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Cinco
años hacen un período suficiente para reflexionar sobre
cualquier acontecimiento y preguntarse de dónde surgió y
cómo se ha ido desarrollando. Un lustro cumple ya el
Premio Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar y sobre
su llegada al mundo literario y posterior evolución nos
cuenta Basilia
Papastamatíu, coordinadora general de este joven pero ya
reconocido certamen internacional.
La
idea de crear este premio fue de la escritora y editora
lituana Ugné Karvelis, compañera del gran escritor
argentino durante muchos años. Ellos no estuvieron
unidos solamente por razones sentimentales, sino que
también tenían gran afinidad tanto en el terreno
literario, cultural, como en el político. En este
sentido debe mencionarse en particular su apoyo y
defensa de la Revolución Cubana. Justamente su encuentro
casual en la Isla, por invitación de Casa de las
Américas, significó el comienzo de su relación. Y Ugné
llegó a escribir: “La Habana nos quedó para siempre como
una patria en común”.
Esto
explica quizá por qué Ugné quiso que el premio fuera
convocado desde Cuba. En uno de sus últimos viajes a la
Isla nos contó su idea a Miguel Barnet y a mí, porque
dada la amistad que habíamos tenido con Cortázar, ella
quiso que nosotros dos nos ocupáramos de hacerla
realidad. También lo habló con Abel Prieto, quien como
nosotros se entusiasmó con el proyecto, y como Ministro
de Cultura actuó decisivamente para materializarlo.
Ugné
aspiraba a que el premio sirviera para estimular a los
narradores iberoamericanos, a todos los que escriben en
español, sin importar el país donde vivan. También
deseaba que fuera una forma de recordar, a modo de
homenaje, a quien fue uno de los mayores autores de
nuestra lengua. Y así lo establecimos en las bases de su
convocatoria.
Fue
muy triste para todos quienes nos involucramos en el
proyecto, que justo poco antes de que realizáramos la
primera edición del certamen, Ugné —aquejada desde hacía
tiempo de cáncer— falleciera, sin haber podido tener la
felicidad de ver los primeros resultados de su hermoso
proyecto.
Pero
nuestra amiga, consciente de su enfermedad, fue
generosamente previsora, y antes de morir encomendó a su
hijo Christophe que se hiciera cargo de la financiación
del Premio. Y así él lo ha hecho hasta ahora, desde su
Fundación ALIA.
En la
práctica ¿ha
variado algo la idea original del concurso?
No.
Desde
su creación hasta ahora el Premio no ha variado ni en su
concepción, ni en sus objetivos. Aunque esto no
significa que sus bases las podamos ir perfeccionando,
si es necesario. Pero hasta ahora, creo, han funcionado
bien.
¿Quiénes han sido los
premiados en las cinco ediciones?
Los
autores premiados hasta el momento han sido Ernesto
Pérez Chang, Raúl Aguiar, Horacio Verzi, Antón Arrufat
y Jorge Ángel Pérez. La mayor cantidad de participantes
han sido cubanos, luego siguen en número los argentinos
y después los españoles. Por eso, los premios y
menciones han recaído hasta ahora fundamentalmente en
autores de estas nacionalidades. Aunque se debe resaltar
que Horacio Verzi, autor de Uruguay, país de muy pequeña
participación, fue quien ganó uno de los premios.
¿Cómo ha sido la
convocatoria del concurso, cuál ha sido el promedio de
obras recibidas y qué calidad tienen?
A lo
largo de los cinco años de su existencia el prestigio
del Premio Julio Cortázar se ha ido consolidando, como
lo demuestra la gran convocatoria que ha alcanzado y que
ha ido creciendo de año en año. En su quinta edición
participó un número impresionante de autores, 411, de
18 países. Y nosotros estamos tratando de mejorar
continuamente la divulgación internacional del
concurso.
Con
respecto a la calidad de los relatos recibidos, siempre
los jurados nos han comentado que es, en promedio,
considerablemente alta, lo cual ha hecho más compleja su
decisión final. Eso es algo que nos satisface, como es
lógico, porque demuestra la reputación alcanzada por el
certamen el hecho de que en él participen tantos autores
profesionales, de reconocido valor.
¿Cómo influye este Premio en el
desarrollo de la cuentística cubana e hispanoamericana
en general?
Creo que tanto este como todo concurso serio, siempre
puede favorecer la creación literaria, alentar el
trabajo de los escritores. Da, por otra parte,
reconocimiento público y retribución económica, y no
podemos negar que ambas cosas son deseables y
estimulantes. |