críticos por cómo el público ha asumido tu caracterización del personaje a pesar del problema de tu parecido con el Bárbaro del Ritmo...

Mira, cuando a mí me dan el personaje del Benny, a través de un casting, pasé de la alegría al susto, porque me di cuenta de la responsabilidad que iba a encarar. Pero no estaba solo, detrás de mí había todo un equipo: el maestro Isidro Rolando, quien actualmente trabaja con Danza Contemporánea de Cuba, me dio clases de ballet, de danza, de expresión corporal, específicamente para aprender el movimiento de Benny en la escena, cómo él dirigía la banda, cómo hacía los gestos, etcétera, a través de los kinetoscopios. En ese proceso de dos años de entrenamiento diario, muy riguroso, también hice una dieta para poder adelgazar, porque mi composición física es de aproximadamente 180 libras y tuve que bajar hasta 160. Fue un proceso muy duro. Además tuve clases de piano, de canto y respiración, con la profesora Emma Noriega; clases de percusión y maracas con el Panga y recibí clases de guitarra con Marta Campos. Fueron dos años dedicados —al ciento por ciento— a ese trabajo, a transformarme, a convertirme en Benny Moré. Por supuesto, como cubano que soy, tenía nociones de música, de baile... pero cuando vas a interpretar un personaje que fue músico, es distinto; se trataba de caracterizar a este hombre, cosa muy difícil también por cuanto las referencias que quedan de él son grabaciones en las cuales casi siempre está bailando, no se ve a Benny Moré en un material audiovisual hablando o caminando, hay solo una grabación de cuando él estuvo en Radio Progreso, pero muy pequeña. Por esa razón tuve que ir construyendo a mi Benny Moré, en el que yo creía.

En ese sentido me ayudaron mucho las entrevistas que les fuimos haciendo a diferentes personas, tanto músicos que lo conocieron, como amigos, incluso novias y mujeres que tuvo Benny, compositores como Ricardo Pérez que todavía viven, entrevistamos a Castellano, y sobre todo me ayudó las entrevistas con su familia. Una cosa que me benefició en esas entrevistas fue haberlas hecho bajo el anonimato, es decir, yo no decía que era el actor que iba a interpretar a Benny, así quienes lo habían conocido de cerca no se predisponían, porque a mucha gente que sí lo sabía, le pasaba eso de que no me veían ningún parecido. Entonces el reto mío era mayor, porque me sentía capaz de hacer el papel y me molestaba que la gente no creyera en mí, en todo el proceso que yo estaba siguiendo. Ese anonimato me dio libertad para que la gente no me juzgara por adelantado y poderlos estudiar a ellos, porque los cubanos hablan y cuando hablan, actúan. La gente te ponía la cara de él al hacer una anécdota, o hablaban y se movían como él lo hizo al hacerte un cuento. En su familia están sus gestos, su mirada y esto me permitió ver a Benny a través de esas personas.

Él era de origen campesino, un hombre muy humilde, hablaba de manera campechana, era jaranero, se metía con la gente sin conocerla y todo eso fue transformándome, porque en realidad yo no coincido con muchas cosas de su carácter, de su personalidad, y tuve que asimilar todo su estirpe de guajiro, de hombre de campo.... y como único tú puedes conocer a un campesino es a través de la sinceridad. Entonces tuve que ser muy sincero y en algunos casos dejar de ser yo mismo para que él pudiera entrar en mí y poder disfrutar el personaje, conocerlo y hacerme prácticamente su amigo. Fue un proceso muy lindo y lo mejor que pudo haberme pasado, porque a mí me encanta hacer personajes que no tengan nada en común conmigo, por el proceso de estudio, de investigación, de análisis psicológico que lleva. Para mí es vital la desconfiguración de mi persona para encarnar a otra. Como bien decía Stanislavsky, el actor es el ser humano que más vidas vive, porque en cada papel deja de ser uno mismo para vivir la vida que encarna. Esto ha sido muy importante para mí, al igual que la respuesta del público ante la película, ha sido asombrosa porque mucha gente en la calle me felicita, me saluda, pero también hay mucha gente que no me reconoce y eso me gusta, porque se ve el trabajo de transformación, de desdoblamiento. Otra cosa que me llena de satisfacción es el público de diferentes edades que va a las salas, y eso quiere decir que el Benny sigue vivo, entre nosotros, está en un bar, en una esquina. Creo que esta película se le debía hacía largo tiempo. Yo lo disfruté muchísimo, aún lo estoy haciendo, de verdad estoy súper complacido con el papel porque fue muy lindo, muy agradable, conocer a Benny Moré.

