Año V
La Habana
2006

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EL RECORRIDO DE CHE POR AMÉRICA
Su sensibilidad social
William Gálvez
La Habana


"…Visitamos los barcos en el muelle para ver si alguno sale hacia la isla de Pascua pero las noticias son desalentadoras, ya que hasta dentro de 6 meses no sale ningún barco en esa dirección. Recogemos vagos datos de unos aviones que hacían vuelos una vez por mes.

"¡La Isla de Pascua! La imaginación detiene su vuelo ascendente y que va dando vueltas en torno a ella: 'allí tener un novio blanco es un honor para ellas'. 'Allí, trabajar, qué esperanza, las mujeres hacen todo, uno come, duerme y las tiene contentas'. Ese lugar maravilloso donde el clima es ideal, las mujeres ideales, la comida ideal, el trabajo ideal (en su beatífica inexistencia). Qué importa quedarse un año allí, qué importan estudios, sueldos, familia, etc. Desde un escaparate una enorme langosta de mar nos guiña un ojo, y desde las cuatro lechugas que le sirven de lecho nos dice con todo su cuerpo: 'soy de la isla de Pascua; allí donde está el clima ideal, las mujeres ideales' (...)."18

18- Ibídem, p. 49.

Es evidente que el joven Ernesto poseía cualidades de escritor.

A pesar de lo conocido, deciden ir el próximo día a visitar al señor Molina Luco para ver la forma de llegar a esa isla. En La Gioconda esperan al compatriota que quedó en llevarlos a su casa, pero no aparece. Al conocer la situación de los andarines, el dueño de la fonda les dice que allí pueden comer durante los días de espera del viaje a la isla. Ernesto apuntó: "Este era un tipo extraño, indolente y lleno de una caridad enorme para cuanto bicho viviente fuera de lo normal se acercara hasta su puerta; cobraba, sin embargo, a precio de oro, a los clientes normales, las cuatro porquerías que despachaba en su negocio. En los días que nos quedamos allí no pagamos un centavo y nos llenó de atenciones; hoy por tí, mañana por mí (...). Era su dicho preferido, lo que no indicaría gran originalidad, pero era muy efectivo."19

En la noche caminan las estrechas y sucias calles portuarias, entre el bullicio de las rameras y los marineros ebrios. La estridente música, proveniente de los numerosos bares los acompaña. El 6 de marzo tratan de localizar sin éxito a los médicos que conocieron de Petrohué. Por la tarde Mial con una idea de dónde encontrarlos, va a visitarlos, mientras Fuser, a petición del fondero acude a ver a una clienta suya; una anciana, que es asmática, éste anotó:

"La pobre daba lástima, se respiraba en su pieza ese olor acre de sudor concentrado y patas sucias, mezclado al polvo de unos sillones, única paquetería de la casa. Sumaba a su estado asmático una regular descompensación cardíaca. En estos casos es cuando el médico consciente de su total inferioridad frente al medio, desea un cambio de cosas, algo que suprima la injusticia que supone que la pobre vieja hubiera estado sirviendo hasta hacía un mes para ganarse el sustento, hipando y penando, pero manteniendo frente a la vida una actitud erecta.

"Es que la adaptación al medio hace que en las familias pobres, el miembro de ellas incapacitado para ganarse el sustento se vea rodeado de una atmósfera de acritud apenas disimulada; en ese momento se deja de ser padre, madre o hermano, para convertirse en un factor negativo en la lucha por la vida y, como tal, objeto del rencor de la comunidad sana que le echará (en cara) su enfermedad, como si fuera un insulto personal a los (sanos) que deben mantenerlo. Allí, en estos últimos momentos de gente cuyo horizonte más lejano fue siempre el día de mañana, es donde se capta la profunda tragedia que encierra la vida del proletariado de todo el mundo; hay en esos ojos moribundos un sumiso pedido de disculpas y también, muchas veces, un desesperado pedido de consuelo que se pierde en el vacío, como se perderá pronto su cuerpo en la magnitud del misterio que nos rodea.

19- Ibídem.

"Hasta cuando seguirá este orden de cosas basado en un absurdo sentido de casta es algo que no está en mí contestar pero es hora de que los gobernantes dediquen menos tiempo a la propaganda de sus bondades como régimen y (den) más dinero, muchísimo más dinero, a solventar obras de utilidad social. Mucho no puedo hacer por la enferma: simplemente le doy un régimen aproximado de comida y le receto un diurético y unos polvos antiasmáticos. Me quedan unas pastillas de dramamina y se las regalo. Cuando salgo, me siguen las palabras zalameras de la vieja y las miradas indiferentes de los familiares."20

El joven Ernesto se percata claramente de la injusticia social pero confiesa: "Es algo que no esta en mí contestar (...)", a la par que aboga, ingenuamente, porque los "gobernantes dediquen menos tiempo a la propaganda de sus bondades como régimen y den más dinero, muchísimo más dinero, a solventar obras de utilidad social." Estas palabras que revelan su sensibilidad social y su propio proceso de formación política, son las primeras y más profundas en ese viaje.

En la fonda, Mial le informa, que localizó a uno de los médicos y que acordaron verse a la siguiente mañana. En ese momento, una de las viejas de la cocina contaba una macabra historia, sobre la que Fuser escribió: "En el cuartucho que sirve de cocina, comedor, lavadero y meadero de perros y gatos, hay una reunión heterogénea. El dueño, con su filosofía sin sutilezas, doña Carolina, vieja sorda y servicial que dejó nuestra pava parecida a una pava, un mapuche borracho y débil mental, de apariencia patibularia, dos comensales más o menos normales y la flor de la reunión: doña Rosita, una vieja loca. La conversación gira en torno a un hecho macabro del que Rosita ha sido testigo; porque parece que ha sido la única testigo en el momento en que a su pobre vecina un hombre con un gran cuchillo la descueró íntegramente."

20- Ibídem, p. 50.

Otro habló de un "enviado de Dios, que cura múltiples enfermedades, pero finalmente pasa el cepillo. Parece que el negocio no es más malo que otros del montón. La publicidad de los pasquines es extraordinaria y la credulidad de la gente también; pero, eso sí, de las cosas que veía doña Rosita se reían con toda la tranquilidad del mundo".21

21- Ernesto Guevara Lynch: obra citada, p. 296.

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