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UN
SOLO NOMBRE NEGRO
Un solo nombre
inscribo sobre la arena,
un solo nombre allí
perpetuo,
de negro aire es
fuerte como los muertos en el tiempo,
mi corazón de espuma
negra y pétalos inmóviles
como un rosal
sembrado junto al mar allí es perpetuo,
inmóvil como un
pájaro en el tiempo,
ola en el viaje
inmóvil de la noche,
como las piernas
negras del mar encadenado
y el crecimiento fijo
de la espuma,
allí de sal es
perpetuo,
inmóvil como el
tiempo sobre un pájaro,
el tiempo negro sobre
un pájaro negro,
mi corazón inscribe
un solo nombre para no morir nunca,
un solo nombre negro sobre la sal perpetua.
POR EJEMPLO DEL AGUA
Por ejemplo del agua
¿con qué diamante
obsérvame tu noche,
concreta tu mirada
oscura contra el
blanco cielo? Oscuro
diamante hace tu
belleza.
¿Quién es tu
cercanía, amor mío,
tu nombre extraño a
tu criatura?
Árbol de agua: me
duele la extrañeza
de tu próximo peso,
si devuelves
la fiesta de agua que
soy,
la centella
devoradora que movió mi niñez a cielo,
que de mi ventana de
agua hizo estrella,
de mi respiración
aguas de diamante.
Pero el montón de
sombras duro, lejanía
que opone tu ojo al
tiempo, te separa
de la caída claridad
donde no soy ahora.
—Si te vas yendo dime si me amas.
ÁRBOL LLAGADO DE BELLEZA
Mido los pies de mi espesa nada:
tú
peso eterno, densidad
de
ojo cerrado, árbol llagado de belleza
que entras por mi ventana.
Cojo crecer sonriendo a tu sombrero de luz,
tu
ángel de caricia o capa de lacio tiempo,
sombría agua de madre.
Ya levantado como
sonrisa en esas aguas
a ser su
transparencia, cerrado sueño
atravesable, a ser la
luz. No llego a que seas piedra.
Te amo, espalda de
agua que no atiendes, bebiendo tu interés
con dirección de
ciego. Porque estoy lejos puedo
tocar con ojos tu
cerrada
proximidad y te amo
el fondo de noche que me mira,
peso de sombra a la
succión,
la absorbente mirada
de la noche.
Es lo que soy los
ojos de la sed: cuando se apaguen
comenzaré a subir
dentro de ti la noche—
hasta beber la fresca
piedra de donde sale el tiempo.
¿Es el amor los pasos
a tu próximo peso, el ojo pegajoso en
el olvido, o la noche?
¿Una hoja tomada para
ser, el vacío sediento de un espejo, o
la piedra?
¿Finta de la locura a
establecer una caja a la muerte?
¿O la angustia del
cuerpo de la noche en el tiempo?
Paloma en cruz de
noche. Yo no sé, sólo tiendo
como desnuda sed desde la noche con que miro.
«NOSOTROS, QUE SÓLO SOMOS HOMBRES»
Llegado ya el verano
sacábamos la mesa hasta el jardín
y, puesta en el sueño
del mundo,
ebrios de brisas de
Júpiter violado, jazmín del Cabo y
nomeolvides,
nosotros, hombres,
realmente subíamos a comer en el Paraíso.
DOMINGO
Ruinas lunares
agredidas
pacientemente por la
hierba.
Las grúas en descanso
sostienen pajaritos.
Tomado del libro Noche y Fulgor.
Editorial Letras Cubanas, 2002.
Poeta y narrador. Ha colaborado con
las revistas Unión, Casa de las Américas,
Bohemia, La Gaceta de Cuba, Revista de
la Biblioteca Nacional José Martí, Islas, Revolución y
Cultura. Ha sido jurado en el concurso
latinoamericano Casa de las Américas, en el concurso
nacional de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba y
en los de Talleres Literarios de diversas provincias del
país. En 1993 recibió el Premio Nacional de Literatura.
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