Aun con todo este proceso preparatorio para encarnar al Bárbaro del Ritmo, supongo que estarías nervioso antes del estreno esperando la reacción del público, ¿a cuál segmento de este le temías más?

El público que más me atemorizaba eran los familiares de Benny, y sin embargo, fueron los primeros que me dieron el visto bueno, me abrazaron, me felicitaron, incluso me pasó algo inesperado: me pidieron autógrafos. Ellos son gente muy humildes, muy naturales, con las cuales me sentí a gusto desde el primer momento cuando hicimos las entrevistas. Hilda, su hija, me dijo una cosa muy bonita: “¿Cómo es posible que tú me hayas recordado tanto a papi? Hay cosas que haces como él que no pudiste haberlas visto en ningún lugar y sin embargo las haces.” Imagínate lo que eso significó para mí. Luego, en segundo lugar estaba la aceptación del pueblo de Lajas y del público de Cienfuegos. Esos fueron los termómetros más calientes para mí.

Haz dicho que todo cubano lleva un Benny Moré dentro...

Sí, porque todo el mundo tiene una anécdota, un pasaje para contar acerca de él. Si no es una anécdota propia, porque no lo conoció, es algo que le contó su mamá o su abuelita, o sea, cada quien tiene su imagen del Benny, pero de manera general se le tiene como en una urna de cristal. El cubano lo ha endiosado y eso es bueno, pero también se debe recordar que el Benny fue un hombre de carne y hueso, un ser humano que se equivocó, con defectos y virtudes. Ese fue el Benny que yo conocí y es el que más quiero.

Provienes del teatro y ya habías incursionado en el cine con Entre ciclones, pero el papel del Benny es algo totalmente diferente, ¿a partir de aquí cuánto puede cambiar tu carrera como actor?

Como bien tú decías yo debuté en el cine con Entre ciclones y si bien mi personaje en ese filme no era protagónico sino coprotagónico, por suerte navegó con buenos aires ante la crítica. Creo que cada una de las actuaciones, no solo en el cine, sino también en el teatro, es el principio del principio, es decir, creo que un buen paso es el principio de otro buen paso y me parece que haber ido abriendo puertas es tan importante como seguirlas abriendo, o como seguir aprendiendo. Entonces no creo que este personaje sea el final, ni el colofón, ni lo mejor, creo que lo mejor siempre está dentro de uno mismo. Te repito, esto es el principio del principio.

Ahora mismo estás haciendo Cangamba...

Exacto, con el maestro Rogelio París, y estoy haciendo un personaje que no tiene nada que ver con Benny Moré, es un general de la UNITA, o sea, es un personaje negativo, pero que está construido con mucho respeto y me gusta además porque debí estudiar portugués e inglés para hacerlo. O sea, que constantemente estoy aprendiendo y transformándome, esto significa que he tocado una puerta y se me ha abierto, pero me quedan muchas más por seguir abriendo.

¿El viaje a Locarno con la película El Benny sería otra puerta más que se podría abrir?

Voy a Locarno con una sola idea: que la gente conozca a Benny Moré. Este es mi primer viaje, y voy además representando una película cubana y un hombre como Benny Moré. Mi alegría es entonces mostrarle al mundo a este hombre que tanto queremos nosotros; llevo la cara de este filme que habla de nuestra idiosincrasia musical, de un genio musical nuestro y por eso voy con tremendo orgullo a representar mi película. Si esta tiene premio o no, eso no es lo más importante, lo importante es que está ahí, que el pueblo de Cuba tiene la película y que el Benny volvió a vivir.

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