Año V
La Habana
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Francisco de Oráa
(La Habana, 1929)


UN SOLO NOMBRE NEGRO

Un solo nombre inscribo sobre la arena,

un solo nombre allí perpetuo,

de negro aire es fuerte como los muertos en el tiempo,

mi corazón de espuma negra y pétalos inmóviles

como un rosal sembrado junto al mar allí es perpetuo,

inmóvil como un pájaro en el tiempo,

ola en el viaje inmóvil de la noche,

como las piernas negras del mar encadenado

y el crecimiento fijo de la espuma,

allí de sal es perpetuo,

inmóvil como el tiempo sobre un pájaro,

el tiempo negro sobre un pájaro negro,

mi corazón inscribe un solo nombre para no morir nunca,

un solo nombre negro sobre la sal perpetua.


POR EJEMPLO DEL AGUA

Por ejemplo del agua

¿con qué diamante obsérvame tu noche,

concreta tu mirada

oscura contra el blanco cielo? Oscuro

diamante hace tu belleza.

¿Quién es tu cercanía, amor mío,

tu nombre extraño a tu criatura?

Árbol de agua: me duele la extrañeza

de tu próximo peso, si devuelves

la fiesta de agua que soy,

la centella devoradora que movió mi niñez a cielo,

que de mi ventana de agua hizo estrella,

de mi respiración aguas de diamante.

Pero el montón de sombras duro, lejanía

que opone tu ojo al tiempo, te separa

de la caída claridad donde no soy ahora.

—Si te vas yendo dime si me amas.

ÁRBOL LLAGADO DE BELLEZA

Mido los pies de mi espesa nada:

tú peso eterno, densidad

de ojo cerrado, árbol llagado de belleza

                 que entras por mi ventana.

 

Cojo crecer sonriendo a tu sombrero de luz,

tu ángel de caricia o capa de lacio tiempo,

sombría agua de madre.

Ya levantado como sonrisa en esas aguas

a ser su transparencia, cerrado sueño

atravesable, a ser la luz. No llego a que seas piedra.

 

Te amo, espalda de agua que no atiendes, bebiendo tu interés

con dirección de ciego. Porque estoy lejos puedo

tocar con ojos tu cerrada

 

proximidad y te amo el fondo de noche que me mira,

peso de sombra a la succión,

la absorbente mirada de la noche.

 

Es lo que soy los ojos de la sed: cuando se apaguen

comenzaré a subir dentro de ti la noche—

hasta beber la fresca piedra de donde sale el tiempo.

 

¿Es el amor los pasos a tu próximo peso, el ojo pegajoso en
el olvido, o la noche?

¿Una hoja tomada para ser, el vacío sediento de un espejo, o
la piedra?

¿Finta de la locura a establecer una caja a la muerte?

 

¿O la angustia del cuerpo de la noche en el tiempo?

Paloma en cruz de noche. Yo no sé, sólo tiendo

como desnuda sed desde la noche con que miro.


«NOSOTROS, QUE SÓLO SOMOS HOMBRES»

Llegado ya el verano sacábamos la mesa hasta el jardín

y, puesta en el sueño del mundo,

ebrios de brisas de Júpiter violado, jazmín del Cabo y
nomeolvides,

nosotros, hombres,

realmente subíamos a comer en el Paraíso.


DOMINGO

Ruinas lunares agredidas

pacientemente por la hierba.

 

Las grúas en descanso

sostienen pajaritos.

Tomado del libro Noche y Fulgor.  Editorial Letras Cubanas, 2002.

Poeta y narrador.  Ha colaborado con las revistas Unión, Casa de las Américas, Bohemia, La Gaceta de Cuba, Revista de la Biblioteca Nacional José Martí, Islas, Revolución y Cultura. Ha sido jurado en el concurso latinoamericano Casa de las Américas, en el concurso nacional de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba y en los de Talleres Literarios de diversas provincias del país. En 1993 recibió el Premio Nacional de Literatura.

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