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"…Visitamos los barcos en el muelle para ver si alguno
sale hacia la isla de Pascua pero las noticias son
desalentadoras, ya que hasta dentro de 6 meses no sale
ningún barco en esa dirección. Recogemos vagos datos de
unos aviones que hacían vuelos una vez por mes.
"¡La Isla de Pascua!
La imaginación detiene su vuelo ascendente y que va
dando vueltas en torno a ella: 'allí tener un novio
blanco es un honor para ellas'. 'Allí, trabajar, qué
esperanza, las mujeres hacen todo, uno come, duerme y
las tiene contentas'. Ese lugar maravilloso donde el
clima es ideal, las mujeres ideales, la comida ideal, el
trabajo ideal (en su beatífica inexistencia). Qué
importa quedarse un año allí, qué importan estudios,
sueldos, familia, etc. Desde un escaparate una enorme
langosta de mar nos guiña un ojo, y desde las cuatro
lechugas que le sirven de lecho nos dice con todo su
cuerpo: 'soy de la isla de Pascua; allí donde está el
clima ideal, las mujeres ideales' (...)."18
18- Ibídem, p. 49.
Es evidente que el
joven Ernesto poseía cualidades de escritor.
A pesar de lo
conocido, deciden ir el próximo día a visitar al señor
Molina Luco para ver la forma de llegar a esa isla. En
La Gioconda esperan al compatriota que quedó en
llevarlos a su casa, pero no aparece. Al conocer la
situación de los andarines, el dueño de la fonda les
dice que allí pueden comer durante los días de espera
del viaje a la isla. Ernesto apuntó: "Este era un tipo
extraño, indolente y lleno de una caridad enorme para
cuanto bicho viviente fuera de lo normal se acercara
hasta su puerta; cobraba, sin embargo, a precio de oro,
a los clientes normales, las cuatro porquerías que
despachaba en su negocio. En los días que nos quedamos
allí no pagamos un centavo y nos llenó de atenciones;
hoy por tí, mañana por mí (...). Era su dicho preferido,
lo que no indicaría gran originalidad, pero era muy
efectivo."19
En la noche caminan
las estrechas y sucias calles portuarias, entre el
bullicio de las rameras y los marineros ebrios. La
estridente música, proveniente de los numerosos bares
los acompaña. El 6 de marzo tratan de localizar sin
éxito a los médicos que conocieron de Petrohué. Por la
tarde Mial con una idea de dónde encontrarlos, va
a visitarlos, mientras Fuser, a petición del
fondero acude a ver a una clienta suya; una anciana, que
es asmática, éste anotó:
"La pobre daba
lástima, se respiraba en su pieza ese olor acre de sudor
concentrado y patas sucias, mezclado al polvo de unos
sillones, única paquetería de la casa. Sumaba a su
estado asmático una regular descompensación cardíaca. En
estos casos es cuando el médico consciente de su total
inferioridad frente al medio, desea un cambio de cosas,
algo que suprima la injusticia que supone que la pobre
vieja hubiera estado sirviendo hasta hacía un mes para
ganarse el sustento, hipando y penando, pero manteniendo
frente a la vida una actitud erecta.
"Es que la adaptación
al medio hace que en las familias pobres, el miembro de
ellas incapacitado para ganarse el sustento se vea
rodeado de una atmósfera de acritud apenas disimulada;
en ese momento se deja de ser padre, madre o hermano,
para convertirse en un factor negativo en la lucha por
la vida y, como tal, objeto del rencor de la comunidad
sana que le echará (en cara) su enfermedad, como si
fuera un insulto personal a los (sanos) que deben
mantenerlo. Allí, en estos últimos momentos de gente
cuyo horizonte más lejano fue siempre el día de mañana,
es donde se capta la profunda tragedia que encierra la
vida del proletariado de todo el mundo; hay en esos ojos
moribundos un sumiso pedido de disculpas y también,
muchas veces, un desesperado pedido de consuelo que se
pierde en el vacío, como se perderá pronto su cuerpo en
la magnitud del misterio que nos rodea.
19- Ibídem.
"Hasta cuando seguirá
este orden de cosas basado en un absurdo sentido de
casta es algo que no está en mí contestar pero es hora
de que los gobernantes dediquen menos tiempo a la
propaganda de sus bondades como régimen y (den) más
dinero, muchísimo más dinero, a solventar obras de
utilidad social. Mucho no puedo hacer por la enferma:
simplemente le doy un régimen aproximado de comida y le
receto un diurético y unos polvos antiasmáticos. Me
quedan unas pastillas de dramamina y se las regalo.
Cuando salgo, me siguen las palabras zalameras de la
vieja y las miradas indiferentes de los familiares."20
El joven Ernesto se
percata claramente de la injusticia social pero
confiesa: "Es algo que no esta en mí contestar (...)", a
la par que aboga, ingenuamente, porque los "gobernantes
dediquen menos tiempo a la propaganda de sus bondades
como régimen y den más dinero, muchísimo más dinero, a
solventar obras de utilidad social." Estas palabras que
revelan su sensibilidad social y su propio proceso de
formación política, son las primeras y más profundas en
ese viaje.
En la fonda, Mial
le informa, que localizó a uno de los médicos y que
acordaron verse a la siguiente mañana. En ese momento,
una de las viejas de la cocina contaba una macabra
historia, sobre la que Fuser escribió: "En el
cuartucho que sirve de cocina, comedor, lavadero y
meadero de perros y gatos, hay una reunión heterogénea.
El dueño, con su filosofía sin sutilezas, doña Carolina,
vieja sorda y servicial que dejó nuestra pava parecida a
una pava, un mapuche borracho y débil mental, de
apariencia patibularia, dos comensales más o menos
normales y la flor de la reunión: doña Rosita, una vieja
loca. La conversación gira en torno a un hecho macabro
del que Rosita ha sido testigo; porque parece que ha
sido la única testigo en el momento en que a su pobre
vecina un hombre con un gran cuchillo la descueró
íntegramente."
20- Ibídem, p. 50.
Otro habló de un
"enviado de Dios, que cura múltiples enfermedades, pero
finalmente pasa el cepillo. Parece que el negocio no es
más malo que otros del montón. La publicidad de los
pasquines es extraordinaria y la credulidad de la gente
también; pero, eso sí, de las cosas que veía doña Rosita
se reían con toda la tranquilidad del mundo".21
21- Ernesto Guevara Lynch: obra citada,
p. 296. |